1959 LA MAHOMA

LA MAHOMA Por ALBERTO LOPEZ TARRUELLA SANTONJA
El cinco de Septiembre. Esto significa para todo aquel que no es de Villena, la simple expresión de un instante en el transcurso del tiempo; para los que somos de aquí, vivamos o no en la Ciudad, vale tanto como decir que ha llegado el día en que comienzan los festejos que Villena dedica a su Virgen de las Virtudes, que tienen su apoteosis el ocho.
Dejando a un lado el entusiasmo que sentimos los villenenses por concurrir a los múltiples actos, tanto cívicos como religiosas, hemos de notar que en los últimos cuarenta años las fiestas han venido cambiando en alguno de sus aspectos, si bien dentro del marco general de conservación de lo tradicional, que, en verdad, se mantiene e incluso, se acentúa. Nos referimos al aspecto de las fiestas como espectáculo público, callejero en el que todos participamos: unos, formando en preferida comparsa, todos los demás, acudiendo a los desfiles, conciertos, guerrillas, embajadas, etc., y este tono, que es el propio de las fiestas de Moros y Cristianos, que nació con ellas, se mantiene y acrecienta, especialmente en los años posteriores a la liberación Junto a él hemos visto surgir y tomar cada vez más auge, el de los "cuarteles", lugares en que los festeros, familiares y amigos suelen pasar, dedicados al baile y un poco a suaves libaciones, varias horas, desde la media noche hasta el amanecer. Este cambio, mejor, esta innovación, se ha producido de manera lenta, sin fijación de acuerdo, de programa previo.
Hay un punto, sin embargo, que acaso convendría considerar y tal vez modificar o suprimir. Lo peor es que afecta a la médula de la fiesta popular. Nos referimos a "la" Mahoma. Todos hemos visto lo que se hace y ha venido haciendo cuando la traen de Biar, mientras está expuesta, día y noche, en el castillo de las Puertas de Almansa y al devolverla al pueblo dicho. Es objeto de risas, golpes, músicos, menosprecio. Olvidamos que esa efigie, que presentamos ton ridículamente hecha y vestida, es la del fundador de la religión musulmana, seguida por millones de hombres. y lo olvidamos porque esa risa nuestra, esos golpes, son ingenuos, sin nada en ellos que signifique deseo de causar ofensa religiosa ni de ninguna otra índole; pero es lo cierto que el hecho de traerla, exponerla al público en el nombrado castillo, llevarla, etc, es atentatorio al cortés respeto que debe merecernos.
No pretendemos ser más papistas que el Papa y menos o más mahometanos que Mahoma; deseamos, no obstante, llamar la atención sobre el particular, adelantándonos a una posible exigencia de modificación. ¿Qué ocurriría si las representaciones diplomáticas de los Estados Árabes en España presenciaran los hechos aludidos? No les serían agradables. Juzgamos lo que harían ellos por lo que haríamos nosotros, simples ciudadanos, si en un país extranjero con el que tuviéramos relaciones se expusiera y ofendiera públicamente a Cristo Nuestro Señor: estamos seguros de que protestaríamos vehementemente, exigiríamos el respeto máximo.
Esto mismo puede ocurrir en el caso apuntado, en un momento cualquiera. ¿No convendría considerar la cuestión antes de presentarse el problema? Es una idea que dejamos en el aire.
Extraído de la Revista Villena de 1959

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