1963 VILLENA Y SU CASTILLO EN LOS TRATADOS FRONTERIZOS DURANTE EL SEÑORÍO

VILLENA Y SU CASTILLO
EN LOS TRATADOS FRONTERIZOS DURANTE EL SEÑORÍO
Por Joaquín Candel
Reanudamos este año las acostumbradas notas históricas ante la nueva invitación de nuestro Alcalde. Terminadas el próximo pasado las referentes a nuestro Marquesado, nos las inspira el actual, nuevamente, la contemplación de nuestro Castillo. Nos sobrecoge constante y emotivamente su evocación retrospectiva. Difícil sería plasmar sobre sus muros, en un recuadro, terminada su feliz y acertada restauración, fechas memorables de hechos históricos referentes a nuestra fortaleza. En el fluir y refluir de las luchas fronterizas perdura como hito secular ante las mareas, disputas, pactos y tratados entre los antiguos reinos en el transcurso del Medievo. En un trabajo que publicamos en 196o en un diario de Valencia, pretendimos destacar la trascendencia histórica de su situación, enclave territorial que definía el límite de futuras conquistas entre los reyes de Castilla y Aragón, contra los musulmanes. Referíamos en el aludido trabajo, que el notable publicista y archivero de la Corona de Aragón, don Ernesto Martínez Ferrando, denotaba la inexactitud y confusionismo de datos sobre los límites por el Sur «de las tierras confinantes en el Reino de Valencia con el de Castilla», durante aquellas épocas. Esta laguna histórica la creemos actualmente resuelta en la obra publicada por doña Carmen Sánchez Martínez, titulada «Don Jaime en Alicante», editada por el Instituto de Estudios Alicantinos, en 28 de julio de 1958. En ella aparecen unos mapas demostrando gráficamente el límite de la anexión de las tierras alicantinas después de la invasión aragonesa.
Pretendemos ahora, tan sólo, recordar los tratados y pactos que situaron a nuestra fortaleza y tierras en los confines de aquellos reinos, aludidos algunos de ellos en nuestras notas anteriores. Las causas que los motivaron las re-latamos al indicar, en el devenir histórico de nuestro Señorío y Marquesado, las vicisitudes de nuestra pequeña historia vernácula. Imaginamos las fechas que vamos a indicar en aquel recuadro sobre los dos primeros cuerpos de fábrica mora de la Torre del Homenaje de nuestro Castillo, construidos con anterioridad al Marquesado de los Pa-checos, pero ignoramos en muchas épocas, quiénes serían sus moradores y alcaides.
Cronológicamente las referiremos en primer término a la época árabe y después a nuestro Señorío, distinguiendo las anteriores de su anexión a la Corona de Aragón, de las posteriores a la invasión de Don Jaime II, en el reino de Murcia.
PRIMERA EPOCA. INVASION ÁRABE
El primer tratado del que tenemos noticias en el que se nombra a Villena, se remonta al año 713 de nuestra era. Según la Historia de España, dirigida por Menéndez Pidal, texto de E. Levi Provençal, en el tratado de paz, entre el hijo de Muza y el visigodo Tudmir (Teodomiro), una de sus condiciones para garantizar el cumplimiento de aquel pacto y la independencia de este pequeño reino, que perduró después de la invasión árabe, fue la entrega al musulmán de siete ciudades, entre las que se encontraba Villena.
ÉPOCA DEL SEÑORÍO.—ANTERIOR A LA ANEXIÓN AL REINO DE ARAGÓN
Año 1151 : En el mes de enero de dicho año, se celebraba el pacto de Tudilén, junto a Aguas Caldas (Reino de Navarra), entre el Conde de Barcelona, Don Ramón Berenguer IV y Don Alfonso VII de Castilla. Ratificaba este acuerdo el tratado de Carrión. Por virtud de él, la conquista del reino de Murcia, al que pertenecía nuestro Castillo y Villa, se reservaba para los monarcas aragoneses. Por aquella época, desde 1149, según nuestro amigo historiador y notable arabista don Ambrosio Huici, reinaba en Levante, Valencia y Murcia, un árabe de origen cristiano, titulado Ibn-Mardanis, denominado por los cristianos el Rey Lope. Este árabe, por temor a la invasión de los almohades, fue aliado de los reyes cristianos a los que pagaba parias. Suponemos a dicho Caudillo, o a su suegro, lugarteniente y terrible guerrillero llamado Ibn-Hemochico, por los cristianos, Señores o Gobernadores de nuestro Castillo y tierras.
Año 1179: Tratado de Cazola o Cazorla. En este pueblo del reino de Jaén, se reúnen D. Alfonso VIII de Castilla con D. Alfonso II el Casto, de Aragón. Este importantísimo tratado rectifica completamente el anterior en cuanto al repartimiento de las conquistas y reinos, siendo origen de los posteriores que continuaron situando a nuestra Villa Fortaleza y tierras entre las conquistas de Castilla En él se dice «dejando al rey de Castilla la otra tierra y señorío que está a la otra parte del puerto de Biar». Entre los nobles guerreros procuradores de los reyes en este pacto, figuraba. D. Artal de Alagón, representante del rey aragonés. Destacamos en nuestras anteriores notas la importante actuación de este caballero en el asalto del Castillo.
Año 1240: Recordarnos esta fecha en la que nuestro Castillo y Villa se rindió por fin a las tropas catalano-aragonesas de D. Jaime I. Indicábamos que los ejércitos sitiadores y asaltantes de la Fortaleza eran mandados por Don Pedro Cornel, con el auxilio de los bravos almogávares Dijimos que dos intentos anteriores al asalto de la Villa Castellada y Castillo fracasaron : el primero, realizado por Don Ramón Folch de Cardona, poco tiempo después de la rendición de Valencia, y el segundo, por el Infante de Castilla, D. Fernando, con los Caballeros de Calatrava, figurando en el mando de las fuerzas el referido D. Pedro Cornel, D. Artal de Luna y D. Rodrigo de Lizán. Omitimos, por no extender estas referencias, los curiosos incidentes acaecidos en el asalto de la Fortaleza. En la crónica real se dice que construyeron una «bastida» los asaltantes, máquina militar a modo de torreón movible, pero reproducimos las frases del alcalde a los mensajeros del Rey de Aragón «e dixeren nos que si nos homanauen que retrian Billena al Comandador. E nos manam los que la rendessen, e renderen la als frares». (De la obra indicada de doña Carmen Sánchez). Ya referirnos que cumpliendo lo pactado, D. Jaime, en acto de fidelidad, ordenó a los caballeros de Calatrava que Villena con su Castillo y tierras «la tuviesen en nombre del Príncipe de Castilla»
Año 1244: TRATADO O VISTAS DE ALMIZRA. (Junto al Castillo que existió en Campo de Mirra).--Procelosas y conocidas fueron las causas que lo originaron: Ingratitud del Infante D. Alfonso con su suegro D. Jaime y confabulación de aquél con el Caíd de Játiva para apoderarse de esta plaza, que reclamaban como dote de su esposa Doña Violante. Como dato curioso, refieren los cronistas que el Rey aragonés preparó ostentosamente las estancias del Castillo que hubo en dicho lugar; donde tenía que celebrarse la entrevista para que las ocupase su yerno, pero el desconfiado D. Alfonso levantó sus tiendas en los aledaños de aquél. El Infante castellano, no pudiendo apoderarse de Játiva, ocupó la villa de Enguera, que pertenecía a la conquista de Aragón. Reconciliados finalmente suegro y yerno, gracias a la mediación de Doña Violante, en este importante tratado se convino también «que se partiesen las tierras por los antiguos límites de los reinos, señalados en Cazorla». El Infante D. Manuel, mediante este convenio, según los historiadores, recuperó el Señorío de Villena.
Año 1248: Al ordenar D. Jaime el reparto de sus reinos en este año entre sus hijos, asigna al Infante D. Jaime el de Valencia, expresando literalmente «y de allí los límites del Reino entre Villena y Biar, hasta dar en el puerto que está a la otra parte de Biar». El Rey de Aragón ordenó tal repartimiento en su testamento otorgado en Valencia el 19 de enero del indicado año.
Años 1247 ó 1248 ; según Diago, y 1254, según Zurita y Beuter.—Se produjo por estas épocas la rebelión de los moros del reino de Valencia al mando del caudillo Al-Azarch, que duró varios años. D. Jaime les concedió varias treguas a ruegos del Rey de Castilla, el que, según el historiador Tourtoulon, apoyando al moro le mandó su pendón y fuerzas además de las del Infante D. Manuel. D. Alfonso de Castilla, hermano de este Infante, aunque también apoyó la rebelión de Al-Azarch, no se atrevió a abrazar abiertamente el Partido de los musulmanes contra su suegro. Es interesante la anécdota de la entrevista del Rey de Castilla con el rebelde Al-Azarch en los alrededores de Alicante, que relata el historiador indicado en su obra «D. Jaime I de Aragón». Al ordenar D. Jaime, vencida la rebelión, la expulsión de los moros de los castillos, villas y lugares de su reino de Valencia, les concedió la facultad de poder llevarse cuantos bienes y riquezas pudieran transportar personalmente y que se les escoltase para evitar represalias «hasta el límite de su reino, hasta Villena». Ello demuestra que continuaba nuestra Villa como pueblo limítrofe, la que, según la Crónica Real, pertenecía a D. Fadrique, no tan magnánimo como el Rey de Aragón, cobró un besante por cada cabeza de moro expulsado (moneda bizantina de plata, usada por los árabes) ascendiendo su recaudación a cien mil, según Zurita, reducidos a 5.000 en la Crónica Real, la que expresaba alcanzar cinco leguas desde Villena la columna de los exilados.
Año 1263 al 66 : Durante este período ocurre otra sublevación de los moros de Murcia y Andalucía contra el Rey de Castilla. Según Tourtoulon, en 1261, el Emir de Granada, Ben-Alhamar, apoyó a los primeros sublevados que batieron a D. Alfonso en Alcalá la Real. Pretendió resistir el monarca castellano este levantamiento morisco pero se consideró impotente por la extensión que tomaba y continuos socorros que enviaban a los sublevados los Merinitas de África. D Alfonso concibió solicitar protección de su suegro, D. Jaime, pero «a causa de las faltas de que se había hecho culpable a su suegro (Crónica de D. Jaime) no lo hizo directamente y se valió de su mujer Doña Violan-te. Los consejeros de D. Jaime quisieron aprovechar la ocasión para vengar los agravios que tenía Aragón contra Castilla, pero se opuso la lealtad de aquél, diciéndoles : «que si el Rey de Castilla perdía sus Estados, poca seguridad tendremos en los nuestros». Convocó el monarca aragonés Cortes en Barcelona y en Zaragoza para pedirles socorros. Después de varias incidencias y de negociaciones con la nobleza y ricos hombres, se proclamó la unión, (liga de la nación contra el poder real), incluso su hijo el bastardo Don Fernando Sánchez se alió con la nobleza, en las reclamaciones contra su padre ; finalmente se nombraron árbitros y el Rey D. Jaime reunió las Cortes aragoneses en la Vila de Exea, para terminar con las diferencias de los Barones sublevados el 15 de abril de 1265.
Silenciamos otros sucesos ocurridos en el reino de Aragón, que dilataron la ayuda que D. Jaime había prometido a D. Alfonso, su yerno, contra los sublevados. Por fin, obtenidos socorros de los prohombres de Teruel y de Valencia, reunió el mayor número de vasallos y combatientes, y en otoño de 1265 avanzó D. Jaime con sus fuerzas hacia el reino de Murcia. En noviembre del mismo año llegó a Játiva, y en los últimos días se trasladó a Biar, desde donde mandó aviso a los sarracenos de Villena, que también se habían alzado contra su Señor el Infante D. Manuel, yerno del rey aragonés. Entrevistados en este pueblo los notables de nuestra Villa con el Conquistador, le expresaron que la sublevación obedecía al mal comportamiento del Infante, Señor de Villena, con los moros ; llegándose a un acuerdo después de varias entrevistas Tanto Villena, como Elche, Crevillente y demás plazas situadas entre nuestra Villa, Alicante y Orihuela, fueron recuperadas por D. Jaime, lo mismo que Villena, sin blandir las armas, con prudentes y habilidosas negociaciones. Se reunieron una semana las Cortes de Castilla y Aragón en Alcaraz., regresó D. Jaime a Orihuela, y el 2 de enero de 1266 se dirigió al frente del ejército, para sitiar Murcia. La capital del reino se rindió sin lucha con sólo un bloqueo, por la mediación del judío En Astrug de Bonsenyor y del Caballero de Murviedro (Sagunto) D. Domingo López. Convinieron finalmente D. Jaime y el alguacil jefe de la población de Murcia que se entregaría la Ciudad a condición de conceder perdón y mantener las franquicias que gozaba antes de la rebelión. En febrero de 1265, el estandarte real de Aragón flameaba en el Alcázar de Murcia. En esta expedición contra los sublevados cooperaron, acompañando a D. Jaime, los Infantes sus hijos D. Pedro y D. Jaime. El Rey recibió la felicitación del Sumo Pontífice Clemente IV, por el triunfo del monarca aragonés contra la referida sublevación.
Recuperado por D. Jaime el reino de Murcia con nuestro pueblo, que más tarde devolvió a su yerno D Alfonso, respetó las mismas líneas fronterizas Quedó el Castillo ele Biar como última fortaleza al suroeste del reino de Aragón, y el de Villena, como el primero de Castilla, por aquellos límites.
SEGUNDA EPOCA.—ANEXION DE VILLENA AL REINO DE ARAGON
Continuar relatando los tratados limítrofes de los reinos y de nuestro Señorío en esta segunda época y las causas que los motivaron, supondría una extensión inadecuada para esta Revista y la dificultad de alcanzar su inserción. Suspendemos estos apuntes para reanudarlos en otra oportunidad. Referir los acuerdos, omitiendo las vicisitudes, disidencias, luchas y subversiones ocurridos en los antiguo reinos de Castilla y Aragón y los pactos con los caudillos árabes, supondría desconectar el devenir histórico de los sucesos, que los originaron. Tendríamos que silenciar la intervención en ellos de destacados personajes ; algunos tan vinculados a nuestra pequeña y densa historia, que alcanzaron consideraciones legendarias y románticas, como Don Juan Manuel y Doña Constanza, interesantes e inolvidables moradores de nuestro Castillo. La melancólica espera entre los muros de la fortaleza, durante los años 1306 a 1312, de la tierna y enfermiza Infantita aragonesa, en el lapso transcurrido desde sus esponsales, celebrados en Perpiñán, el primero de dichos años, y las bodas de D. Juan Manuel, realizadas en Játiva el 3 de abril del último. Las interesantes cartas Que llegaron a nuestro Castillo inquiriendo noticias de la feble enferma, dirigidas por D. Jaime y D. Juan Manuel a su hija Doña Saurina de Beziers, bajo cuyos cuidados vivía la doliente Doña Constanza, incluso La llegada del físico valenciano, Guillermo Barberá, en hijo de 1307, enviado por su padre el Rey D. Jaime, constituyen un capítulo, evocador y novelesco de nuestra historia. También aplazamos una síntesis biológica, en el aspecto militar, de aquel memorable Señor de Villena D. Juan Manuel, que tanta preponderancia tuvo en la celebración de los tratados. Su diplomacia sagaz, ególatra, y personalísima fluctuaba entre los monarcas castellanos y aragoneses, para conservar sus prerrogativas y la extensión de su inmenso Señorío. Aquel magnate de tan compleja y antitética psicología que destacó tanto en la historia entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV, fue tan rico y poderoso, que, narraban de él los cronistas coetáneos, «podría ir del reino de Navarra al reino de Granada, posando en cada noche en Villa cercada et castillo suyo». La concesión de sus títulos de Príncipe y Duque de Villena, le fueron otorgados el primero por D Alfonso IV de Aragón, y el segundo por el también monarca aragonés D. Pedro IV el Ceremonioso.
Únicamente apuntaremos que después de la rápida invasión del reino de Murcia en 1296, D. Jaime II, titulado el Justo, a pesar de vulnerar con ella los tratados y pactos anteriores estipulados y respetados por su padre el Conquistador, se celebraron dos posteriores a la anexión, de las tierras alicantinas y murcianas a la corona de Aragón, que vamos a indicar brevemente.
El primero, en 1304, aprovechando un paréntesis de tranquilidad militar en aquella turbulenta época entre Castilla y Aragón, para determinar los límites del reino anexionado y fijar las fronteras de el de Castilla con Valencia: Se firmó en Torrellas, dictaminado por tres Jueces : El Rey Dionisio de Portugal, el Infante D. Juan de Castilla y Don Ximeno de Luna, Arzobispo de Zaragoza. Fijaron estos jueces como línea divisoria de los reinos « el más alto lugar del término de Villena». La sentencia se publicó en aquel pueblo en 8 de agosto del referido año, estando presentes el Rey de Aragón, y como procuradores del de Castilla, D. Fernán González de Toledo y D. Diego García de Toledo. Este convenio fue ratificado por los reyes al siguiente año 1305, en la frontera Norte de Aragón, en Campillo, donde se entrevistaron los propios soberanos.
Como surgieron posteriormente nuevas disputas y vacilaciones entre los monarcas de Castilla y Aragón para la determinación exacta de la línea divisoria de sus reinos, antes de tomar posesión de sus nuevas tierras, en 26 de febrero de 1306, volvieron a entrevistarse, en el Monasterio del Císter de Ariza, que era por el Norte «la raya de Aragón». Designaron como Árbitros y sabios hermeneutas para este último tratado: el Rey D. Fernando IV, a su canciller Diego García, y el de Aragón, a su privado D. Gonzalo García, los que se reunieron finalmente en Elche. El 19 de mayo del año últimamente referido, publicaron la nueva sentencia en el complejo, difícil y dilatado asunto del pleito fronterizo. Respecto a nuestras tierras, dictaminaron que la línea fronteriza «llegaría al más alto lugar del término de Villena»... «Desde donde se partía término con Almansa, correspondería a la jurisdicción del reino de Aragón».
También reservamos para la continuación de estos apuntes, el oscuro problema histórico de la sucesión de nuestro Señorío, que se convirtió en Marquesado, al fallecimiento, sin descendencia, del último varón y señor de nuestro Castillo y tierras, D. Fernando-Manuel, ocurrida en 1350, hijo de la tercera esposa de D. Juan, Doña Blanca Núñez, de la que también nació Doña Juana-Manuel. Para muchos historiadores y cronistas, incluyendo entre ellos el de nuestra Ciudad y querido amigo don José María Soler, esta Doña Juana-Manuel, fue la última titular y poseedora de nuestro rico, extenso y poderoso Señorío, que como cuantiosa dote aportó a su matrimonio con D. Enrique II el Fratricida y el de las Mercedes. D. Enrique, demostrando su excesiva y original liberalidad, cedió el patrimonio de su esposa, considerándolo de su pertenencia, a su amigo y aliado en sus luchas contra su hermano Don Pedro el Cruel, al caballero aragonés, nieto de D. Jaime II, D. Alfonso de Aragón y de Foix, a quien instituyó, como dejamos referido, primer Marqués de Villena y Condestable de Castilla.
Las fortalezas y tierras que, constituyeron nuestro Señorío pasaron entonces, no sólo en jurisdicción, sino también en propiedad, a aquel magnate aragonés, que fue después primer Duque de Gandía, hasta que D. Enrique III, como tenemos narrado en anteriores apuntes, siguió ejecución contra el Marquesado.
Información gráfica: FLOR
Extraído de la Revista Villena de 1963

No hay comentarios:

..... CONTINUAR... PASAR PÁGINA Pinchar en... (entradas antiguas)
Esta Web no se hace responsable de las opiniones de sus lectores. Todo el contenido es público. Usted puede copiar y distribuir o comunicar públicamente esta obra siempre y cuando se indique la procedencia del contenido. No puede utilizar esta obra para fines comerciales o generar una nueva a partir de esta..
Web: www.villenacuentame.com
E-Mail:
villenacuentame@gmail.com