1969 UN MÉDICO VILLENENSE: DON FRANCISCO J. TARRUELLA RICO

UN MÉDICO VILLENENSE: DON FRANCISCO J. TARRUELLA RICO
Por Faustino Alonso Gotor - Médico
El destino histórico-cultural de las naciones depende de la proyección y desarrollo de sus pueblos. Pero son los hombres de las pequeñas y grandes ciudades quienes, con su trabajo y sus ilusiones, lo van configurando. Acaso esto justifique mi íntimo afán de mostrar la obra científico-artística de aquellos villenenses que, callada y profundamente, han laborado en pro de la cultura de su ciudad.
Intentaré describir, atendiendo la invitación del Teniente Alcalde de Cultura, ciertos aspectos de la obra de un ilustre galeno villenense a quien el Ayuntamiento Pleno, reunido el día 6 de Junio de 1967, dispuso, por unanimidad, conceder su nombre a una de nuestras calles.
Don Francisco J. Tarruella Rico nació en Villena en el año 1887. Dedicó su vida a mitigar el dolor de sus semejantes y lo hizo precisamente en su tierra natal. Hubiera podido destacar como médico ejerciendo su profesión en alguna capital de provincia, ya que ganó unas oposiciones a médico de la Marina Civil. Sin embargo, prefirió ofrecer su existencia, su labor profesional y su obra de investigación a la ciudad que le vio nacer. Porque, como él confiesa en la obra objeto de estas líneas, fue «un amante de su pueblo, enamorado férvidamente de su patria chica». Tanto en la paz como en la guerra logró transformar las muecas de dolor y las apagadas miradas de sus paisanos, en abiertas sonrisas de agradecimiento y miradas alegres al volverles a encontrar por alguna de las calles de Villena.
El Instituto Médico Valenciano, apoyando una idea del Doctor Roel, estableció un concurso de Topografías Médicas con el fin de constituir un precioso material para el estudio de la fisiología urbana y el desarrollo de una verdadera higiene. Con este objeto el Dr. Tarruella escribió una de las obras más completas que posee actualmente la bibliografía villenense: «TOPOGRAFIA MEDICA DE VILLENA», con la que obtuvo el Primer Premio en el Concurso Roel de 1935.
La obra consta de 451 folios mecanografiados a dos espacios y por una sola cara, distribuidos en tres tomos. Cada uno de los temas es ilustrado con dibujos de don fosé Cortés Camarasa, nuestro inolvidable Pepe Cortés. El gran pintor villenense ha destacado motivos de nuestro pueblo: las torres de Santiago y Santa María, el Castillo de la Atalaya, diversos temas urbanos, etc. El texto está también enriquecido por setenta y ocho fotografías alusivas a los diferentes temas tratados. Los tres tomos están cuidadosamente encuadernados en piel. Pero más que la descripción externa de los libros nos interesa su contenido.
Se trata de un trabajo que me atrevo a calificar de extraordinario, en cuanto a su perfecta distribución sistemática y al tratamiento exhaustivo de los temas. Atiende, en primer lugar, a la descripción del medio geográfico; continúa con un estudio antropológico cultural del hombre villenense, y termina sentando las relaciones existentes entre el villenense y el medio que le rodea. Me limitaré, pues, a exponer, con la brevedad que exige nuestra Revista VILLENA, el contenido de los tres tomos antedichos.
I. El medio geográfico.
Realiza un estudio de la enorme transformación que ha sufrido nuestra riqueza forestal a lo largo de unos cien años. Nuestros montes, antes cubiertos de pinos —recuérdese que el pino figura como motivo en el escudo de Villena—, se han ido despoblando y únicamente conserva suficiente arbolado la Sierra de Salinas y el margen Oeste de La Laguna, cuyas aguas pluviales, estacionadas durante siglos, fueron drenadas a finales del XIX mediante la construcción de la Acequia del Rey. La desaparición de la floresta y del agua explicaría la anulación del clima templado y de sus cultivos típicos, aunque, de otra parte, favorecería la eliminación de enfermedades palúdicas y en parte de las reumáticas.
Describe minuciosamente la geología de nuestra comarca: los asomos eruptivos de estructura porfídica, con ofitas y magnetitas, en los Cabezos, Terlinques y Peña Rubia; el Triásico con sus arcillas rojizas, yesos y jacintos de Compostela; las terebrátulas y belemnites del Cretáceo, abundantes en las sierras de El Morrón, San Cristóbal y Salinas, Carboneras, Castellar y Enmedio; el Mioceno, dispuesto horizontalmente en los llanos de El Pinoso, que se levanta verticalmente en sus bordes, apoyándose en la vertiente sur de la Sierra Salinas.
Continúa con un estudio minucioso de los yacimientos y alumbramientos de aguas, de la tectónica hidrológica de los valles que confluyen en Villena, de la Meteorología, Climatología, Flora y Fauna. Alude al documento acaso más antiguo acerca de las aguas de Villena: «Ordenanzas de las aguas de la ciudad de Villena», promulgado en 1725.
II Estudio antropológico-cultural
Después de una cuidadosa descripción antropológica del villenense relativa a la somatometría, craneología y cefalometría, realizada con abundantes gráficos y tablas estadísticas, señala muy interesantes datos de Psicología General y Social. Nos indica el Dr. Tarruella nuestras virtudes y defectos más comunes. Dice textualmente: «los villenenses son honrados, trabajadores, hospitalarios con el forastero hasta el exceso, de sentimientos nobles y amantes de la familia...», pero «en contraposición de estas relevantes cualidades, son despreocupados, de voluntad débil, no tienen perseverancia en el esfuerzo. en el empeño constante para conseguir un fin; aman las diversiones y desconocen el ahorro y previsión...».
Se refiere también al folklore de Villena, hablándonos de sus canciones, música, vestidos típicos de villenero, leyendas y fiestas. Recuerda, por ejemplo la tradicional leyenda de la aparición de la Virgen de las Virtudes, y hechos con sabor histórico como el referido al Marqués de Villena, quien en el año 1475 sustituyó a los villenenses en los cargos de gobierno de la Ciudad por judaizantes y moriscos, o el del labrador villenense García Calomardo que, al mando de doscientos guerrilleros, combatió victoriosamente a los franceses en la Guerra de la independencia.
III El villenense y el medio que le rodea.
Trata en el tercer tomo de cuanto se relaciona con la Urbe: emplazamiento, censo, edificios públicos, calles, aldeas circundantes, partidas rurales, ayuntamientos, juzgados, comunicaciones, asistencia social y enseñanza.
Se refiere igualmente a la historia de Villena, aludiendo con frecuencia a sus hombres célebres. Entre los sabrosos datos que aporta no me resisto a transcribir dos de ellos: «...nombrada la Junta de Gobierno se concedió la Presidencia al respetable Conde de Floridablanca, ex ministro de Carlos 111 y a la sazón residente en nuestra ciudad...»; y al mencionar los hombres célebres y sus hechos, leemos: «Don Gaspar de Pedro, célebre marino, capitán de la galera «El Sol», fue un intrépido joven que, en un combate naval sostenido contra tres galeras de Barbarroja el 13 de septiembre de 1575, prefirió hundir su navío a entregarse a los turcos». El Cronista de la Ciudad, don José M.» Soler, se ha preguntado si no será este intrépido villenense, D. Gaspar de Pedro, el capitán de la galera «El Sol» en la que viajaba y fue hecho prisionero el inmortal Cervantes. ¿Acompañó tal vez en el cautiverio nuestro don Gaspar de Pedro al «Manco de Lepanto» en sus tristezas y pesadumbres por tierras de Argel?
Don Francisco Tarruella efectúa, en suma, un verdadero estudio enciclopédico de cuanto se refiere a nuestra Ciudad. No lo detallaré por no cansar al benévolo lector. Baste decir que aporta un gran caudal de datos sobre Agricultura, Industria, Economía, Higiene y Sanidad. No queda nada, de la Villena de los años treinta, que no fuese analizado por este insigne villenense, dejando a las generaciones venideras un motivo permanente para el estudio y la investigación de la temática local.
Debemos alegrarnos de que el nombre de Villena se eleve gracias a sus hombres más preclaros, que vaya permanentemente unido a un Marqués de Villena, a un Ruperto Chapí o a un Joaquín María López, pero no olvidemos que el quehacer de los pueblos y su proyección hacia el futuro se va constituyendo paso a paso con las personas que trabajan, estudian, viven y mueren entre nosotros. Y es bueno sacar del olvido estas vidas ejemplares que han dado todo cuanto podían dar —todo su ser— por Villena. Frente a estos paradigmas nos encontramos, por desgracia, hombres que viven en Villena y que deben a Villena su situación o su fortuna, pero que nunca se identifican, porque ni siquiera lo intentan, con la esencia de nuestro Pueblo. Son aves de paso que no plantarán el árbol perenne.
La breve descripción de estos libros es matemática y, por matemática, fría. Solamente se siente calor y admiración cuando se les tiene entre las manos. ¡Es lástima que sólo haya un ejemplar: el original!
Extraído de la Revista Villena de 1969
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