1953 LA MAHOMA

LA MAHOMA
Por… Eduardo Solano Candel
DE todos los actos profanos que tradicionalmente se celebran en las fiestas septembrinas de Villena, ninguno de mayor raigambre que el de plantar» la Mahoma. En el vértice del viejo castillo, se hundían sus patas de palo, y allí quedaba enhiesta y desproporcionada, víctima propiciatoria de quienes escalaban el tablado y de la iracundia de los Va y viene de Biar a Villena, con comparsa y música, con el pueblo regocijado y vociferante que danza a su alrededor. Mahoma tiene unos ojos iracundos y un tremendo turbante con pluma enhiesta; unas barbas negras orlan su media faz; pantalones bombachos y amarillos; con su faja, su chaleco y su alfanje en la movediza mano derecha, escucha impasible, hierática, el mensaje de las embajadas y acepta sumisa la toma del castillo por el pueblo «cristiano», terminando sus días descabezada y a hombros de los festeros, siendo ella la fiesta misma.
Toda la corriente consuetudinaria de nuestras fiestas cívico-religiosas, • está formada por el engranaje de una noria, cuyos arcabuces han ido extrayendo del fondo del milenio pedazos de una historia hoy pretérita y en desuso. Las sangrientas guerras que asolaron el país durante siglos lo fueron invocando la lucha contra el infiel; un exacerbado espíritu religioso palpitaba en el corazón de nuestros guerreros y el pueblo mismo estuvo saturado de un odio mortal contra los moros hasta su exterminación. El reino de Valencia, codiciado como ninguno, fue acaso el más destacado en la expulsión de los infieles; y la expresión de tanto sacrificio se convirtió en algazara y jolgorio para enaltecer la fe del cristiano frente a la media luna. En Villena, el manantial perenne y vivo hacía la Deidad, encarnada en la tradición y el abolengo, es nuestra Santísima Virgen de las Virtudes. Y desde Biar, desde tiempos inmemoriales, viene la Mahoma para sufrir año tras año la derrota de sus huestes; queda guardada en depósito en el domicilio del capitán de la comparsa de los Moros Viejos, decanato por así decirlo de toda la morisma festera.
Moros de Biar, que monopolizan con los de Villena 
el dominio de «La Mahoma »
Viene la Mahoma, con toda la espectacularidad posible (acrecentada notablemente este año) el 12 de mayo, nada más terminar las fiestas de Biar, y se devuelve al concluir las de Villena. Castalla, antiguamente, quiso recabarla también para sus festejos, pero el exclusivismo por su posesión de Biar y Villena, no lo permitieron. La Mahoma acarreó en el pasado serios y graves disgustos, pues su disfrute tiene un sentido de monopolio de los pueblos de Villena y Biar. Sus deterioros, frecuentes por las reyertas entre "Moros y Cristianos", son pagados por el pueblo que los ocasiona. Y así va tan campante a hombros de convecinos, de Villena a Biar y de Biar a Villena, este muñeco de la vieja farsa representativo de un odio mortal de raza que, a través de los años, quedó adentrado en las inveteradas costumbres.
Extraído de la Revista Villena de 1953

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