CINCUENTA AÑOS DE MOROS REALISTAS. Alfredo Rojas Navarro
La llegada a un aniversario, y más todavía si éste tiene la importancia que cincuenta años evidencian, siempre es motivo más que suficiente como para volver la vista atrás, rememorar lo sucedido en el transcurso de tan dilatado plazo y realizar un balance del resultado de lejanos propósitos. A todo ello, y a la previsora idea de dejar fijados datos y avatares para evitar que puedan caer en el olvido y perderse para siempre, se debe esta croniquilla, que intenta reflejar la andadura de los Moros Realistas a través de su medio siglo de vida.
Hay más, sin embargo. Estas páginas son, o al menos pretenden serlo, homenaje a una asociación festera ejemplar y testimonio de admiración por las virtudes que los Realistas han puesto de manifiesto a través de los años. El que esto escribe no puede olvidar la atracción que, en su niñez, ejercía sobre él la Comparsa por la brillantez de su atuendo, ni la que siente hoy ante la perfección con que efectúa sus desfiles. Aunque, bien mirado, no puede tornarse este juicio como válido. En Villena nadie puede ser notario fiel y objetivo del acontecer festero ni de sus múltiples manifestaciones. Todos tomamos partido y todos nos apasionamos, positiva o negativamente, ante la Fiesta y la complejidad de sus aspectos. Y por muchos años que sea así. Porque la pasión. tome forma de admiración ciega, o incluso de airada repulsa, es garantía de que las instituciones festeras han de seguir vivas y pujantes durante muchos años.
No se puede hablar de los Moros Realistas de VI-llena, y menos aún puede hacerse historia de esta Comparsa sin tener que referirse, forzosamente, a Joaquín Cortés, fundador de los Realistas, alma de la Asociación a través de su larga existencia y festero activo hoy, a sus setenta años, en las filas de la Comparsa. Que, por cierto, es la tercera en la que interviene, puesto que actuó como Marinero en su infancia y figuró después en los Tercios de Flandes. Él fue, no obstante, con otro villenense llamado Enrique Guillén, que vivía en la calle de San Antón, y dos alcoyanos cuyos nombres se han perdido y que trabajaban entonces en Villena, en la fábrica de molinería de José Molina, los que tuvieron la idea de crear una nueva Comparsa en el año 1928.
Un grupo do Moros Realistas en los primeros años de su existencia. Decididos los cuatro a materializar su idea, encargaron a alguien que trajera de Alcoy, fuente de tantas iniciativas festeras villenenses, como a su vez nuestra Fiesta lo ha sido asimismo en multitud de circunstancias, unos dibujos o diseños de los trajes alcoyanos para adoptar uno de ellos. A su vista, uno de los alcoyanos votó por los Cordoneros, mientras que el otro manifestaba su preferencia por los Berberiscos. Se decidió Cortés por el traje de los Realistas; y Guillén dijo que se sumaba a Cortés, no importaba cuál fuera la preferencia de éste. Y la cuestión quedó zanjada de Inmediato: Realistas serían los nuevos festeros villenenses.
Empezaron los cuatro sus gestiones para engrosar la exigua cifra que componían. A Faustino Alonso Gotor debemos la fotocopia de un curioso documento en el que se efectúa la solicitud al Ayuntamiento para que permita la aparición de la nueva Comparsa al año siguiente. Y como curioso lo apostillamos porque lo encabeza y firma Paulino Pastor García, al que nadie recuerda hoy; y porque cita a la Comparsa, probablemente por error de oído del amanuense, como «Moros Israelitas». Tal como el escrito solicita, el día nueve ya figurarán en el acto de «la Entrega» dos de los nuevos festeros, participación entonces indispensable para tomar parte en la Fiesta el año siguiente, con dos trajes «de la Comparsa antedicha, procedentes de Alcoy».
Una Escuadra de Realistas al parecer todos los que integraban la Comparsa en los primeros años cuarenta desfila en la plaza de toros encabezada por Joaquín Cortés. Los que deberían servir para vestir a los nuevos moros villenenses fueron cosidos por la modista Josefa Hernández Vidal, esposa de Eduardo Ortega, camarero muy conocido en Villena y al que todavía podemos ver hoy en nuestra ciudad, no obstante su avanzada edad, que rebasa los ochenta años. En cuanto a los primeros Realistas que salieron a la calle en 1929. no existen documentos que relacionen sus nombres y hemos tenido que acudir a los recuerdos de Joaquín Cortés. Sumaban, al parecer, veintidós o veinticuatro los festeros que componían hace cincuenta años la flamante Comparsa, y se han rescatado del olvido los nombres de Joaquín Cortés Martínez, Enrique Guillén, Rafael Martínez «el Moreno». Pedro Algarra «el Capota», Antonio Ortin, «el Chispa». Francisco Fernández «el Zapaterillo», Antonio Pardo «el Pintao», Manuel Gil «Limones», Francisco Rubio «el Rubito», Miguel Payá, José Gabaldón «Segovia» y Leoncio Domenech «Denia». De tres de ellos sólo se recuerda el apodo: son «Canaleras», «el Chato Bernaca» y «Marrulla».
El cabo de los bisoños festeros era Cortés, que por su afición a los caballos, de todos conocida, y por efectuar algún acto montado en uno de ellos, cedió ya aquel año el puesto, en determinados actos, a Francisco Fernández «el Zapaterillo», que tanto renombre iba a alcanzar en los años siguientes por sus actuaciones al frente de las escuadras Realistas. La banda de música, según indica el programa del año 1929, fue la «Nueva de Bañeros»; desde aquel día cinco, la Fiesta villenense ya contaba con una nueva Comparsa.
Si alguna característica especial hubiera que destacar entre las que singularizan a la Comparsa de Moros Realistas, apenas hay lugar para la duda: lo más acusado de su quehacer festero, como ya hemos dicho, es la perfección con que efectúan el desfile. Bien es verdad que los Realistas sólo utilizan para él, desde su fundación, la marcha mora, y durante no pocos años han sido los únicos del bando moro que no han acompasado sus evoluciones a los sones del pasodoble. Muchos achacan esta perfección a la forma en que entrelazan sus brazos a los de su inmediato compañero de escuadra y a la espingarda de éste. Pero la mayoría ignora la forma en que cuidan esta manifestación festera e igualmente se desconoce, prácticamente, que los Realistas ensayaron desde sus primeros años, y que, hasta no hace mucho, seguían practicando esta costumbre.
Causa principal de esta perfección. sin embargo, es el constante estímulo que existe en la Comparsa para no decaer en esta brillantez de sus actuaciones en público. Y merecido premio es la suma de galardones obtenidos hasta ahora, no sólo por la Comparsa sino también, en los últimos años, por la encomiable escuadra de Sarracenos y hasta por las escuadras infantiles que toman parte en el Desfile de la Esperanza. Y más importante que los premios, con serlo éstos mucho, es el refrendo popular, pues para todos en Villena es proverbial este culto al desfile que es obsesión ya para los miembros de la Comparsa.
Volvamos, sin embargo, a nuestra historia. Los años siguientes no ven aumentar la cifra de componentes de la Comparsa, que se mantiene con poco más de veinte festeros. Es ahora José Gabaldón, uno de los fundadores, que no es socio activo actualmente, quien nos facilita unos datos. Dice que uno de estos años salen a recabar donativos para poder cubrir el presupuesto, costumbre que estuvo muy extendida a lo largo de la historia festera entre muchas de las Comparsas locales y que perduró hasta varios años después de la guerra civil. Recuerda Gabaldón que doña Josefa Amorós y don José Rocher dieron 25 pesetas aquel año, y don José Hernández, dueño del popular comercio del «Cantón», 10 pesetas. Precisamente una nieta de este último, Paquita Hernández Cobo, es la Regidora Mayor de Fiestas de este año de 1978. Otros dos donantes, cuyo nombre no recuerda nuestro informador, aportaron cinco pesetas, con lo cual recogieron 70 pesetas finalmente. Del poder adquisitivo de esta cantidad da idea clara el hecho de que parte de ella se gastó en Campo de Mirra al comprar 16 litros de vino blanco y otros 16 de tinto a 9 céntimos el litro; y 16 litros de coñac, con otros 16 de anís «matarratas», a razón de 90 céntimos el litro. Esta bebida, acompañada de una orza de tomates y otra de zanahorias en «agua sal», se destinó para el consumo de la Comparsa a lo largo de todos los días de Fiesta.
Aún recuerda Gabaldón que el año en que fue capitán invitó a sus compañeros de Comparsa y a los músicos, a un «calentico» en casa del «tío Ericas», en la entonces plaza del Rollo. La cuenta ascendió a 6'90 pesetas.
Pasados sin apenas novedades los siete años de ejercicio que median entre la fundación y el inicio de la guerra, los primeros de la década del cuarenta ven bajar la cifra de componentes de la Comparsa. Los Realistas languidecen, y hay año en que a duras penas puede completarse una escuadra. Joaquín Cortés, siempre vigilante, va a Alcoy y consigue que varios Moros Realistas vengan desde allí, durante los días de fiesta, a engrosar las filas villenenses. Estos alcoyanos van a constituir las primeras escuadras de «negros» que aparecen en Villena, pues llegan con ambos indumentos: el traje de Realista, que es prácticamente igual, puesto que el villenense constituyó una copia exacta del alcoyano, y el de «negro», que lucen en algunos actos.
Los Realistas hoy, desfilando en la tarde del día cinco. La Escuadra de Sarracenos vistiendo uno de sus brillantes atuendos. Parada obligatoria de los alcoyanos en Villena es la casa de Cortés, que mata todos los años «un borrego» del que darán cuenta festeros y músicos. Y hasta tal punto es la casa de Cortés lugar de cita durante muchos años, que hoy es ritual, durante la mañana del día cinco, después de pasar por casa del alférez y recoger a éste y a la bandera de la Comparsa, llegar todos los componentes de ésta y los de la banda de música a visitar a Cortés, que tiene preparadas unas mesas con abundantes viandas y bebidas. De allí, cerca ya de las doce del mediodía, saldrán todos hacia la plaza de Santiago.
No hace muchos años, y en aquéllos en que Cortés ocupaba la presidencia, ostentaba la capitanía o bien portaba la bandera como Alférez, hacía asimismo este entusiasta festero la típica barraca en la puerta de su casa, donde, como era costumbre en Villena, tocaba la banda, se bailaba, y corría el vino y las pastas típicas de la Ciudad. Lamentablemente se han perdido estos usos, y hemos visto extenderse últimamente las despersonalizadas verbenas festeras nocturnas con evidente perjuicio de las tradiciones ciudadanas.
Y no han sido los Realistas precisamente los más remisos a la hora de organizar estas verbenas. Culpa de ello, como prácticamente ha sucedido en las demás Comparsas, ha sido el problema económico. En efecto, las verbenas nacieron en Villena no tanto del deseo de organizar una distracción en las noches de Fiestas para recreo de los socios, como de la necesidad de allegar fondos a las precarias economías de las organizaciones festeras. Prueba de ello es que, desde el principio, funcionaron en ellas las taquillas, sin otro tipo de discriminación que la franquía de entrada en ellas para los socios y para el resto de festeros que vistieran el atuendo de su Comparsa.
Los Realistas también tuvieron la suya desde muy pronto, con distintos emplazamientos impuestos por las naturales vicisitudes de los locales disponibles cada septiembre. Si mal no recordamos, han radicado las verbenas Realistas, hasta llegar al actual «Harén» del «Huerto de Caturla» —hablamos para villeneros y a ninguno de ellos cabrá duda sobre las curiosas denominaciones— en «el Raso», «el Carril» —en el tramo de esta calle que no tiene salida— y en la calle «Empedrá».
Han tenido igualmente lugares de reunión en el que se llamara Bar Rosales, al principio de la calle del Muro; en otro que se encontraba en la calle de Zapateros, esquina a la calle Blasco; ocasionalmente en el antiguo Cinema Chapí, y últimamente en el bar que hay al principio de la calle del Pozo. El domicilio actual, desde hace dos años, radica en el número 14 de la calle de José Carreras Amorós, antiguamente llamada «Parrales».
Una de las singularidades que caracterizan a los Realistas es la costumbre de cenar el día siete junto al Castillo de Embajadas. Ya hace muchos años la iniciaron Joaquín Cortés, Rafael Martínez «el Moreno» y Antonio Ibáñez, «Solimán», los cuales cenaban la noche del día citado, antes de la Retreta, en la Puerta de Almansa, antiguo emplazamiento del Castillo. Cuando éste pasó a ser instalado en la plaza de Santiago, allí fueron igualmente a cenar, ya con muchos otros miembros de la Comparsa que se habían agregado a los tres Iniciales en el transcurso de los años. Hoy asisten también esposas, hijas o novias de los festeros y coinciden todos con los Estudiantes, los cuales, desde tiempo inmemorial. celebran igualmente una cena en la plaza de Santiago. Allí confraternizan con ellos, cambian viandas y permutan las panzudas botas con el vino de la tierra hasta que llega el momento de iniciar la Retreta.
Fugazmente, según nos refiere Cortés, también realizaron, hace años, unas guardias constantes del Castillo de Embajadas, cuando se emplazaba éste en la Puerta de Almansa. Pero la costumbre se extinguió pronto.
La Comparsa estuvo presidida por Joaquín Cortés desde la fundación hasta mediados de la década de los cincuenta. Después desempeñó el cargo Eugenio Navarro Oliva, actual cronista de la Asociación, cuya estimable ayuda ha sido muy importante en el acopio de datos necesarios para escribir este artículo. Por orden cronológico han seguido Alfonso García, Diego Muñoz, Jose Ortín, José Molina, Salvador Penadés, Vicente Valiente, Pedro Santa y el que figura como tal hoy, desde 1973: José Antonio Amorós, que es también cabo de la escuadra de Sarracenos.
Con Amorós son hoy cabos de la Comparsa Alfonso García Navarro, Francisco Pardo Navarro y Francisco Conejero Mompó. Han sucedido a otros tres, ausentes hoy de la tarea dos de ellos y fallecido el tercero prematuramente. Nos referimos, respectivamente, a Joaquín Cortés, José Cortés Dolón y Francisco Fernández.
La influencia de los alcoyanos que al reforzar la Comparsa poco después de la guerra civil traen a Villena, como queda dicho, la primera escuadra de negros, lleva a que se funde poco después, dentro de los Realistas, una de estas escuadras, a la que se llamará de Watusis. Muchos años ha sido su cabo Manuel Francés Ortín, que siguió a Juan Francés y a Antonio Candela. Hoy lo es el hijo de Francés Ortín, Manuel Francés Navarro. La de Sarracenos es mucho más reciente: data de 1967.
El traje de Realista, uno de los más llamativos del Bando Moro, es prácticamente igual al que lucieron los fundadores el año 1929, con la diferencia, varias veces repetida en los atuendos festeros villenenses, de que el paño se ha convertido ahora en raso. El turbante, blanco, con una pequeña pirámide de metal, lleva hoy el añadido de un semicírculo rematado con una media luna. La capa sigue siendo blanca. aunque ahora es más larga, de la cual pende un largo mechón de pelo. El chaleco es de color violeta, con adornos de cordoncillo; actualmente se le han añadido bocamangas y adornos metálicos. La camisa, roja, no ha sufrido alteración, y la faja ha pasado a ser multicolor cuando antes era de cuadros. El pantalón, azul claro, es ahora más largo que al principio, mientras que las zapatillas han conservado el mismo color azul de entonces. La media malva no se ha modificado, y sí ha desaparecido, sin embargo, un alfanje de madera que se llevaba sujeto por la faja. El arma es la conocida espingarda, una de las más bonitas y airosas de la Fiesta, y que no pudieron lucir los Realistas hasta el segundo año de su actuación, pues el primero, ante la imposibilidad de contar con este aditamento, llevaron una lanza, que alternó con la espingarda durante varios años.
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De la época inicial hasta hoy, la Comparsa ha atravesado contingencias parecidas a las de las demás Comparsas villenenses. A las naturales dificultades del principio se unieron las de la posguerra; los años cuarenta hicieron tambalearse a muchas agrupaciones festeras villenenses y hasta vieron desaparecer alguna de ellas. No poco importante fue en esta tarea de mantener tesonera y sacrificada mente a las Comparsas, la labor de algunos hombres que están en la mente de todos, y que en la de Realistas fue Joaquín Cortés, felizmente vivo y activo hoy como festero. Aunque no cabe duda de que, junto a él, han trabajado eficazmente otros que han colaborado para que los Realistas sobrevivieran en los momentos difíciles y han sido después artífices del brillante resurgir de los últimos años. Pero muchos de ellos todavía recuerdan las loterías organizadas para recaudar fondos compradas con las aportaciones de lo que cada uno podía dar; las rituales comidas que sólo se podían llevar a cabo pagando cada uno su parte o no asistiendo si no era posible al festero pechar con el típico -escote, La Comparsa, sin embargo, supera los años difíciles y aún encuentra fuerzas para orientar y ayudar a la fundación de otra Comparsa hermana, los Realistas de Elda. Y hoy es una activa, emprendedora y disciplinada agrupación festera con un lugar propio en la fiesta local, con unas maneras singulares y con una personalidad claramente definida.
Cuando estas páginas salgan a la luz en la Revista de Fiestas de 1978, los Realistas estarán preparados para tomar parte en unas Fiestas que van a ser para ellos un hito en su ya larga presencia en el conjunto de Comparsas villenenses. Ya rebasan la cifra de ciento cincuenta festeros activos, con una historia de actuaciones ejemplares y con muchos y merecidos premios a los que se han hecho acreedores por su buen hacer festero. Nada negativo empaña su presencia en la Fiesta y todos los villenenses saben de su dedicación, de su celo y de la Importancia que han concedido siempre a sus intervenciones y a ese menudo entramado ritual de la vida interior de la Comparsa. Sabemos que van a celebrar el cincuentenario preferentemente con aspectos que añadan especial suntuosidad a los actos públicos en que Intervengan, ofrendando así a su pueblo lo mejor de la conmemoración.
Entre estos actos destaca la participación de una escuadra idéntica en su atuendo a las que desfilaron por primera vez en 1929 y en la que seguramente tomarán parte Joaquín Cortés y Rafael Martínez, -el Moreno-, los únicos entre los fundadores que quedan en activo hoy. A tal escuadra se han de unir, seguramente, otras novedades que sólo ellos conocen. Igualmente, por concesión especial de la Junta Central de Fiestas, consciente de la importancia que tiene este año para la Comparsa, van a desfilar conjuntamente las dos escuadras especiales, las de Sarracenos y Watusis, que, por no alcanzar la cifra de doscientos participantes en el total de festeros activos de la Comparsa desfilan alternativamente cada año.
Un nutrido cuadro de miembros de la Comparsa se apresta hoy a dirigir a la Asociación en año tan señalado. Recordemos para la historia de los Realistas a los hombres que componen la directiva en el cincuentenario de su fundación. Son José Antonio Amorós Mataix como presidente y José Gil García en el cargo de vicepresidente. Secretarios son Francisco Seller Vico y Francisco Conejero Mompó; tesorero, Pascual Muñoz Conejero y tres contadores, cuyos nombres son Francisco Micó Belda, Francisco Pardo Navarro y Rafael Pérez Vidal. Los vocales son Francisco Ortega Pérez, Miguel Fita González, Francisco Palao García, Antonio Briones Sáez, José Luis Sánchez Flor, Gaspar Martínez Medina, Fernando Gil García. Ricardo Ortuño Belda y Juan Tomás Belda.
Delegados de la Comparsa en los superiores organismos festeros son Alfonso García Navarro en la Junta de Gobierno y José Conejero Ugeda en la Asamblea general. Termina la relación con los nombres de Eugenio Navarro Oliva y Rafael Martínez Egea en la labor de cronistas de la Comparsa. Otro dato más a señalar es los nombres de las madrinas mayor e infantil del año del cincuentenario. Son, respectivamente, los de las señoritas Paquita Martínez Espinosa y Francisca Soledad Pardo Mira.
No podemos hacer más largo este trabajo dadas las exigencias de espacio de la publicación que lo acoge en sus páginas. Queda aquí. no obstante, una sucinta serle de datos y circunstancias referentes a la Comparsa de Realistas, una ejemplar asociación festera villenense que honra las tradiciones locales. Porque lo merece, y para enaltecimiento de la Fiesta de Moros y Cristianos de nuestra ciudad, esperamos y deseamos que sean muchos más los años que siga formando parte de la gran familia festera de Villena.
Extraído de la Revista Villena de 1978