1967 CARLOS IV EN VILLENA

CARLOS IV EN VILLENA
Por Alfredo Rojas
No es excesivo el tiempo transcurrido desde el año 1802. Al menos para haberse perdido el recuerdo de algo que debió ser tan trascendente para los villenenses de principios del siglo XIX como la visita a la ciudad de la familia reinante en aquel tiempo. Sin embargo parece haberse esfumado el recuerdo de un acontecimiento tan señalado en la vida local. Puesto de nuevo al descubierto actualmente, la revista VILLENA desea fijar las circunstancias de tal suceso entre sus páginas, con el fin de añadir un nuevo testimo¬nio que contribuya a recordarlo.
Hemos de agradecer a nuestro buen amigo don Joaquín Barceló Verdú, alcalde de Sax, la noticia de la real visita, comprobada después en el archivo municipal de nuestra ciudad. A la paciente y encomiable labor de investigación del señor Barceló debemos el punto de partida que nos ha llevado a conocer los pormenores del suceso que comentamos.
Tiene éste su inicio en la decisión de Carlos IV de casar a su hijo, que habría de sucederle después en el trono bajo el nombre de Fernando VII, con la princesa María Antonia de Nápoles; y al hermano de ésta, el príncipe Francisco, con la infanta María Isabel, hermana asimismo de Fernando. Sabido es que, ajustados los desposorios en abril de 1802, se celebraron por poderes el 25 de agosto, y fueron ratificados finalmente el 4 de octubre en Barcelona. Para ello se trasladó la familia real a esta ciudad, y llegaron igualmente a ella, desde Nápoles, los príncipes consortes.
Señala la historia que la ciudad condal fue testigo de grandes fiestas, repetidas después en los pueblos por donde regresó la comitiva, en contraste con los difíciles tiempos por los que atravesaba la nación en aquellos años. La real familia y su séquito permanecieron en Barcelona hasta el 8 de noviembre, regresando por Valencia, Cartagena y Murcia, y deteniéndose en numerosos lugares a disfrutar de los festejos que les dedicaban a porfía las poblaciones visitadas. La crónica del viaje indica que éste duró cinco meses, no regresando los Reyes a Aranjuez, finalmente, hasta los primeros días de enero de 1803.
Casa de la Cade­na"; alojamiento de la real familia.
De la estancia de los Reyes en Villena, tras las dos semanas que permanecieron en Valencia, poseemos la primera noticia, cronológicamente, en la apresurada reunión del cabildo villenense al recibirse la comunicación de la próxima llegada de la familia real. Tenemos el acta de esta reunión, que refleja los acuerdos tomados en ella. Destacan, entre los más importantes, efectuar un censo de casas, clasificándolas en tres clases, "con sólo aquéllas que puedan alojarse personas de distinción". Los presentes tratan también del ornato de calles y arreglo de caminos cercanos a la población por los cuales debía transcurrir el paso de las reales personas, y acuerdan disparar un castillo de fuegos artificiales e iluminar la Casa de la Ciudad y el Castillo, tareas estas últimas para realizar las cuales se designa a don José de Mergelina. Al previsor cuidado de los ediles no escapa la necesidad de contar con suficientes pesebres para el acomodo de las caballerías. Por último, deciden los presentes que "ya que esta ciudad no desea otra cosa que obsequiar a las Magestades, todos los individuos se constituyen comisarios para hablar a los vecinos y estimularles a que blanqueen y ermosehen (sic) las fachadas de las casas por donde hagan tránsito sus Magestades".
El acta lleva fecha de 16 de noviembre de 1802; y da fe de ella el escribano Nicolás Hernández. Con él la firman el corregidor, don Josef Reig y Ferrer; el teniente alférez mayor don Josef de Mergelina y Pando; los regidores perpetuos don Josef Fernández Palencia, don Joaquín Cervera y Ulloa y don Alfonso López, con don Josef García Peñas, síndico del común. Es de notar que casi todos los apellidos, salvo los claramente foráneos del corregidor, son de notoria raigambre local, y que la mayor parte perduran en nuestros días.
Otro documento, fechado el 30 de noviembre, refleja la reunión del cabildo en la que se trata de la prevención, por parte de las autoridades, de comestibles y utensilios, siguiendo instrucciones del Intendente de la provincia. Como resultado de los acuerdos se expide una circular a los pueblos comarcales, solicitando tales pertrechos y ropas de cama. Tenemos la respuesta, fechada el 3 de diciembre, del Ayuntamiento de Sax, en la cual la cercana villa se excusa de corresponder a la petición con el alegato de su extrema pobreza.
Debió de constituir un problema para nuestra ciudad alojar a la comitiva: a la familia real, compuesta por Carlos IV, la reina María Luisa, los jóvenes esposos Fernando y María Antonia, y los infantes, se unían Manuel Godoy, príncipe de la Paz, y "otros señores de su gran cuenta, como duques, marqueses, condes y otra comitiva que en número de coches y otros carruages pasaron de nuevecientos". Todos ellos estuvieron en Villena tres días, según acreditan los documentos del archivo de Sax, pues en el de Villena no hemos podido encontrar tal dato. Debieron llegar, pues, el día 15 de diciembre de 1802, y salir de la ciudad el 18 por la mañana. Fehacientemente fija un acta del cabildo de Sax la hora en que el cortejo transita sin detenerse por la vecina población: a la una y tres cuartos de la tarde del día citado se data el paso de los reyes por ella.
El documento de la cercana villa indica, como queda dicho, que fueron tres días los que el cortejo permaneció en Villena; y creemos que debemos aceptar tal dato puesto que en Sax, donde se realizaban cuidadosos preparativos para honrar a sus Majestades al paso por la población, debieron estar pendientes y bien informados de la estancia de la real familia en nuestra ciudad, ya que al salir de ella era Sax el punto inmediato de tránsito.
Es probable que los Reyes se alojaran durante su estancia en la casa llamada "de la Cadena"; hace menos de cuarenta años todavía se conservaba intacta en esta mansión una habitación y la cama donde es fama que había dormido el Rey, aunque sin determinar, en estos últimos tiempos, de qué monarca se trataba. Fruto de esta estancia debió ser el privilegio real de cadena concedido a la casa, merced al cual, al parecer, la justicia no podía trasponer las puertas de la mansión bajo ningún motivo, privilegio que ha servido después de apelativo, hasta el momento actual, a la conocida casa de nuestra ciudad. Igualmente parece ser que fueron concedidos, al todavía llamado "huerto real", privilegios en materia de riegos y tandas. Pero de todo ello, sin embargo, no existe confirmación documental, y sí sólo atisbos que parecen indicar que fue Carlos IV, en esta visita, el que usó de sus prerrogativas en ambos casos.
No hay duda de que para Villana debió ser un acontecimiento extraordinario éste que relatamos, con singulares características que apenas, pueden entrovarse con el examen de los documentos que hemos manejado. Estos se refieren a los preparativos; y no existen otros, o al menos han escapado hasta ahora a la pesquisa de los curiosos, que reflejen lo que fue para nuestros directos antepasados la estancia de tan brillante comitiva durante tres días. Imaginemos por un momento lo que debió representar en la ingenua mentalidad natural en principios del siglo pasado la prolongada visita de los reyes y de su nutrido séquito. A nosotros nos parece hoy, más de siglo y medio después, lo suficientemente importante como para ocuparnos de ella en una Revista que aspira a recoger los más importantes aspectos de la Villena de hoy. Y de ello queremos sacar, tras el sucinto relato, alguna consecuencia. La de que en nuestro Ayuntamiento existe un importantísimo archivo que puede darnos luz sobre muchos acontecimientos de nuestra historia local, pero sólo a costa de una cuidadosa y detenida labor. Otra, la de que es necesario recoger, en esta u otras publicaciones locales, presentes o futuras, cuanto de importante atañe a la vida de la ciudad y a la de sus vecinos, con el fin de evitar el posterior olvido. Diversas y muchas veces inalcanzables consecuencias se derivan de ello, y uno de nuestros deberes para con los futuros hijos de Villana es hacerlo así.
Extraído de la Revista Villena 1967.

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