1978 EL CINCUENTENARIO DE LA COMPARSA DE MOROS REALISTAS (1928-1978)

El Cincuentenario de la Comparsa de MOROS REALISTAS (1928-1978)
Por EUGENIO NAVARRO OLIVA (Cronista de la Comparsa)
Sobre el origen y antecedentes de la Comparsa de «Moros Realistas» y su relación con tiempos pretéritos y con sus fundadores, sabemos que por el año 1925, aparece la comparsa de los «Tercios de Flandes», rememorativa de aquélla otra, del mismo nombre, posiblemente fundada en 1884, que intervino en las Fiestas de la conmemoración del Cuarto Centenario de la aparición de nuestra Patrona, según relación de don José Zapater en su «Historia de la Imagen de Nuestra Señora de las Virtudes». Esta Comparsa de «Tercios de Flandes», también llamada «Caballeros de Flandes», estuvo compuesta, en principio, por cuarenta, pero al cumplirse su primer año, se dieron de baja veinticuatro, y en muy poco tiempo fue reduciéndose su número hasta su extinción. Entretanto, cuatro de ellos, Joaquín Cortés, Enrique Guillén y dos alcoyanos, que trabajaban en la fábrica de maquinaria de José Molina Navarro, reunidos en un bar del Paseo de Chapí, que se llamaba «Bar Benjamín», acordaron formar una nueva comparsa, que se llamaría «Moros Realistas», iniciándose, desde ese instante, los trámites para su constitución.
Y, en el atardecer del día 9 de septiembre de 1928, desde las afueras de la calle de Zarralamala, en el acto de la Entrada de los nuevos Capitanes y Abanderados, con el correspondiente permiso del M. I. Ayuntamiento de la ciudad, según solicitud del 24 de agosto por don Paulino Pastor García, hicieron su presentación dos individuos, como tales capitán y alférez de la nueva Comparsa, denominada «Moros Realistas», desfilando detrás de los «Marruecos», vestidos con atuendo festero procedente de Alcoy y, a tenor de ello, haciendo los reglamentarios disparos de arcabuz, hasta sus respectivos domicilios, como era costumbre en aquellos tiempos, quedando, de este modo, legalizada la Comparsa.
La Comparsa —esta era la totalidad— 
desfilando en la Plaza de Toros por los años cuarenta.
El citado solicitante, como los que por primera vez en Villena vistieron, en este acto, tal indumentaria, como capitán, «Canaleras»; y Enrique Guillén, como alférez, realizadores de las primicias de esta feliz idea, no llegaron a concebir la sorprendente magnitud de su determinación, coronada por este medio siglo de realidades, que ahora celebramos: EL CINCUENTENARIO DE LOS «MOROS REALISTAS».
La primera junta se celebró en la calle Parrales, actuando como presidente José Alpañés y como secretario Enrique Guillén, alentados por los demás componentes de la directiva. La inquietud va encaminada a la labor de proselitismo y captación de socios, con los que poder consolidar el éxito de la empresa. Piensan: El traje es bonito. Contrasta, en cierto modo, con los moldes clásicos de las tres comparsas moras predecesoras. El arma es la lanza —la espingarda llegaría después—y la decisión está tomada: Adelante.
La tela para los trajes fue adquirida en la tienda de Carrera y costó a razón de 130 pesetas cada uno, más 15 pesetas por los bordados, siendo confeccionados por la esposa de Eduardo, el camarero. La bandera fue regalada por el mismo Carrera y el mástil de la misma por Salvador Pi, repostero del Artístico.
En el primer año se estableció una cuota de entrada de 5,50 pesetas y la semanal de 2,50 ptas., en cuyo importe se incluía la amortización del valor del traje.
Después, lo espectacular: Hay que formar la escuadra: cuanto más numerosa, mejor. Para cabo se eligió a Pepe «Calabaza», pero el Destino que ordena y manda, venció al hombre y, en ese mismo año, antes del día 5, murió. El cabo, será Cortés.
Los primeros «Realistas» fueron veintiuno. ¡Cuántas cosas que resolver! Los trajes, las lanzas, la bandera, los arcabuces, la pólvora, la Banda de Música... y el dinero que, con las cuotas, no alcanzaba a cubrir los gastos. Y, algo muy importante: Se ha decidido que la Comparsa desfile en la Entrada a ritmo de marcha mora —por primera vez en Villena— con el incesante percutir de los timbales y, como es de rigor en este género musical-festero, con los acompasados movimientos lentos y cadenciosos de la escuadra.
El esfuerzo es gigantesco. Los tiempos que corrían, muy diferentes a los de ahora, eran difíciles. La Comparsa es fundada en un momento un tanto conflictivo por sus cercanías a dos regímenes políticos antagónicos: La Dictadura de Primo de Rivera y la República.
Antes, en 1923, con motivo de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de las Virtudes, hizo su aparición la comparsa de los «Contrabandistas» y unos años después, en 1926 y 1928, las de los «Labradores» y los «Americanos», respectivamente. Por entonces se reorganizó la de los «Estudiantes», alrededor del 1925, ante el peligro de su desaparición, infiltrándole savia joven y recursos económicos de los que carecía; y como novedad, se cambiaron las gigantescas cucharas por lápices y plumas estilográficas, de gran tamaño, de corta vida, para volver a empuñar las blancas cucharas, manteniendo desde entonces, las plumas que manejan los cabos y la gorguera cervantina. La Comparsa de los «Moros Nuevos», nos dicen que no salió en el 1929 por su escasez de número.
Una escuadra Realista con Joaquín Cortés al frente.
En urbanismo se realizaron grandes transformaciones. En 1926, siendo alcalde don Vicente Rodes Miralles, se cubrió la Fuente de los Burros, en donde más de una vez hubo remojones sorprendentes; las caballerías bebían, y los chiquillos se bañaban en cueros, en verano, a la vista de todos. En agosto de 1929, siendo alcalde don Cristóbal Amorós Cerdán, es derribada la Posada del Sol, coincidiendo con el año de la puesta en marcha de la Comparsa de «Moros Realistas».
Eran tiempos en los que la Entrada transcurría por las mismas calles que ahora, con sus primitivos nombres: La Losilla, la calle Nueva, la plaza del Rollo, la Corredera, la calle Ancha y San Sebastián. Y se plantaba en la Puerta de Almansa el Castillo de Embajadas, inaugurado en 1843 y quemado en 1952, con ciento nueve años de existencia.
Cuando los festeros se teñían las alpargatas con agua de azafrán o puscina y, al anochecer, se iluminaban los arcos triples de la Corredera, cubiertos con telas con los colores de la bandera nacional, descoloridas por el sol, sujetos a tablones rústicos, también cubiertos o rodeados en su parte inferior con olorosas ramas de sabina.
Y se hacían las serenatas a los capitanes y a los alféreces en la calle, con el fresco de la noche, con bailes amenizados por músicos que no acudían a la diana del día siguiente, siendo obsequiados todos con madalenas, rollicos y otras pastas de fabricación casera, con la bebida correspondiente.
Y los conciertos de la Banda de Villena y la actuación, feliz acierto, de la Banda de Ingenieros de Madrid, dirigida por don Pascual Mar. quina y, después, la del Regimiento de Badajoz, por don Julián Palanca.
Qué bello recordar cuando se hacían las embajadas y las guerrillas como si fueran de verdad y las alegres dianas y las retretas bullangueras y las procesiones con las gentes llorando por la emoción, especialmente en la de la despedida del día 9. Y como final, la traca, que muchas familias oían desde sus casas, poniendo atención a la sucesión de estampidos en espera de la explosión del trueno gordo final.
En aquellos tiempos —mejores o peores que los actuales, ¿quién sabe?— irrumpió la Comparsa de «Moros Realistas» que, desde entonces, desafiando peligros, venciendo dificultades e imponiendo su voluntad para conseguir sus propósitos, tuvo que hacer frente a las vicisitudes que toda empresa lleva consigo.
Muchas fueron las satisfacciones que nos proporcionó la consecución de los éxitos conseguidos. Algunas contrariedades también hubo que vencer: «Ningún camino de flores conduce a la gloria», que dijo el poeta. La Comparsa era pobre; los principios duros, y pocos para hacerle frente. Cuando, hasta hace poco, era la costumbre alojar s los músicos de la Banda en las casas de los festeros, en más de una ocasión se alojaron dos y hasta tres en una misma casa.
Las características de la Comparsa; su vistoso y elegante atuendo; ya en posesión de la esbelta espingarda, en lugar de la lanza; sus perezosos movimientos de vaivén, consecuentes con el melancólico susurro melódico, contrastando con el lento movimiento de la marcha mora y el impetuoso percutir de los timbales; su disciplina y ese algo que no se puede expresar con la palabra, tal vez fueron el aglutinante modelador de los cabos de sus escuadras: Cortés, el «Zapaterillo» y cuantos les han sucedido, singulares en sus gestos y ademanes conductores, determinantes del buen hacer, por lo que fueron premiados en muchas ocasiones.
Ya en 1939, después de un obligado período de inactividad festera, motivado por las circunstancias de tres años de guerra civil, se reanudan los festejos, saliendo una nueva comparsa, la de los «Piratas», incluida en el bando cristiano, Se viven los tiempos de posguerra y de cartilla de racionamiento que poco pueden influir en el desarrollo progresivo de las Fiestas, hasta que, ya llegados al año 1953, coincidiendo con la inauguración del nuevo «Castillo de Embajadas», obra de nuestro paisano Navarro Santafé y construido en los talleres de Luciano Martínez, la Comparsa de «Moros Realistas», el 23 de agosto celebró sus Bodas de Plata, con la solemne bendición de una nueva bandera, de la que fue madrina la señora Dña. Fina Martí de Amorós, siendo capitán y alférez, respectivamente, los hermanos Joaquín y Francisco Cortés Dolón, conmemorando la efemérides con otros actos complementarios que dieron brillantez a esta andadura de veinticinco años en las Fiestas de Moros y Cristianos.
A partir de ahora, la Fiesta recobra nuevos impulsos y se fundan nuevas Comparsas: la de «Almogávares», en 1954; la de los «Moros Nazaríes», en 1955; la de los «Moros Bereberes», en 1953; y la de los «Árabes», en 1960, que sustituye a los «Americanos». Al poco tiempo se funda la de los «Marinos Corsarios» y la de «Árabes» se integra en la nueva de «Ballesteros». La de «Piratas» pasa a formar en el bando moro, quedando en este momento restablecido el equilibrio festero con siete comparsas pertenecientes al bando moro y otras siete al bando cristiano.
Una de las típicas cenas del día 7 junto al castillo de Embajadas.
Las Fiestas recobran auge. Se instituyen las Regidoras Mayor e Infantil con sus Cortes de Honor y las Madrinas de las Comparsas y se establecen nuevos actos, como la «Cabalgata», la «Ofrenda», el «Desfile de la Esperanza» y otros. En los desfiles de la Entrada y la Cabalgata intervienen carrozas, verdaderas obras de arte, para asentar en sus cimeras a la representación femenina.
Otra novedad es la participación de escuadras especiales, de acentuado matiz exótico. Los «Moros Realistas», entre otras, presentó en 1966, la de Negros Watusis y en 1967 la de los «Sarracenos», varias veces premiadas.
Nuestra Comparsa, al cumplir sus Bodas de Oro, continúa su marcha ascendente, ocupando un lugar preferente de la Fiesta.
Hablar de sus presidentes y directivos; de sus ideas y realizaciones y de otros pormenores, nos llevaría a analizar con detalle sus comportamientos rectores, dignos de elogios, de una labor de cincuenta años y prescindiendo de ello, para hacerlo en otra ocasión, será la presente para testimoniar nuestro homenaje a todos los que por tales puestos pasaron, sin olvidar al mismo tiempo, a todos los componentes de la Comparsa, piezas coadyuvantes e imprescindibles en el tablero de este juego que se llama Fiestas de Moros y Cristianos.
Para el objeto de esta crónica, será de justicia dejar constancia fehaciente de algunos de los logros conseguidos al conmemorar este Cincuentenario, siendo uno de ellos la utilización de un magnífico local, denominado «El Harén» para el recreo y esparcimiento de la Comparsa.
En cuanto a los premios conseguidos, desde que fue establecida esta modalidad y prescindiendo de los menores, accésit, menciones de honor, etc., han sido los siguientes:
En 1966.—Primer premio a la escuadra de Realistas. En 1967.—Primer premio a la escuadra de Sarracenos.
En 1970.—Primer premio a la escuadra de Sarracenos y primero a la de Realistas.
En 1972.—Primeros premios a la de Sarracenos y a la escuadra Infantil en el Desfile de la Esperanza.
En 1973.—Primeros premios a las escuadras de Sarracenos, Infantil y Negros.
En 1974.—Primer premio, por quinta vez, a los Sarracenos. Otro primero a los Realistas y primero, también, por tercera vez a la escuadra Infantil.
En 1976.—Primer premio, por sexta vez, a la escuadra de Sarracenos.
En 1977.—Segundos premios para los Realistas y para la Infantil en el Desfile de la Esperanza.
Y, como colofón, diremos que, entre los muchos actos que se van a celebrar en conmemoración del Cincuentenario de la fundación de la Comparsa de «Moros Realistas», uno de los más importantes será, sin duda, el desfile de una escuadra compuesta por socios fundadores y veteranos de aquilatada solera festera, vestidos con indumentaria idéntica a la de aquellos dos personajes que el día 9 de septiembre de 1928, hace medio siglo, lo hicieron en la Entrada de nuevos Capitanes y Abanderados, y como es preceptivo, a los acordes de la marcha mora, titulada «Moros Realistas», obra de nuestro paisano, el compositor don Luis Hernández Navarro, dedicada a la Comparsa, a la que deseamos éxitos y larga vida para que pueda celebrar el Centenario.
Extraído del Libro del 50 Aniversario de los Moros Realistas 1928/1978

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