La -s final de la palabra en el habla de Villena.
Mercedes López Tortosa
Este artículo ha sido extraído de un trabajo universitario realizado por mí misma en el último año de carrera —Filología hispánica— dentro de la asignatura Sociolingüística española, dirigido por el villenense Don Francisco Gimeno Menéndez, catedrático de Historia de la Lengua en la Universidad de Alicante. En dicho estudio pretendía mostrar un aspecto característico y peculiar para todos nosotros en el hablar villenero, la aspiración de la -s final de palabra, según diferentes edades y sexo. Aunque la extensión de éste era excesiva para poder resumirlo en estas páginas, he decidido que lo más conveniente sería presentar lo que formaba el corpus central del trabajo. Quiero agradecer, por otro lado, su participación a todas las personas que han colaborado y a José Fernando Domene Verdú por la atención prestada.
El habla de Villena pertenece al dialecto murciano y presenta influencias aragonesas y valencianas llegadas durante los primeros años de la Reconquista (1). García Soriano, en la introducción a su Vocabulario del dialecto murciano, publicado en el año 1932, señala la influencia no sólo valenciana sino también aragonesa que presenta el mismo. También nos encontramos con el influjo del dialecto andaluz del que se conoce su elisión de la s, cuestión que nos incumbe.
Un rasgo fundamental del habla de Villena es la aspiración de la s, siguiendo un proceso que consta de dos fases. Primero se convierte en un sonido sordo, fricativo, laríngeo, y posteriormente desaparece. El dialecto murciano ha registrado la primera fase, así como el habla de algunas localidades castellano-hablantes que rodean a Villena (como Sax, Caudete o Yecla). Pero en Villena también se registra la segunda fase del proceso, la desaparición total de la aspiración, siguiendo la norma de que las influencias fonéticas se extienden primero a las ciudades más grandes mientras que los pueblos pequeños y las zonas rurales son más conservadores.
Máximo Torreblanca realizó su tesis doctoral en el año 1971 (publicada en 1976) sobre el habla de Villena y Sax, localidad limítrofe a la nuestra, titulada Estudio del habla de Villena y su comarca, en la que trata la cuestión de la consonante implosiva -s en las páginas 133 a 158, entre otras cosas.
En cuanto a la aspiración de la -s final de sílaba dice que tiene una amplia difusión geográfica, extendiéndose este fenómeno, según el ALPI —Atlas Lingüístico de la Península Ibérica—, a toda la zona de Murcia y Albacete. Parece ser que fue en el bajoaragonés el primer lugar en el que comenzó a debilitarse la sibilante. Por otro lado, los estudios realizados sobre algunas localidades murcianas y albaceteñas indican que la s aspirada es, por lo general, sorda incluso ante consonante sonora. Los mapas del ALPI, señalan que la aspiración es sorda ante consonante sorda. Ante consonante sonora, la aspiración también es sorda en la provincia de Murcia, con ensordecimiento de la consonante siguiente; en la de Albacete, el ensordecimiento no simple ocurre. Sin embargo, y por desgracia, Villena no está incluida en el LP!, por lo que no tenemos datos anteriores sobre el habla de Villena.
También ha tratado Torreblanca la cuestión de la debilitación articulatoria de la s. Los estudios de la lengua realizados sobre la información que aporta las distintas partes de la palabra nos indican que es el principio de ésta, y no el final, el que más datos contiene, al tener algunos idiomas, como el inglés, más cantidad de información en la primera parte y por ser mayor el número de fonemas que en la segunda. Por eso los fonemas se pierden a final de palabra.
Sin embargo, en castellano el número de fonemas silábicos es el mismo en posición inicial, media o final. En cambio, el número de fonemas asilábicos o consonánticos es mayor al principio y en el centro que al final de la palabra. Ahora bien, algunas partes de las mismas contienen más información que otras por lo que si dentro de un sintagma aparece una misma función informativa varias veces, se puede eliminar por economía del lenguaje. Así que, según Coseriu (2), la debilitación articulatoria de la s comenzó, con toda seguridad, en el plural del artículo. Si ocurrió así es posible que a continuación de este cambio fonético se perdiera la s indicadora del plural en los determinantes del sustantivo, en los determinantes verbales dentro del sintagma verbal, etc.
En cuanto a la s ante consonante sonora opina Tomás Navarro Tomás (3) que la s implosiva es sonora si va seguida inmediatamente por una consonante sonora. Se han recogido pronunciaciones de s sorda en dicha posición, sin que se indicase si la falta de sonoridad era debida a una mayor lentitud del discurso o a un aumento de la tensión articulatoria. Para Navarro Tomás esta asimilación progresiva debería ser automática en el habla normal.
Existen dos teorías diferentes sobre el ensordecimiento de las sibilantes sonoras medievales. Por un lado, se dijo que la pérdida de sonoridad fue resultado de un ablandamiento articulatorio y por otro que el ensordecimiento de las sibilantes fue ocasionado por la actuación de un sustrato. Sin embargo, nos encontramos con dos tendencias opuestas: la posibilidad de asimilación progresiva, ante consonante sonora, frente a una debilidad articulatoria o un sustrato que impedirían la sonorización.
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1. José Fernando Domene Verdú «Influencia aragonesa en el habla de Villena», Villena revista anual, n.º 33, 1983.
2. Emilio Coseriu, Sincronía, diacronía e historia, El problema del cambio lingüístico, Gredos, Madrid, 1973,
3. Tomás Navarro Tomás, Manual de pronunciación española, CSIC, Madrid, p. 108.
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En la lengua española se ha comprobado que algunos sonidos, al debilitarse, se ensordecen, como ocurre, por ejemplo, en Andalucía con la -d final de palabra, ante pausa. Incluso los sonidos oclusivos pueden ensordecerse en posición implosiva. En catalán, las consonantes b, d y g se ensordecieron al final de palabra, fuesen o no seguidas de pausa al igual que en otras lenguas europeas, como en alemán o ruso, o la -d en francés.
Puesto que en la lengua castellana es posible articular una s sonora, en posición implosiva, según Torreblanca, parece poco probable que esta misma consonante, en posición explosiva, haya podido ser ensordecida por un «ablandamiento articulatorio y por otra parte, no se sabe si sigue en funcionamiento un sustrato capaz de impedir la sonorización de la -s, ante consonante sonora.
Por último decir que para Navarro Tomás (4), la sonorización contemporánea de la -s es el resultado de una producción articulatoria, en cuanto que una pronunciación lenta o enfática permite la conservación de la sibilante. Así que la misma causa puede tener efectos opuestos.
Torreblanca trató la cuestión de la -s de final de palabra lo que nos interesa enormemente. Por ello es necesario conocer el estudio realizado por este villenense sobre dicho tema y que nos ayudará a entender mejor el proceso de aspiración de este fonema_ Nos dice que la caída de la sibilante fue el resultado de una debilitación articulatoria, apareciendo las primeras manifestaciones de este proceso fonético al final de palabra, parte, como ya se ha dicho, considerada la menos informativa, lo que contribuye a un desgaste fonético. Y es que la -s final absoluta puede realizar una función significativa redundante como marca del plural, o sea, que la debilitación de la -s en posición implosiva se inicia en los plurales.
Al debilitarse, la sibilante fácilmente puede asimilarse a los sonidos contiguos al perder su propia articulación oral. Dos son los tipos de asimilación que distingue Torreblanca: la regresiva, que ocurre generalmente en el interior de morfema (Lázmal [ám: a], asma) y la progresiva que es más frecuente al final de la palabra, ante pausa [mes] > [mé:], mes).
En el habla de Villena, la asimilación progresi4 sucede ante una consonante de la palabra siguiente y la regresiva tiene lugar únicamente en el interior de la palabra. De hecho, una -s implosiva, ante la misma consonante puede dar resultados distintos en el interior y al final de la palabra, diferencia condicionada por la estructura gramatical.
Torreblanca realiza una aclaración y es que la asimilación regresiva tiene una base fonética. Si un sonido implosivo pierde su lugar o su modo de articulación, puede anticipar, en el discurso, el lugar o el modo de articulación de la consonante siguiente.
Dice, por otro lado, que cuando la s del artículo ocurre en posición implosiva ante una palabra que empiece por consonante, si la evolución estuviese condicionada exclusivamente por le fonética, la sibilante debería asimilarse a la posterior consonante, del mismo modo que lo hace en interior de palabra. Pero no encuentra Torreblanca en el habla de Villena actual estas formas y es posible que nunca hayan aparecido.
Cree que la asimilación regresiva no llegó a ocurrir realmente o que si lo hizo fue de una manera relativamente débil aunque, de todos modos, las diferencias en la evolución de la -s, ante la misma consonante, han de tener una causa. Para Máximo Torreblanca «hubo en el habla villenense, una fuerte tendencia a la independencia fonética de la palabra, dentro del sintagma, que impidió totalmente la asimilación regresiva, o que impuso la asimilación progresiva, tras un período de vacilación» (5).
No ha encontrado ninguna prueba que demuestre que la independencia fonética exista en el castellano culto y supone que si hubieran existido en el habla villenense antigua, cuando se estaba desarrollando el proceso de la debilitación de la -s final, semejantes hábitos a los habidos en la lengua española, los resultados habrían sido diferentes. Quizás esta tendencia existiese con anterioridad al periodo de debilitación o que en el castellano antiguo si se utilizase, lo que explicaría que en algunos dialectos españoles sí se conservase dicha independencia fonética aunque vacilante.
Lo que se muestra a continuación es un pequeño estudio sobre la aspiración de la -s y desaparición de la aspirada (-h) final de palabra en el habla de Villena, según la edad y el sexo de un número restringido de habitantes.
Para recoger la fonética, se han realizado grabaciones de varios hablantes representativos del habla de esta localidad, y más concretamente ocho: cuatro jóvenes -dos chicos y dos chicas comprendidos entre la edad de 20 y 30 años- y cuatro adultos -dos hombres y dos mujeres entre 45 y 60 años-, es decir, diferentes sujetos informadores según edad y sexo.
Dos han sido las grabaciones efectuadas a cada uno de ellos, una familiar y otra formal. En la primera, que fue realizada individualmente a cada uno, se les indicó y explicó la finalidad de la misma: elaborar un estudio sobre el habla de Villena sin indicar nada más al respecto para no revelar el objetivo concreto de la investigación. En cada ocasión se situaba la grabadora a cierta distancia del sujeto informador para no presionarle -podría haber cambiado su modo de hablar hacia un registro más culto- y olvidar la presencia del aparato, mientras se dialogaba sobre el tema seleccionado: las fiestas de Moros y Cristianos de Villena. Fue este el tema escogido por tener todos los entrevistados suficientes conocimientos, comunes a todos ellos, sobre el mismo y también por el desarrollo que presta la conversación del mismo y la familiaridad que ofrece a los hablantes, preguntándoseles sobre el número de comparsas, trajes, desfiles más importantes.
En la segunda grabación, realizada varios días después, se les presentó a los sujetos informadores la situación: se deberían dirigir al alcalde de nuestra ciudad imaginándose la presencia del mismo ante ellos para comentarle el asunto de la problemática de la juventud en Villena (lugares de ocio, alcohol,...) cuestión muy de moda en estos últimos meses. Además, para presionar más al entrevistado se colocaba la grabadora a varios centímetros de distancia de la boca.
Por último señalar que de cada individuo entrevistado se ha rellenado una ficha sociológica para conocer ciertos datos personales que pudieran haber sido relevantes en los resultados obtenidos y, por consiguiente, en las conclusiones.
A continuación, antes de comentar los resultados de los índices de frecuencia realizados de cada entrevistado, he elaborado unos cuadros en los que se puede apreciar el número de veces que aparece la -s, el número que se aspira (-h) y el que desaparece (0). (Figuras 1-81:
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4. Tomás Navarro Tomás, op. cit. 3, p. 108.
5. Máximo Torreblanca, Estudio del habla de Villena y su comarca, Instituto de Estudios Alicantinos, 1376, p. 153.
6. Máximo Torreblanca, Estudio del habla de Villena y su comarca distingue tres posiciones: interior de morfema, final del prefijo y final de palabra, p. 135.
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Visto ya el número de veces que aparece la -s, se aspira y desaparece la aspirada en todas las grabaciones realizadas comentaré el modo de obtención del índice de frecuencia para que el comentario que se presenta a continuación se entienda con más claridad.
Tras haber transcrito fonéticamente todas las grabaciones efectuadas, fueron contadas, a final de palabra, todas las s, las aspiraciones y los lugares en los que este fonema desaparecía (fonema O), en cada una de las transcripciones fonéticas.
Por otro lado, al fonema -s, a la -h (símbolo de la aspiración) y al fonema O (me refiero a cuando la -s se elide por completo al haber desaparecido también la aspirada) se les asignó un valor, dada su evolución:
Es decir, se multiplicó el número de -s aparecidas al final de palabra, el de veces que se aspiraba y el que desaparecía dicha aspiración por el valor concedido a cada una en concreto para a continuación, después de haber sido sumados los tres resultados, dividirlos entre el número total de casos (suma global de -s, -h y 0 encontradas en la transcripción fonética). Este proceso se realizó en cada una de éstas, pertenecientes a cada grabación realizada.
Según el resultado obtenido, se podrá hablar del grado de evolución fonética de la -s al final de palabra. Cuanto más se aproxime el resultado al valor 3 querrá decir que el número de -h desaparecidas será mayor. Si está entorno al valor 2, se habrá aspirado. El índice de frecuencia, conforme vaya descendiendo, indicará que la presencia de -s final aumenta en el habla de cada uno de los sujetos informadores seleccionados.
Pues bien, los resultados de mi investigación han sido los siguientes:
En el plano familiar tanto en los jóvenes como en los adultos se observa un alto número de aspiradas (-h) desaparecidas en las dos grabaciones realizadas para cada grupo: para los hombres el índice de frecuencia es de 2,85 y 2,86, para las mujeres el índice es de 2,76 y 2,81, y 2,67, 2,60 y 2,74, 2,82 para chicos y chicas respectivamente (fig. 9). Lo que resalta es el hecho de que sean los chicos los que elidan menos la -s, aunque la diferencia es mínima respecto a los otros encuestados. Quiere decir esto que este fenómeno en Villena no escapa a nadie y afecta a todo el mundo, aunque debemos tener en cuenta a lo largo de todo el comentario que el número de entrevistados no es muy alto, por lo que la información obtenida puede variar de uno a otro sujeto informador.
La -s no sólo se aspira al final de palabra sino que al desaparecer la aspirada en la mayoría de los casos conlleva la abertura de la vocal precedente, o sea que al desaparecer la -h implosiva se produce un alargamiento de la vocal siguiente para indicar si la palabra está en plural o no (Ej.: los moros lo : moró : /).
Por otro lado, en la segunda grabación, de carácter más formal, se aprecia ligeramente un cambio en el habla de los sujetos entre 45-60 años respecto a la anterior —la realizada con más familiaridad—. El índice de frecuencia, en este caso, es de 2,28 y 2,37 para los hombres y 2,76 y 2,60 para las mujeres (fig. 101, lo que nos indica que pese a que en los hombres aún encontramos un índice elevado de desaparición de la aspirada 1-hl al final de palabra (7) éste es menor que el de las mujeres que se mantiene prácticamente igual que en el plano familiar, Levemente se ha variado el modo de pronunciar la -s, pues en un caso, de 32 veces que aparece las -s implosiva 19 no lo hace y en otro individuo de 32 no aparece 22, en el caso de los hombres (fig. 1 y 2). En el de las mujeres de 38 se elide la aspirada 27, por un lado y por otro, de 66 desaparece la aspirada en 53 ocasiones (fig. 3 y 41. Así pues, remarcamos el hecho de que sea aún mayor el número de apariciones de -s en hombres que en mujeres, debido posiblemente a que las mujeres no tengan el mismo nivel sociocultural que los hombres y sea éste algo menor.
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7. Recuérdese que la -s final de palabra sufre un proceso evolutivo. En primer lugar, este fonema se convierte en una aspirada, posteriormente ésta desaparece (-s -h O).
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En cambio en los jóvenes entre 20 y 30 años el índice de frecuencia está muy igualado tanto en los chicos como en las chicas: 1,85 y 1,94 ; 1,8 y 1,78 (fig. 10), al aparecer 15 veces de 34 y 22 de 50 en el caso de los chicos (fig. 5 y 6), y 27 de 55 y 25 de 50 en el de las chicas (fig. 7 y 8), lo que me permite afirmar que esta analogía se deba al hecho de que el nivel sociocultural de las jóvenes esté igualado al de los chicos, como nos muestra el índice de frecuencia que nos indica que el uso de -s implosiva es mayor que en los casos anteriores, siendo la situación diferente al de las generaciones precedentes en las que la aspirada se elidía en mayor número de ocasiones. Aparte se ha observado que el grado de aspiración de la -s al final de palabra —no digo desaparición— tanto para unos como para otros es mayor que el de los adultos. Quizá se deba al intento de producir la -s sin llegar a conseguirlo y de ahí que aparezca la aspirada, en un ámbito más formal. Llama la atención que los jóvenes pronuncien la -s aspirada más que los adultos. Esto corrobora que la desaparición de la -s es un fenómeno que está muy asentado en el habla de los villenenses y, aunque se intente pronunciar la -s, como en el caso de los chicos y las chicas, no se consigue, y el resultado que se obtiene es la pronunciación de una aspirada en vez de una -s.
Por último, en la tabla correspondiente a la figura 11 podemos observar el tanto por ciento de la aparición de -s, de la aspiración y de la desaparición de la misma, tanto en el plano informal como en el formal, según sexo y edad, pudiendo comprobar las semejanzas y diferencias comentadas anteriormente. Esta gráfica representa el tanto por ciento de aparición de la -s tanto en un discurso formal como informal. A continuación, la tabla de la figura 12 muestra, igualmente, el tanto por ciento, de aspiraciones de -s.
CONCLUSIONES
Este fenómeno, el de la aspiración de la -s, típico de todos los hablantes meridionales castellanos, es uno de los rasgos característicos, entre otros, del habla de Villena y tiene su origen en el dialecto murciano y, a su vez, en Andalucía oriental, que es desde donde realmente irradia este fenómeno, que se fue extendiendo hacia el Norte, comenzando por los centros urbanos más grandes y desarrollados, mientras que los más pequeños son más conservadores. Así ocurre en nuestra comarca y, mientras Villena está impregnada de esta influencia andaluza en el caso de poblaciones colindantes a ésta, como pueden ser Caudete o Sax, la aspiración de la -s no está tan asentada como lo está en nuestro caso. Es un principio general en Dialectología que las influencias lingüísticas se extiendan primero a las ciudades más grandes y después a las más pequeñas y a las zonas rurales, lo cual se cumple y se comprueba en el caso de Villena y los pueblos de su alrededor, de habla castellana como las ya citadas Caudete y Sax.
Ya Máximo Torreblanca, en su estudio mencionado anteriormente, hace notar que en Sax «la pérdida de la sibilante está iniciándose» (8), sin llegar a ser un fenómeno que caracterice a esta localidad vecina. Según éste eran los hablantes poco cultos, los que habían viajado más o los que tenían una relación directa con Villena los que relajaban la -s con más frecuencia.
Sin embargo, en este breve trabajo realizado sobre dicho fenómeno en la ciudad de Villena vemos, teniendo en cuenta que los resultados obtenidos pueden variar al no ser la cantidad de sujetos informadores muy elevada, que en el habla familiar la aspiración de -s y la posterior desaparición de la aspirada es elevadísima tanto en hombres como en mujeres de diferentes edades, con lo que se ve cómo está arraigado el fenómeno entre los habitantes de nuestra localidad.
Pero ya no en un plano familiar sino formal, las mujeres respecto de los hombres hacen desaparecer la aspirada al final de palabra en un mayor número de ocasiones debido, en cualquier caso, a la situación sociocultural de las mismas, En cambio, en los chicos y las chicas entre sí la diferencia no es tan palpable, es decir, no se aprecia distinción alguna en el modo de pronunciar la -s implosiva final de palabra en un contexto formal entre los jóvenes villeneros.
La desaparición de la aspirada es muy importante, lingüísticamente, para el castellano porque modifica su fonología y morfología. En la fonología supone la aparición de tres vocales abiertas más para expresar el plural en sustitución del morfema -s. Con ello el sistema fonológico o vocálico no constaría ya de cinco vocales sino de ocho: las cinco normales (a, e, i, o, u) más las tres abiertas (a, e, o). Morfológicamente supone la expresión del plural mediante esas vocales abiertas en vez de hacerlo con el morfema -s.
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8. Máximo Torreblanca, op. cit., nota 5, o. 139.
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BIBLIOGRAFÍA
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Extraído de la Revista Villena de 1998