1908 FRANCISCO AZORÍN BAUTISTA, HIJO ADOPTIVO DE VILLENA

Francisco Azorín Bautista
«Del Párroco Azorín» se llama la calle que corre desde la calle Mayor, o Ramón y Cajal en sus rótulos oficiales, a La Co­rredera. La mitad de uno de sus lados constituye la fachada noroeste de la igle­sia arciprestal de Santiago, donde Azorín fue cura ecónomo en 1905 y párroco más tarde hasta su fallecimiento, ocu­rrido el 28 de febrero de 1915.
Diez años solamente bastaron, y aun sobraron como se verá a continuación, para que el párroco Azorín se gran­jeara no solamente la consideración y la estima de los villenenses, sino la bien­ querencia de todos ellos «sin distinción ideas, clases, edades ni sexos», dice el acta municipal donde se dictamina su nombramiento como Hijo Adopti­vo de la Ciudad.
Azorín había nacido en Yecla el año 1853. Ordenado sacerdote en 1878, ejerció en Peña Rubia (Albacete), más tarde en su ciudad natal durante una dilatada etapa y en Blanca (Murcia), desde donde llegó a Villena el año ya citado. Y a los deberes de su ministerio añadió una dedicación a los humildes y desheredados de tal magnitud que está recogida y alabada en las publicaciones periódicas locales de la época, y ha sido proverbial des­de entonces en nuestra ciudad.
Es fama que daba todo cuanto poseía a los que nada tenían. Y cuen­tan las viejas crónicas de la época que, al morir, no había en su casa ni sá­banas, ni camisas, ni siquiera un pañuelo. A la multitud que acudió a su entierro se unieron, llorando su muerte, los más pobres de la población. Y es curioso consignar que mucho más tarde, en los excesos que se pro­dujeron en el periodo de la guerra civil, donde se destruyeron todos los sím­bolos y testimonios que aludían a la religión, se respetó la lápida que daba su nombre a la calle que hemos mencionado y siguió ésta denominán­dose así.

El Ayuntamiento local, a la vista de sus indudables méritos, le nom­bró Hijo Adoptivo en la sesión del 15 de mayo de 1908, «haciéndose intérprete fiel de los sentimientos del vecindario». Cuáles serían éstos, y qué conducta la del homenajeado, si se considera que residía en Villena solamente tres años. En la misma sesión que se efectuó la nominación acordó la Corporación dirigirse al obispo de la diócesis para rogarle «se digne atender la fervorosa súplica de todos, absolutamente todos los habi­tantes de este término municipal, para que nuestro Cura Arcipreste, D. Francisco Azorín Bautista continúe, mientras viva, en dicho cargo».
Era alcalde entonces Salvador Amorós Martínez, que en un Ayuntamiento anterior hemos visto como concejal. Y firmaban el acta aludida, junto a él, los ediles José Hernández Hurtado, Antonio Cerdán Gómez, Antonio Hernández Millán, Pedro Cerdán Martínez, Miguel Esquembre Fita y Federico Galbis Tarruella.
Texto extraído del libro... De Villena y los villeneros.
Alfredo Rojas y Vicente Prats.

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