1991 LOS HOMBRES PASAN, LA FIESTA PERMANECE por LUIS R. NAVALÓN MARCOS

Me encuentro recordando los días en que no salía de festero y cómo desde un asiento en La Corredera sufría lo indecible por no participar en la Fiesta. Me vienen a la mente imágenes y sensaciones de cuando acompañaba a mi amigo, Juan Ginés, que era cabo infantil de los Moros Viejos. Iba a buscarlo, y él, flamante con su traje, su turbante con su pluma y su gumía, salía de su casa. Le acompañaba en el trayecto hacia La Losilla, pero al llegar a la calle Baja, algo me retenía, era una sensación extraña, como si fuese a franquear algo sagrado, el sitio donde se reunían y salían los festeros. Recuerdos de cómo, por mediación de mi primo que había salido en la carroza de pequeño, y mi tía que compró las telas sin que se enterase mi madre, me vi saliendo de Moro Nuevo. A esas alturas a mí me daba lo mismo de qué hacerlo; yo lo que quería era salir.
Mis primeros años en la Comparsa y mis primeras vivencias. Los cuadros de Antonio Valor y «Caratorta», desconocidos para mí pero entrañables para mi Comparsa. El Cabo de ésta en mis primeros años, Pedro Palao, y sus incomparables «abanicos» del día 6, todo él lleno de presteza y elegancia. Sus miradas a los balcones, sus movimientos con la gumía en la mano izquierda. El año que salió "EL PLANCHAO". No sabía yo que aquel hombre hubiese sido Cabo de mi comparsa. Hombre de un estilo distinto, altivo y serio al que me hubiese gustado ver en los años de su plenitud. Y otro cabo, conocido por mí porque fue vecino de mi barrio, el gran Paco Moya. Cabo de origen alcoyano, de una maravillosa majestuosidad, al que recuerdo al frente de los Escorpiones con esa parsimonia llena de cadencia y ritmo. Me viene el recuerdo de aquella Entrada en la que Paco, desde el balcón de su casa, estando ya gravemente enfermo, y vestido de moro nuevo, nos saludaba al pasar por delante de él y nosotros, claramente emocionados, levantábamos nuestros picos. Estoy seguro que donde esté cada día 5, y a los sones de «Llanero y President», cogerá la gumía y se pondrá al frente de una celestial escuadra.
Evoco también la emoción de mi primera cabalgata como cabo. Llegué a la altura de «Casa Angelica» y al ver las tribunas llenas de gente pensé... ¿dónde me he metido?, mucha la responsabilidad y muchas las ganas de agradar. Suerte que poco a poco vas ganando sitio y haciéndote con la situación. El primer golpe de timbal del día 5, glorioso y a la vez gratificante, toda vez que piensas que gracias a Dios un año más vuelves a estar en tu sitio y con los tuyos. Desfilar el año pasado por debajo del balcón donde estaba el que tantas veces había ido delante, el homenajeado por los cabos ese año, Pedro Palao, saludarlo y verlo contento y agradecido. Más saludos emotivos, mi mujer, mi familia, mis amigos y el saludo entrañable al número uno de mi Comparsa en el balcón de la «Rosa de Oro», contemplándolo orgulloso y emocionado.
Ver cómo uno cubre etapas y observar cómo, en la mañana del día 6, los críos vienen detrás con fuerza y ganas. Me hace pensar que todo tiene un principio, un recorrido y un final. En el ocaso y desde lo más alto siempre se ha de tener la seguridad de que los hombres pasan y la Fiesta permanece.
LUIS R. NAVALON MARCOS
Extraído de la Revista 10 aniversario de los Cabos de Villena de 1991

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