1988 LA MUJER EN EL DEMÓCRATA

LA MUJER EN EL DEMÓCRATA
Quizá pudiera pensarse, que el tema de LA MUJER en cualquiera de sus aspectos es una cuestión exclusivamente contemporánea, y no es así, aunque en la actualidad sea objeto de mayor consideración y estudio debido a que los debates son también más frecuentes en una sociedad pluralista que analiza y reflexiona cada día más; a pesar de que paradójicamente en algunos sectores ocurre lo contrario por razones que no voy a considerar.
Una muestra de ello es la siguiente exposición que comienzo, no sin antes expresar mi agradecimiento a Vicente Prats Esquembre, uno de los villenerólogos entusiastas, si se me permite el término, por haberme facilitado los periódicos que posee de la prensa antigua de Villena.
En el siglo pasado ya se hablaba y se escribía en Villena, y naturalmente en otros lugares, sobre LA MUJER; de ello ha quedado constancia en poemas y artículos donde abundan motivos como «el amor inmortal», o «el poder hipnótico de unos ojos negros», que aparecen en el n.° 9 de LA ESMERALDA, periódico considerado hasta la fecha como el más antiguo de Villena (que data del 24-7-1881), o «la astucia femenina», alusión manifiesta en el n.° 10 de EL OREJÓN, donde unos antiguos redactores de LA PRIMAVERA —otro de los periódicos de la época— se dirigen al Sr. Alcalde, pidiéndole que intervenga y prohíba que se junten «Tres niñas», de manera tan exagerada como denotan los siguientes serventesios:
Antes, cuando una de ellas se hallaba ausente, podíamos tolerarlas con más paciencia, pues eran DOS DIABLILLOS únicamente los que martirizaban nuestra existencia.
Mas verá usted ahora cómo esas niñas emprenden nuevamente su audaz campaña, y tenemos jaranas, sustos y riñas; y hasta harán que peligre la paz de España.

Otro de los tópicos arrastrados históricamente es el de la exaltación de la belleza femenina. Prueba de ello son las frases de EL RUISEÑOR (n.° 7, 10-5-1885), donde se llama a la mujer «Flor hermosa que engalana/el jardín dela existencia...»
También aparecen en la prensa antigua de Villena las típicas declaraciones amorosas, tan frecuentes, y las relaciones familiares con suegras, cuestión a la que referiré después, aunque sirvan de avance los siguientes versos publicados sin firma en el n.° 33 del mismo periódico:
Siempre que tus miradas
de mi se apartan,
la pícara de mi suegra
goza, le agrada.
Si a mí se acercan
ya pone mala cara
mi «indina» suegra.
Tampoco falta el tópico de la desgracia anunciada ante el anuncio de matrimonio:
A mi poder ha llegado,
apreciable Rigoberto
tu tarjeta, y me ha extrañado:
¿Conqué por fin te has casado?
Pues haz cuenta que te has muerto. (Versos correspondientes al n.° 2 de La Primavera)
Otro ejemplo son las quintillas publicadas en el n.° 10 del mismo semanario, bajo el título «Mal Hecho...» y el subtítulo: Epístola a un reincidente, donde el anónimo autor con cierto talante misógino recrimina a su amigo Juan que vaya de nuevo tras una mujer, y le augura una vida totalmente desdichada y llena de disgustos, porque la mujer es una carga para cualquiera:
Ya desde hoy en adelante
no tendrás paz un instante,
sino peloteras, sustos
causándote mil disgustos
lo más insignificante.
En el n.° 14 de EL ESTÍO se escriben sin firma las siguientes redondillas, por haber recibido unas calabazas:
Y sin embargo esa harpía
(¡si no sé lo que me digo!)
ha cometido conmigo
la imprudente grosería.
De largarme un no terrible,
sin fijarse que este no,
me va a matar, porque yo
soy un chico muy sensible.
Pero es en EL DEMÓCRATA (Semanario Político-Literario) que aparece con el n.° 1 el 17 de agosto de 1890, dirigido por don Alicio Caravaca López y se publica todos los domingos hasta el n.° 52 que sale a la calle el último ejemplar (el 9 de agosto de 1891) donde se plantea sistemáticamente la polémica sobre LA MUJER entre los escritores asiduos de las secciones literarias del periódico que son Juan Alemany, Joaquín Vera, Antonio Marín Requena y Juan Hurtado Tomás, conocido por el Lolo.
De todos los colaboradores de este periódico —cuya suscripción, a modo de curiosidad, costaba 6 reales al trimestre— Joaquín Vera se declara abiertamente defensor de la mujer. El artículo (del n.° 3) que titula «El mayor de los cinismos» comienza así: «Venid a mí todos los que os preciéis de caballeros y os halléis dispuestos a romper lanzas en defensa de la mujer». Hace toda una apología de la condición femenina, arremete contra «los galanteadores de oficio, especie de moscardones insoportables...» y concluye: «¡A! si dejaran por mi cuenta a todos esos tenorios de guardarropía, creo que en veinticuatro horas no dejaba uno para remedio. No hay para mí tipos más cargantes, ni más odiosos».
En una posición contraria a la de «el poeta ardiente y entusiasta de las flores y las mujeres bonitas» (según expresión del que fuera director de El Orejón, Pascual M.ª Estañ) se encuentra Juan Alemany, quien acentúa más en la mujer aspectos opuestos a la nobleza, y a renglón seguido del artículo de Vera publica un romance titulado Cantares, cuyos cuatro primeros versos dicen:
Si todo el daño que has hecho
lo supiera el confesor,
¡ay! cuanto le costaría
el darte la absolución.
Vera infiere a modo de tesis, que «la felicidad tiene nombre de mujer», cree que «la verdadera felicidad, suspirada por los mortales, está en el eterno femenino, y que lejos de él, ni aún en el cielo hay felicidad posible» (n.° 10 de El Demócrata).
Postura esta de pretender monopolizar el apoyo de la mujer un tanto exagerada que le llevaría a la polémica con otros colaboradores del periódico.
Llama la atención su defensa en pro de las suegras. Él mismo es consciente del riesgo que corre al afirmar en un artículo titulado LAS SUEGRAS: «Estoy seguro que de cada cien yernos que lean las líneas subsiguientes, lo menos noventa y nueve me pondrán como ropa de pascuas y el otro se creerá hacerme mucho favor al llamarme loco». (El Demócrata, 23-11- 1890).
Sin embargo, opina que se habla mal de las suegras públicamente por costumbre e imitación, pero que en el fondo los yernos aprecian a sus madres políticas.
Alemany contesta los artículos de Vera. Así en el n.° 21, bajo el título Nuestra derrota escribe:
«La mujer, la eterna pesadilla el amigo Vera, se rebela contra el hombre. Quiere tener los mismos derechos, nuestras mismas atribuciones. Pedir es!!. El sexo bello se cree esclavizado, pide mayor esfera de acción, no se conforma con su suerte. Si dirigiera una mirada retrospectiva a la historia, si recordara su pasado, si lo comparara con los tiempos presentes, otras fueran sus aspiraciones y mayor conformidad y menos impaciencia mostrara».
A continuación, tras expresar lo contrario, con un estilo cuya lectura me recordaba al de ciertos escritos sobre la mujer publicados el año pasado en Villena con motivo de su participación en las fiestas, dice Alemany: «Dios me guarde de indisponerme con esa bella mitad del género humano» y evoca el rechazo de la Cámara de los Lores a una pretensión de las damas inglesas pidiendo su participación en los parlamentos y destinos públicos, e irónicamente describe un mundo al revés donde son las mujeres quienes eligen a los hombres.
Puestos a descalificar todos entran en el juego; J. Alemany es tratado de «pobre hombre literariamente hablando» por el villenense Antonio Marín, aunque este no utiliza el adjetivo por la postura de Alemany sobre la mujer sino por otras razones.
El vallisoletano S. Cernuda, colaborador ocasional de El Demócrata encabeza la Sección Literaria del n.° 22 con un artículo que titula ¡Protesto! y se queja de «las graves injurias» que Marín dirige a J. Alemany.
La cuestión traería cola y desembocaría en lo que llamaron Proceso Marín, que terminó tras varias réplicas y contrarréplicas con la intervención del director del periódico, quién zanjó la cuestión insertando la conjunción «y» entre «pobre» (y) «hombre».
En el Proceso Joaquín Vera defiende a A. Marín y S. Cernuda apoya a J. Alemany.
Vera continúa en su línea de adular a la mujer con frases como esta: permítaseme plagiar a Bécquer, donde quiera que haya una mujer española y por apéndice villenense, allí hay belleza y poesía... (Artículo titulado Las monas, 12-4-1891); y Alemany sigue fijándose en el lado opuesto a la bondad y belleza femenina, y escribe artículos y poemas, no sin cierto desdén, como la silva que lleva el título «A una de tantas» (n.° 42).
F. Navarro se une a J. Alemany para parodiar la persona de Vera, vistiéndole de soldado en un brevísimo juguete cómico, cuyo entorno es el ejército, donde a la pregunta del Coronel: «¿qué casta de pájaro es el soldado Vera? responde el Capitán:» —Es aquel... que le ha dado por idealizar a la mujer, y cuando no está hablando «con» alguna, es porque está hablando «de» alguna... De seguro que está platicando con media docena de hijas de Eva, y entre lágrimas y suspiros no ha oído el toque de las cornetas... Si estuviese casado con una Petronila como la mía y tuviese una suegra como la que me cupo en suerte al tomar estado, de seguro que no hablaría de ellas en la forma que lo hace... (n.° 44).
Vera dice que los escritos en defensa de la mujer no son necesarios porque las grandes causas se defienden por sí solas, aunque paradójicamente en el n.° 46 publica un escrito que titula EN DEFENSA DE LA MUJER. En este artículo afirma que se ha acostumbrado a leer las censuras infundadas que la mayoría de escritores dirigen a la mujer «en sus diferentes categorías y gradaciones de suegra. nuera, cuñada, etc. etc. y hasta en la de su primitivo estado de mujer a secas, es decir, en su nativo estado de mujer soltera sin aditamento alguno». Incluso provoca la polémica enfrentando dos posturas distintas, de una parte la suya, y de otra, la de los demás, subiéndolos a todos en el mismo carro, con afirmaciones como esta: «esa especie de hidrofobia mujeril ha ido paso a paso invadiendo mis dominios, se nos ha entrado casi de rondón por las puertas de casa y después de hacer presa en Cernuda, Marín, Alemany, Navarro y otros... acaba en Pascual Estañ... (El Demócrata n.° 46)
En el n.° 48 F. Navarro apuesta «la hidrofobia mujeril de D. José y sus coríferos» contra «el eterno femenino» de D. Joaquín y da un consejo, cuya lectura me recordaba la tesis filosófica de Pirrón —quizá el mayor de los escépticos— quien decía más o menos que nada existe, y si algo existiera no se podría conocer, y aunque se conociera, no se podría transmitir; El consejo que da Navarro a Vera es «que no se case, y si no le escucha e insiste en hacerlo, que busque una mujer que no tenga familia. Si no la encuentra en estas condiciones, que busque una en cuya familia sea ella sola... y si entre estas no haya ninguna de su agrado... que se quede viudo antes de casarse (El Demócrata n.° 48).
También Antonio Marín en el n.° 49 contesta a Vera con el artículo (Mi cuarto a espadas) porque en su afán «por defender menesteres y suegras doloridas» ataca a quienes no piensan como él, y lo que encuentra todavía peor, que «el Ingenioso Hidalgo Benejamense» (se refiere a Vera) incluya a Marín entre los «ogros de mujeres», porque le preocupa mucho el juicio que de él se tendrá en la posteridad, y puntualiza: Acaso en alguno de mis escritos haya atacado, no a las mujeres en general, sino a alguna mujer... A las mujeres las admiro y las trato tal cual son y no como debieran o como yo quisiera que fuesen, que es lo que hace Vera... Ama a las mujeres en teoría; pero en el terreno práctico no es más que un aficionado...
Sin embargo Marín coincide con Vera en que los comentarios sobre suegras y nueras de algunos escritores no son más que tópicos de los que nadie hace caso, algunos de los cuales ya resultan aburridos, y concluye así el escrito:
Y ya verá el simpático campeón de las mujeres como, a excepción de Éstañ que a sus alturas es probable que no piense en casarse... como Cernuda, Alemany y yo... no obstante lo que podamos haber dicho de malo de algunas mujeres, damos con esposas que nos harán felices y con suegras que no nos harán desgraciados; mientras él... acabará por morir soltero...»
Vera tuvo que soportar también la respuesta de J. Alemany, quien en un escrito que titula Vapuleo, publicado en el antepenúltimo de los ejemplares de El Demócrata contesta:
«las mujeres son como las rosas: muy bonitas y muy hermosas, de embriagador perfume: pero... ¡tienen espinas!... Y Vera, por temor a las espinas las admira desde lejos...»
A pesar de haberlo buscado tanto en Vi-llena como en Benejama, no he podido averiguar si se cumplió o no la premonición de Marín, y por tanto, si Vera se casó o quedó soltero.
Yo estoy por el reconocimiento de igualdad de derechos y obligaciones entre hombre y mujer. Mis pretensiones en este artículo han sido las de presentar sincrónicamente la consideración de la mujer como tema en uno de los periódicos del siglo pasado de Villena, El Demócrata; cuestión polémica antes y ahora.
JOSÉ PUCHE ACIÉN Villena, junio de 1988
Extraído de la Revista Villena de 1988

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