1985 FESTIVALES DE MÚSICA DE VILLENA

FESTIVALES DE MÚSICA DE VILLENA
En el artículo publicado en la Revista anterior tuvimos ya oportunidad de referirnos, entre una serie de proyectos que teníamos planteados, a los Festivales de Música.
La realización continuada de esta importante manifestación cultural —está reciente todavía su III Edición— nos predispone de nuevo a aprovechar esta oportunidad que nos brinda la Revista anual para volver a tratar del ciclo de conciertos que se viene celebrando cada año en Villena.
Sin embargo, al abordar este tema, vamos a insistir especialmente sobre aspectos que inciden más en lo musical propiamente dicho. Y en este sentido los Festivales de Música se nos muestran como auténtica escuela de ese arte universal, que es el objetivo primero de nuestra actividad. En efecto, la realización de las tres Ediciones de los Festivales de Música han contribuido, sin duda alguna, a ir creando ese ambiente necesario que posibilite una progresiva y beneficiosa aproximación a la música. Volver a insistir sobre tales temas no deja de ser sumamente interesante para nosotros, por cuanto como decía el título del primer artículo publicado en la Revista de 1983 por la Asociación de Amigos de la Música, ésta existía indefectiblemente como «un proyecto de acercamiento a lo estrictamente musical».
Desligar esta intencionalidad de búsqueda de lo esencialmente musical, en favor de otras consideraciones de orden distinto, nos llevaría irremediablemente a concepciones superficiales, a apoyar nuestra inquietud cultural tan sólo en el hecho externo, en lo extra musical.
Y en este orden de acercamiento a lo musical, cabe referirnos como ya lo hicimos en nuestro artículo de 1983 a la actitud del oyente: Sería provechoso recordar aquí, como entonces, a Igor Strawinsky en su libro «Poética Musical»: «...el auditor corriente, tan atento al proceso musical como se le pueda suponer, no goza más que de un modo pasivo... el sentido musical no puede adquirirse ni desarrollarse sin ejercicio».
Esta necesaria participación activa requiere modificar previamente nuestra general actitud frente al fenómeno musical.
Pierre Boulez, en su libro «Puntos de referencia», dice: «Entre los aficionados de la cultura, hay muchos que no desean cambiar sus hábitos, lo sabemos muy bien. No renuncian de buen grado a los gustos que les inculcaron desde su infancia. Es una actitud que debe tomarse en consideración para dejar constancia de ella de un modo estadístico, pues es difícil admitir que la mayoría de estos observadores reticentes, para otorgar ciudadanía a su falta de reflexión, a su flaqueza de gusto, lancen una masa de argumentos falaces y piensen recuperar así su buena conciencia forjándose razones aparentes destinadas a justificar su rechazo...
Y es que realmente, aprender lo concreto, lo conocido, no entraña gran dificultad. Lo menos fácil y, desde luego, lo interesante será, en todo caso, disponer nuestra voluntad a ese quehacer tan saludable para el espíritu como es profundizar en la comprensión de lo abstracto.
Lo incomplejo puede tener entre nosotros un arraigo tan profundo que nos lleve en ocasiones a valoraciones sumamente gratuitas que contribuyan a desvirtuar la realidad de las cosas. Es grave que tales valoraciones se apliquen, como «decididamente» se hace al orden cultural. La imagen que entonces nos formamos de las cosas es estereotipada. Pero, por fortuna, lo cierto es que el fenómeno musical permanece, aunque nosotros no hayamos podido penetrar en él por una ausencia de ese esfuerzo de adaptación, de ese necesario ejercicio, que dice Strawinsky.
Y en este sentido, un ejercicio continuado de los Festivales de Música podría contribuir a modificar esa actitud que de ordinario mostramos frente al fenómeno musical y que tan sólo nos permite gozar de las obras de un modo pasivo. Y es que para la auténtica comprensión del arte es necesaria esa disposición de ánimo, el esfuerzo, o mejor, ese ejercicio encaminado al descubrimiento de lo musical como arte en constante evolución, tanto en su sentido histórico como en su progresiva asimilación por nuestra capacidad cognoscitiva. La actitud activa del oyente podría identificarse de alguna manera con el esfuerzo creador, supuesto que cada ejecución de la obra musical viene a ser en cierto modo una recreación de la misma.
Bastaría escuchar «atentamente», por citar algún ejemplo, el acto segundo del «Lohengrin» de Wagner, el segundo movimiento del Triple concierto de Beethoven, o a Desdémona al comienzo del cuarto acto del «Otello» de Verdi, o tantos otros momentos sublimes de la música, para captar esas sutilezas incomparables que, por sí solas, nos despojarían, seguro que definitivamente, de todas las banalidades que hacen perdernos en ese pequeño mundo de absurdas convenciones extra musicales.
Y en todo ese proceso de feliz aprendizaje ¿cómo podríamos soslayar una verdad tan necesaria a nuestro conocimiento como es la evolución de la música a lo largo de la historia? Desde «El retorno de Ulises» de Monteverdi, a «Wozzeck» de Alban Berg a «Cardillac» de Paul Hindemith, por no citar obras más recientes, han transcurrido no sólo trescientos años, sino que ha tenido lugar un proceso de desarrollo de la historia que ha permitido consecuente y provechosamente una evolución paralela en el arte musical. Ejercitarnos en el conocimiento de la música de todo el proceso evolutivo nos situará, sin ninguna duda, en la posición correcta ante el fenómeno musical.
Ante todas estas consideraciones ¿qué representan y qué pueden aportar los Festivales de Música? Es evidente que el fenómeno del Festival está facilitando de forma importante ese acercamiento consciente a lo estrictamente musical, de que hablábamos antes, de un público cada vez más afín a estas corrientes culturales. A lo largo de todo un año no está ajeno a la música determinado número de personas. Sin embargo, la culminación coherente de uno de los proyectos culturales de nuestra Ciudad, se produce con la celebración de ese ciclo de conciertos que ya viene siendo habitual entre nosotros.
El Festival de Música ha ido adquiriendo, a través de sus tres Ediciones, una entidad propia, distinguiéndose fuertemente como actividad cultural autónoma y haciéndose consustancial con el lugar en que se desenvuelve. Por ello, consideramos también sumamente interesante desarrollar formas de trabajo en que esté presente el comentario, los estudios sobre temas específicamente musicales, seminarios, etc., aprovechando para ello el marco y la realidad de los Festivales. Esta actividad, siempre inagotable en cualquier forma de manifestación artística, reportaría múltiples ventajas tanto para el desarrollo de nuestra cultura musical como para la consolidación de los Festivales de Música.
AMIGOS DE LA MUSICA
Extraído de la Revista Villena de 1985

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