1987 EMBAJADA DEL MORO / DEL CRISTIANO

EMBAJADA DEL MORO

ARENGA
EMB. Bravo Castillo en ese,
en el que el Cristiano
seguro piense estar
de los alfanjes
que los hijos de Alá,
blandir sabemos
contando por victorias
los combates.

Bravo Castillo es ese,
y lo defienden VILLENEROS
bizarros y leales.

Y juro por Mahoma,
que a valientes
no hay otros en la Iberia,
que les ganen,
Serían vencedores en la guerra
si en valor no estuviesemos
delante.

La plaza he de rendir,
pero antes quiero
evitando dramáticos combates
talar de cuajo
la cristiana enseña
y mis lunas plantar
en sus baluartes.
A Mohamed sirvo así,
rey poderoso
temido de Poniente
hasta Levante,
que esta embajada
a proponer me envía
a esos cristianos,
en su Fe arrogantes.

Sal, mi caballo, parte
brote el fuego de las piedras
donde tu cayo estampes.
Allí está el centinela
veremos si su jefe
se atreve a presentarse.
CENTINELA Y JEFE CRISTIANO EN EL CASTILLO
EMBAJADOR MORO, MONTADO.
EMB. ¡HA DEL MURO!

Cen. ¿Quién llama?
EMB. Quien te estima, quien
desea ser tu amigo;
un moro que te saluda.
Cen. De tu nación, jamás
he tenido amigos,
ni me acomodan.

EMB. Si no conoces lo fino
de los pechos mahometanos,
los desprecias sin motivo.

Cen. Cuando vosotros tomais
al cristiano con cariño,
algún interés os llama.

EMB. Engañado has dicurrido,
pues hoy vengo solamente
a brindarte beneficios.

Cen. Beneficios de tu mano
los detesto y abomino.

EMB. ¡Ah! ¡Qué engañado que vives!
Tú mudarás de designio
cuando sepas mi intención:
Dí al jefe de ese castillo
que salga, que quiero hablarle.

Cen. Aquí llega ya el caudillo. 

Jefe. ¿QUIEN LLAMA?

EMB. Quien te estima
y desea ser tu amigo.
Alá te guarde, cristiano,
y te conserve en su gracia
los años que vivie el Fénix
en agravio de la Parca.
Más... guardando los elogios
que tu persona bizarra
se merece, porque todos
son muy dignos de alabanzas,
paso luego a proponerte
una amistosa embajada.

Jefe. Ya penetro, noble moro,
tu intención y tus designios;
di tu embajada, advirtiendo
que soy Español altivo
y tengo poca paciencia
para escuchar desatinos.

EMB. El gran sultán MOHAMED,
mi poderoso monarca,
a quien rinden vasallaje
cuantas testas coronadas,
Africa, Asia y Europa
ven en su trono sentadas;
Rey de la hermosa Sevilla,
de Cadiz, Jaen, Granada,
Córdoba, Murcia, Valencia,
Gibraltar, Ceuta y Alhama;
y, en fin, por no ser molesto,
señor de cuanto se halla
desde el pirineo helado
hasta las costas saladas
que activo el Océano lame
y el Mediterráneo baña.

A ti, valiente cristiano,
salud de envía y consagra
todas sus riquezas juntas
y todo cuanto comanda,
suplicándote que admitas
de su mano aquesta gracia,
y en recompensa conozcas
la injusticia declarada
con que ultrajando el derecho
de tu gloriosa prosapia,
a un Rey, que cautivo fue,
(CON ENERGIA)
reconozcáis por monarca.

En suma invicto caudillo,
se reduce mi embajada
solamente a proponerte
que me entregues esta plaza
con todas sus fortalezas,
sus castillos y murallas;
y en pago de esta fineza
y en nombre de mi monarca
os haré un parido honroso,
conservaré vuestras casas,
haciendo feliz tu suerte
y ensalzando tu prosapia.

Más si intentas arrogante
por una falsa esperanza
defender ese castillo
despreciando mi demanda:

Teme al poder de mi Rey,
a quien no igualó en pujanza
el gran Ciro con sus persas,
Alejandro con tan varias
e innumerables naciones
como conquistó su espada;
Cartago, con sus valientes
huestes con que osado tala
hasta las puertas de Roma,
la fértil y hermosa Italia,
y, a quien no igualó en valor
aquella soberbia garza;
Roma, en fin a cuyo solio
todo el orbe tributara
el respetuoso homenaje
que le impone su arrogancia.

Teme el rencor que me anima,
teme el fuego que me abrasa,
pues soy Nerón en la ira,
y fiero Atila en la venganza,
fuerte Pirro en el valor
y el grande Tarif, que basta;
pues solo yo puedo ser
retrato fiel de mi fama. (PAUSA)

Que, ¿No tiemblas al ver mi pecho
encendido en viva rabia?
¡Pues vive el luciente Febo!
que si un momento retardas
en entregar esos fuertes,
antes que sus lunas claras
se sepulten presurosas
en las espumosas aguas
del insondeable Océano,
he de asaltar esa plaza (FUERTE)
he de arrancar sus almenas
he de destruir sus caras,
he de incendiar sus palacios,
he de aplanar sus murallas
y he de rociar las calles
con vuestra sangre villana,
haciendo sea otra Troya
esta tarde aquesta plaza,
pues tan solo con el Etna
que exhala mi pecho en llamas,
sabré incendiaros a todos,
reduciendo esta comarca
a cenizas, que publiquen
tu desdicha y mi alabanza.

No desprecies mi propuesta,
no tardes en aceptarla,
pues cual enroscasa sierpe
que a silbos aterra y pasma;
cual sanguinario león
a quien acosa la caza,
cual foribundo tigre
sediento de sangre humana,
sabré haceros más pedazos
que la sierpe tiene escamas,
que al león pelos se erizan
y al tigre le cubren manchas.

Elige lo que quisieres;
rendirla y entregarla
sin quimeras ni disputas,
experimentar mi saña;
no confies en tu DIOS
(CON SARCASMO)
ni en tu Ley que llamáis sacra,
pues si en ella confías,
cierta será tu desgracia.

Jefe. Anda, ve, dile a tu Rey
que hago burla de tu aviso,
que desprecio tu embajada
y de su poder me río,
que me suponen muy poco
los Alejandros y Pirros,
los Romanos y los Persas,
Cartagineses y Ciros.

Ni todo el fausto pomposo
del asiático dominio;
que soy Español y basta,
y se tiene bien sabido
desde el uno al otro polo,
que el Español siempre ha sido
entre todas las naciones
respetado y aun temido.

Si esto lo enfada y pretende
conquistar este castillo,
que venga él mismo en persona
y que se traiga consigo
todo el poder de Turquía,
y podrá ver por si mismo,
que a pesar de tu arrogancia,
que si en campaña le miro,
aunque le defiendan tantos
escuadrones de morillos
como reflejos esparce
aqueste blandón lucido,
no pude dejar de ser
muerto a mi acero o rendido.

Esta es mi respuesta, moro:
si es que acaso te he ofendido
cuerpo a cuerpo, lanza a lanza,
en este campo florido te aguardo,
donde verás que se cumplir lo que digo.

EMB. ¡Mi embajada despreció!
Pues, ¿a qué espera mi rabia? (CON IRA)

No habrá quien te favorezca,
yo humillaré tu arrogancia,
yo vengaré mi desprecio
a costa de tu desgracia.

Yo reduciré a cenizas
el recinto de esta plaza;
más, ¿para qué me detengo
en discursos ni en palabras
cuando se me enciende el pecho
y el corazón se me abrasa
al ver que gente tan vil
desprecia así mi embajada?

Pues vive Alá mi profeta,
que esta tarde acreditada
he de dejar mi opinión
a costa de tu desgracia;
pues aun cuando careciera
de tanta huestes bizarras,
que por ser tantas no caben
en esta fértil comarca,
solo mi caballo y yo
éramos bastante armada
para sostener el lustre
y el honor de mi monarca;
pues cual airado león
a quien acosa la caza;
líbrico tigre que airado
esgrime sus fuertes garras,
hiena insaciable y sedienta
de derramar sangre humana
me verás trepar osado
aquesta fuertes murallas,
penetrar cual rayo airado
por sus débiles escuadras,
esparciendo por entre ellas
la muerte fiera y airada.

Y así, aquesta lo diré
(SACA LA ESPADA)
que es el terror de la España;
pues con mirarla tan solo
manejada por mi saña,
basta para confundiros
y reduciros a nada.

Ea, africanos valientes
(DIRIGIENDOSE A SUS TROPAS)
asaltar luego esa plaza,
haciendo que sus torreones,
almenas, fuertes, murallas,
palacios, jardines, templos,
con sus numerosas casas
arruinadas por el suelo,
sirvan de alfombra a mis plantas.

Y tú, valiente cristiano,
si mi vista no te mata,
en el campo del honor
mediremos las espadas.

Jefe. Basta, moro no más,
y si no te indemnizase
de embajador el nombre,
te aseguro que puede que llegase
mi cólera y furor a tanto apuro,
que entre mis fuertes y
y membrudos brazos
te hiciera, moro vil,
dos mil pedazos.

Di a esa mísera gente
que le espero,
y verás tus medias lunas
eclipsadas por el suelo.
EMB. Pues muy en breve verás
tu soberbia castigada.

Ea, fieros capitanes,
desplegad ya la batalla;
avancen los Musulmanas
con picas y cimitarras,
arrollando cuanto encuentren:
la caballería bizarra
de invencibles Mozárabes
corra toda la comarca
llevando ante sí el terror,
la muerte, el susto, la rabia.

Los valientes Mamelucos,
sin perdonar vida humana,
talen, incendien, destruyan
cuanto pertenezca a España.

Jefe. Modera locas palabras,
refrena tus locos dichos,
que la libertad se pasa
a ser una desvergüenza
muy púnible y temeraria
EMB. ¿De esa suerte a mí me hablas?
Me hablas con tal libertad (CON DESPRECIO)
porque el castillo te ampara.
Jefe. (SACA LA ESPADA)
También en medio del campo,
con la punta de la espada,
hablaré cuando tu gustes.

EMB. Pronto será.
Jefe. Ea, marcha y ven fuego,
que te espero.
EMB. Vendré a humillar tu arrogancia.
Jefe. Vendrás a ensalzar mi honor.
EMB. Vendré a vindicar mi fama.
Jefe. Vendrás a ver tu ignonimia.
EMB. Aborrezco tanto orgullo.
Jefe. Me fastidian tus palabras.
EMB. Callemos y en la ocasión
solo hablen las espadas.
Jefe. Di a los tuyos: ¡Guerra, guerra!
Di a los tuyos: ¡Arma, arma!
FIN

EMBAJADA DEL CRISTIANO
ARENGA
EMB. Valientes, allí está la noble villa,
la tierra madre, la querida patria.
Villena fiel, de la pantera mora
sufriendo triste, la opresora garra.
Vedla... y llorar. No en mengua de sus hijos
puso allí el moro, su atrevida planta.
Defendiéndola el cristiano, mientras tuvo
sangre en las venas, y en las manos armas.
Pero el Cielo, sin duda, probar quiso
nuestro valor, y nuestra fe cristiana
castigar pecados de la gente
que esos muros fortísimos guardaban.
Prometamos a Dios, nobles cristianos
la enmienda de las cometidas faltas.
Imploremos la ayuda de la Virgen.
También en don divino de su gracia.
Y —el pecho me lo anuncia— acaso hoy mismo
castiguemos del moro su arrogancia.
Rescatemos la villa de Villena
para gloria y honor de nuestra Patria,
seamos pronto los dueños de esos muros
y la Historia hablará de nuestra hazaña.
(Enérgico) Pero es preciso para ello
que la esfinge de Mahoma
en mil girones, del castillo caiga
y que la cruz del Salvador domine
como signo de paz en la comarca.
¡Cómo late mi pecho! Al fin te miro
Oh, villa, donde transcurrió mi infancia.
Donde, por vez primera, los cantares
lance, de amor, en las serenas auras
y con la paz apacible los oyeron
donceles, pastores, y zagalas.
Donde por vez primera, al Cielo santo
aprendí a dirigir tiernas plegarias.
Donde por vez primera, a llamar Madre,
a María, mi madre me enseñaba.
A María, patrona de Villena
de estrellas y pureza coronada.
¡Salud, villa querida! Dios consienta
que en tus bellos vergeles y enramadas
pueda vivir en mi vejez caduca
libre mi pecho de zozobra y ansia.
No quiero ver la luna en tus almenas.
Quiero verte feliz, rica y ufana
buenos amigos, y un hogar humilde
en tu recinto, a mis deseos bastan.
Más... siento entercerme, y ¡por mi nombre!
que ésta no es ocasión de quejas blandas,
sino el noble ardor que desconcierte,
a esa brava falange musulmana.
Pidamos pues, que nuestro Dios conceda
fuerza de convicción a mis palabras
y que, sin luchas, ya por fin echemos
de ese fuerte, a las huestes mahometanas.

CENTINELA Y JEFE MORO EN EL
CASTILLO
EMBAJADOR CRISTIANO, MONTADO.
EMB. Toque llamada el clarín a esa chusma y vil canalla
(TOCA Y CONTESTAN DEL CASTILLO)
Supuesto que contestaron,
toquen segunda llamada,
y sepan que de Isabel
llegó el día de la venganza.
(REPITEN LOS CLARINES) (PAUSA)

¡HA DEL CASTILLO!
¡HA DEL FUERTE!

CEN. ¿Quien vive?
EMB. ESPAÑA
CEN. ¿Qué pretendes, cristiano?
EMB. Vengo a dar una embajada
al jefe de ese Castillo;
avísale, dí que salga.

Cen. ¿Aún insistís, infelices,
en oportunas demandas?
¿Aún no estáis desengañados?
¿Aún queréis pruebas más claras,
testimonios más patentes
del poder de nuestras armas?
Confesaos inferiores;
humildad vuestra arrogancia;
deponed vuestra soberbia;
cese ya tanta jaztancia;
buscad otro dominio,
que en VILLENA no hay entrada,
pues necios la despreciasteis
cuando con paz se os brindaba;
vuestra inicua resistencia
ha sido fomento y causa
para que halláseis de VILLENA,
las puertas siempre cerradas.

EMB. No es tu misión, centinela,
más que pasar la palabra;
cumple con tu obligación
si sabes las ordenanzas.
Dí al jefe de ese castillo
que le espero,
a voces altas
yo mismo le llamaré, (PAUSA)
¿Qué respondes, dí que aguardas?

Jefe. No te impacientes, cristiano,
y mira que la desgracia
va en pos de todos vosotros.
No es tiempo ya de esa insana
e infautada altivez;
sí de venerar las altas
vencederas medias lunas
y banderas otomanas.

EMB. Es verdad, pero al vencido
nunca, señor, se le trata
ni menos se le recibe
con tal desprecio, la España
trata a los embajadores
como personas sagradas,
y como tales les mira;
no un centinela, el monarca
es quien le recibe afable,
les venera y agasaja.
A más de esto, mi impaciencia
procedía y divanaba
del deseo que tenía
de ponerme a vuestras
y cumplir mi comisión.

Jefe. Dila, pues, pronto.

EMB. Escuchadla, (PAUSA)
Doña Isabel, Reina augusta,
que justamente domina,
en uno y otro hemisferio
por sus rápidas conquistas,
dueña y señora
de las fértiles provincias
que bañan del Turia y Ebro
las corrientes cristalinas
y de los que riegan Tajo,
Guadiana y Duero en Castilla.
A tí, capitán valiente,
con su gracia te convida
y un partido te propone
en tu fortuna estriba.
Tú, noble moro, bien sabes
cuán sin razón ni justicia
ha usurpado tu monarca
esta desgraciada Villa.
Bien conoces que no puede
la majestadad ofendida
mirar con indiferencia
ésta tan grande ignominia;
y así, para castigar
tan temeraria osadía,
vienen marchando sus tropas
causando estragos y ruinas;
más... antes que el fiero Marte
los campos en sangre tiña,
lamentando sus horrores
la humanidad afligida,
mi generoso monarca
en tu prudencia confía;
le entregarás esta plaza
con los fuertes y la villa,
teniendo vuestras personas,
bienes, casas y familias,
bajo tu protección,
benigna y grata acogida.
Más si imprudente desprecias
el favor con que te brinda,
te prometo en su real nombre
que has de llorar tu ruina.
Teme el valor de sus tropas,
pues cual foribundas hidras,
van vomitando venganza,
estragos, crueldades e iras.
Mira nuestros escuadrones,
terror de la berbería;
fieros leones armados
de militares insignias;
mira su tren formidable
que prepara tu ruina
al fuego devorador
que aborta su artillería.
Los invencibles soldados
que mi reina me confía,
vienen todos inflamados
de una rabia vengativa;
repara bien que si aguardas
a que furiosos embistan,
ese brillante planeta
que a todo el mundo ilumina,
no habrá visto en su carrera
tan cruel carnicería.
Valiente, no; temerario
sarás si bien lo meditas,
que donde falta prudencia
no cabe, la valentía.
Esto es, bajá, a lo que vengo
y a lo que Isabel me envía;
si quieres que a tu vista
trepe mi gente al asaltó
y todo sea ruía.
No lo dudes, pues me ampara
la protección de MARIA
de las VIRTUDES GLORIOSA,
nuestra MADRE BENDECIDA.

Jefe. Con gran prudencia, cristiano
oí tu embajada altiva,
dictada por la arrogancia
más que por la valentía;
mucho pudiera decirte
en respuesta a tu osadía,
más tengo poca paciencia
para escuchar injusticias.
Di a tu Reina no sea loca,
que de su empresa desista,
que el crédito de las armas
a la mayor igominia
expone, si osada intenta
de esta plaza la conquista;
que no temo su poder
ni sus fuerzas me intimidan,
que hablar poco y obrar mucho
en la mayor valentía;
ni su furor ni pujanza,
ni su rencor ni osadía
me hará apartar de mi ley
ni obligarme a que desista
de cumplir con mi deber
y defender mi justicia.
Dile, en fin, que soy soldado
y sabré arriesgar mi vida
en defena de mi Rey,
de su trono y monarquía;
y supuesto que me amenazas
con que esta verde campiña
ha de horrorizar al mundo
de sangre mora teñida,
dile que en campaña le espero,
donde verás abatida
y avasallada a mis pies
toda su soberanía.
Y tú, valiente cristiano,
si mi respuesta te irrita
y con soberbia arrogancia
a satisfacer aspiras,
cuerpo a cuerpo,
lanza a lanza,
te espero en esta colina.
Entra conmigo en combate
y pronto verás vencida
por mi irresistible acero
tan temeraria osadía.
Esta es mi respuesta en suma;
si prudente la meditas,
admitiendo mi consejo
evitarás tu ruina,
más.. si osado la desprecias
y ciego te precipitas,
te verás en brebes horas
sepultado en tu ignominia;
válete de la prudencia
y tu ejército retira,
no des lugar a que airado
en vista de tu osadía,
saque mi gente a campaña
y experimentes mis iras.
Pues, ¡Vive Alá!, que mi brazo
(SACA LA ESPADA)
armado de esta cuchilla,
es capaz de devorarte
y reducirte a cenizas;
y así sabe que desprecio
tus amenazas altivas,
porque sé que muchas veces
la arrogancia es cobardía.

EMB. Supuesto que tan soberbio
mis ofertas desestimas,
yo te juro por mi nombre,
por mi patria y ley divina,
que antes que se oscurezca
he de asaltar esta villa (FUERTE)
he de arrancar sus almenas
he de incendiar la campiña,
y si a las manos llegamos
verás tu altivez rendida,
esta plaza restaurada,
mi gloria restablecida,
triunfante la cristiandad
y abatida la morisma.
No fies de tu poder;
antes que termine el día
ha de ser Troya esta plaza
y a cenizas reducida:
no blasones de arrogante,
pues soy Nerón en la ira
y con esta noble espada
que a mi lado ves ceñida
sabré haceros conocer
del Español la osadía;
el sol se oscurecerá,
la luna, verás no brilla,
casas, palacios, jardines,
usurpados a mi Reina,
hoy las has de ver rendidas.

Jefe. Pues en campaña te espero
no experimentarás mis iras.

EMB. Yo castigaré tu audacia
vertiendo tu sangre indigna
y de cuantos te acompañan,
pues mi corazón palpita
en furor, veneno e ira;
toda esta brillante plaza
pronto verás convertida
en estragos que publiquen
mi furor y tu osadía,
pues la llama de mi pecho
es tan ardiente y activa,
que, cual volcán, desde luego
os convertirá en cenizas.
(PAUSA)
¿Quieres, pues, verlo? ATENCION
Al arma, al arma milicias;
fórmense los escuadrones y
al fuerte al momento embistan,
rompa el tambor
toquen marcha
las cornetas que horrorizan,
y dividanse en guerrillas;
marche la caballería
arrollando cuanto encuentre;
avance la infantería
hasta que todo se rinda,
para que no quede rastro
ni indicio de la morisma.
Animo , ánimo, Españoles,
pues nos ha llegado el día
de recobrar nuestra fama
con tal gloriosa conquista.

Jefe. Sella tu labio, y no tan
presumido des por hecho
lo que la suerte de las armas
ha de dar por decidido:
vuestra fatua arrogancia
me lo ha enseñado.

EMB. Yo apoyo mi arrogancia en
Jesucristo.

Jefe. Es un falso profeta.

EMB. ¡Ah, blasfemo! teme
los castigos de su poder
invicto e insuperable.

Jefe. Al arma, al arma,
soldados mios,
y experimenten los cristianos
de nuestro acero el agudo filo.

EMB. Valientes campeones:
¡VIVA ESPAÑA!
y defendamos la Fe de
Jesucristo.
FIN
Extraído de la Revista Día 4 que fuera de 1987

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