1982 PEDRO HERRERO: EL SACERDOTE, EL HOMBRE

PEDRO HERRERO: el sacerdote, el hombre.
Pedro Herrero es uno de los curas jóvenes de nuestra ciudad. Más que por los 38 arios que ha cumplido, por sus ideas que huelen a renovación y progresismo. Antes de venir a Villena, pasó un año en Alicante, 2 en Finestrat y 5 en Polop. Para conocerlo un poco en profundidad hemos trata-do de hablar lo más sinceramente posible, salvando el obstáculo de que lo escrito queda escrito para siempre mientras que las palabras se las lleva el viento. Pasemos a conocer el modo de ser y de pensar de Pedro Herrero, durante 6 años coadjutor en la Parroquia de Santa María.
¿Cómo te surgió la vocación?
—Entré en el Seminario a los 12 años. Mi vocación se presentó más adelante, una vez que fui profundizando.
¿Qué sentiste entonces?
Una llamada de cara a la gente, tal vez un poco abstracta. Creo que la vocación es una llamada que se siente constantemente cada día, y a la que hay que contestar cada día.
¿No pensaste que tus ideas iban a chocar con lo que ibas a encontrar al salir del Seminario?
Sí. A lo mejor has pasado por el Seminario y hay cosas que no te han gustado, pero has tenido que pasar por ellas para lograr tu objetivo. El hecho de que allí yo fuera encargado de los filósofos extrañó a muchos, para los que era raro dar un cargo de responsabilidad a una persona tan abierta y campechana.
¿Tu carácter te ha ayudado a superarte o te ha traído problemas?
—Me ha complicado y me ha costado algún traslado, pero no me arrepiento porque debemos aspirar a eso. Estamos tratando de hacer un mundo donde exista la comunicación.
¿Te alegró tener que venir a Villena?
Yo no entro en el juego de pueblos buenos/pueblos malos. Parto de la base de que en todos los pueblos se puede dar un servicio. Donde me han mandado he ido, y después de pasar tres meses en casa llegué a Villena.
¿Qué impresión te produjo Villena?
Fue bastante pobre. A la 1.ª Eucaristía sólo acudieron los que vinieron de fuera. Después se han manifestado otras actitudes. Es absurdo juzgar por una primera impresión.
—¿Qué metas te propusiste?
Intentar ser un cura que llegara a la gente y a sus problemas. Intentar ser uno de ellos, que no es lo mismo que ser como ellos. Estar con la gente en definitiva.
¿Cuáles son tus ideas a nivel religioso?
Creo que la Iglesia debe salir más a la calle. Mientras el pueblo inauguraba su Biblioteca nosotros estábamos con otras realidades dentro de la iglesia. A veces parece que hay un poco de divorcio entre la vida de la calle y los montajes que nosotros tenemos en la iglesia. Debemos enterarnos de lo que pasa en el pueblo. Otra meta sería intentar formar a la gente. Hay personas a las que el Evangelio les suena a política. El hablar de justicia y de libertad huele a política. Ahora hemos solicitado a la biblioteca un lote de libros religiosos con vistas a la iglesia del futuro.
—¿Tienes más amigos o enemigos?
—Tengo gente que no me saluda por la calle y gente que me para. Eso es bueno que pase y que la gente se aclare.
-¿Nadas contra corriente en Villena?, ¿se frustran tus planteamientos?
No es cuestión de que todos pensemos igual, sino de que nos respetemos. En Villena hay normas litúrgicas de antes del Concilio que determinadas personas todavía conservan. Están desfasadas tanto en las actitudes externas como, internas. Otros grupos, por el contrario, te exigen y ayudan a dar respuesta a tu fe.
¿Qué anécdotas puedes contar en ese sentido?
—Esto lo tengo superado. Tanto en Polop como aquí la gente se me ha levantado en misa diciendo que estaba hablando de política. Creo que es bueno que la gente pueda expresar lo que siente, aunque el lugar más adecuado no es una Eucaristía.
¿Crees que estás haciendo política?
Todo es política, porque todo tiene un fin. Yo estoy haciendo en la Eucaristía un acto de fe en el que se junta una gente a vivirla, y a vivirla en la calle. Esa es una manera de llevar la política de la vida cristiana. Creo que ninguno de los programas de los partidos políticos exige tanto como el Evangelio.
¿Cómo ves el hecho de que los jóvenes estén alejados de la iglesia?
—Me preocupa que la gente joven que tiene la iniciativa en la mano, más sinceridad, más honradez no esté con la iglesia, porque el futuro de la misma entonces no es claro. Tenemos miedo a perder unas seguridades de ayer y correr el riesgo del mundo de hoy con sus complicaciones, y eso que es en él donde tenemos que vivir. Por eso perdemos a la gente.
Después de haber estado en el Instituto en contacto con los jóvenes, ¿cómo los valoras?
—Los 3 años que he estado en el Instituto me han ayudado muchísimo y me han salvado. Han sido más ricos que los anteriores en los que no me han dejado ir. Hemos creado un clima de confianza y libertad en clase. Allí he aprendido el por qué la gente joven no viene a la iglesia.
—¿Por qué la gente es tan despreocupada en Villena?
—A nivel religioso me doy cuenta de la despreocupación del pueblo. Con el mal tiempo y en verano la asistencia es escasa. De algunas realidades el pueblo ha comenzado a participar, como del problema del Ambulatorio. Poco a poco se va tomando conciencia. Pero seguimos llegando los últimos a muchas cosas, y tanto el Conservatorio como la Residencia se han quedado en Elda, y es que nos han educado en esa tranquilidad a que dejemos las cosas como están.
¿Qué nos puedes decir de nuestras fiestas de septiembre?
Los 6 años que llevo en Villena salgo en la comparsa de Marruecos. Creí conveniente apuntarme para estar en contacto con la gente en su ambiente. Tengo allí muy buenos amigos. Ahora bien, las fiestas deben ocupar una parte de la vida, no una gran parte, y he descubierto que las fiestas están quitando mucho tiempo a mucha gente. La religiosidad de las fiestas está mal entendida, y esto está impidiendo unos planteamientos serios de fe. Hasta que uno no se dé cuenta de que La Morenica como María es una realidad no llegaremos a nada. La gente se pone el traje de festero y según donde esté adopta una postura u otra.
—¿Qué piensas de la religiosidad popular?
Lo que no puede ser es que las expresiones de fe se limiten a entrar a Santiago, a acudir a la Misa Mayor si me toca, al día del Voto, o a hacer un par de gachamigas en el Santuario. Si la fe es fuerza, y un pueblo que presume de fe en su Virgen de las Virtudes camina con lentitud, lo que existe en realidad es un sucedáneo de fe. Lo que hay que ver es si los planteamientos religiosos de las fiestas responden a posturas de fe o a intereses personales, de clase, de grupo o incluso intereses políticos, como en el caso de los grupos más conservadores que han estado siempre metidos en la Junta de la Virgen.
—¿Qué piensas de la actual Junta de la Virgen?
—Le encuentro un valor positivo. Esta junta me parece más del pueblo, no porque los otros no fueran, sino porque no tienen altos cargos, son de todos los estamentos y están trabajando con ilusión. Algunos de ellos están quemados porque encuentran una fuerte oposición, que sería buenísima si fuera con buena intención. Lo que no se puede es ir a una reunión con actitud de cazar a la gente, y menos en honor a la Virgen.
¿Cuáles son tus hobbys?
—La música y la lectura. Lo que leo es principalmente referente a mi vocación, teología, pastoral y liturgia, sin descartar la literatura. La música que prefiero es la clásica.
¿Cómo ves a Villena musicalmente?
Presumimos de ser la patria de Chapí y estamos orgullosos de nuestra banda de música, pero la asociamos enseguida a pasodobles y fiestas, y eso sólo no es cultura.
¿Qué piensas del curanderismo?
—En Villena hay muchos. Parece la patria de los curanderos. Creo que el curanderismo en general es un producto de la falta de cultura. Algunas personas tienen cualidades pero no creo que nadie me pueda curar una hernia con un vaso de agua o con la mano. De todas formas muchos villeneros han creído más en el curandero que en el médico, lo cual debería servir para que éstos se plantearan qué asistencia sanitaria le han dado al pueblo.
¿Cómo ves el problema del divorcio?
—El divorcio es un fracaso para la pareja. Nosotros vivimos en una sociedad de divorciados: patronos-obreros, profesores-alumnos, iglesia-fieles. Yo estoy con la iglesia en el sentido de que el matrimonio es para siempre, como el amor. Pero no como ley, sino como un principio y un sentido que le quiero dar a mi vida. Lo que ocurre es que estamos exigiendo a personas que andan muy lejos de esos planteamientos, esa responsabilidad. A mí no me escandaliza que la gente pida el divorcio, sino que la iglesia esté regalando sacramentos a personas que en su vida tienen posturas de no fe.
¿Qué piensas del celibato?
—Es una realidad de la iglesia que está puesta en cuestión. Yo la he aceptado con todas las consecuencias. A nivel personal entendería que fuera más opcional.
—¿Qué nos puedes decir sobre el aborto?
—No entiendo que la gente que más está contra el aborto sea la gente que más pasa de que en esta sociedad hayan tantas personas que han abortado su personalidad, el tener decisiones, el asumir responsabilidades, en definitiva, el ser personas. Parece que eso no preocupa. ¿Cómo estamos en contra de que una persona aborte y cuando esa persona ha dado a luz ponemos cortapisas a que ese individuo sea persona? Vamos contra el aborto y este mundo es una fábrica de abortos. Hay muy poca gente que pueda decir «yo soy lo que quiero ser». Estoy contra el aborto.
¿Cómo ves la situación internacional?
—La veo bastante complicada. Lo que interesa no son los hombres sino las conveniencias, pero como decía M. Luther King, «algún día el blanco le dará la mano al negro». Ese es el futuro que como cristiano le veo al mundo.
—¿Qué te parece la relación iglesia-ejército?
—Estuve a punto de ir a la mili como capellán y gracias a Dios me libré.. Creo que los militares pueden tener necesidad de una asistencia religiosa y el sacerdote debe dársela. Además, tal y como están las cosas no sé hasta qué punto en un ejército se puede predicar el Evangelio. Cuando alguien ha intentado actualizarlo como monseñor Romero, le costó la vida. También debe haber una predisposición de los militares que muchas veces han entrado en la iglesia esperando oír lo que les interesa. El hecho de que presidan las procesiones es señal de que no se han dado cuenta de que su puesto es el último, como el nuestro, pero aún quedan ramalazos del nacional-catolicismo.
¿Qué piensas de la objeción de conciencia?
—Es una de las formas más simples de evitar este mundo de guerras y esta carrera de armamentos. Estoy a favor de la objeción. El que quiera lucha que luche él.
—¿Cómo son vuestras relaciones como clero de Villena?
—Hay gente que se extraña de ver ciertas desavenencias. No podemos pedir que los sacerdotes adultos piensen como nosotros. Es bueno incluso el enfrentamiento siempre que vaya en favor de la gente. Yo pediría al clero mayor, y creo que lo van descubriendo, que piensen que el futuro está en los jóvenes.
¿Qué mensaje darías finalmente al pueblo?
Yo le daría las gracias al pueblo por todo. Pediría que descubriera que en Villena lo más importante no deben ser las fiestas. Pienso que cuando en el interior no se está de fiesta, no existe una fiesta de verdad. Que se esfuercen por la cultura en el pueblo, y a nivel religioso que salgan de esa rutina de las bodas y los entierros masificados y se planteen seriamente su fe.
ANTONIO SEMPERE
Extraído de la Revista Villena de 1982

1 comentario:

jope ferrandiz dijo...

Hay una anécdota de este sacerdote, trágicamente desaparecido hace unos años, que nos habla de su carácter. Tras una boda en la Iglesia de Santamaría, los contrayentes pasaron con él a la Sacristía a fin de firmar los documentos pertinentes, tras lo cual, don Pedro pidió las tasas estipuladas por la Iglesia en estos casos, cosa que no sentó nada bien al novio, quien enfadado le hizo saber que ya no iba a regresar más a la iglesia, a lo que el sacerdote, con la socarronería que le caracterizaba, le vino a decir, que si no quería volver estaba en su derecho y que en todo caso, "ya lo traerían".

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