1979 EL MÉDICO DE CABECERA

EL MÉDICO DE CABECERA... SU PAPEL COMO CONSEJERO EN LA MEDICINA PREVENTIVA
Nadie puede poner en duda que la medicina actual está altamente tecnificada, que sus medios de diagnóstico y tratamiento son cada día más sofisticados, requiriendo para su desarrollo la existencia en progresiva escala de costosos equipos, tanto de personal como de utillaje, todo lo cual parece desprestigiar y oscurecer el papel del hasta ahora llamado Médico General; pero no es menos cierto, que la gran mayoría de la población sigue creyendo y respetando a su médico de cabecera, porque el enfermo real o imaginario, se siente tranquilizado por la idea de que su médico personal esté en cualquier momento dispuesto a acudir a su llamada. La llegada del Médico a un hogar cualquiera es esperada con ansiedad y con la esperanza de que con su presencia, tratamiento y consejos, aleje del seno de la familia el dolor y la turbación que producen la enfermedad, la invalidez y la muerte.
Bien sea una humilde chabola o un elegante apartamento, la casa no cabe duda que representa el lugar de reposo, el remanso de paz del individuo y su familia y es el médico de cabecera, en cierta manera, el encargado de completar esa ansia natural de sentirse protegido. A la esperanza del enfermo y su familia, que depositan su confianza en el médico, debe responder éste con todo su esfuerzo, ya que conociendo de antemano los antecedentes físicos y psíquicos de sus pacientes, tiene en sus manos una baza importante para el tratamiento del que padece, tanto más, cuanto más integrado se halle en el contexto y el ambiente familiar. A través del diagnóstico y del tratamiento de la enfermedad, el médico con su tacto y psicología debe cuidar el "cuadro familiar" y hacer comprender a éste sus responsabilidades. Es lógico que cuanto más unida esté la célula familiar, tanto más escuchado y obedecido será el médico en sus pres-cripciones.
La visita al domicilio del enfermo, es una ocasión para que el médico haga, no sólo medicina curativa, sino también preventiva. El médico de cabecera representa el más seguro medio de medicina preventiva, ya que su actuación va dirigida no sólo al que está enfermo en ese momento, sino al resto de la familia, a la que pone en guardia contra los peligros de la enfermedad o la agravación de un estado de salud deficiente. Esta obra de prevención la realiza principalmente por los consejos que se refieren a la higiene de los que rodean al enfermo.
Las indicaciones del médico sobre la salubridad de la casa (aireación, luz, limpieza, etc.) nunca son inútiles. Muchas casas, verdaderos tugurios, lo son porque nadie se ha preocupado por despertar la conciencia familiar en hallar una habitación decente, aunque sea renunciando a otras apetencias secundarias y accesorias. En otras ocasiones los consejos sobre la alimentación, el descanso, el sueño, etc. serán indispensables a los miembros de la familia. Lo cierto es que cada vez se sabe menos sobre funciones tan importantes como el comer, el dormir y el descansar. El mundo actual con su trepidante y stressante ritmo de vida, impide a las gentes vivir plenamente la vida hogareña y familiar, es decir, ignoran por completo el saber "estar en casa". Hoy todo se cifra en la familia, en reunirse alrededor del aparato de televisión, que sin negar su gran importancia como vehículo que es (o debiera ser) de comunicación y de cultura, al ser un ocio demasiado pasivo, tiende a invadir las demás actividades de la vida en casa: el reposo, la comida y !a vida social de relación. La insistencia por parte del médico sobre los peligros de las excesivas estimulaciones televisivas, sobre todo en lo que a niños respecta, dará al fin sus resultados. El médico de familia ha de actuar, insistimos en ello, aún a trueque de sentar plaza de pesados, no sólo sobre el que en ese momento sufre la enfermedad, sino en el entorno familiar, ya que en definitiva, éste es el responsable de la salud de la familia entera, dando a la palabra salud el concepto emitido por la O.M.S., considerandolo como sinónimo de bienestar y equilibrio, físico, psíquico y social.
El destino del médico de cabecera está ligado al de la familia. No es el ambulatorio, ni el dispensario, ni el centro hospitalario, quien se encarga de la familia, sino el médico de cabecera. Bien está la medicina en equipo, bien está la interrelación generalistas especialistas, pero al fin y al cabo el equipo es un ente indeterminado y abstracto por ser colectivo y no puede nunca introducirse en esa zona reservada de la familia que representa la casa. El equipo, y nadie duda de su utilidad, en el terreno médico y científico, no deja de ser un ataque a la intimidad de la persona.
Al médico de cabecera se le debe confiar la tarea de la medicina preventiva, siendo el eje de todo el sistema de salud. La especialización del médico general, el "Doctor family" de los ingleses, debe ser debidamente estimulada y protegida por los poderes públicos, desde las más altas esferas de la Administración, hasta las ordenanzas del Municipio.
El calendario de vacunaciones en la infancia, la orientación en las actividades laborales y profesionales de los adolescentes y los jóvenes, el consejo genético y prematrimonial, la planificación familiar, el resaltar los peligros que el uso de los tóxicos (alcohol, tabaco, etc.) tiene sobre el individuo, sobre su descendencia y en definitiva sobre la sociedad, e incluso el servir de árbitro entre miembros de la casa de distinta edad, en eso que se ha dado en llamar conflictos generacionales, son actividades inherentes a ese quehacer fascinante del
médico de cabecera. Pero antes de terminar quiero dejar bien sentada una cosa. No pretendo desenterrar la venerable y patriarcal figura de aquellos médicos antiguos que todo lo hacían o pretendían hacer; desde asistir a un parto, tratar una fractura u operar una catarata. El avance incontenible de la ciencia y de la técnica, hace totalmente imposible que una persona, por muy superdotada que sea, pueda dominar una cosa tan amplia y compleja como la medicina, a lo que me estoy refiriendo es a que el médico de cabecera en su faceta asistencial, debe ser guía y orientador, tratando sólo aquello que puede y para lo que esté capacitado y desviando hacia los especialistas y centros hospitalarios lo demás, pues tan importante es una intervención de alta cirugía realizada por un eminente especialista como el que el médico general que sospeche en su paciente un tumor cerebral, lo envíe al neurocirujano. Pero en lo que quiero hacer hincapié, y vuelvo a insistir, es en el papel del médico como consejero en la medicina preventiva.
Afortunadamente, y ya de vuelta de equivocadas elucubraciones sociopolíticas sobre la medicina y los médicos que consideraban al hombre como una serie de compartimentos estancos y no como un todo, «el consensus unus» del que hablaba Luis Vives, vuelve a imponerse en todo el mundo como eje central de toda la constelación médico-higiénico-sanitaria, la figura llena de responsabilidad y de grandeza al mismo tiempo del médico de cabecera.
E. B.
Extraído de la Revista Villena de 1979

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