1960 1er CONCURSO LITERARIO GASPAR ARCHENT

1er CONCURSO LITERARIO GASPAR ARCHENT
CONCURSO LITERARIO organizado por el Departamento de Cultura del M.I. Ayuntamiento de Villena, en el que se otorgaron los dos primeros premios a los siguientes trabajos:
1er Premio "Gaspar Archent"
UNA ANÉCDOTA - POR ROSENDO BENEJAMA FUENTES
"Es buen estilo de empresas providentes y divinas éste de sacar las grandes cosas de apariencias chicas. De un huevo nace la garza y el árbol de una semilla. De un portal y de un pesebre la redención y la vida".
(J.Mª Pemán. Divino impaciente. Prólogo)
TAREA difícil es, en nuestro tiempo, prestar atención suficiente a las pequeñas cosas que acontecen al socaire de nuestra estrecha circunstancia. El grandioso edificio de la ciencia moderna, que acaso constituya el mayor hallazgo de la civilización occidental, ha ido progresivamente empequeñeciendo el mundo; los insospechados progresos técnicos han hecho al hombre actor obligado de la más extraña paradoja: la de sentirse soberanamente libre y, al tiempo, esclavo de su situación; históricamente la ciudad autónoma permitió a la nación desempeñar su papel, y hoy se anuncian estructuras supranacionales.
En esta contingencia ¿cómo podremos entrever con sosiego, prescindiendo de la prisa, de la urgencia que nos domina, los sucederes, tal vez insignificantes, que decisivamente influyen en el hacerse de un pueblo? Yo, que sigo creyendo con ingenuidad en el positivo valor del ocio antiguo—ocio es lo contrario de ociosidad—, me he propuesto meditar sobre la vida de un villenense. ¡Ojalá que la ociosa meditación de la anécdota nos sitúe en el umbral de la categoría!
LA ANÉCDOTA
Hace unos años se nos murió, como diría Unamuno, Don Luis García Ferriz, alias «el Romo». Don Luis dedicó casi toda su vida, sacrificó casi todo su ser a la espinosa labor de la enseñanza. Inició en la ciencia matemática a varias generaciones de villenenses. Cuando joven, se impuso el deber de elevar en cultura a nuestra ciudad y, en buena parte, lo consiguió. Muchos, entre nosotros, recordarán todavía—con la añoranza de lo perdido para siempre—su conversar henchido de sugerencias reveladoras, su palabra fácil y cordial, sus escritos en los que la clara sencillez expositiva no restaba precisión al pensamiento profundo. Yo le sitúo entre los grandes hombres que ha engendrado Villena: porque fue capaz de continuar, día tras día, con ánimo inquebrantable, en uno misión oscura, consciente y libremente aceptada, y porque fue un hombre bueno.
Estos seres ocupados en una faena subterránea, que dan lo mejor de ellos mismos—todo lo que tienen a los demás, que sacrifican la humana ambición de la gloria personal para que sus prójimos—sus próximos—sean un poco me ¡ores, no suelen suscitar el interés del historiador de profesión. Alguna vez se ha reparado la injusticia y se ha colocado a un nivel muy alto a alguien que se ha afanado, mediante el solo diálogo, porque sus conciudadanos se estremecieran espiritualmente con el alumbramiento de la verdad, lo belleza y el bien: tal es el caso de Sócrates Don Luis, «el Romo»—¡qué poco definitorios suelen ser estos alias locales!— pertenecía a este material humano. Su vocación—aquello que tenía que hacer en su vida y de su vida—consistió, antes que en cualquier otra cosa, en darlo todo sin esperar absolutamente nado; en ayudar a los otros a que llegasen a través de sus actos a la plenitud de su ser originario. Su conducta realizó el espíritu que señala el ideal del proverbio machadiano:
¿Tú verdad? No, la verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.
Su magisterio fue sólo para proponer verdades, nunca para imponerlas. Es preciso amar mucho para atender la vida como permanente voluntad de servicio; para sembrar la semilla creadora en terrenos que se adivinan secos e infértiles; para ver consumirse la propia vida sin esperar—ni mucho menos exigir—un solo recuerdo de quienes lo deben todo..
Nuestro pueblo ha tenido la fortuna de engendrar grandes celebridades que, por su solo genio, han logrado trascender los estrechos límites !ovales para unir su nombre y el de Villena al ingente edificio de la cultura humana. Estos hombres constituyen nuestra gloria más legítima y son los hacedores de la mejor historia de nuestra ciudad Pero tengamos presente que la unidad biológica de los pueblos se compone—la palabra es sin duda inexacta— de dos elementos: el que proporciona la culminación y el que continúo. El pasado heroico se aniquila sin el esfuerzo de la continuidad obligada. La gloria languidece si no se logra su integración definitivo en el presente. La anécdota fecundo, que son estas existencias ejemplares, es la encargada de conservar providencialmente el nivel histórico alcanzado; su misión consiste en integrar el pretérito con las exigencias difíciles del futuro; su trayectoria vocacional se siente cumplido, en suma, cuando su visión profética adivina que sus próximos tienen bríos suficientes para no enfermar de recuerdos.
El hombre es autor y actor de su propia vida; pero la realidad humana está condicionada por tres instancias definitivas: por la condición psicobiológica —la naturaleza psíquica y también la somática influyen en forma imperativo en lo que una persona puede llegar a ser, que van restringiendo y unificando la personalidad. De esta forma, el ser humano se nos aparece cumpliendo, a veces inesperadamente, el supremo oficio de gobernante, o el más modesto de carpintero, albañil o campesino. Desde cualquiera de ellos se puede alcanzar la virtud o caer en la máxima depravación.
Alguna vez es conveniente admirarse, con afán adivinatorio, de los cosos pequeños. El genio nace, no se hace; y lo que realmente asombra es el hombre que, con un material anímico en mayor o menor grado deficiente, alcanza su perfección personal, se identifico con su poco importante misión, y, de este modo, haciéndola digna, logra dignidad.
La megalomanía es, con sobrada frecuencia, pecado cotidiano.
Villena, 15 de Marzo de 1960

¡¡VEINTE AÑOS, COMPAÑERO…
Por Juan Palacios Clement
MIRA, compañero,
ya llega la oruga metálica,
el tren-serpiente.
Si el aliento negro de su boca negra
nos deja mirar, mira, compañero.
Allí, una torre; un castillo.
No; no he mentido: dos torres.
No; no he mentido: era el recuerdo
que me engañó.
Yo te decía de un castillo señorial;
inmenso; palacio-castillo.
A mí, compañero, también se me ha encogido.
A mí, me sobra cielo;
me falta piedra, cal, aire moro.
¡Jugadas del tiempo y del recuerdo...!
Sólo lo veo más nuevo, más claro;
el hombre-pincel lo ha lavado.
O he descorrido yo el velo del incierto,
del alborotador recuerdo.
Baja, compañero:
Pasa tus puños por los ojos;
quita del nervio la imagen amplia;
olvida...
la mancha; Castilla. Olvida,
mar de oro; luz sin sombra.
Olvida, compañero.

Veinte años: un siglo, compañero.
Yo era como tú entonces;
Quiero imaginarme pantalón ralo,
cuello azul, falda fofa,
layas, rayas, rayas...
Oliendo a falta de luz y aire;
Sabiendo aún del dolor del parto
de la tabla de multiplicar.
Una Escuela: la "Tercia".
Tercia y menguada.
retorta de alquimista,
bulla.
("Suspense" en el ánimo;
ruido de motor, sinónimo de avión)
Cien ojos limpios;
manos sucias y olor: ajo.
Sí, compañero: ¿No hueles?...
Sólo o en tropel,
danzante de callejas,
guija desprendida de la sierra,
-espíritu sobre losilla...
-era este mi pueblo.
¿Te das cuenta, compañero?
En la garganta un punto difícil.
una pega, compañero;
una "jota" que silba...
-como pelota horadada, sin ese.
Ese comerse ese y ese, ese yo.

Luego... tiempo.
¿Te acuerdas, compañero?
El mundo era verde hasta aquel día;
y con cerco de montañas;
concha de tortuga hundida.
Luego, era de otro modo:
-amarillo, rojizo-botijo, azul-mar;
sin bordes.

Era mar y cielo; mar pardo; cielo azul.
Tienes los ojos dilatados, compañero.
Son veinte años de Castilla,
sin castillos.
Con castillos-espiga;
con río-mar.
(¿Qué será, compañero un monte...?
—pregunta el gañancillo manchego—
¿será, dice, como la cardencha...?)
Allí era el hablar recio;
allí, la consonante, sonante.
Allí, compañero, fuimos juntos
de pueblo a aldea;
de aldea a villa. Todo mar.
¡Veinte años, compañero...

Tren-oruga, pardo, que me lleva
y tren-serpiente, verde, que nos trae.
Baja, compañero:
pasa tus puños por los ojos;
quita de tu boca el sabor a lejanía.
Anda.
No, compañero. No te he mentido.
No me cuelgues ese baldón
del pecho.
Si la imagen se agigantó;
Si el recuerdo, a fuer de fiel,
no tuvo piedad,
no grites, compañero.
Mira tú.
El valle es más corto, menos hondo;
bueno, compañero.
El olor más intenso, más gordo;
bueno, compañero.
También cambiamos nosotros... 

Y... por fin.
Otro mar de cuellos azules,
mangas, cintos, rayas.
El mismo rum-rum; el mismo.
El ruido de la escuela-colmena.
Sin zánganos. Sólo obreros para luego.
Cien ojos limpios. Manos sucias.
Olor... Igual, compañero.
Sólo de sitio hemos cambiado.
Ayer, mesa plana, falda fofa y tabla...
Hoy, ¡Ese olor, compañero...! Otra mesa...
y tabla, para ellos.

Piensa, compañero, que como
yo pueden volar. Y volver.
¡Que no les falle el recuerdo...!
¡Que no les deje el amor!
¡Que no les falte el valor...!
Y, compañero, que ELLA los lleve,
sujetos, fuerte,
como a mí me llevó.

Fui solo. Volvemos los dos;
los tres, compañero.
¡Bendita sea ELLA, Señor…!!
Extraído de la Revista Villena de 1960

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