1983 LA MAHOMA Y LOS MOROS VIEJOS

Año tras año el ciclo se repite, cinco días de fiestas y trescientos sesenta de ilusión, espera y trabajo; de las cuatro estaciones del año, dos tienen para nuestro pue­blo carácter festivo, en ellas se cumplen dos de nuestras más ancestrales tradiciones; por un lado, en las postri­merías del verano la fiesta, con su gran cúmulo de situa­ciones y ritos siempre iguales y siempre nuevos; y en la primavera cuando el mes de Mayo se esfuerza en darnos sus mejores adornos florales, la llegada de la Mahoma.
El día doce de Mayo de entre el humo y el olor a la pólvora quemada por los arcabuces, pasodoble festero y un grupo casi siempre numeroso de gente menuda con su natural alegría y nerviosismo, aparece un muñeco gi­gantesco hecho de madera y cartón vestido de moro. ¡La Mahoma de Biar ha llegado!, dispuesta como siempre a pasar el verano en Villena y con el ánimo hecho (como dirían los de Biar) a hincharse a remolachas. La tradi­ción una vez más se ha de cumplir, cuando el día ocho de Septiembre, los moros ocupantes del castillo sean derro­tados por los valientes cristianos, que en insangrienta batalla vencerán a los seguidores de la media luna, y és­tos, con la misma alegría que al recibirla, prestos se dis­pondrán a entregar la Mahoma a los emisarios que desde Biar vendrán para llevársela y cumplir así lo tradicional­mente establecido entre los dos pueblos.
No estamos cualificados para aseverar categórica­mente cómo o cuándo empezó esta costumbre, pero sí hacemos caso a lo que la tradición nos cuenta, nos lleva a la conclusión de que maestras fiestas nacen con el acuerdo de utilizar la Mahoma de Biar en nuestros feste­jos, acuerdo éste en compensación por la utilización de las cárceles que el Ayuntamiento de Villena poseía.
Durante todos los años que la Mahoma de Biar ha venido a nuestra ciudad, ha sido la comparsa de Moros Viejos la encargada de realizar el traslado y así mismo quienes la han custodiado durante su permanencia en ella.
Como en tantos casos, éste es uno en que nada hay escrito, todo se ha hecho por acuerdos verbales; cuando la Mahoma llegaba a Villena, casi siempre un miembro de la comparsa tenía dispuesto un sitio en su casa, natu­ralmente lugar éste espacioso, como el pajar, cambra o almacén de aperos de labranza o similar, pero cuando esto no ocurría así, se ubicaba en el porche de la casa de cualquier componente que dispusiera de él, permane­ciendo allí durante los meses que preceden a la Fiesta. Así ha ocurrido hasta hace muy pocos años en que por acuerdo de la Junta Central la Mahoma ha sido definiti­vamente depositada en la Casa del Festero.
La Mahoma es sin lugar a dudas el más fiel expo­nente de la tradición festera local, ya que ha sido lo úni­co que ha sabido plegarse a las distintas variantes de ho­rarios y cambios de lugares donde se han escenificado las Embajadas, aguantando incluso las renovaciones con­ciliares de conciencia que estuvieron a punto de acabar con ella.
Poco o nada hemos encontrado donde poder basar­nos a la hora de fijar una fecha y como anecdótico, y esti­mando que esta tradición es bastantes años anterior, re­producimos parte de un artículo que aparece en la revis­ta de fiestas de Biar del año 1972, firmado por Cristóbal Payá Galvañ y José Hernández Martínez, que titularon “Ventana al Pasado”. En él reproducen el artículo de un periódico fechado en 1840 llamado “Semanario Pintores­co Español”, en éste se relata el programa de fiestas de Biar de aquel año y así es como relata la Embajada del día 12 de Mayo:
“A las tres de la tarde la escena pasa enteramente al contrario (se refiere a la embajada del día anterior, que fue la del moro al cristiano y en el día que nos re­ferimos es la del cristiano al moro). Los árabes guarne­cen el fuerte, el concurso es el mismo, pero los vecinos de cada pueblo ocupan un lugar diferente. Los de Biar y algunos más se esparcen indistintamente por los cos­tados de la plaza; los de Villena se colocan a la derecha del castillo; y los de Castalla ocupan la izquierda.
El ejército español da el ataque; su capitán recita la embajada recopilando las glorias del país y resistién­dose los moros a la entrega, se ordena el asalto, el cas­tillo es vencido; sus defensores huyen, y los jefes de ambos bandos se baten cuerpo a cuerpo en la última plaza. Interín los cristianos rinden a los moros; uno de los espías enciende el puro que Mahoma tenía en la boca, y todo el concurso, volviendo la espalda al casti­llo, bajando la cabeza y presentando las asentaderas es­peran temerosos el momento fatal de la explosión. El fuego del puro comunica a la pólvora, la cabeza de Ma­homa revienta con el mayor estrépito y los cascos vue­lan causando alguna desgracia.
Inmediatamente sufre el castillo un nuevo ataque. Los vecinos de Villena y Castalla se arrojan a él; desa­tan los restos de Mahoma y asidos a ellos se disputan a golpes la honra de llevarlos. Vencen los de Villena así por su mayor número, como por la protección que les dispensan los de Biar, y llenos de gozo arrastran los restos por el camino de su pueblo. Esto es lo que un pe­riódico de la época nos refiere, nosotros profanos en la materia ni ponemos ni quitamos”.

También ha sido la Mahoma fuente de inspiración popular y como ejemplo de ello y para terminar reprodu­cimos estas aleluyas que Hermógenes Esquembre escri­biera en su día:
UN NÚMERO DE AVIACIÓN, QUE CAUSÓ GRAN SENSACIÓN (1915)
Los hijos de la Jeroma
fueron á ver la Mahoma.
Los demontres de chiquillos
se me suben al castillo.Le quisieron preguntar
si se quería ir a Biar.Del hilico le estiraban
y ella á todo contestabaTanto la hicieron rabiar
que ella los mandó á aviar.

Primitivo Gil Saúco
Moros Viejos de Villena. Revista día 4 que fuera 1983.
Dubujos de Hermógenes Esquembre de la Revista "Villena Joven" extraordinario de 5 de septiembre de 1915 cedidos por ... Mateo Marco.

1 comentario:

Salvador Grau dijo...

FOTOGRAFIA DE LA MAHOMA EN EL CARRO:

Arriba por la izq.: LA MAHOMA DE BIAR, la sujeta PEPE GRAU Presidente de los Moros Viejos.Con el gorro de La Mahoma, D.Juan R.Menor, farmaceútico, a su lado, mi tío Cayetano Navarro secretario de los Moros Viejos. El de las gafas (¿?).

Abajo, el guaperas de mi primo Federico Galbis Grau, al lado, mi primo Joaquin Navarro (Quinito) el de Cayetano. El de la boina, yo, Salvador Grau cogido por mi prima Pepita, la de Cayetano.

Por la dcha.: La mula marchosa, agarrada por su dueño Rafael. El del sombrero chulesco,(¿?), la joven de su derecha (¿?), sigue a ésta mi tía Remedios esposa de Cayetano, continúa mi hermano Pepe Grau y parece ser Eduardo Palao el que asoma por su derecha.

Gracias a todos por desempolvar estos recuerdos.

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