1982 LAS FAROLAS DE VILLENA

Las farolas de Villena
Autor: «LA FAROLA» Fotos: TONI CONTRERAS
Bajo la denominación de FAROLA, nuestro diccionario agrupa a todo aquel espécimen de farol grande, generalmente de varios brazos, utilizado para el alumbrado público. Sin embargo, esta definición se nos queda un poco pequeña a la hora de dar nombre a todas esas cajas, normalmente de vidrio, que pueden desde colgar de un hierro de mala muerte, con el único fin de estar separadas un poco de la pared (véase figura 1), hasta ser sostenidas por el más logrado forjado (véase figura 3). Por ello, invitamos a la Real Academia de la Lengua a que medite sobre el asunto y a que tenga en cuenta nuestras razones.
Para nosotros una FAROLA no es tan sólo ese farol grande, de varios brazos... para el alumbrado público, y si no lo cree así, continúe leyendo.
LA FAROLA es un motivo decorativo y «cultural» (véanse figuras 2 y 3... 6 y 7 si nos apuran. No véase figura 1) que en mu¬chos casos puede quedar incluso «mono» (y a veces estéreo —figura 4—).
LA FAROLA es un vínculo con el pasado y una fuente de es¬tudio de la evolución del hombre; aunque, considerando a las antorchas como las primeras farolas existentes y a las de la figu-ra 7 como las últimas, vemos que no ha habido tanta evolución: todo se reduce a «una lucecica pinchá en un palo».
LA FAROLA es un medio para distinguir un barrio de otro (véanse figuras 2 y 6. No véase figura 7, ya que podría despistarles). 
Un barrio «typical Spanish» necesita unas farolas «typical Spanish»; un barrio «no typical Spanish» necesita unas farolas «atípicas» (véase figura 6).
LA FAROLA es programa de partido, y si no lo creen «escuchen» las palabras de este candidato a la alcaldía: «... porque Vi-llena y sus PARQUES merecen un alumbrado digno...» y si el candidato es bastante progresista nos prometerá llenar las calles de farolas «estilo figura 7».
Y por último, la FAROLA, da pie a hablar de diversos aspectos y curiosidades de nuestro pueblo, teniendo siempre como motivo central a ese farol grande, de varios brazos, que sirve para alumbrar al público... y que se llama: ¡FAROLA!
Figura 1.— FAROLA DE LA PROCREACION.
Denominada así porque sus manantiales de luz incitan... incitan... incitan... incitan a comer caracoles y habas bajo su «pera» en las noches veraniegas.
De fuentes fidedignas hemos podido constatar que estas farolas son las que más invitan a las parejas de enamorados a procrear... a procrear... a procrear palabras tiernas de amor.
El Ayuntamiento, muy cuco él, las deja dispersas por las calles de nuestra ciudad para que no se pierda el romanticismo en sus jóvenes.
Figura 2.— FAROLA DEL CASCO.
Muchos autores atribuyen a este tipo de farola un menester folklórico, y sí, por una parte puede que tengan razón. Sin embargo, estamos convencidos de que estas farolas no se ponen si no es por necesidad. Imagínense que en las calles del Rabal (de dos metros de ancho) hubieran colocado farolas como las de la figura 5; no pasaría otra cosa más que las farolas colocadas en las fachadas de números pares servirían de lamparilla en las alcobas de las casas de números impares y no de alumbrado público.
De todas formas, las farolas del casco son estéticas... pero ¡ojo!, las del casco antiguo.
Figura 3.— FAROLA DE LA REIVINDICACION.
La «farola de Santiago» es un caso curioso. Es la farola que más nos gusta, la de más historia, la más cara, la única de bronce... pero es la que más maltratamos. Parece que tenga imán, a ella van o han ido a parar alguna vez todos los coches de nuestra ciudad.
Reivindicamos su «tranquilidad», pedimos que todos la dejemos en paz; preferimos flores a caparazones de hierro alrededor de ella. Ya que algunas de las más importantes instituciones de nuestro pueblo (Iglesia, Cruz Roja, Ayuntamiento, Casa del Festero) están a sus pies, se merece un poco más de consideración.
Reivindicamos (más claro, agua) la farola y su mugriento círculo. Si esto se consigue habremos perdido veinte huecos de aparcamiento, pero habremos ganado una plaza.
Figura 4.— FAROLA Y PAPELERA.
En la frondosidad del Paseo hemos descubierto un árbol insólito con dos únicas ramas peladas, sin follaje, injertadas de «peras» y papeleras. Las «peras» maduran para septiembre, cuando la traca del día cuatro hace huir a sus diminutos inquilinos en desbandada. La papelera hace tiempo que maduró y cayó, y no por el peso de su interior precisamente. Cada año llegará con sus nuevos frutos: sus nuevas «peras» y sus nuevas papeleras.
Este «árbol» ilumina tanto a los transeúntes del «tontódromo municipal» como a las grandes decisiones del fin de semana (ir a la disco, a la teca o a la discoteca, por ejemplo).
Figura 5.— FAROLA DE «VILLENA CAPITAL».
Desde «la Losilla» a «la Morenica», pasando por «el Portón», se extiende un gusano luminoso que destaca entre las lucecillas blancas de las calles secundarias; son las farolas de «la Calle Ancha» y «la Corredera». Estas farolas son muy curiosas, ya que parecen estar pensadas más para los vehículos motorizados que para los peatones (tal vez porque aquéllos sean más peligrosos que estos).
Son importantes, mas —aún así— no han podido quitarle el puesto por completo a las anteriores (eche una ojeada a estas calles y verá), no sabemos si por «fallo» de los sucesivos ayuntamientos o por espera a un posible «golpe de poder» (de nuevas farolas, claro).
Figura 6.— FAROLA DEL PROGRESO.
Calles tranquilas, calles peatonalizadas, calles limpias ¡calla, qué calles!
Una familia puede pasar por aquí e irse si tiene ocasión, pero las pobres farolas están destinadas a quedarse toda la vida entre hormigón y hormiguero, y al fondo la libertad, que no podrá ser nunca saboreada por nuestras amigas de las calles de la ciudad del futuro.
Los críos, sin inmutarse, lo aceptan simplemente; ellos no han conocido otra cosa.
Figura 7.— FAROLAS CHUPIS.
Farola y color oficial de los parques de Villena-82. La funcionalidad y mal gusto pudo a la originalidad y a la estética.
Señores, o las farolas se ponen acorde con los edificios o los edificios se ponen acorde con las farolas (sinceramente, vemos más económica y sencilla la primera opción).
Estos jovencitos cabezones, a los que la perspectiva hace cada vez más enanos, no agradan al personal todo lo que su promotor deseó. Este, por cierto, debe haber visto demasiadas películas de ciencia ficción, pues no se comprende de otra manera el modelito. Pero tranquilos, jovencitos, que esos árboles que veis a vuestro lado no os harán nunca sombra.
Extraído de la Revista Villena de 1982

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