1952 JEROMO AL HABLA

JEROMO AL HABLA - Dibujo: Menor - Texto: Soler
-¡Hombre, m'alegro la mar de ve¡-le! ¿Tié usté prisa?
-Ninguna, Jeromo. Precisamente venía en su busca.
-Pos asiéntese, qu'aquí en este jardincico s'está mu bien. ¿No siente usté qu'olorcica a rosas frescas?
-Huele a gloria, es verdad. Ha sido un verdadero acierto colocar este jardín en sitio tan pasajero.
-Anque tié sus inconvenientes, no cr'a usté. Mi nieta ha hecho amistó con er «Gusano» pa sacal-le florecitas, y ara tarda má e tres horas en hace) un mandan. No sé cómo se las arregla, pero pa ir de las Cruces ar Artico tié que da¡ un arrodeo por la Placeta las Marvas.
-Cosas disculpables en la juventud, Jeromo. ¿Y qué quería usted de mí?
-M'han dicho qu'es unté ese que se va pol los montes buscando culos de ollas y trastos viejos.
-Es cierto, sí señor.
-Y ¿qué saca usté con eso? ¿Me lo quié esplicar?.
-La explicación sería demasiado larga. Bástele saber que trato de comprender cómo vivían los villeneros de hace muchos siglos, y esto sólo puedo llegar a saberlo recogiendo y estudiando las cosas que usaban. Tenga en cuenta que entonces no había libros ni periódicos.
-Cosa mu puesta en razón. Cualquier ratico me pasaré por su casa, si a usté no le mo­lesta, pa ve¡ tos esos archiruques.
-Cuando usted quiera, Jeromo. Mi casa y todo lo que contiene está siempre a dispo­sición de los amigos como usted y de todos los que sientan curiosidad por estas cosas. Y lo que es menester es que el Ayuntamiento habilite pronto un local adecuado para exhi­birlas decorosamente. Bueno, y ahora hablemos de otras cosas, si a usted le parece.
-Amos... dígalo sin reparo. Usté lo que quiere es que cretiquemos un ratico, ¿no verdá?
--Pues sí ¿Para qué lo voy a negar? De la crítica, si es sana como la suya, siempre se saca algo bueno.
-Pos allá va. Amos empezco hablando d'este jardín tan bonito. Pos p'allegar a él he tenlo que pasa¡ pol la calle San Francisco, qu'está ahí, a la guerra d'ese calejón. -¿Y qué?
-Que misté cómo m'he puesto de cascarrias los pantalones. En cuanto se mea un pa­jarito no hay quien pase por allí. Y menos mal que dura poco el cal-lerío, porque se lo llevan en las apargates los que van ar Chapí. Ara, que tó tié su desquite: lo qu'a la calle le sobra de gachas le farta de lus y váyase lo uno por lo otro ¡Como la «Letra» está tan lejos...!
-¿Qué es eso de la «Letra»?
-La fábrica la lus, hombre de Dios.
-Ah, bueno.
-Qué diferiencia con la Corredera, qu'está dos manzanas más arribica. ¡Eso sí qu'es una calle de capital que ya la quisián en Guardalajara, digan lo que digan los roñosos que no quién paga¡ las farolas! ¡Ojalá tuviá yo en mi calle una farolica d'esas!
-Y ¿para qué tanto lujo, Jeromo?
-Porque por aquellos barrios paece que vivimos entavía en los siglos esos tan antiguos qu'usté busca. ¡Va una roñosería d'alumbrao! Una perita aquí y otra anee Cristo perdió er gorro.
-Y que lo diga, Jeromo. Son muchas las calles de Villena que están en esas condiciones.
-Y así pasa lo que pasa. Mi Jeromico se metió la otra noche un carabazón que se hizo un brujo como las folas der Paseo. Y en ná estuvo que no se matara. Menos mal que mi vecina la «Rajá» tenía el hongo a la mano y no pasó ná.
-Hubo suerte, después de todo...
-Y no's eso lo peor. Mi nieta festea con er novio a la puerta la calle, qu'está siempre como boca lobo, y... claro, ya se pué usté fegurar. La otra noche, apenas s'entró p'a­dentro se puso a freír tomate y, como estaba un poco desinquieta, en vez de pega)-le ar tomate con er canto la pala pa deshace)-lo, le lió de plano... y no quid saber cómo me puso d'enrunao er guisador. Y anteanoche, sin ir más lejos, después de la charreta s'em­peñó en acabar un jersé pa una vecina. Yo no'ntiendo muncho d'eso, pero c'ro que tenía qu'hacer des puntos der derecho y uno der revés. Pos güeno: se ve que los hizo tos der revés, porque le salieron las mangas p'arriba. Si hubiá más lus en la calle no le pasarían esas cosas a mi nieta.
-Posiblemente, Jeromo. Ya me encargaré yo de dar estado público a ese tan justo de­seo. ¿Y de Fiestas? ¿Qué me dice usted?
-Pos que si Dios y los hombres no lo remedian, dan er capuzón. Ca año están más desasirás y eso tié que tener una mala fin.
-Tengo noticias de que la Comisión de este año, formada por gente joven, piensa efectuar algunas reformas para encauzar unas aguas que, efectivamente, se van saliendo de madre.
-Pos esa Comisión v'a tener muncho que rascar y no l'arriendo las ganancias. Veremos si saca argo en claro, porque está la gente mu rebornecía.
-Por lo pronto, se va a quemar este año el ridículo castillo de Embajadas a que se refirió usted el año pasado,
-Sí. Argo d'eso ha llegao a mis oídos, y no pienso perderme la falla. Oiga, pero a ver si al año que viene hay que planta la Mahoma en los barcones de D. Pascasio porque no hay castillico.
--Ya se ha pensado en ello, naturalmente, y hasta en el modo de costearlo. Posiblemen­te tendremos todos que rascarnos el bolsillo.
-Mu aporrean m'ha dejan er mío la pedreguera d'agosto, pero, p'a una cosa así siem­pre quedarán argunas perritas Tó no va a ser creticar y creticar. -Es usted un hombre bastante razonable.
-Y ara qu'hablamos de creticar. El año pasan le dije a usté que la Proseción der día 8 me gustaba muncho ¿s'acuerda usté?
-Me acuerdo perfectamente y así lo hice constar.
-Pos me s'orvidó un detalle que no me gusta ná. ¿Qué pintan con las comparsas tos esos que alumbran de paisano? ¿No verdá qu'hace mu feo y le quitan toa la gracia? -Así es, evidentemente.
-Si tanto antusiasmo sienten por la Comparsa, que se vistan, que naide se lo v'a impi­dir. Y si no quién vestirse, que s'arretiren, que mardita la farta que hacen.
-Es una magnífica observación que entra de lleno en el Reglamento de las Fiestas. Verá usted cómo también se le pone remedio a eso.
-Y otra cosa. Yo no dejaría que saliera en cada comparsa no más qu'una escuadra de dies u doce bien elegíos por los mesmos festeros. Así se hace en Arcoy y en otros pueblos y así s'evitaría que salieran esos cantamañanas que no se visten ná más que pa pasar er día cinco por el Villenense. ¿A qué santo tantos gastaores que lo único que gastan es la potencia de los que nos amos sortao un plantón de seis horas en la Corredera?
-Así se hacía en otros tiempos, y creo que sería un procedimiento muy eficaz para estimular el ingenio de los que no pudiesen salir en la escuadra, que serían muchos y ani­marían el desfile, en contra de lo que ellos mismos piensan.
-Pos ánimo a la gacha y dígaselo usté a esos de la nueva Comisión. -No se preocupe, que así lo haré.
-Oigo, y ahora una cosa entre los dos, de usté pa mí.
-Usted dirá.
-Cérquese un poco que no los oiga naide... ¿Quié usté que er día nueve, después que s'haiga quemao er castillico los vayamos los dos ar Panterri y quememos er tablao de la Música?-¡Hombre, Jeromo! la proposición es bastante fuerte.
-No, si no quiere lo dejamos estar. Yo lo decía porque hiciera juego ¿sabe usté?.
SOLER
Revista Villena 1952
Cedida por... Elia Estevan

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