1972 LA COMPARSA DE AMERICANOS

LA COMPARSA DE AMERICANOS
por… Alfredo Rojas - Cronista de la Junta Central de Fiestas
Extraído de la Revista Villena de 1972
Tiemblen los tradicionales y arcaicos protocolos; estremézcanse albalaes y cartularios y corra el estupor a través de las cenizas de aquellos graves varones que sacralizaron las viejas fórmulas, que fijaron los moldes campanudos de tantos reverentes documentos. Leamos el folio 16 del libro de actas de la Comparsa de Americanos:
«En el día de la fecha y en casa del capitán saliente José Ruiz y esperando el almuerzo de sardinas fritas como es costumbre nos anuncian que se presenta para alférez el socio Sigfrido Silvestre entonces se nombra capitán a Andrés Pardo el cual acepta el cargo y nos ponemos a almorzar por haber terminado todos los asuntos a tratar y se levanta el acta para que conste en "Mena a nueve de septiembre de mil novecientos cuarenta y tres».
Fácilmente se advierte latir aquí el auténtico espíritu de las Comparsas de Moros y Cristianos; esa hermandad sincera de hombres sencillos que ha hecho, a través de innumerables fiestas, perpetuarse en ellas las generaciones. Hagamos hoy, sucintamente, la menuda historia de una de ellas.
El acta de constitución de la Comparsa de Americanos lleva fecha del 8 de noviembre de 1927. Hay que hacer resaltar una curiosa circunstancia, poco común en la historia de nuestras agrupaciones testeras: al constituirse la Comparsa se aprobó el Reglamento que había de canalizar sus actividades y que había redactado una comisión provisional. El escritor es escueto, y señala como directivos a Miguel Sánchez, Eugenio Hernández, José Victoria, Pedro y Andrés Pardo, Victoriano Sánchez y Vicente Gil, el primero de ellos como presidente. Se fija ya en él, previsoramente, la indispensable contribución económica: una peseta semanal de cuota, aunque quedaba para la próxima reunión el estudio de la posibilidad de reducirla
.
Andrés Pardo, en 1930,
en su papel de cabo de la Comparsa.
Semanas antes de celebrarse esta junta, un grupo de amigos, a los que no preocupaba demasiado la fidelidad histórica, y que con¬templaba la Entrada entre el sabio alternar de Comparsas y copas decidió crear una nueva agrupación festera que fuera distinta a todas las demás; que incluso no figurara en ninguna otra población. Privaban entonces las películas de vaqueros; los héroes de turno que desde el Caballero Cifar o Amadís de Gaula han satisfecho la innegable tendencia hacia el bien del género humano, o al menos le han consolado secretamente de no practicarlo, eran, durante aquellos años, los gallardos e ingenuos «cowboys» con que el cine americano invadía las pantallas de todo el mundo. Y a aquellos villenenses se les ocurrió crear una Comparsa de «Americanos». El día 6 acudieron a ver al alcalde, que era entonces Vicente Rodes, para que les indicara los indispensables trámites a seguir; y el día 9 ya hicieron su aparición, en el acto de «la entrega», unos arcabuceros, tocados con un ancho sombrero tejano, que designaron al capitán y al alférez de la todavía inédita Comparsa, cobijados todos ellos, simbólicamente, por una bandera que les había prestado la Comparsa de Cristianos.
Casi un año después, en la mañana del cinco de septiembre de 1928, se bendijo la genuina y flamante bandera de los Americanos, la cual fue apadrinada por los esposos Amorós - Dupuy. Y por la tarde, entre el regocijo, la admiración y la sorpresa de las villenenses, desfilaron 18 festeros que revivieron en la Corredera unas gallardas figuras mucho más apropiadas en el lejano oeste norteamericano que en el marco de las tierras aledañas al viejo mar de la civilización. Dejemos anotados los elementos de que se componía la vestimenta y equipo: Una camisa a cuadros de colorido libre, con el clásico pañuelo anudado al cuello; ancho sombrero; pantalón de montar enfundado en la polaina, cubiertos ambos con zahones de piel sin curtir. Las botas, unos puños de cuero, el cinto con los inevitables revólveres, y una imitación tallada en madera del rifle común a los hombres del Far-West, completaban los elementos indispensables para aquellos extraños festeros.
La nueva Comparsa debía haber sido la última del bando Cristiano; pero Romanos y Cristianos quisieron conservar su puesto para estar más cerca de la Virgen, y los nuevos festeros fueron colocados delante de los Romanos. Se designó cabo, nombramiento que recayó en Andrés Pardo Hernández; el cual tuvo un preponderante cometido en la Comparsa durante los años en que los Americanos intervinieron en los festejos. Pardo añora aún sus actuaciones a la sombra del conocido pistolón que le ayudaba a gobernar su escuadra, y que, por cierto, conserva todavía. Andrés Pardo, Miguel Sánchez y Eugenio Hernández figuran entre los hombres que dirigen la Comparsa a lo largo de los años. Entre los socios figura Pedro Juan Gil, que actúa como segundo cabo, y que después pasaría a ser titular en la Comparsa de Cristianos, puesto que hoy ostenta su hijo.
La Comparsa actúa ininterrumpidamente en estos años con una treintena de socios; tradicionalmente, la acompaña la banda de Alfafara. La cuota ascenderá gradualmente hasta cinco pesetas semanales en el año 1936. En este año, la subvención municipal es de quinientas pesetas. De ellas se entregaban cien al capitán, para pólvora y gastos, mientras el alférez, por los mismos conceptos, recibía setenta y cinco.
Componentes de la Comparsa de Americanos,
durante un desfile.
El año 1939 se reorganiza la Comparsa, y sigue presidiéndola Miguel Sánchez, que pasará después a tesorero mientras la presidencia era ostentada por Mira, dueño del bar de este nombre. José Mira Revert pasa a ser uno de los rectores de la Comparsa. Ya entonces, en 1939, se crea una Junta de Fiestas compuesta por «todos los presidentes de las Comparsas, el alcalde de fiestas, un miembro de la Junta de la Virgen y el presidente de Prensa y Propaganda de F. E. T. y de las J. O. N. S.». La cuota baja sorprendentemente a una peseta semanal, que es satisfecha por 33 socios a los cuales sigue fielmente la banda de música de Alfafara, la cual cobra por entonces 1.200 ptas., «incluidos viajes y manutención». Capitán y alférez, cargos que lamentablemente han perdido importancia en la actualidad, perciben para resarcirles, siquiera fuera en parte, de los gastos que entonces traía consigo su función, de 500 a 600 pesetas, según años, repartidas entre ambos.
La cifra de Americanos va bajando; en 1946 son 25 los socios activos. Es en este año, con Andrés Pardo como presidente, cuando se habla por primera vez de una escuadra de «indios», la natural contraposición de los vaqueros, iniciativa que cristalizó en 1948 con la aparición, ante los asombrados villenenses, de seis u ocho pieles rojas, ataviados con la mayor fidelidad posible, y que constituían una escuadra especial de la Comparsa. Por entonces aparece en ella Antonio Torres Gironés, que desempeñará importantes cometidos con los Americanos y en las dos Comparsas sucesivas en que éstos desembocarán después.
Las menudas circunstancias de la vida de los Americanos durante los años sucesivos, no merecen apenas citarse, dadas las circunstancias y la extensión de esta croniquilla. Los socios superan las tres decenas; Antonio Torres Gironés va fijando pacientemente en las actas los pequeños sucesos y los ordinarios acuerdos, muchas veces con cierta desenfadada vena que hoy sigue manifestando en el boletín de la Junta Central, el entrañable «Día cuatro que fuera...». Pero se va abriendo paso la idea general de que los Americanos deben dejar de tomar parte en unos festejos en los cuales no pueden seguir figurando, porque ya es opinión general que están fuera de lugar en ellos. El 2 de junio de 1950, la Comisión de Fiestas cita a la Comparsa en pleno, les propone el cambio de uniforme y presenta a los sorprendidos Americanos dos bocetos de nuevos trajes cristianos para que se escoja una nueva personalidad; «los cuales —transcribimos el contenido del acta— y sin quitar el mérito que como fieles a la época pudieran tener, fue un golpe de risa y escándalo que casi da al traste con la Comparsa».
No hay acuerdo: mantenidas las posiciones por ambas partes, y en trance incluso de llegar a una ruptura, ya entrada la madrugada se llama al alcalde, entonces don Luis García Cervera, y éste consigue resolver la cuestión. Los Americanos salen del Ayuntamiento convertidos en Comparsa de Árabes; la Comisión de Fiestas pagará la tela, y los festeros, «las cosiduras». El traje se confecciona velozmente, y en Alicante, durante los festejos de fallas a los que concurren las Comparsas villenenses, ya desfilan los Árabes, inmediatamente delante de los Piratas. Desfile que se repite por segunda vez ya en Villena, la tarde del cinco de septiembre de 1960. Desaparecía así la Comparsa de Americanos; una creación si bien desafortunada en su concepción, genuinamente villenense. Que sepamos, sólo ha habido otra igual en Muro, copia de la nuestra y directamente inspirada por ella, hasta el punto de que en sus primeros años, los Americanos de Muro alquilaban los trajes de nuestros festeros.
Andrés Pardo,
al frente de la Comparsa de Árabes.
La Comparsa de Árabes ya nació muerta, no obstante haber empezado con 49 socios, cifra a la que se llegó inicialmente por la facilidad que suponía la parcial financiación del traje por la Comisión de Fiestas. Los Americanos, que llevaban treinta años actuando como tales, no aceptaban la imposición municipal, no obstante que la razón estaba de parte de los rectores de nuestras fiestas, y añoraban su antigua personalidad. En 1961 ya existe un acta que refleja la propuesta de muchos de ellos en el sentido de trabajar para volver a sus antiguos uniformes y denominación. Treinta años, a pesar de las razonables consideraciones en contra de su presencia en los festejos, son más que suficientes para fijar una personalidad y crear esos asideros espirituales que vitalizan y hacen perpetuarse nuestras agrupaciones festeras. A pesar de ello, siguen actuando los Árabes. El traje constaba de un gorro blanco, con adornos verdes y rojos; una capa larga, verde, con vueltas igualmente blancas, chaleco azul, camisa blanca, ancha faja encarnada y un pantalón azul sobre zapatilla roja. Como aditamentos, una lanza larga, adornada con un largo mechón de cabello, y una bolsa cruzada en bandolera.
Varias escuadras especiales contribuyeron en años sucesivos, por la ilusión en ellas derrochadas y el éxito que las acompañó, a que la Comparsa permaneciera en activo; pero, lentamente, el número de socios empezó a disminuir. Los Árabes se morían irremediablemente. Andrés Pardo y Miguel Sánchez, presentes con algunos otros desde 1928; José Mira y Antonio Torres, luchan para que la Comparsa permanezca. A pesar de ello, en 1963 son solamente 28, y 23 el año siguiente. Se impone, por fin, una solución: se estudia un nuevo traje y la vuelta al Bando Cristiano. Condición que juzgan los Árabes indispensable, es volver al mismo puesto que tenía la Comparsa en los años cincuenta, entre los Labradores y los Almogávares. Estos últimos y los Cristianos, que son quienes pueden considerarse perjudicados, aceptan. Y el 15 de agosto se establece ya todo lo referente a las próximas fiestas. Leamos: «Se condensa todas las Juntas que por docenas se han celebrado en el curso del presente año, que han culminado en la renovación de la Comparsa, que desde este año llevará la denominación de Comparsa de Ballesteros, con infinidad de nuevos socios, y en cuya Junta, como es costumbre, se trató de las inminentes fiestas, y se asignó a cada cual su futuro puesto, se cobró pensión y cuotas, se comió caracoles y habas y se animó con verdadero ambiente de fiestas, por lo cual creemos que la Comparsa se ha salvado de desaparecer, aun cuando haya tenido que cambiar de nombre y traje».
El cinco de septiembre de 1966, desfilaron ya 36 Ballesteros. Pero esto será, en el futuro, motivo de otra nueva historia.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que pedazo de historia los Americanos, creo que en Elda hubo otra filá o comparsa que se llamaban los Vaqueros, o por lo menos eso leí el pasado día 9 mientras comia en los Ballesteros en un cuadro de los que hay en la entrada del local, la verdad que son anacrónicos, pero estaría bien que hubieran sacado una fila en el aniversario de los Ballesteros... habría sido la leche!!!

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