1953 JEROMO, LOS FANTASMAS Y OTRAS COSAS

JEROMO, LOS FANTASMAS Y OTRAS COSAS
—¡Siempre h'abío probes y ricos...!
—¡Caramba, Jeromo! Perdone. No había reparado. ¿Cómo va esa salud?
—Regular tal cual. Hoy m'encuentro un poco marmarroso.
—¿Qué le pasa?
—Pos qu'anoche, en la cena, m'enzapé de caracoles, que me gustan muncho, y se ve que no me cayeron mu bien, porque sería la una cuando tuve que salir corriendos p'al corral. Y ¿a que no sabe usté lo que ví en la entradica?
No puedo figurarme.
—Pos una pantasma.
¿Cómo es eso?
Como lo oye. Una pantasma qu'estaba bebiendo agua en la farrera.
—¿Será posible?
—Claro que cuando gorví en sí del atracón me di cuenta que la pantasma era mi nieta, que s'había clavao una camisa que l'allegaba der cuello a los talones. Con eso y con toa la pelambrera al aire, pos ya pué usté figurarse lo que paecería a aquellas horas de la madrugá.
—Me lo imagino. Aunque, a decir verdad, esa vestimenta nocturna es hoy corriente en las muchachas, Jeromo.
—Pos es lo úrtimo que me quedaba por ver. ¿Así qu'agora las mujeres se visten p'acostarse? Esa es la realidad.
—Pos na, hombre. Por mí... que s'acuesten con cola. ¡Ah! Y no le diré na a mi nieta, no vaya a creelse que soy un arretrasao. Ara que, con un cachico tela d'esos vestíos de noche, bien podían hacelse unas manguicas pa de día, ¿no le paece a usté? Así no se l'espellejarían los sobacos der sol.
Usted siempre tan socarrón. Y, dígame, si es que puede saberse. ¿Qué son todos esos trastos que lleva?
A usté se lo puó decil porqu'es de confianza. Estos son mis nuevos archiruques de trebajo. Ara, de que sargo ar campo, en ves d'hacel guierba pa los conejos me dedico a buscal mineral, qu'es más produtivo.
—¿Ah, sí? Y, ¿ha encontrado usted ya algo?
—Entavía no, pero l'oncontraré. M'ha encaminao mu bien un amigo que sabe muncho d'estas cosas. ¡Si viera usté! L'arrean ca gorpe las faras que le quitan la gorra.
—¿Qué es eso de las varas?
Si no lo sabe no se lo digo, qu'ustés los letraos son mu descreídos.
No le insisto, pues. Aunque ha picado mi curiosidad y he de procurar enterarme. Y, cambiando de conversación; supongo que querrá hablarme de las Fiestas. ¿Estuvo usted en la quema del Castillo?
—Sí qu'estuve, sí señor. Y, ya ve lo que son las cosas. Yo, que como usté sabe, he repretao to lo qu'he podio pa que lo quemaran, de que lo vide arder no pude remediar que me se mojara un poco la cara. En un momentico pasaron por mi cabeza toas las cosas que se llevaba pa siempre aquella flamerá. Y pensé en la fin que l'espera a tos los trastos viejos... y m'acordé de repente der montón de años qu'uno lleva ya ar lomo... y..
—¡Vamos, vamos, Jeromo! Animo, que usted ha de ver todavía caerse de viejo el que se estrena este año.
—Perdone este desahogo, amigo. Pero es que cuando allega uno a cierta edá se güerve blanducho. Claro que si usté m'hubiá hecho caso y l'hubiéramos pegao fuego ar tablao de la música, ara no'staría arrepentío, se l'aseguro. Pero er "castillico", era otra cosa...
—Pues no hay que ser así; sobre todo cuando la destrucción estaba tan justificada como en este caso. Verá usted lo que ganan Villena y sus Fiestas con el nuevo castillo. ¿Lo ha visto usted?
—No; entavía no. Me da un poco d'empacho. Ya lo veré de qu'esté plantao. Pero m`han dicho qu'está mu bonito y que la Comisión ha trebajao de firme pa qu'allegara a tiempo. Menos mal. Porqu'habían munchos qu'estaban hiciendo arrobas de vel qu'había que ponel la Mahoma ande yo dije.
—Pues se han llevado chasco.
—No, si yo estoy convencío de que to es proponelse las cosas.
¿Ve usté cómo el año pasao salió la Entrada como una seda? Pos hacía muncho tiempo que no allegaban los cristianos ar Portón con lus der día.
Y también es cierto que se oyeron muy pocos tiros fuera de los actos oficiales. ¿No es verdad?
Aun quedó p'ahí argún rebornecío. Oiga; y usté que tié mano con los de la Comisión, ¿por qué no les dice qu'a ver si arreglan un poco la proseción? ¿No le paece que los de las comparsas van mu desapartaos unos de otros y qu'haría más bonico si fueran pol lo menos de tres en tres y más arrejuntaos?
Es una idea muy digna de tenerse en cuenta, sí, señor. Creo que, en efecto, lucirían mucho más las comparsas, sobre todo en las calles anchas. Y se evitaría con ello que, al alargar excesivamente las filas, los que marchan delante no puedan seguir el ritmo que les marca su propia música. Esto aparte de que se acortaría bastante la duración del acto. Con mucho gusto transmitiré su idea a la Comisión.
—No's mester que le diga qu'he sío yo, qu'a mí no me gusta darme pisto. Lo que yo quiero es que las Fiestas sargan lo mejol que se pueda.
—Modestia que le honra, pero que no es posible tomar en consideración porque lo justo es darle a cada cual lo suyo.
—Como usté quiera. No vamos a tenel unas palabras por eso. Y si to lo que vamos hablao v'a salir en los papeles, diga tamién que si las mujeres s'empeñan en no dejar salir a sus hombres en las comparsas, s'acaban las Fiestas. Porque ¡es qu'hay argunas que tiran de las ramaleras con una fuerza...! Que suerten... que suerten la cuerda pol lo menos estos días, que pa to da Dios lugar y el año es mu largo.
—Lo diré, si usted se empeña. Pero no sé qué tal va a sentarle eso al sexo débil.
—¡Er seso débil... er seso débil! ¡Me río yo de su debilidá! Misté; de que yo era mocico, buscaba siempre una escusica pa reñir con mi Vertudes er día cinco y salir de «marinero». Güeno, pos un año, por toas partes p'ande tenía que pasar la comparsa m'estropezaba con ella, que daba la casolidá que siempre estaba de charreta con Martín el (Pelícano), qu'entonces era un güen mozo. ¡Y no m'echó ni una sola miraíca en cuatro días! No quió acordarme de las fiestas que m'hizo pasar. Y como tenía ya la sangre que me se salía por la cabeza, reñí con cinco u seis, rompí un remo, perdí la gorra, quise matar ar «Pelicano», le pegué a un guardia, m'arrearon una murta y, a lo úrtimo, m'encerraron pa unas horas. Y er día ocho en la noche, qu'era su Santo, me tragué el arbullo y me fí pa su casa a hincar er pico como un corderico... Dígame ande está la debilidá... En fin. Estos recuerdos m'han removío la gana de subirme pa mi cueva y asentarme un ratico ar lao de la que tantos dij-justos y güenos ratos m'ha dao en esta vida. Disca más ver, amigo.
Vaya usted con Dios, jeromo. Y salude usted de mi parte cariñosamente a la tía Virtudes.
SOLER
Extraído de la Revista Villena de 1953
Cedida por... Avelina y Natalia García

No hay comentarios:

..... CONTINUAR... PASAR PÁGINA Pinchar en... (entradas antiguas)
Esta Web no se hace responsable de las opiniones de sus lectores. Todo el contenido es público. Usted puede copiar y distribuir o comunicar públicamente esta obra siempre y cuando se indique la procedencia del contenido. No puede utilizar esta obra para fines comerciales o generar una nueva a partir de esta..
Web: www.villenacuentame.com
E-Mail:
villenacuentame@gmail.com