1968 LOS VILLANCICOS NAVIDEÑOS EN EL CASERÍO DE LAS VIRTUDES

Los villancicos navideños en el Caserío de las Virtudes
por Alfonso Arenas García - Abogado
En anterior ocasión y en las páginas de esta misma revista (1), al par que me dolía de la ausencia en muy gran parte de los «villenenses de la ciudad» en los actos de culto y en determinados festejos que, como complemento de aquéllos, se celebran en el Caserío y Santuario de las Virtudes, di a conocer el Misterio o Auto de los Reyes Magos que se viene representando por los residentes en dicha pedanía de nuestra población desde el año 1920. Disculpaba, entonces, la falta de asistencia que lamentaba en las incomodidades del desplazamiento, debidas a las pésimas condiciones en que se hallaba el «camino de Los Alamicos», que calificaba de «perenne afrenta v bochorno para los villenenses y motivo de justa crítica y censura de los forasteros que nos visitan». Pero hoy, cuando aquel intransitable camino de antaño se ha convertido en una magnífica y bien pavimentada carretera, borrándose así la vergüenza antes denunciada, y cuando el censo de vehículos a motor de nuestra ciudad alcanza cifras muy altas, insospechadas pocos años antes, no puede haber excusa legítima para que la ausencia persista. Y justo es reconocer que cada vez va siendo mayor la afluencia de fieles a los actos religiosos del Santuario y la asistencia de público a los festejos que, con ocasión de los mismos y en ciertas épocas del año, tienen lugar.
Interpretan alegres y deliciosos villancicos, desde el coro de la iglesia
Hoy, dentro de las limitaciones de espacio que la dirección de esta revista ha impuesto a quienes colaboramos en ella, quiero dar a conocer otros actos, coincidentes con los que en mi trabajo aludido describía, y no menos simpáticos y agradables. Consisten en la intervención, en los festejos navideños del Caserío de las Virtudes, de un numeroso conjunto de músicos y cantores que, tocando con mucho garbo y donaire sus instrumentos y lanzando á los aires armónicamente sus muy entonadas voces, interpretan en las misas solemnes de Nochebuena, primero y segundo día de Navidad, y días de Año Nuevo y Reyes, alegres y deliciosos villancicos, en actuación, desde el coro de la iglesia y casi ininterrumpidamente, chirante toda la ceremonia religiosa. Solamente en esos dos últimos días, Año Nuevo y Reyes, el grupo de artistas referido, acabada la santa misa, baja desde el coro al presbiterio, sin cesar en sus músicas y cantos, a besar los pies del Niño Jesús, y a ofrecer, todavía, sus últimas melodías junto al artístico Belén que, desde hace ya algunos años, se viene instalando.
Bajan desde el coro al presbiterio, 
sin cesar en sus músicas y cantos, a besar los pies del Niño Jesús.
Se desconoce con exactitud la fecha en que comenzó la actuación de este coro de músicos y cantores, pero sí se sabe la de su organización y reglamentación. Fue el 28 de marzo de 1926 cuando, —según copio de los documentos que tengo a la vista, debidos a la amabilidad de mi respetado y querido amigo don José Joaquín Martínez, cura párroco de Las Virtudes—, «unos feligreses del Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes —catorce, exactamente—, previo el consentimiento del señor Capellán don José Gil Carpena, acuerdan formar una Cofradía con el fin de obtener mayor esplendidez y propagar más entusiasmo para celebrar anualmente la Fiesta de la Adoración de los Santos Reyes Magos en dicho Santuario» A tal fin elaboran y aprueban su propio Reglamento —en el que, entre otros particulares, acuerdan celebrar cada año dos juntas generales, a las que deberán asistir «todos los socios que tengan gusto y las ocupaciones se lo permitan» ; fijar en dos pesetas anuales la cuota a satisfacer por cada asociado; y celebrar una misa en sufragio del alma del socio que falleciere—, y se constituyen en junta directiva, integrada por don Blas Hernández Iñíguez, como Presidente : don José Tomás Esteban, como Vice - Presidente; el va nombrado capellán don José Gil Carpena, como Tesorero; don Martín Pascual Martínez, como Vice-Tesorero; don Francisco Ribera Insa, como Secretario; don Vicente Belda Bellve, como Vice-Secretario; y clon Sebastián Chinchilla Muñoz, don Ángel Hernández Hernández, don José Micó Soriano, don Juan Navarro López, _ton Martín Domenech Hernández, don Juan Tomás Esteban, don Francisco Ribera Belda y don Pedro Hernández Díaz, como Vocales. Cada uno de los socios fundadores, según se ve, ocupaba un cargo directivo. Pero el entusiasmo de los mismos se contagió entre los residentes en el Caserío y alrededores, pues rápidamente se alcanzó el importante número de doscientos cuarenta asociados.
Interrumpida la actuación de esta asociación en el año 1933, se restablece de nuevo en 14 de diciembre de 1947 y se reorganiza finalmente en 25 de enero de 1963, ambas veces, debido al celo del Rvdo. don José Joaquín Martínez —a quien nunca sabremos agradecer los villenenses su entera dedicación durante los mejores años de su vida a nuestra amada Patrona—, bajo la denominación de «Agrupación de las Fiestas de Navidad del Santuario», ya que «se hace necesario reunir bajo una denominación todos los actos que en el mismo se celebran. algunos introducidos progresivamente, con el fin de que estas festividades tengan cada año un renovado vigor y entusiasmo que excluya todo temor de desaparición». En dicha fecha constituían la Agrupación ciento veintidós asociados, varones todos ellos, por así exigirlo las normas aprobadas, con una cuota anual por socio de cincuenta pesetas.
Un numeroso conjunto de músicos y cantores que, tocando con mucho garbo y donaire sus instrumentos y lanzando a los aires, armónicamente, sus muy entonadas voces... Fotos SOLI
Forman el grupo artístico, encargado de la interpretación de los villancicos, los siguientes instrumentos : Dos guitarras, a cargo de Antonio Barceló Lázaro y Fran-cisco Juan Gil; tres bandurrias, que tocan Francisco Valdés Abellán, Rosendo Barceló Ugeda y Juan Tomás Díaz; tres laúdes tocados por José Martínez Navarro, Feliciano Gil Sánchez y Juan Barceló Ugeda;
Huesos, Hierros, Panderetas y Zambomba, a cargo de José Valdés Francés, Juan Chinchilla Navarro, José Albert Martínez y Francisco Ribera García, respectiva-mente, bajo la dirección del nombrado Juan Tomás Díaz. Y son las cantoras, Josefa Abellán Hernández, Ángela Belda Alpañés, Josefa Gandía Abellán, Virtudes Ugeda, Dolores y Francisca Ribera García, Leonor Calabuig Serrano y Dolores Gandía Calabuig, aparte de algunas otras más que actúan eventualmente, bajo la dirección todas de la primera de las nombradas, y única de todo el grupo que, aunque ligeros, tiene algunos conocimientos musicales. Ya que es curiosa característica de este conjunto la de que todos sus componentes tocan y cantan «de oído», supliendo con su habilidad, buen gusto, esfuerzo y entusiasmo, aquellos necesarios conocimientos.
No se sabe quiénes fueran el autor o autores de la música —de la que ni siquiera se tienen copias—, y de la letra de los villancicos. Aunque en uno de los documentos que he examinado se consigna que se deben a Vicenta Belda Tortosa —esposa del tan popular Juan Tomás Esteban, fundador del coro infantil de pastorcillos—, que «las hizo por el año 1912», creo más bien que la labor de aquélla, meritísima en todos aspectos, puesto que también carecía de conocimientos musicales, debió ser la de recoger y recopilar. para enseñarlas y transmitirlas luego oralmente, la letra y música de las piezas que en los días de Navidad, se interpretaban ya en el Santuario, traídas, probablemente, por romeros y peregrinos, desde puntos muy separados de nuestra patria.
La ingenuidad de la letra de algunos de estos villancicos es patente :
«Amor respira sólo Jesús
Por darle al hombre vida y salud
Mira, pues, como en los brazos
Está de aquella Señora.
Hay quien dice en los cantares
Que es morena, pero hermosa».
«Los Reyes Magos van a adorar
al Niño Dios, nacido ya
Melchor se postra, Gaspar le mira,
y el gozo brilla en Baltasar.
Le ofrecen oro, incienso y mirra,
Y de alegría bailando están».
Y sorprenden en otros una deliciosa inspiración poética. Así en éste, que parece salido del texto de Lope de Vega :
Tiernecito infante,
mi Jesús, mi bien,
más suave y dulce
que un panal de miel.
Te veo entre pajas
nacido, gran Rey.
Y a tu lado encuentro
la mula y el buey...
Siento que los agobios de espacio me impidan extenderme más, pues datos suficientes tengo para hacerlo. Y deseo sinceramente que los villenenses que hayan tenido la paciencia de leerme colaboren, con su presencia en el Santuario de nuestra Patrona, en el esplendor de sus maravillosas fiestas navideñas. Estoy seguro de que, quienes lo hagan, no se arrepentirán y rendirán, como desde aquí lo hago públicamente, merecido homenaje de afecto y gratitud a este esforzado conjunto de paisanos nuestros, residentes en el Caserío de las Virtudes, que saben así patentizar su acendrado amor y devoción a la Señora.
Extraído de la Revista Villena de 1968

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