1969 UN “POSTER” DE PEDRO MARCO

VILLENA. UN “POSTER” DE PEDRO MARCO
“Poster”: palabreja extraña. Si bien literalmente significa cartel, debe de haberse buscado no como simple esnobismo, sino, tal vez, porque el idioma, siempre vivo, latente, necesita reflejar todo cuanto va enriqueciendo la actividad humana o añade nuevos matices a lo ya consagrado. “Poster” pues, ha venido a bautizar una nueva forma de hacer al denominarse así un estilo, no un objeto.
La digresión es obligada. Uno, que de vez en cuando maneja palabras, y que procura, por ello, ser respetuoso con las normas, quiere serlo también con las corrientes actuales, y en definitiva, con el autor, que usando del derecho que le da su paternidad, llama así a su obra.
Un “poster”, pues, de Pedro Marco. Cuatro límites exteriores que contienen un torrente de ideas, de simbolismos, de apretado afán de encerrar dentro de ellas las múltiples facetas de una ciudad que posee singulares características. Depurada muestra de arte actual, con armónico abigarramiento de tonos, con colores de hoy sabiamente empleados. Confusión de motivos; confusión analíticamente planteada y resuelta.
Al pie, la familiar silueta de la ciudad: las torres de las parroquias y la maciza fábrica del castillo, del cual emergen las lenguas de luz de los anuales fuegos artificiales. Más bajo, el simbolismo que recuerda la huerta, mansamente tendida también en lo real en torno al pueblo.
Una copa de champán apenas puede contener el burbujeante contenido que suponen nuestras fiestas. No podía el autor haber encontrado mejor imagen para esta multifacética explosión constituida por nuestras fiestas de septiembre. Moros y Cristianos, “festejos que apenas si duran un día”; colores, gestos, fugitivas burbujas, momentáneo desvarío que deja después un débil malestar y un melancólico y agridulce recuerdo.
Historia densa, apretada, severa. De entre ella, como símbolo, los Pacheco, cediéndose uno a otro la dirección de la Real Academia. La pintura, la música. La trascendencia de Villena en el ámbito cultural del país, personificada en la imagen de Eugenio Noel, que por aquí anduvo, una y otra vez, mitad creando, mitad viviendo. Y Chapí. Chapí – color pálido, espectral, del que ya se fue – con La Bruja, bagaje unido ya por siempre a su figura, dualidad inseparable del hombre y de la obra…
El nombre central de la ciudad – en la inicial, la pequeña alusión a las comunicaciones que la cruzan – tiene un estilo actual, joven, como la figura femenina superior. Porque también hay un Villena joven, un sector de sus habitantes adscrito por identificación e imperativos de edad a las modernas tendencias. También Pedro Marco es muy joven: no ha cumplido aún los veinte años. Joven como su “poster”, joven en su manera de sentir, de crear; y como muchos jóvenes, no deja pasar la ocasión de reafirmar su juventud, su estilo, el grado de diferenciación con lo anterior, el divorcio generacional. De aquí que Marco haga constar en su “poster” la cifra 1969 insistiendo en el nueve final, remachando que está en su tiempo, firmemente asentado en él.
Marco no olvida, sin embargo, el Villena monumental, cargado de historia, personificado en esa otra titular clásica. El acontecer de Villena en el tiempo es denso; sería pueril olvidarlo y cerrar los ojos a los testimonios de diversa índole que lo avalan. Esto simbolizan esas letras clásicas cuyas pequeñas figuras humanas las realzan y las convierten en monumentales.
Marco trae también a su obra el omnipotente castillo. Apoyado en él, está el no menos eterno campesino villenense, el mas castizo ciudadano al que apenas afectan avatares socio-económicos. Son ambos – campesino, castillo – las piezas mas fundamentales y representativas: hombre, ciudad. El campesino, mas arriba, sobre un encendido ocaso, realiza su sempiterna tarea, en la cual se aprecia otro claro simbolismo: pues parece conducirle, en un camino que de intento no ofrece solución de continuidad, hacia la ciudad, inevitable destino de labrador villenense, que va integrándose en ella poco a poco. La población, altos edificios, llamativos luminosos, surcada por la ancha e importante arteria de circulación rodada, manifiesta en la alegoría de los círculos rojos y blancos, parece aguardales.
También le ha sucedido algo así a Marco. Tal vez refleje inconscientemente con ello su mismo proceso personal, pues decidido a seguir su vocación, estrecho el pueblo natal para desarrollarla, ha tenido que salir de él, no obstante su juventud, en busca de más amplios horizontes. Pero Marco añora su pueblo, y en su obra, como en este “poster”, aflora su nostalgia. Una nostalgia que afina recuerdos y hace concretar detalles, los cuales llegan a su mente para convertirse en símbolos y elementos: El confuso y apenas advertido conjunto que forma el ciudadano amorfa; el débil recuerdo de la contienda civil, que no conoció, pero que ha oído rememorar tantas veces… Marco crea su pequeña obra con personales recuerdos, sensaciones, puros amores. Amor, si en suma, a su Villena, de la que no puede olvidarse y a la que dedica sus horas utilizando la forma de expresión que domina: un estilo actual henchido, sin embargo, de sentidos eternos.
Villena: Un “poster” de Pedro Marco. por Alfredo Rojas. 

Extraído de la Revista Anual Villena 1969
Cedida por… Marco Arenas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

y el caracol donde esta el caracol de pedro marco

Antonio gomez torres dijo...

El texto de este artículo es de Alfredo Rojas (A. R.). Alfredo escribió este artículo y Pedro le regaló el póster que está enmarcado y colgado en el salón de mi casa, igual que varias obras más del pintor. Maricruz Rojas.

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