1963 SU PALABRA

SU PALABRA
Por Manuel Moyá Cañizares - Presbítero
Habló la Virgen durante su vida terrena De sus palabras sólo conocemos aquéllas que nos han recogido en su Evangelio, Lucas y ;Juan. Pocas en número, sin duda, para servir de modelo a los hombres en el recto uso de la lengua. El mismo Jesús nos previene contra el desordenado hablar cuando dijo : «Os aseguro que de toda palabra ociosa eme se diga, habrá que dar cuenta en el día del Juicio». (Mat. 12,36).
Son en número de siete las palabras o frases que el Evangelio nos refiere de los labios inmaculados de María : breves y profundas, sencillas y gratas, irradiando luz, creando paz, bienestar, santidad y alegría en quienes tuvieron la dicha de ser sus interlocutores.
«Respondió María al ángel : ¿Cómo será esto, pues yo no conozco varón?» (Luc. 1,34). Son las primeras palabras que conocemos de María. La expresión de su virginidad. El contenido de estas palabras, la virginidad, ha sido y es la preciosa perla del Evangelio, entrañablemente amada (I Cor. 7) y heroicamente vivida Por lo más selecto de la sociedad cristiana. «Miré y vi que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sión, y con El, ciento cuarenta y cuatro mil personas que tenían escritos en sus frentes el nombre de Él y de su Padre... y cantaban como un cantar nuevo ante el trono... y nadie podía cantar aquel cántico... Estos son los que no se mancillaron con mujeres, porque son vírgenes. Estos son los que acompañan al Cordero adonde fuere». (Apocalipsis 14, I-4).
Y la castidad según el propio estado ha sido siempre la señal distintiva de los que han amado mucho a la señora.
«Respondió María: He aquí la esclava del Señor ; hágase en mí según tu palabra Y el ángel se retiró de Ella». (Luc. I,38). Eva dijo «no» á Dios, María dijo «sí»; aquélla tragó la mentira de la serpiente, pensando que en la transgresión de la Ley sería feliz... como seguimos haciendo los pecadores diciendo a Dios que «no» ; ésta, María, supo elegir la verdadera libertad y felicidad que consiste en decir a Dios siempre «sí»... «Dichosos los que siguen mis caminos. Oíd mis enseñanzas y sed sabios, y no las desechéis. Dichoso el hombre que me oye, y madruga cada día a la puerta de mi casa, y acecha a los postigos de ella». (Pro. 8, 32-34)
La tercera palabra fue su saludo a Isabel. «Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas escuchó Isabel el saludo de María, saltó el niño en su seno, e Isabel fue llena del Espíritu Santo». (Luc. I, 40-41). La sinceridad de su saludo y la Gracia del Espíritu Santo en sus labios y corazón santificaron al que en su seno gestaba Isabel. Sinceridad y bondad. Dos virtudes que se funden en el testimonio cristiano. Veritatem feacientem in charitate, que decía San Pablo. No sinceridad sin bondad, como frecuentemente ocurre en muchos que alardean de ser sinceros ; ni bondad sin sinceridad, que es la hipocresía: bondad con
sinceridad, verdad con amor, en todas las palabras y en todos los hechos.
La cuarta palabra o palabras, el gozoso cántico de alabanza a Dios Isabel llama a María la Bendita entre todas las mujeres. María no busca su gloria sino la de Aquel que es el autor de todo don perfecto ; con toda la verdad de su alma refiere a Dios la gloria. Acostumbrémonos también nosotros a referir a Dios, con himno de gratitud y olvido de nosotros mismos, todo lo que de bueno se halle en nuestro camino. Por eso...
«Y dijo María :
Mi alma glorifica al Señor,
y mi espíritu está transportado de gozo en Dios, mi Salvador.
Porque ha puesto sus ojos en la bajeza de su esclava; por eso, desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.
Algo grande ha hecho conmigo el Poderoso y cuyo nombre es santo.
Su misericordia perdura de generación en generación para los que le temen.
Muestra su brazo potente,
desbarata a los soberbios en los deseos de su corazón. A los poderosos los derriba del trono, a los humildes los ensalza;
a los hambrientos los sacia de bienes,
a los ricos los despide sin nada.
Ha tomado bajo su amparo a Israel, su siervo, acordándose en su misericordia,
según lo prometió a nuestros padres,
Abraham y su progenie por siempre jamás». (Luc. I, 45-55).
En el templo de Jerusalén, Jesús Niño es hallado por sus padres. «Al verlo se asombraron, y su madre le dijo: Hijo : ¿Por qué has procedido así con nosotros? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados» (Luc. 2,48). Manifestación espontánea de su dolor. Ojalá que los hombres alejados de Dios por el pecado, la indiferencia, la -soberbia, el error, la deficiente formación religiosa, etc., sientan la angustia y se acerquen al templo en donde Dios les es-pera para darles esa paz que el mundo no puede dar. «Gusrad y ved cuán suave es el Señor». (Sal. 33).
Su sexta y séptima palabra, en las bodas de Caná de Galilea. «Dice a Jesús su Madre : No tienen vino... Dijo su Madre a los sirvientes: Haced todo lo que os dijere». (Juan 2, 3 y 5).
Su preocupación maternal, su intercesión eficaz y su' mandato : Haced todo lo que os dijere el Señor. Cristo nos habla a través de la Iglesia por El fundada. Seamos dóciles a sus enseñanzas conforme a la directriz de la Señora de las Virtudes.
Las palabras de María. constituyen meditación eficaz de acercamiento a Dios que obró en Ella cosas grandes y cuyo nombre es santo.
Extraído de la Revista Villena de 1963

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