1951 APORTACIONES DE CHAPÍ A LA ÓPERA

APORTACIONES DE CHAPÍ A LA OPERA ESPAÑOLA
Por… Ángel Sagardía
Cuando Chapí contaba nueve años de edad, un tío suyo le dió acceso a su biblioteca, en la cual había diversas partituras de ópera, para canto y piano, con texto italiano.
¿Por qué tantas óperas con letra italiana y no veo apenas música con texto castellano? preguntaba.
—Es que se trata de ópera, género superior, y la lengua italiana es dulce,—le contestaban. —Pues—replicaba Ruperto—esta página y aquello otra, que tienen letra en castellano, también suenan dulces y armoniosas.
Para probar la lengua castellana en música, el entonces precoz musiquillo compuso sobre una poesía de Selgas una romanza que tituló «Amapola» (por cierto la dedicó a la muchachita que llegaría a ser su esposa). Quedó satisfecho, juzgó carecía de fundamento pretender que sólo el idioma italiano, por ser dulce, es el más factible de musicar y se dijo: «Si algún día llego a conseguir saber esas malditas reglas, veremos si hay también en España quien haga óperas, y en español».
El anterior propósito lo llevó a la práctica Chapí nada más empezar su carrera de compositor, escribiendo el episodio lírico en un acto, libro de Arnao, «Las naves de Cortés».
El famoso tenor Tamberlick, que a partir de 1854 era figura indispensable en casi todas las temporadas de ópera de Madrid y actuaba en el Real desde 1865; que aunque era italiano dispensaba a la música española una atención, superior en mucho a la que generalmente han mostrado los cantantes de ópera patrios, estrenó «Marina» (que la hizo convertir en ópera) y a continuación «Don Fernando el Emplazado», de Zubiaurre. En la función de su beneficio, el 19 de abril de 1874, estrenó a Chapí, en el regio coliseo «Las naves de Cortés».
El compositor de Villena contaba a la sazón veintitrés años de edad, y su ópera le valió conseguir una plaza de pensionado en Roma.
La interpretación de «Las naves de Cortés se resintió de falta de ensayos, mas a pesar de ello, la obra agradó y Chapí, en unión de Tamberlick, la Fossa y Ordinas pisó la escena varias veces entre calurosos aplausos.
El Teatro Real de Madrid en la época en que tuvo lugar el estreno de la ópera de Chapí "Margarita la Tornera": 24 de Febrero 1909, Foto Rico de ESTASEN
El 11 de mayo de 1876 le estrenaron a Chapí en el Real su segunda ópera: «La hija de Jefté», que tuvo por intérpretes principales a Amalia Fossa y Emiliano Cruz.
El músico levantino la compuso durante su estancia en Roma, donde aun se encontraba en la fecha de la primera representación, y en cartas que dirigió a Arrieta en 1874 y 1875 se refiere varias veces a su obra. En una, consta: «Estoy deseando llegue la hora en que me diga usted el éxito, bueno o malo, de «La hija de Jefté», cuya representación, de cabo a rabo, tiene lugar muchas noches en el escenario de mi cabeza, cuando me acuesto, y en el intervalo que media entre la vida y el sueño».
El libreto de «La hija de Jefté» era de Arnao y resultó asaz deficiente, por lo que la producción tuvo mediana acogida, a pesar de poseer una partitura que contiene piezas originales y bien instrumentadas.
Chapí, en el curso de su pensionado en Roma, compuso otra ópera: «Roger de Flor», libro de Capdepón, que fué estrenada en el Real, bajo la dirección de Mariano Vázquez, el 11 de Febrero de 1878. El público, con sus aplausos, hizo repetir la sinfonía —amplia página compuesta por Chapí en una noche— y el final del primer acto.
La ópera «Roger de Flor» alcanzó cuatro representaciones y acerca de ella Chapí —exigente consigo mismo— escribió a Arrieta desde París en julio del año del estreno: «Roger de Flor, no me ha dejado satisfecho ni aun en lo relativo que yo exigiría de esa obra, y he tenido una temporada de duda y vacilación que me asustaba».
En 1880 el avezado hombre de teatros Ricardo Morales solicitó la colaboración de Chapí para llevar a cabo una campaña de óperas en un acto.
—Faltan las obras, —indicó nuestro músico.
—Es cierto, pero hay compositores ¿no? y el primero usted contestó Morales, que siguió diciendo—. Puede usted requerir a quienes le parezca.
--Lo haré —aseveró Chapí—; hablaré con Llanos, Grajal, Emilio Serrano... escribiré a Bretón, que está en Roma; a Espí y a Giner, a Valencia; a Jiménez, a Cádiz... en fin, a cuantos compositores sé que tienen interés por la ópera.
Tales gestiones dieron por resultado el que Llanos compusiese «Sagunto» y Pedrell «Tasso»; Chapí, en vista de que a ambos maestros les había dado por lo serio, buscó para sí un argumento cómico y escribió «La Serenata», que se estrenó en el Teatro Apolo, de Madrid, el 5 de noviembre de 1881, día en que se inauguró la campaña de referencia, con una función que, como indicaron en «La Época», «inicióse con la hermosa sinfonía de «Roger de Flor», dirigida por su autor.
«La Serenata» logró buen éxito, al cual se hizo acreedora por ser un cuadrito rebosante de gracia y dotado de música fina y juguetona; fué la obra de la temporada, que tuvo una duración de diez y seis días y, «La Serenata» se representó diez y seis veces.
Siempre que Chapí era demandado para contribuir a campañas en pro de la ópera nacional, prestaba su cooperación con el mayor entusiasmo. Así Luciano Berriatúa, que hizo construir el Teatro Lírico, solicitó sus consejos y concurso para la temporada inaugural de ópera. Resultado de sus conversaciones fué emprender un viaje en compañía de Berriatúa, el maestro Villa y el escenógrafo Amalio Fernández para visitar las Operas de París, Bruselas, Berlín y Milán. Seguidamente compuso «Circe», ópera en tres actos, con libro de Ramos, Carrión, basado en la obra de Calderón «El mayor encanto, amor».
«Circe» presenta una partitura absolutamente libre de procedimientos y de formas concisas, esencialmente latinas; en el término de un mes alcanzo diez y nueve representaciones.
Chapí, al empezar en 1895 a musicar libros de Carlos Fernández Shaw —como sabemos, uno de ellos es el de la inmortal «Revoltosa»—, ya convino con el poeta trazar una ópera inspirada en la leyenda de Zorrilla «Margarita la Tornera». Fueron pasando los años sin realizar el proyecto, mas llegado el verano de 1905 Chapí marchó a Garrincho, (Alicante) para dedicarse exclusivamente a la composición de «Margarita». En una carta que envió a Shaw el 23 de julio, le participaba que en un mes había terminado el acto primero, y en otra fechada el 28 de agosto se lee: «No quiero soltar la pluma con que acabo de firmar «Margarita la Tornera» sin comunicárselo. No me atrevo a darle a usted impresión de mi trabajo. Es muy pronto para que yo lo vea sin demasiado amor. Pero esto es tremendo: veinticinco páginas de mi apretada escritura, que no bajarán de mil cuando las copien».
El 24 de febrero de 1909 tuvo lugar el estreno de «Margarita la Tornera» en el Real, bajo la dirección de su glorioso autor. La primera audición adquirió los caracteres de verdadero acontecimiento artístico; los autores recibieron inacabables ovaciones y la crítica consideró la obra como el paso más definitivo dado en pro de la ópera española.
«Margarita la Tornera» es el brillante cierre de la ingente y valiosa obra de Chapí, en la cual, como hemos visto, se encuentran seis óperas que son otras tantas importantes aportaciones conducentes a la implantación de la ópera nacional.
Extraído de la Revista Villena de 1951

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