1969 VILLENA EN MÍ

VILLENA EN MÍ
JULIAN CRESPO MORENO, Subdirector del Centro Emisor del Sureste de Radio Nacional de España y Delegado de Televisión Española. (Foto Flor) 
Villena me influye de un modo especial. ¡He pasado allí tantos años!
Sí: no puede serme ajena aquella ciudad. Doblo alguna de sus esquinas, me encuentro con alguna cara conocida de villenense, siempre que doy un salto, con el recuerdo, a mi primera juventud.
Y Villena me gusta. Claro que me gusta.
El evocar enternece: luego debilita, dice Shakespeare. Puede ser. El pretender regresar al tiempo que a Dios volvió habla de locura. Quizá. El aferrarse a los recuerdos del muchacho puede suponer como... cierto miedo a enfrentarse con el destino. Tal vez también.
Pero, ¿se pueden evitar esas evocaciones, esos regresos, esos recuerdos? Yo lo veo imposible. ¿Se deben evitar? Yo creo que no urge.
Yo encuentro a veces en esas evocaciones, en esos regresos, en esos recuerde muchacho de Villena parte de la fuerza que me mueve, un sedante para mi espíritu, parte del valor para enfrentarme con el destino.
No, estos recuerdos de la primera juventud no perjudican: son vapor vital cuando ya somos hombres.
El toque está en cómo fuera nuestra primera juventud. Cuál fuera la energía que pudimos acumular en aquellos años. Y el secreto en qué fue lo que hizo aquella juventud fuerte y llenó el corazón de esperanzas y el espíritu de ilusiones.
Yo debo parte de lo que soy a Villena. Villena me enseñó a ser fuerte. Me enseñó que hay que luchar. Y a dar por hecho aquello que conviene que se haga. Fue allí donde encontré las primeras ocasiones para probar la fuerza de mi brazo.
Ahora, al escribir estas líneas para la Revista se me viene encima todo un pasado de catorce años. Y, a pesar de que comprendo que el evocar es —aunque sólo en cierto modo— inútil, evoco, por lo menos porque me deleita, aquellos días.
¡Son tantas cosas las que podría decir! ¡Podría decir tantas cosas! Pero no hay tiempo. Tendría que poner en orden primero todas las vivencias que de aquellos años tengo acumuladas. A un lado, lo que fue real, lo que puede contarse, lo que palpé con los sentidos. A otro, lo que sucedió dentro de mí, lo que soñara y lo que anhelara en aquella ciudad. De la plaza y la esquina, en aquellas afueras por donde todos los caminos incitan a las más grandes aventuras.
He recorrido muchas tierras. He visto pueblos entusiasmados. He visto pueblos trabajadores. Y cuanto más entusiasmados y más trabajadores me han parecido más me han recordado a Villena.
Villena es hoy una de las ciudades españolas con mayor potencial humano y material (pero sobre todo humano) para el progreso. Es una de las ciudades que más emociona ver vivir.
Emociona por sus fiestas: sus Fiestas de Moros y Cristianos, tan aparente-mente sencillas, pero que han llegado a la máxima grandeza de expresión.
Emociona por su juventud: Yo me he criado con una generación y la he visto pasar de la muchachada a la primera madurez. He seguido de cerca las inquietudes y los afanes de millares de jóvenes desde mi mesa de profesor y mis cargos de delegado de juventudes, y he visto llegar también a todos ellos a la mayor grandeza de ánimo.
Es única Villana: por sus fiestas, por sus afanes, por sus gentes, por sus mujeres: esas mujeres sencillas, luchadoras, recatadas.
Sí, podría decir muchas cosas. Pero en la agenda no me queda un minuto de tiempo. Podría estar escribiendo sobre Villana años. Pero tendría que poner en orden mis recuerdos.
Sí: Villena, me influye de un modo especial.
Han sido catorce años. Los catorce años que marcan para siempre la vida del hombre. Y en esos catorce años me ha tocado estar siempre en alguna de esas torres-vigía. desde donde con más detalle se puede contemplar la vida de una ciudad. Primero, al frente de las juventudes. Después, como secretario de la Comisión de Fiestas. (Es en sus fiestas en donde un pueblo deja más al descubierto lo íntimo de su ser). Y por último como informador (con la gran ventaja del oficio: la de estar presente en todos esos grandes momentos en los que se va a hacer algo, pequeño o grande, trascendente o pasajero, para la historia de la ciudad), en Radio Juventud, aquella emisora que tanto bien ha hecho a Villena.
En fin: quizá con el tiempo me decida a escribir largo sobre todo esto que aquí ahora esbozo. Ha sido para mí una gran satisfacción el que se me haya ofrecido esta oportunidad de colaborar en este extraordinario de «VILLENA» dedicado a las Fiestas en honor a Nuestra Señora de las Virtudes, nuestra «Morenica». Me he sentido feliz por esta ocasión que se me ha brindado de poder dedicar unas líneas —muchas o pocas, peor o mejor, pero sinceras— a Villena. A la Villena amable. A la tierra en donde aprendí casi las primeras lecciones de la vida. A la Villana que cargó mi corazón de esperanzas. Al pueblo donde he pasado más tiempo de mi vida. Al pueblo en donde han nacido mis hijos.
Extraído de la Revista Villena de 1969
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