"CINQUILLO" JOSE MILÁN FRANCÉS

El Tío Cinquillo - TIPOS POPULARES
La característica más acusada de Cinquillo era la velocidad con la que corría, además de la no desdeñable de su resistencia a la fatiga, pues se cuen­ta, como a continuación se dirá, que realizó largos recorridos a pie. Anto­nio Marín, en el poema que a continuación se reproduce, nos describe sus actividades y trabajos, más bien desdichas, en una bella estampa. Ese «pueblo inmediato» donde Cinquillo hurtó a unos jugadores el dinero de sus apuestas, era, según se cuenta, Biar; y se refiere también de aquel su­ceso que, avisada de inmediato la Guardia Civil, salió a caballo hacia Vi­llena y lo encontró en su domicilio durmiendo, lo que llevó a los guar­dias a dudar de que Cinquillo fuera el autor del robo, pues no era lógico que hubiera tenido tiempo para llegar a pie hasta su casa.
Hay, no obstante, otra versión sobre este episodio. Como estos relatos provienen de informaciones orales de distintas personas, y no pueden contrastarse con noticias escritas o fuentes más rigurosas, suele ocurrir que, con frecuencia, nos lleguen interpretaciones distintas y aun dispares. Dicen otros, respecto a Cinquillo que, cuando llegó a Vi­llena tras veloz carrera desde Biar, marchó a la cueva donde vivía una tía suya y se escondió en la oquedad que ofrecía una pared, que fue ta­pada cuidadosamente. Y el día siguiente, temprano, avisada su mujer, salieron los dos hacia Alicante y embarcaron con destino a Orán. De allí volvieron varios años después, sin que la justicia molestara a Cin­quillo a su vuelta.

José Milán Francés
(foto cedida por su nieto Diego Milán)
Conocía muy bien los caminos y veredas de la comarca. Se cuenta que en cierta ocasión viajaron varios amigos desde Villena a Alicante a presenciar una corrida de toros en «el cabriolé del tío Burruezo», y que él, interesado en asistir también, pues era muy aficionado a los toros, no pu­do hacerlo porque no cabía nadie más en el vehículo. Cinquillo, contrariado, aseguró a los viajeros que se encontraría con ellos en la puerta de la pla­za de toros. Y al parecer lo logró, pues corrió hasta Alicante por sendas y veredas que acortaban el camino, y estaba en la puerta de la plaza, tal como había dicho, cuando llegaron los demás. Difícil parece la hazaña y no podemos dar fe de ella; mas «relata réfero».
Su nombre fue José Milán Francés, y participó como soldado en la guerra de Cuba. Era popular en la comarca por sus excepcionales condiciones para las carreras a pie, pruebas bastante extendidas entonces. Cuan­do tomaba parte en una de ellas, todos sabían que no podían superarle. Te­nía un carácter extravertido, alegre y despreocupado, y tuvo varios ofi­cios como Marín da a entender en sus versos.
CINQUILLOYo siento una profunda simpatía por Cinquillo.
Por eso hago su elogio y tejo esta corona;
porque este buen Cinquillo que es un pillo, muy pillo,
es también, a la vez, una buena persona.
Enjuto y magro tiene
los músculos de acero; corre como el que más;
y andarín sempiterno e incansable, va y viene
de un lado para otro sin cansarse jamás.
En su vida ha ejercido diversas profesiones.
En otros tiempos fue
albañil, camarero y en muchas ocasiones,
corredor y croupier.
Para él todo trabajo es bueno. No repara
en oficios y acepta todos los que le dan;
y al mal tiempo, Cinquillo, le pone buena cara
como manda el refrán...
Cuando coge entre manos la baraja,
es tan diestro como el mejor maestro;
y en toda la comarca otro más listo no hay
en el hábil manejo del libro de Bolay...
De él se cuenta una hazaña que pasará a la historia.
En un pueblo inmediato se encontraban reunidos
en torno a unos tahúres, varios bobos de Coria
a quienes expoliaban jugando a los prohibidos.
Cinquillo que allí estaba y que observaba el juego,
al ver que los tahúres les tiraban el pego
a aquellos infelices, con ingenio y con arte,
llamándose a la parte,
cuando la concurrencia más fija y abstraída
se encontraba en el juego, con descaro y con brío,
exclamó de repente: -¡se acabó la partida!...
¡Este dinero es mío!­
Y sacando el pañuelo,
metió en él el dinero que en el tapete había,
veloz emprendió el vuelo
y salió de estampía.
Cuando los jugadores quisieron al muy pillo
perseguir, y el dinero birlado rescatar,
ya estaba el buen Cinquillo
lo menos dos kilómetros distante del lugar...
Si hay trabajo en el pueblo, lo mismo que un forzado
trabaja; más si falta, pronto rompe la soga
que al pueblo le sujeta y se marcha a otro lado.
Sabe que Dios aprieta pero que nunca ahoga...
Ha pasado sus hambres. En muchas ocasiones
se vio forzado a hacer
el género de vida de los camaleones:
alimentarse de aire y vivir sin comer.
El hambre ha conseguido que este ilustre Cinquillo
aguzara el ingenio; y que el gran piruetista,
donde ve una moneda emprenda su conquista
y no ceda hasta verla dentro de su bolsillo...
Yo te admiro ¡oh Cinquillo!
Y te admiro y te quiero, porque bajo el barniz
del pícaro, hay un hombre. Tienes fama de pillo
y eres un infeliz.
Texto extraído del libro... De Villena y los villeneros. 2002
Alfredo Rojas y Vicente Prats.

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