1963 VILLENA COMO EJEMPLO

VILLENA COMO EJEMPLO 
Por M. Tarradell - Catedrático de la Universidad de Valencia
Delegado de Zona del Servicio Nacional de Excavaciones
Así como hay familias que conservan documentos de cada una de sus generacional y es posible seguir paso a paso la historia de su linaje, existen ciudades y comarcas que han tenido la fortuna de guardar en su suelo testimonios de todas las épocas desde que comenzaron a ser habitadas en tiempos rectísimos hasta los albores del tiempo presente.
 La llanura villenense y la sierra de la Villa o de San Cristóbal.
Ambos casos no son frecuentes. No puede considerarse excepcional poseer algún pergamino familiar. Tampoco lo es que una ciudad pueda exhibir algún yacimiento prehistórico o antiguo (que son para los pueblos lo que los pergaminos para las familias). Pero la continuidad, la serie completa, es algo fuera de lo común.
Pues bien, éste es el caso de Villena.
Villena y su comarca tienen la fortuna de contar con una serie ininterrumpida de documentos arqueológicos que van desde los profundos balbuceos de la estirpe humana hasta los siglos medievales, antecedentes directos de la población actual. y por si ello fuera poco, algunos de estos documentos son de primera, de primerísima calidad, válidos no sólo para la historia local, sino elementos de categoría, sillares maestros de la historia peninsular.
El yacimiento neolítico de la Casa de Lara.
En efecto, los restos más antiguos hallados hasta el presente corresponden a las industrias de piedra talladas por el hombre de raza Neandertal, el primero que ocupó el litoral occidental mediterráneo (entendiendo el término de territorio costero en sentido amplio). Elementos de piedra, que constituían sus instrumentos de trabajo y sus armas, han aparecido en la Cueva del Cochino. De modo que puede asegurarse que el poblamiento villenense —entendido también en un sentido amplio— se remonta a un momento anterior a la aparición del tipo humano «Sapiens», es decir, al que nosotros antropológicamente pertenecernos, junto con toda la Humanidad actual. La existencia en la comarca de los primeros grupos de «Homo Sapiens» está también atestiguada por varios yacimientos, por ejemplo la Cueva Grande de la Huesa Tacaña y la Cueva del Lagrimal.
 La Huesa Tacaña, paraje con yacimientos prehistóricos de diversas épocas.
Cuando llegamos al momento, capital en la historia humana, en que se produce la «revolución neolítica», o sea cuando aparecen gentes de una economía agrícola y pastoril —que sentó las bases de nuestra manera de vivir— Vi-llena puede presentar también un ejemplo notable: el poblado de la Casa de Lara Y algo después, cuando las comunidades de pastores y de campesinos comenzaron a conocer el uso de los metales, el mismo poblado, transformado, nos ofrece un ejemplo típico de aglomeración de la época. En este período conocernos incluso su necrópolis, constituida por un grupo de cuevas situadas en un cerro próximo; una de ellas —la mejor estudiada hasta ahora—conocida con el nombre de Cueva de las Lechuzas.
La plenitud de la época del metal (la Edad del Bronce), la tenemos en Villena manifiesta de modo espectacular con una serie de poblados emplazados en varios de los cerros que rodean la llanura villenense, cuya capital en aquel tiempo debió ser el poblado del Cabezo Redondo, verdadera ciudad en relación con lo que eran las agrupaciones urbanas de la Edad del Bronce.
La cadena no se interrumpe. Cuando nos aproximamos a la época histórica, con civilizaciones ya más adelantadas, cuyas características conocemos, no sólo a través de los vestigios materiales que han dejado, sino también por los textos clásicos greco-latinos, los poblados del Puntal de Salinas y del Cerro de San Cristóbal nos proporcionan dos claros ejemplos de cada una de las dos épocas ibéricas.
No faltan por fin los testimonios romanos, aunque en el estado actual de la investigación sean, inexplicablemente, los más pobres. Ni tampoco, como es bien sabido, los de época árabe.
En esta rapidísima enumeración hemos recorrido centenares de siglos. y hemos hallado en cada caso; en cada gran período, un testimonio claro e indudable sin movernos de un radio de pocos kilómetros de la actual Villena.
Panorámica desde el interior de la Cueva del Lagrimal.
Estamos, pues, ante un caso impresionante de riqueza histórica y arqueológica. Podríamos seguir un curso completo de historia sin movernos de los ejemplos villenenses.
Esta es la primera parte del ejemplo de Villena.
Pero existe, por fortuna, una segunda parte que da, si cabe, mayor fuerza al título que hemos elegido para estas líneas. Esta segunda parte se refiere no ya al afortunado azar de contar con tan enorme tesoro histórico. El ejemplo de Villena se extiende a los villenenses de hoy.
El Cabezo Redondo, capital de la prehistoria en la Edad del Bronce
En efecto, los profesionales del estudio de la antigüedad somos testigos con frecuencia de un curioso y lamentable fenómeno. En España, en los últimos cincuenta años, el nivel de aprecio a los monumentos artísticos e históricos ha subido considerablemente. Son raros, rarísimos, por suerte, los casos de destrucciones de obras de arte de cierta categoría o de edificios o documentos de valor histórico. Hoy resulta inconcebible que alguien venda al trapero un gran archivo, o eme se usen preciosos manuscritos o incunables para encender la lumbre Recuérdese, por ejemplo, la marea que levantó no hace mucho tiempo el caso de la exportación de un cuadro de Rubéns o la constante tarea de consolidación de nobles vestigios arquitectónicos que desarrolla no sólo el Estado, sino corporaciones provincia--les y locales e incluso particulares. Pero no hace falta estar dotado de un gran espíritu de observación para comprobar con qué frecuencia los restos históricos y artísticos de las edades más remotas son víctimas de un trato completamente distinto. Como si no formaran parte de nuestro patrimonio espiritual y como si no tuvieran tanto valor —en ciertas ocasiones incluso más— que los de épocas más próximas a nosotros. Localidades en que la destrucción de un palacio barroco o la venta al extranjero de una tabla gótica levantaría una oleada de indignadas protestas, ven con la mayor indiferencia cómo se destruyen una cueva prehistórica o un poblado ibérico.
Un aspecto de las excavaciones en el Cabezo Redondo 
El segundo aspecto del ejemplo de Villena es haber superado esta visión primaria del valor de las reliquias del pasado. El haber sabido comprender que la historia forma una unidad indestructible y que somos tan descendientes de aquellos hombres remotos que habitaron nuestro suelo como de los que vivieron hace pocos siglos. Y que, finalmente, el valor de los restos históricos no se puede calibrar por el hecho de que resulten más o menos espectaculares, sino por lo que nos enseñan de la lenta ascensión humana hasta la civilización actual.
El Museo Municipal de Arqueología
Cuando nos referíamos a la extraordinaria riqueza arqueológica villenense, hemos silenciado que toda esta serie de tesoros han sido revelados en muy pocos años, muy recientemente. Y si ello se debe a la labor de un investigador villenense ejemplar, hoy día conocido en amplios sectores científicos de muchos países, don José M.ª Soler García, sin duda su admirable trabajo de descubridor no hubiera sido posible de no haber contado con el calor y la colaboración de gran número de personas del país.
Que el estímulo y la certera visión de lo que es el mundo de la cultura existe en Villena lo manifiesta asimismo la creación del estupendo Museo Municipal. Modesto en apariencia y con instalaciones dignas, el Museo Arqueológico de Villena es hoy un hito obligado para cuantos quieran conocer con visión completa la prehistoria española. Ojalá muchas ciudades siguieran el ejemplo de Villena!
(Información gráfica: Fotos SOLER)
El profesor Tarradell (segundo de la derecha) contempla desde el Castillo la Ciudad. (Fotomontaje Menor)
Extraído de la Revista Villena de 1963
Cedida por… Avelina y Natalia Martínez

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