1971 EL TORO EN LA CORREDERA

EL TORO EN LA CORREDERA
Aunque nos consta por las referencias de personas de mucha edad, que este espectáculo de nuestras Fiestas de Septiembre, suprimido en 1907, databa de muy antiguo, sabemos con certeza que ya se celebraba en 1774, y que era similar o parecido al de otras poblaciones españolas, que en la actualidad, incluso, lo mantienen en vigor.
Ya que por el momento no nos es posible aclarar sus orígenes, y dejamos la puerta abierta para su investigación, sí que podemos explicar en qué consistía su desarrollo, y analizar las causas y motivos que decidieron su suspensión.
Para que el amable lector pueda tener una clara idea de lo que llegó a ser en sus últimos años aquel número de Fiestas, citaremos la copla aparecida en uno de los ejemplares del periódico «EL BORDOÑO», de 1906, y a la que ya hace referencia D. José María SOLER GARCIA, en un trabajo publicado en la Revista de Fiestas de 1961.
ES UN CASICO ESTUPENDO
EL TORO EN LA CORREDERA,
PORQUE ES LUCHA DE UN BERRENDO
CON CUATRO O CINCO MIL FIERAS.
Según los programas consultados, este festejo fue ampliando los días de su celebración, ya que se citan desde el 6 solamente, hasta 6 y 7, y posteriormente, 6, 7 y 8; en horas que, con ligera variación, eran siempre anteriores a Embajadas y Procesión.
El templete de autoridades e invitados se situaba al principio de la Corredera, junto al comercio de calzados denominados Los Tres Amigos, y los toriles se encontraban en lo que actualmente es el Garaje de Herrero. Desde este último sitio hasta el Pasaje Candel, se cerraban los accesos con ruedas de carro, maderas, barriles y otros utensilios, que protegían a los espectadores.
Si en un principio la vaca o novillo iba atado por los cuernos para evitar accidentes, y los que tomaban parte en la diversión eran pocos y bastante moderados, más tarde, el espectáculo fue degenerando, y la gente, armada incluso de palos y garrotes, ofrecía una lamentable y bochornosa situación, amén de que todos los años invariablemente, eran numerosos los heridos que se producían, y no solamente por las cogidas de los animales, como a continuación vamos a comprobar.
En cierta ocasión, y para que pudiera celebrarse la correspondiente embajada, la Autoridad dio por finalizado este número del programa, en contra de la voluntad de algunos, que deseaban la suelta de otro animal, originándose por ello desagradables incidentes y serias alteraciones del orden público.
Otro año, estando la gente presenciando una embajada, después de terminada la corrida del novillo, un gamberro mal intencionado gritó: ¡QUE VIENE El TORO!, y en pocos., segundos sólo quedaron en aquel escenario restos de prendas de vestir, cristales de puertas y escaparates rotos y algunos heridos que revestían cierta gravedad, todo ello producido por el público que, en su pánico colectivo, sólo pensaba en huir.
Y por último citaremos otro hecho, que ocurriendo como me informan en 1906, fue quizás el que decidió a las Autoridades a actuar con decisión, y suprimir esta diversión antes de que ocasionara desgracias que fueran irreparables.
Sabemos que los carniceros se quedaban con la carne de las vacas y novillos que se toreaban, y eran los encargados de toriles para soltar y recoger los animales.
Por aquellos entonces, proliferaban también los torerillos, que aprovechaban estos acontecimientos para ir perfeccionándose en el arte de Cuchares, y cuando terminaban de actuar, pasaban con sus capas para recoger la voluntad del respetable.
En dicho año, el encargado de toriles se enzarzó en una discusión con un maletilla, al que dijo que no era capaz de dar unos capotazos a un toro tuerto que tenían en los corrales, y en su acaloramiento, lo cogió a viva fuerza y lo metió hacia adentro.
El público creyó que sería capaz de encerrarlo con el toro, aunque ésta no fuera la intención del carnicero, y asaltó dicho lugar en forma airada y amenazadora.
Presintiendo que la cólera de sus convecinos constituía un peligro para su integridad física, los carniceros tuvieron que huir, campo a través, saltando las tapias del huerto de la Pona, y la confusión y alboroto que se originaron provocaron heridas y magullamientos en innumerables personas.
Y ahora ya, con estos antecedentes, analicemos con detalle cómo se determinó la suspensión.
Ya en 1903, el periódico «JUVENTUD», en su número del 13 de septiembre, condena el espectáculo, al que califica de impropio de pueblos civilizados, ya de una forma más concreta, el célebre «BORDOÑO» se pronuncia partidario de su anulación. Por otra parte, era evidente un estado de opinión general, favorable a tomar esta medida.
Por ello no se hace esperar la decisión del nuevo Ayuntamiento, que toma posesión el 24 de marzo de 1907, con D. Salvador AMOROS MARTINEZ, como primera autoridad, y el 10 de mayo se produce el siguiente acuerdo, que copio literalmente:
«...Últimamente, y a propuesta del Concejal Sr. Hernández Hurtado, acordó el Ayuntamiento por unanimidad, autorizar plenamente al Sr. Alcalde Presidente, para designar una Comisión especial de
vecinos que, en unión de la de Festividades del mismo, redacte el programa después de detenido estudio, para su modificación en lo que quepa, a que han de sujetarse los festejos públicos, que en honor de Nuestra Señora la Virgen de las Virtudes, han de celebrarse durante el mes de septiembre próximo».
Es evidente, que aunque no se hace referencia concreta al toro en la Corredera, este acuerdo está destinado a la supresión del festejo, y a la confección de un sugestivo programa, que con sus innovaciones, como luego veremos, hagan olvidar a los villenenses una de sus diversiones favoritas.
El 26 de julio y en la correspondiente Acta de Sesiones así se refleja, el Municipio acuerda la celebración do los festejos públicos y los días 5 al 9 de septiembre, coma de costumbre, y no hace alusión alguna al acto que nos ocupa.
Y por último, en el Acta de la sesión del 9 de agosto, podemos leer:
«Se dio cuenta de una comunicación fecha primero del actual, del Centro de Sociedades Obreras de esta ciudad, protestando de las corridas de vacas en esta población durante los días 6, 7 y 8 de septiembre.
El Ayuntamiento acordó quedar enterado y consignar que nunca ha acordado la celebración de tales corridas».
Si alguna duda o temor podían abrigar los ediles, queda desvanecida con el apoyo de los obreros de la ciudad, que con su escrito apoyan decididamente la suspensión.
El hecho estaba consumado, y el programa confeccionado por la Comisión, se incrementó con los siguientes actos:
Concurso de mantones de manila.
Premios a los niños de las escuelas que hubieran destacado en el curso.
Cinematógrafo público.
Iluminación extraordinaria.
Con todo y con ello, D. Salvador, dudando de que dichas innovaciones hicieron olvidar a sus paisanos la diversión del toro, tenía reservadas en la finca LA MARCOTA, de Biar, dos o tres vacas, en previsión de que, si el pueblo no accedía a la suspensión y se amotinaba, poder complacer sus deseos en breve espacio de tiempo, evitándose problemas que todo buen político trata de rehuir.
Afortunadamente no hubo necesidad de tomar medidas de urgencia, y quedó suprimido a partir de 1907, un espectáculo que había constituido hasta entonces, tradicional diversión para nuestras antepasados.
VICENTE PRATS ESQUEMBRE
Extraído de la Revista Villena de 1971

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