1960 ASÍ ES VILLENA

Así es Villena por Juan Herrero - Presbítero
Es una alegre mañana de esos días en que el sol abraza y acaricia más que de costumbre, contrastando con la brisa villenera de la tarde, que calma los sinsabores del trabajo y lleva la alegría al corazón convirtiendo a Villena en el mejor de los mundos veraniegos. Repitiéndose estos días tan simpáticos, a medida que galopando se acercan las fiestas de la Virgen, llenos de encanto y ambrosía tanto en la imaginación del anciano amante de su gloriosa tradición como en el cariño ilusionado del joven, y aun del niño. que en su sensibilidad infantil va cantando los matices y grandiosidad del jubiloso acontecimiento, camina el villenense con paso decidido hacia la brecha de su trabajo cotidiano, duro y áspero: el agricultor al campo que regará con su sudor, sacando a la superficie con su coraje acostumbrado la riqueza del subsuelo que convertido más tarde en frutos sazonados, ha de dar renombre y lama a su tierra de Villena: el industrial, a su fábrica o taller. donde, jornada tras jornada, como abejita en su panal, con su inteligencia y su constancia, perfecciona su especialidad, y lleva su preciosa producción con notas de peculiaridad v de prestigio a las provincias y al extranjero. También el niño, con el sentido de laboriosidad nativa de los padres. marcha contento a la escuela, porque sabe que allí le enseñan lo que ha de hacerle útil para el mañana, y... a rezar y a ser cristiano. Los villenenses son amantes de su trabajo y de su deber. Este es Villena: pueblo laborioso, progresivo, católico, abundando en gloriosas tradiciones cristianas y patrióticas que le colocan en su nivel de un pueblo digno de su historia, y que aspira a alcanzar su perfección en todos los órdenes, y también en el de su formación cristiana cada día más elevada.
Y transcurriendo así los días placenteros en medio de su trabajo perseverante y fecundo, llega, como sublime realidad de su dorado sueño, el anhelado 5 de septiembre; y aunque el cielo físicamente apareciera cargado de negros nubarrones, siempre resulta para el villenense el día más esplendoroso del año, porque el sol que ese día alumbra en todos los corazones es el sol inextinguible de su Morena, de la Reina de las Virtudes. Vítores, aplausos, anudamientos de garganta, cánticos, oraciones, toques y besos de su manto, las miradas todas clavadas en su faz de gracia y de bondad y en su niñico en brazos, sonrisas sinceras del alma y rodillas prosternadas, todo, todo nos dice que Villena ama a su Virgen de las Virtudes, a su Madre y Reina del Cielo. Por eso, porque la Virgen sabe muy bien que los villenenses la quieren y la aman, vino a visitarles en la última Santa Misión, para presidirla y dirigirla realmente desde el Cielo. Los villenenses guardan en su alma su mejor recuerdo de esta consoladora visita, ofrendándole y poniendo bajo su manto su laboriosidad y su honradez el sacrificio de la renovación de su vida cristiana, como fruto de la inolvidable Misión que vino a ser para Villena un verdadero regalo de su Patrona la Virgen de las Virtudes.
Extraído de la Revista Villena de 1960
Cedida por… Avelina y Natalia García
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