Comparsa de Estudiantes en la Entrada
La madrina María José García Herrero en la carroza.
Carroza homenaje a la Cena de la Sardina

Véase un caso:
Extraído de Periódico Patria Chica 1930. Cedido por... Jose Manuel Soler
D. Gaspar se encuentra pasando, como es su leal costumbre, esta temporada entre nosotros. Como siempre, a primeros de verano llegó de Valencia. Como siempre, hemos ido a visitarle en su casa, pero, aunque sabíamos su penosa enfermedad, nos acongojamos al ver a este ilustre villenense, que fué capaz de obra tan alta y empresa tan ardua como la que llevó durante varios años y logró ver realizada en 1923. con su recia humanidad vencida por enfermedad cruel. Junto a su sillón, unas cuartillas de versos recientes con letra temblona. "Para los juegos Florales de Villena", leemos en ellas: “Tengo en mi casa un canario...”, comienza una de las poesías; "Es mi Virgen una Virgen...” dice otra. Pero ninguna acaba. Son intentos de su voluntad y su afán, sensibles sobre su postración a todo lo que sea de la Virgen y de Villena. Y aún en esos versos sin terminar pervive su estro ardoroso, laureado en múltiples torneos.
En su pequeña salita, la rápida evocación de aquellos años brillantes, «predica Archent», la orea la brisa del atardecer que entra por la ventana entreabierta. Miramos a D. Gaspar y el cuadro de la Virgen. Y nos despedimos pensando que en verdad será, la nueva corona del día seis, una inmensa satisfacción para este gran villenense y sacerdote. Se queda con el breviario en la mano y, cerca, las cuartillas de los versos. Nos parece que está mas cerca de la Virgen que de nosotros mismos.
Las primeras Autoridades de la provincia nos honraron con su presencia.
Como detalle de lo hermosísima que estaba Villena, con muchas de sus calles adornadas por los vecinos a base de artísticos trabajos, de junco, etc.; el esplendor de aquel año en las comparsas: la inusitada afluencia de forasteros e hijos de Villena que hacía 30 años que no habían venido por aquí: la limpia fraternidad de entonces: los lucidos desfiles de carruajes, famosos en la provincia, y que aquel año se hicieron dos; y la abundante buena mesa en las casas, cuento que nuestros invitados oficiales nos honraron prolongando su estancia. Recuerdo que el Gobernador tenía que asistir a la inauguración de la nueva casa Ayuntamiento de Elda, seguida de un banquete cena. Me llevó con él, pero antes le hizo prometer a Pedro Menor (q. e. p. d.) que de diez y media a once, le llamaría diciéndole se había recibido un telegrama urgente de Madrid que exigía su presencia, porque quería ver la Alborada. Así lo hizo y nos salimos del banquete, y cuando llegábamos a los Cabecicos de Muñoz, comenzamos a ver los cohetes y carcasas de la Alborada.