1959 A LA MEMORIA DEL MAESTRO CHAPÍ

A LA MEMORIA DEL MAESTRO CHAPÍ
Con profunda emoción cambio la batuta por la pluma para dedicar unas líneas a la memoria del glorioso maestro Chapí, con ocasión del homenaje que le tributa la revista "VILLENA".
Chapí fue una de las naturalezas mejor dotadas para la música. Su enorme fecundidad era el resultado de una sorprendente rapidez y espontaneidad en concebir sus obras, con exquisita gracia y elegancia. Como en el gran Lope de Vega, su caudal de fuerza creadora se renovaba constantemente y su poderoso influjo de atracción llevó en pos de sí a los músicos contemporáneos.
 Echemos una breve ojeada por el panorama musical español en el siglo pasado y veremos cómo nuestros músicos escribían sus partituras sojuzgados por una tiránica influencia italiana, que ni siquiera las avasalladoras corrientes wagnerianas de los últimos lustros del siglo lograron disminuir. Contra esta, sin duda, nefasta influencia se alzaron heroicamente algunos maestros españoles, principalmente el insigne Barbieri, que con el noble empeño de crear un estilo netamente español, fundamento en las esencias de nuestra inagotable cantera melódica popular, que enlazase con la rica tradición musical española pretérita.
En esta situación surge la señera figura del maestro Chapí. Su ardiente vocación por la música unida a una voluntad arrolladora, le llevan, no sin dura lucha, a situarse, con el maestro Bretón, en lugar preeminente entre los compositores españoles de su tiempo.
Adquirió una depurada técnica, que desarrolló y enriqueció durante sus años de pensionista en Roma y París, abriéndosele nuevos horizontes, que influyeron decisivamente en su producción posterior, inyectando con ello nueva sabia en el decadente género lírico español.
Aunque compuso obras de gran aliento (6 óperas, 20 zarzuelas grandes, etc.) el desolador panorama de la música española, a que- hemos aludido más arriba, le obligó a dedicar su talento admirable al mal llamado género chico, que ennobleció y elevó considerablemente.
La novedad de su procedimiento armónico (analícense entre otros muchos, pasajes como el de la primera escena de LA REVOLTOSA, cuya armonización se sustenta en la peculiar afinación de la guitarra; sorprendentes posiciones de acordes verdaderamente audaces en LA BRUJA, CURRO VARGAS, etc., etc.), la fluidez en la modulación, su rica paleta orquestal, la total fusión de letra y melodía con absoluta identificación del sentimiento dramático con la música; y tantas otras muestras de su maestría, que por no alargar este artículo, podríamos citar.
Una de las facetas más interesantes del talento del maestro es su rico colorido orquestal. En este aspecto fue un levantino cien por cien, pues el instinto del color, la rica gama usual en los pintores levantinos, la tuvo en su paleta instrumental, en grado sumo, el autor de LA TEMPESTAD, obteniendo, con los reducidos medios de una orquesta de género chico, combinaciones de timbres verdaderamente sorprendentes por su originalidad e inventiva y gracias a él la orquesta de género chico se eleva en rango estético.
Estimo que las cualidades excepcionales de su talento reseñadas, hacen que nadie que tenga conocimiento musical y posea sensibilidad y buen gusto, puede dudar de que la producción de Chapí es la de un compositor insigne.
Su influjo fue enorme entre sus contemporáneos y sucesores, influjo del que no está exento el mismo Falla, como puede verse analizando atentamente las partituras de "Curro Vargas" y "La Vida Breve", palpándose la influencia de aquella partitura sobre la del glorioso maestro gaditano.
Chapí abordó todos los géneros y en todos, ellos se ve la impronta de su mano maestra, no cabiendo la menor duda de que si el mediocre ambiente musical de España no lo hubiese empujado a localizarse exclusivamente en el marco de la zarzuela, impidiéndole ahondar en la música de cámara, en la sinfonía, en una palabra, en los géneros universales, su nombre hubiera brillado a la altura de los mejores maestros extranjeros de su tiempo.
Terminaré el artículo copiando dos fragmentos de la poesía que dedicó D. Salvador María Grané al insigne maestro.
¡No ha muerto!... porque no es muerte
dejar eterna memoria.
Luchó; triunfó de la suerte
y rendido, cayó inerte
bajo el peso de su gloria.
¡No ha muerto! aquí todavía
su noble espíritu flota
porque en cada melodía
un recuerdo nos envía
y un suspiro en cada nota
Extraído de la Revista Villena de 1959

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