19 abr 2024

1994 INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN LA CALLE CORREDERA

Intervención arqueológica en la calle Corredera.
Por LAURA HERNÁNDEZ ALCARAZ Y JOSÉ RAMÓN ORTEGA PÉREZ
Fig. 1: Localización de la excavación
En el verano de 1949 el Ayuntamiento de Villena efectuó obras de alcantarillado en la acera de la calle Corredera, frente al Círculo Villenense. José María Soler, entonces como Comisario Local de Excavaciones Arqueológicas, llevó a cabo un seguimiento de aquellos trabajos para verificar si existían restos arqueológicos, describiendo sus resultados del siguiente modo:
«…a unos cinco metros de profundidad aparecieron restos de unos gruesos muros de mampostería elevados sobre unos grandes maderos paralelos, que les servían de base. El lugar del yacimiento, en plena carretera general, y la gran proximidad de las actuales edificaciones, impidieron el estudio de aquella construcción, junto a la cual encontramos gran cantidad de tiestos y algunos recipientes enteros, de forma ovoide, con escotaduras en la panza y junto al borde, lo que nos inclina a suponerlos cangilones de noria. Algunas otras vasijas, de pasta amarillenta clara, presentan la superficie adornada con pintura oscura y motivos sencillos: series de líneas paralelas, enrejados, etc...» (SOLER, 1955, pág. 201).
Con estos antecedentes, y ante la intención de edificar unos bloques de viviendas en las antiguas casas números 20 y 22 de la calle Corredera (1) (fig. 1), la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Consellería de Cultura nos encargó, en julio de 1993, la realización de una excavación arqueológica de salvamento, que contó con la colaboración del Ayuntamiento de Villena. Los trabajos arqueológicos tuvieron lugar, bajo nuestra dirección, entre el 5 y el 14 de julio de 1993 (2).
LAMINA I 1. Bacía 2 y 3 Platos 4 Tazón
LAMINA II Fragmentos de escudillos de loza dorada
Descripción de la actuación
Se practicaron dos catas, una perpendicular a la calle, de 11 x 3 m. —cata 1— y otra paralela de 3 x 4'5 m. -cata 2- (fig. 2). En esta última no se documentó ninguna estructura, y tan sólo proporcionó un fragmento de plato y una manivela de hierro, ambos de época reciente.
Más interesante resultó ser la excavación de la cata 1, que desveló un muro de mampostería irregular, de 70 cm. de espesor, trabado con mortero de tierra y cal, que cortaba la cata transversalmente. Junto a este muro, a 1'50 m. de profundidad apareció un pozo ciego de forma circular, construido con piedras irregulares trabadas con mortero, que apoyaban en hiladas de ladrillos. También se detectaron huecos diametralmente opuestos que sirvieron como peldaños al constructor de este pozo. Al vaciarlo aparecieron un ladrillo, una barra de hierro y fragmentos de revoco de pared. Junto al pozo apareció una mancha alargada, de color gris oscuro que contenía un gran lote de material moderno del que destacamos el descrito a continuación:
Una olla vidriada en verde.
Dos bacines vidriados, uno en verde y otro en color melado.
Varios platos vidriados en blanco decorados con motivos florales en azul. (Lám. 1-2 y 3).
Una bacía de barbero con idéntica decoración. (Lám. 1-1).
Dos fragmentos de escudillas de loza dorada, de los siglos XVI-XVII. (Lám. 11).
Un tazón, también decorado en blanco y azul. (Lám. 1-4).
Varias cazuelas, cántaros y botellas de vidrio. (Lám. III).
Una vez sobrepasados los 1'50 m. y hasta los 2'30 m. apareció, en las dos catas, una tierra de textura arcillosa, muy apelmazada arqueológicamente estéril, que nos indujo a finalizar la excavación.
Conclusiones
Las estructuras descubiertas pertenecen a la casa n.º 22, construida con fecha anterior a 1870. En concreto el muro era el que separaba la vivienda de su patio trasero, que contaba con un pozo ciego de la misma época que la casa, inutilizado durante el siglo XX, como demuestra el material de relleno que lo colmataba. Este pozo tendría una canalización prácticamente a ras del suelo, que desapareció en las obras de derribo de la casa.
El estrato gris —que proporcionó mayor cantidad de material— formaba parte del relleno del patio, cuyo material cronológicamente se encuadra en el siglo XIX, exceptuando los fragmentos de loza dorada, que los interpretamos como una intrusión de los siglos XVI-XVII.
LAMINA III Cántaro
Las producciones vidriadas en blanco y azul con decoraciones florales podrían proceder de alfares cercanos, como el de Biar, cuya loza tradicional tiene decoraciones y formas muy similares, como la vajilla de mesa y bacías en las que predomina la temática floral, con un azul más apagado que el de Manises. (SOLER Y PEREZ, 1992, pág. 77-78).
A partir de esta excavación podemos establecer una serie de conclusiones sobre la configuración urbanística de esta zona en época medieval. La ausencia, en este solar, de restos anteriores al siglo XIX nos lleva a pensar en la posibilidad de que la muralla bajomedieval —época cristiana— no pasara por la calle Corredera (SOLER, 1988), al menos en este tramo, sino que se localizara en una zona superior hacia la actual Plaza de Santiago.
Por otra parte, la existencia de la noria localizada por Soler, que nosotros fechamos en época islámica —siglos XII-XIII— (3), indica que estaríamos en una zona de huerta extramuros de la ciudad, que seguiría utilizándose con el mismo fin en época bajomedieval. Estas hipótesis podrán confirmarse a partir de nuevas intervenciones arqueológicas en el casco antiguo de la ciudad.
BIBLIOGRAFIA
SOLER FERRER, M.P.; PEREZ CAMPS, J. (1992): «La cerámica valenciana del siglo XIX». Historia de la cerámica valenciana. T. IV. Valencia.
SOLER GARCIA, J.M. (1955): «Calle de la Corredera». Noticiario Arqueológico Hispánico. Vol. II, cuadernos 1-3. Madrid, n.» 637, pág. 97.
IDEM (1988): «Las murallas de la ciudad». Revista Villena, n.° 38, Villena.
NOTAS
En el solar que ocupaba la casa de D. Julia Bellod, muy cerca del lugar donde Soler hizo la excavación.
Agradecemos la disponibilidad que el Sr. Carrascosa, constructor del inmueble, mostró durante la realización de esta excavación.
A esta conclusión hemos llegado a partir de un estudio más amplio, actualmente en curso, de los materiales obtenidos por Soler en el año 1949.
Extraído de la Revista Villena de 1994

1914/2014 SIERRA DE SALINAS, TIERRA DE COLONOS

Testimonios de las cuatro generaciones de colonos de la Sierra de Salinas de Villena. Película realizada con motivo de la exposición "Sierra de Salinas, tierra de colonos 1914-2014" Villena

1864 ALEGORÍA DEL ORIGEN DE LA ENCINA

Dibujo de Pedro Mas Guereca
Extraído del libro Historia de la Encina y su estación, de Francisco Esteve y José Luis Esparcia, editado en 1991.

1958 COMPARSA DE REALISTAS

Cabo... Joaquín Cortés uno de los fundandores de la comparsa.
Foto cedida por... Avelina y Natalia García

1949 PRIMERA COMUNIÓN DE ANTOÑITA

Antoñita Torreblanca Espinosa
Foto cedida por... Antoñita Torreblanca Espinosa

7.º CONCURSO FOTOGRAFÍA SEMANA VILLENA 2024 MUCHAS GRACIAS A TOD@S L@S PARTICIPANTES

MUCHAS GRACIAS A TODOS L@S PARTICIPANTES
159 FOTOGRAFÍAS 38 PARTICIPANTES
Muchas gracias a todos por participar. El próximo domingo 21 de abril sobre las 20 horas se darán a conocer los ganadores. 
La entrega de premios se anunciará con la suficiente antelación.
Suerte a tod@s los participantes.

18 abr 2024

1960 EL POBLADO DE ABSORCIÓN (OBRAS)

Visita del Jefe Local del Movimiento a las obras de las 400 viviendas de tipo Social del Poblado de Absorción. 18 de julio de 1960
Extraído de la Revista Villena de 1960

1960 LA TROYA UN LUGAR EMBLEMÁTICO

La Troya de la Comparsa de Estudiantes. En la foto se ven tres Estudiantes. Fernando Ruiz y Faustino Alonso se distinguen bien. Este, con su mujer, Loli Puig. 
En 1960 no hubo Troya por los sucesos del año anterior. Se hizo baile en el local de autocares La Noveldense en la calle Joaquín M.ª López.
Foto: Archivo Comparsa de Estudiantes. (fecha sin confirmar)

1912 PRUEBAS DE AVIACIÓN EN FIESTAS

Extraído del programa de Fiestas de 1912.
Con motivo de las Fiestas Patronales, el ayuntamiento quería innovar y sorprender a todos los ciudadanos con estas pruebas de aviación, volando sobre la ciudad.
Sr. Leoncio Garnier... afamado aviador.

1960/2015 PEÑA LA BULLA, ANIVERSARIO DOLOROSO

El domingo 19 de abril de 2015 la Peña "La Bulla" ha celebrado los 55 años de una amistad que surgió de aquellas añoradas Pascuas de los años 60, cuando las cuadrillas iban a comerse la mona a Bulilla, a las Fuentes y a las Cruces. Hoy era el día señalado, día de convivencia en  Las Virtudes, y hoy ha sido el día en que un componente de esta peña se ha ido... Pepe Plá Arques "el de la Jijonenca", esta celebración va en tu recuerdo, no te olvidaremos... amigo.
Un pequeño homenaje a nuestro amigo... Pepe Plá Arques
Impresionante foto de la Peña "La Bulla", como se puede ver todos los componentes llevan el escudo en el brazo... 1960 PEÑA LA BULLA
1- José Aroca, 2- Victoriano Ferrándiz, 3- José Plá, 4- José Maestre, 5- Antonio González, 6- Juan Micó, 7- Antonio Ayelo, 8- Octavio Ruescas, 9- Antonio Milán, 10- José Luis Navarro, 11- Luis García, 12- José Ferrándiz, 13- Maribel Laguna, 14- Pepita Marco, 15- Conchita González, 16- Pilar Machí, 17- Carmen, 18- Anita Ferrándiz, 19- Joaquina, 20- Otilia Machí, 21- Juan Molina, 22- Filo Beneito, 23- José Domene Querol, 24- Tinita Ferríz, 25- Aurelia Martínez, 26- Juanita Maestre, 27- Juan Linares, 28- Conchita García, 29- (prima de Joaquina), 30- Pepita Compañ, 31-Teresa, 32- Mª Carmen Muñoz, 33- Fernando García, 34- Guillermo Navarro, 35- José López.
LOGO DE LA PEÑA "LA BULLA"
Foto cedida por... Luis García Pardo

2015 DETALLES DE VILLENA DESDE LA SIERRA

Imágenes tomadas en la tarde del viernes 1 de mayo de 2015
 SANTA MARÍA


 SANTIAGO

 CASTILLO

 ESTACIÓN AVE
 LA LUNA SALIENDO POR LA SIERRA DE LA VILLA
Viernes 1 de mayo de 2015 20.30 horas

1992 VILLENA, CIUDAD ESTATUTO (II)

Villena, ciudad estatuto (II). Por FAUSTINO ALONSO GOTOR
Tras la expulsión de los moriscos villenenses en 1476, quedaron en Villena los cristianos viejos: jornaleros, pecheros, hijosdalgo, clero, estamento nobiliario, y aquellos residentes pero no empadronados.
DEL Islam sólo quedó el recuerdo que proporcionaban algunos objetos y utensilios, construcciones y enterramientos, y la toponimia de algunos parajes como «La parada del moro» (1) y «El rincón del moro» (2) aún existente. Asimismo en el inventario del Santuario del año 1524 se observa (3), la existencia de artesanía morisca que suponemos procedía, de los moriscos avecindados en poblaciones de la comarca, que como veremos posteriormente, venían al «mercado de los jueves» o bien a la feria tanto de la ciudad, como a la del santuario. Por lo cual no es de extrañar que los villenenses compraran: paños de riza, tovallolas, seda de grana labrada, ceñidores, gorgueras moriscas, alforjas, delantecamas, colchas, etc..., cuyo destino fuese al ermitaño o a residentes junto a la casi recién construida ermita, o bien como ex-votos de los devotos de la Virgen. Sobre la feria que se hacía en el santuario, tenemos noticia de que el año 1577, el Ayuntamiento acordó que «La víspera de Nuestra Señora de septiembre y el día después sean francos de todo lo que se vendiere en la dicha CASA por menudo y no en junto (y no al por mayor), o en cien pasos alrededor; entiéndese que se exceptúa por francos de alcabala: sombreros de fieltro y seda, zapatos, chapines, cintas, y todas cosas de tienda y confitura, y la fruta verde o seca, y vino por menudo, y todas las demás virguerías» (4).
Una mujer morisca con su típica indumentaria: la falda es muy corta y llevan velo, que al mismo tiempo les cubre todo el cuerpo.
Proximidad de los moriscos a Villena
Según Reglá (5), los lugares de moriscos más cercanos a Villena era: Elda y Petrel con 700 casas entre ambas: Monóvar, con 450; Novelda, 560; Aspe, 570; Crevillente, 400; y la morería de Elche con 400. Mientras que eran lugares de cristianos viejos: Fuente la Higuera, 190 casas; Caudete, 410; Biar, 500; Castalla, 400; Onil, 250.
En cuanto a las poblaciones castellanas: Almansa, en la década de los años 1580, tenía solamente 26 ó 27 moriscos (6); Sax, Yecla y Jumilla, también eran lugares de cristianos viejos (7); en Jumilla, cuando la expulsión general en 1609, asentábase algún morisco en pequeño número, pero preocupábanle «los moriscos de Monóvar que como más cercanos podrían ser los primeros en atacar a la villa».
Según Hernández Guardiola (8), la población morisca estaba localizada fundamentalmente en Novelda, Elda, Petrel, Monóvar, Aspe y Crevillente, con las morerías de Elche y Cocentaina.
Son varios los autores que destacan la preponderancia numérica de los moriscos en el valle de Elda. El historiador eldense Navarro Pastor (9) afirma que durante alguna época, fue superior a la de los cristianos viejos, e incluso, nos informa: aún persisten algunos parajes de la toponimia morisca: Jaud, Alfahuara, Tafolera, Almafrá, Cámara... Por nuestra proximidad, y por el secular asunto de las aguas, fueron los mudéjares y después los moriscos eldenses los que más relación tuvieron con Villena.
Relaciones con los moriscos comarcanos
• Bélicas: Tal proximidad de los moriscos a Villena, dio lugar a este tipo de relaciones bélicas ya durante rebeliones como las de la Alpujarra en 1569, o la del valle de Ayora en 1609, o bien los ataques turco-berberiscos al litoral alicantino.
Dicho año surgió la cruel guerra de la Alpujarra en las tierras de Almería y de Granada contra los moriscos sublevados y apoyados por los piratas turcos y de Berbería y otros países. La inquietud, el temor villenense, se acrecenta por doble motivo: la ineludible participación directa en dicha guerra, y su depauperada defensa ante la posible complicidad de los moriscos comarcanos o no muy lejanos a Villena.
Y así, el 24 de enero de 1569, el Marqués de los Vélez pide refuerzo de gente, ya «de a caballo como de a pié». El Ayuntamiento de Villena contesta, que su término «está rodeado de muchos valles de moriscos y sería peligroso disminuir su defensa». No obstante, dos meses después, el 14 de marzo, nuestra ciudad envió a la Alpujarra, un primer contingente de treinta infantes armados, conducidos por Martín Selva en nombre del concejo villenense.
En agosto del mismo año el Rey Felipe II, envió una provisión «por la que da licencia a la ciudad de Villena para que los vecinos de ella, de su tierra y de su jurisdicción, que están en fronteras y confin, y parten términos con muchos lugares de moriscos del Reino de Valencia, puedan tener y tirar con arca-buces (10).
Los frecuentes desembarcos en el litoral alicantino con la complicidad «quintacolumnista» de los moriscos levantinos, fue ocasión de averiguar el estado de las defensas de Villena de lo cual y a requerimiento del rey, informaron los villenenses con determinado número de testigos, ya de edad. Dos de ellos, al menos, testimoniaron sobre el mal estado en que se encontraban las murallas, y ambos aña-dieron:
«Si la reparación se hace, será gran beneficio de su Magestad, porque la ciudad no está más que a media legua del reino de Valencia y metida en él, porque confina con cinco lugares de dicho reino. Está también a tres leguas de lugares de moriscos y a siete de la mar».
«Juan Sánchez, de 50 años poco más o menos» dice entre otros asuntos: «Está la ciudad en frontera con Aragón y a siete leguas de la mar», y ha visto: «viniendo armada de moros a esta costa de Alicante, venirse a retraer a esta ciudad mucha gente y algunos déllos los a (sic) tenido por tres o cuatro veces recogidos en su casa». Estas informaciones fueron practicadas desde el 15 hasta el 29 de julio de 1563 (11).
En abril de 1566, Felipe II ya había construido el Castillo de Bernia, el motivo, él mismo se lo explica a los villenenses en una Cédula y Provisión Real: «Concejo, Justicia, regidores, caballeros, oficiales y hombres buenos de la ciudad de Villena. Ya sabéis como por excusar y obviar los daños que los turcos y moros enemigos de nuestra santa fe católica, hacían en las costas del reino de Valencia, y aún en la tierra adentro, viniendo cada día a ellas con sus fustas y galeras y otros bajeles cautivando y llevando muchos cristianos y haciendas, mandamos hacer...». El castillo mandado por Hernando de Villafañe, necesitaba su guarnición, por cuyo motivo añade, dicha Cédula Real:
«os encargamos y mandamos, proveais y deis orden que con toda brevedad y diligencia se le envíen de esa ciudad, hasta ochenta hombres que sean útiles y bien armados...».
El Ayuntamiento reunido con algunos «hombres-buenos» acordaron:
«con todo lo que esta ciudad pudiere como buenos vasallos, socorreran y favoreceran al dicho Hernando Villefañe, atento que esta ciudad es de pocos vecinos, y tiene pocas armas y está en frontera (colindante de moros) para tener que dar tanta gente...» «...enviaran toda la gente que esta ciudad pudiere al dicho capitán...» (12).
Esta situación habría de repetirse varias veces a lo largo del último tercio del siglo XVI:
En 1565, el regidor Jerónimo Vall, en representación del Concejo villenense, escribió una carta al Gobernador del Marquesado pidiendo armas, arguyendo que:
«Villena está a la raya de Aragón, y está de la mar a cinco o seis leguas, adonde ordinariamente los moros saltan a tierra y hacen cabalgadas, y si no fuesen socorridos de mis partes los que viven en Alicante, Elche y otros pueblos más cercanos a la mar, los cautivarían y tomarían los pueblos, en cuya causa mis partes tienen necesidad de estar proveídos de armas y traerlas de día y de noche para se ejercitar en ellas...» (13).
Es en 1569 cuando, a causa de la guerra de La Alpujarra, a primeros de año, se pide, con mayor poder por la Corona, a través del capitán Villafañe, «80 hombres con sus armas» para reforzar la defensa del castillo de Bernia. El Ayuntamiento intranquilo, apela a la indefensión en que quedaría si enviara a alguien, pues «está en frontera y al rostro de los enemigos, a tres leguas de ellos». No obstante, pasados dos meses enviaron a 80 villenenses con sus «arcabuces, ballestas, alabardas, lanzas y rodelas». En fin de año, Villena se rearmó.
En 1571, precediendo a la batalla de Lepanto, el capitán del castillo de Bernia vuelve a instar refuerzos, y se le envían otros ochenta hombres villenenses (14).
Avanzada la guerra de Granada, a pedimento de la ciudad de Villena, Felipe II envió una ejecutoria, adaptada a una ley general firmada en Valladolid, por la cual se les permitía a las personas el llevar espada y puña «a excepción de los malamente conversos del reino de Granada» (15).
Vencidos los moriscos granadinos o alpujarreños, comenzó su destierro y dispersión. Entre otros capitanes, D. Alfonso de Carvajal condujo a Albacete a los moriscos de Almería, hasta Sevilla; pero otros se dieron tan mala maña, que se les fugaron: unos se fueron a África, otros se incorporaron a la vida civil, pero otros se dedicaron al bandidaje. Unos tres años más tarde, en 1576, el Gobernador del Marquesado de Villena ordena que «no se diesen pasaportes a los moriscos de Granada» (16).
Posteriormente, 1583, se lee en el Ayuntamiento una notificación «sobre el trato que se ha de dar a los moriscos de Granada que estén alistados» en Villena, acordando el Concejo «no hacer ninguna diligencia sobre tales moriscos» puesto que «no hay avecindado ninguno» (17).
Villena tras la citada guerra, según Ponce Herrero, perdió el 41'3% de su población entre 1591 a 1646, sin embargo no consta, documentalmente, que tras la guerra de Granada, se avecindase ningún morisco, coherentemente con su «estatuto de limpieza». Sin embargo en la vecina población de Almansa, la emigración en 1572, fueron más de cien vecinos los que partieron para repoblar la Alpujarra, dejando la villa sin braceros y numerosas casas vacías. Por tal motivo su Concejo solicitó a Felipe II «el establecimiento en Almansa de 70 casas de moriscos casados» (18).
En 1609 se inició la expulsión de todos los moriscos de España, decretada por Felipe III. El Reino de Valencia estaba manifiestamente alterado. Era Levante la zona más poblada de moriscos. Necesitaba una gran preparación para la salida de 117.464 moriscos según Lapeyre (Reglá).
El 24 de septiembre, los villenenses supieron que en el puerto de Alicante había una escuadra de galeras y otra de galeones. Todos los lugares de moriscos y los de cristianos viejos estaban muy inquietos:
Examinada la situación de Villena por su Ayuntamiento, reconocieron y declararon que:
«...porque a tres o cuatro leguas de esta ciudad hay lugares de moriscos como son Elda, Petrel, Monovar, Novelda y Aspe, Crevillente y Elche y otros lugares, y si estos huyesen de la gente de guerra que esta en la costa, es caso sin duda, han de venir para esta ciudad la cual está abierta y sin armas, y sería muy fácil entrarla y saquearla porque el número de moriscos son muchos; y deseando esta ciudad prevenir y acudir al reparo el daño que podían hacer, les parece se ordene lo siguiente...».
Las órdenes que se dieron fueron para reforzar la defensa y la vigilancia. Más, la inquietud era tan manifiesta, que deseando estar mejor informados, acordaron también:
«que el regidor Francisco Miño vaya a la ciudad de Elda con Carta Credencial de esta ciudad, a comunicar con el Conde de ella, el estado que tiene el negocio de los moriscos; y vaya a toda prisa porque dé cada día hay novedades».
Suponemos que los villenenses quedarían muy tranquilos cuando se enteraron de la pacífica expulsión de los moriscos del Valle de Elda, a quienes el mismo Conde los acompañó hasta el puerto para evitar las vejaciones que en tales momentos solían sufrir.
Sin embargo no debió durarles mucho la tranquilidad al ser informados de que los moriscos del, también cercano, Valle de Ayora se habían sublevado. El Ayuntamiento continuó con las órdenes dadas anteriormente en relación a la defensa y vigilancia. En este caso, incluso recibieron orden del Corregidor de Villena «para que la ciudad esté aprestada con el fin de acudir al cerco que el Tercio de Lombardía tenía hecho a dichos moriscos, en la Muela de Cortés» (19).
• Jurídicas: al margen de los temores villenenses en circunstancias «endécas» como los desembarcos turco-berberiscos, o «agudas» como las citadas rebeliones moriscas, Villena, inevitablemente, tenía relaciones habituales con los moriscos comarcanos, dándose, como es lógico en todo tipo de convivencia, casos en los cuales tenía que intervenir la justicia, autoridades, o señor, pertinentes.
La barata mano de obra morisca, «mano de moro, mano de oro», proporcionaba una enjundiosa riqueza al señor correspondiente, quien a su vez les correspondía con una amplia protección. Por tal motivo se originaba en los moriscos cierta posición social de prepotencia que, al menos en las aljamas del Valle del Vinalopó representantes de las dos terceras partes de población, acaparaban, según Juan B. Vilar (20), empleos concejiles y oficialías señoriales; y en modo alguno se dejan avasallar, e incluso se tomaban la justicia por su mano, conscientes de que el señor echará tierra al asunto; así aconteció cuando cierto morisco del val eldense dio muerte a un cristiano viejo de una puñalada en el curso de una discusión.
En julio de 1493, Joan Rok de Corella, Conde de Cocentaina y Señor de Elda, escribió a los regidores de Villena solicitando la libertad de Ali Moximi, moro eldense vasallo suyo, preso en el camino de Caudete bajo la acusación de fraude (21).
Posteriormente, el año 1542, sucedió que «con ocasión del asesinato en Pinoso de varios vecinos de Villena por unos moriscos, el Gobernador Pedro Maca escribió una carta, súmamente cordial al Concejo villenense, prometiendo "hacer cuanto estuviera en su mano" para castigar a los culpables» (22).
En 1576, un nuevo hecho relaciona a los cristianos viejos de Villena: por el mes de febrero dos transeúntes, mercaderes murcianos, caminaban desde Villena a Almansa; a nivel de los Alhorines les interceptaron su camino unos vecinos de Caudete quienes, con engaño, se apoderaron de cuatro libras y media de azafrán, unos dos kilos, junto a otras mercaderías, que se llevaron a Caudete pasándolos de contrabando. El Concejo de Villena denunció este hecho al Justicia de Caudete, e incluso al Gobernador de Játiva, estableciéndose entre las dos poblaciones el pleito que denominamos «del azafrán». En este pleito dieron su testimonio, «dijeron sus dichos», cuatro «moriscos de Monóvar». Simultáneamente al pleito del azafrán, se reagudizó el secular «pleito de los Alhorines» con un intenso movimiento burocrático (23).
Casi en sincronía al pleito del azafrán con Caudete, surgió otro con Yecla, de dos facetas posiblemente ligadas entre sí: una sobre amojonamiento de los lindes entre Villena y Yecla; y otra sobre la tala de pinos que hicieron unos vecinos de Yecla «encima de la fuente del Rocín», llevándose dos cherriones o carros, de Villena. A este pleito del amojonamiento acudieron, también, como testigos «a decir sus dichos», «cuatro vecinos de Monóvar», sin especificar que fueran moriscos, ni en el acta municipal, y ni en el Documento de Propios correspondiente a aquel año (24). Sin embargo Soler García (25) deduce que los cuatro vecinos de Monóvar: Ascar y tres compañeros, eran también moriscos porque el apellido Ascar aparece en la lista de moriscos expulsados de Novelda en 1609 publicada por Canelles en la Crónica de la Villa de Novelda. De cualquier modo hemos querido aclarar que son dos pleitos distintos: el del «amojonamiento» testimoniado por cuatro vecinos de Monóvar; y el del «azafrán» por cuatro MORISCOS de la misma población. Los primeros cobraron veintisiete reales; los segundos, seis reales.
• Mercantiles: No obstante, estos moriscos avecindados en las cercanías de la comarca villenense desde que fueron expulsados de Villena en 1476 hasta su expulsión de toda España en 1609, es decir durante un siglo largo, comerciaban en esta ciudad con normalidad. Traían y vendían sus mercancías en el mercado o las ferias sin otro obstáculo que el horario o la calidad de sus productos. El mercado y la Fuente del Chopo eran los dos principales núcleos de relación mercantil.
El domingo seis de julio de 1270, el señor de Villena, Infante D. Manuel, firmó en el Castillo de la Atalaya un documento otorgando a los villenenses el Fuero y Privilegios de Murcia y Elche. Simultáneamente, su hermano el Rey Alfonso X otorgó a Villena los Privilegios de Lorca.
Durante el año 1476, en las capitulaciones efectuadas entre los villenenses y Gaspar de Fabra, capitán de los Reyes Católicos, quienes las confirmaron, como asimismo en un documento firmado por Felipe II en 1558, otorgaron: «las mercedes que a esta ciudad tienen hechas los reyes sus antepasados en las cuales hay una que los días de jueves sea mercado franco en esta ciudad», y «que sus vecinos sean francos de no pagar Diezmos, ni Portazgo, ni Almojarifazgo», es decir que no paguen impuesto alguno en las aduanas o portazgos existentes entre los pasos de los «reinos de Castilla a los de Aragón y Valencia» sobre sus mercaderías y «cosas de labranza, crianza, y sus bestias y ganados» (26).
Referente al «negocio» de las aguas, el historiador eldense Navarro Pastor dice que en una carta expedida el 31 de julio de 1493 por el Conde de Cocentaina y señor de Elda, Juan Ruiz de Corella, al Concejo de Villena, agradece al ofrecimiento del agua de la Fuente del Chopo y del Carrizo Blanco «ya que los moros están en ayuno y antes de su Pascua no se les puede negar el agua de dicha fuente».
Cuarenta y dos años después, según el citado autor eldense, el Conde con el propósito de comprar un censo perpetuo sobre las aguas sobrantes de la citada fuente, concedió poder suficiente al moro Juan Farach, noble entre los de su raza y uno de los mayores propietarios de la huerta eldense, que acudió a Villena con los justicias o jurados de Elda, celebrándose el acto de la venta del agua de dicha fuente, el 30 de mayo de 1535 en Villena, reunido su Ayuntamiento «asistido por todos los vecinos de la localidad» (27).
Tal contrato de compra, al parecer, sólo tuvo vigencia hasta el año 1609, según se deduce por el acta municipal de Villena del dos de diciembre de 1624 en la cual se lee:
«...visto el contrato entre esta ciudad y la villa de Elda con aljama y moriscos de la dicha ciudad de Elda, y habiendo faltado los moriscos y aljama por la expulsión de ellos, y haberse deshecho, con su expulsión, los contratos por ellos hechos, este contrato tendrá poca fuerza...».
En algunas épocas, la franquicia del mercado-jueves no era total, pero sí atractiva puesto que, por ejemplo, en 1577, si de la alcabala o impuesto de las mercaderías vendidas en dicho mercado, se pagaba la mitad, no sucedía lo mismo con el almojarifazgo que lo dejaban exento de pago alguno. Las existencias de este mercado eran: frutas; obras de esparto, de vidrio, de junco, de hilo, de vidrio, de tierra; pescados secos; especias; cecinas, etc.; los pescados frescos estaban exentos de las alcabalas y del almojarifazgo (28).
Las alpargatas eran una de las mercaderías que solían traer los moriscos: mas generalmente se les exigía un mínimo de calidad. En 1588 el Ayuntamiento acordó:
«que se pregone, que todos los moriscos que los jueves traigan a vender alpargatas, lo declaren al alguacil para que las vea si son buenas o de ocho pasadas arriba» y no las puedan vender al por mayor, ni a vecinos, ni a forasteros, ni a tenderos hasta que no termine dicho mercado (29).
La relevante y sustancial riqueza que, día tras día producía la mercadería morisca de los valles cercanos y de los transportistas más lejanos, quedó manifiesta cuando en poco tiempo comenzó a disminuir el erario municipal tras la expulsión general de los moriscos en 1609, lo cual unos años más tarde, en 1620 obligó a reunirse al Ayuntamiento el día 1 de mayo, acordando comunicar al Agente de Villena de los asuntos de la ciudad, y residente en Madrid, para que fuera a la Corte con el fin de «pedir a su Magestad, en el Tribunal conveniente, licencia para adehesar un pedazo de término villenense», con el fin de pagar «la quiebra de las alcabalas», motivada:
«por haber faltado el trato y comercio de los moriscos que vivían en la comarca, y que de ordinario venían a esta ciudad a comprar y vender».
El caso del morisco Mombuy: La expresión más definitoria de tan intensa relación mercantil, queda simbolizada por la resuelta decisión de un morisco mercader, históricamente inédito, llamado Francisco Monbuy o Mombuey, quien en 1584, pidió vecindad en Villena. Esta insólita petición adquiere más relieve ante el periódico control villenense sobre probanzas generales de limpieza estatuida, tales como las efectuadas en 1577 y 1586, anterior y posterior a la petición de este morisco. En ambos años se ordenaba:
«que siendo así que han venido a vivir personas y gente forastera, las cuales no tienen probado si son cristianos viejos. Y a esta ciudad conviene que para conservar los privilegios se haga averiguación si tales habitantes son cristianos viejos o no, y los que no lo sean les manden vaciar la tierra y que no vivan en esta ciudad» (30).
Entre ambas órdenes de probanzas generales, entre el decenio expresado, el siete de octubre de 1584, reunido el Ayuntamiento:
«se leyó una petición de Francisco Mombuy, morisco en que pide se le dé vecindad y le libren de los derechos que le piden los alcabaleros, pues pagará su repartimiento; y se acuerda, que dando fianza, que pagará los repartimientos conforme a como pagan los vecinos, se le dé vencidad, sin perjuicio del Privilegio de esta ciudad.
Fianza de Francisco Mombuy: En la noble ciudad de Villena, once días del mes de octubre de 1584 años, de esta ciudad de Villena, y dijo que daba y dió por su fiador a Ginés Herrero, vecino de esta ciudad, para que los cuatro años, conforme a la Ley, estará y residirá en esta ciudad, y pagará los repartimientos que se le hicieren, así reales como concejiles, y pechará en todo aquello que los demás vecinos pechan, y para que el susodicho lo pagará, hizo de deuda ajena en propia, y para la ejecución dio poder a las Justicias de su Magestad, y renunció las leyes y la ley general, y lo firmó de su nombre, siendo testigos Damián Bellod y Pedro Micó y Mosen Serrano, clérigo, vecinos de Villena; y el otorgante lo firmó de su nombre y dijo así».
(Esta es la transcripción de la traducción paleográfica verificada por el villenense autodidacta Antonio Cuellar Caturla, cuya labor en el Archivo aún no ha sido justa y bien enaltecida).
Pensamos que el Caso Mombuy necesita un más amplio estudio si ello es posible. Por ahora se deduce que: la ley general de probanzas añade, sin tomar cuerpo el Privilegio de Villena, añade, decimos, una variante muy excepcional, para dar vecindad, sólo durante cuatro años, a este caso del moriso F. Mombuy, que incluso está avalado por un clérigo (31). Soler García presentó otro morisco, Zahed Abdón Bereberás (32), también mercader que estaba avecindado en Villena. Mas este caso estaba dentro de la normalidad puesto que su tiempo era en 1430, cuando en Villena estaban avecindados numerosos moriscos hasta 1476 en que los villenenses los expulsaron violentamente y para siempre.
Por el dicho motivo, la diferencia entre Berberás y Mombuy es absoluta, como también son las de Damián Alonso y Juan Martínez, alpargatero, citados por nosotros hace catorce años (33), quienes coetáneos de Mombuy, supuestamente eran descendientes de moriscos al menos en tercera generación y se vieron obligados a presentar probanza que ocasionó un largo proceso.
NOTAS
(1) AMV. Acta Cabildo: 1 de agosto de 1566; se cita este paraje con motivo de señalar los abrevaderos de la acequia que nacía en la Fuente del Chopo, seguía junto al Cabezo del Gato y pasaba por «la puente de la Parada de los moros».
Biblioteca particular F.A.G.: «Libro Cabildos», tomo 1, pág. 139.
(2) «El rincón del moro» es una partida rural, aun existente, de 12'25 km. c., situada entre las «laderas de Cabreras y la Hoya hermosa».
(3) José M.ª Soler García: «Villena, Prehistoria-Historia-Monumentos». D.P.A., Alicante 1976, pág. 159.
(4) AMV. Acta Cabildo: 27 de diciembre de 1577.
Biblioteca F.A.G.: «Libro Cabildos», tomo 2.º», pág. 187.
(5) Juan Reglá: «Estudios sobre los moriscos». Universidad, Valencia, 1971, pág. 115. José M.» Ros Biosca: «Historia de Fuentelahiguera». Centro de cultura valenciana, año 1922, pág. 196.
(6) Gabino Ponce Herrero: «Almansa en los siglos XVI y XVII... ». Cuaderno de estudios locales. N.» 5, pág. 12. Ed. Asociación «Torre Grande», Almansa, agosto 1987.
(7) Historias de Sax, Yecla y Jumilla.
(8) Lorenzo Hernández Guardiola: «Nuestra Historia». Colec. «La Verdad», pág. 22. Alicante, 1980.
(9) Alberto Navarro Pastor: «Historia de Elda», tomo 1, pág. 165. C.A.M. Alicante, 1981.
(10) AMV: Actas Cabildos: 2 de enero, 14 de marzo y 23 de agosto de 1569.
(11) José M.» Soler García: «La Relación de Villena de 1575», pág. 131. DPA, Alicante, 1969, pág. 131.
(12) AMV: Acta Cabildo: 15 de abril de 1566. Biblioteca FAG: «Libro Cabildos» tomo 1, págs. 124 y ss.
(13) AMV: Documento antiguo, año 1565. Biblioteca FAG; libro «Documentos antiguos», tomo pág. 4.
(14) AMV. Actas de Cabildos: 24 febrero, 14 de marzo y 3 de diciembre de 1569.
Actas de Cabildos: 26 de agosto de 1571. Biblioteca F.A.G.: «Libro Cabildos», tomo 1.º, págs. 260, 270 y 307.
«Libro Cabildos», tomo 2.», pág. 61.
(15) AMV: Documento antiguo, fechado en 23 de agosto de 1569.
Biblioteca F.A.G. Libro «Documentos antiguos», tomo 3, pág. 69.
(16) José A. Tapia: «Historia de la Alpujarra». DPA. Almería, 1964, pág. 203.
AMV. «Documento Cuenta de Propios de 1576», fecha 10 de octubre de 1577. Biblioteca FAG. Libro «Documentos Antiguos», tomo 3.», pág. 194.
(17) AMV: Acta cabildo de 10 de junio de 1583.
(18) Gabino Ponce Herrero: «Almansa en los siglos XVI y XVII...» Cuadernos Estudios Locales, n.» 5.
«La construcción de la presa del pantano de Almansa...». Cuaderno de Estudios Locales, n.º 1, Almansa, mayo 1986.
(19) AMV: Actas Cabildos, 24 de septiembre y 20 de noviembre de 1609.
(20) Juan Bautista Vilar Ramírez: «Orihuela, una ciudad valenciana en la España Moderna». Tomo IV, vol. 1.», pág. 130. Ed. Patronato Angel García Rogel. Murcia, 1981.
(21) José M. ª Soler García: «Prehistoria-Historia...», págs. 118-119.
(22) José M.ª Soler García: «Relación de Villena...», págs. 538-539.
(23) AMV: «Documento antiguo de cuentas de propios, fechado 10 de octubre de 1577», varias partidas.
«Pleito del azafrán», núm. 11, 26, 54, 93. «Pleito del amojonamiento», núm. 16, 22, 28.
AMV: Actas Cabildos, fechadas en:
«Pleito del azafrán», 28 de febrero, 4 y 8 de marzo. Año 1576.
«Pleito del amojonamiento»: 20 de febrero, año 1576.
Biblioteca FAG: Libro «Documentos antiguos». Tomo 3.», partidas de ambos pleitos, págs. 193 y ss.
(24) AMV: La dicha partida 22 en nota anterior dice: «Más, dio en descargo que pagó a Martín Ascar y otros tres compañeros, veinte y siete reales por razón de su trabajo, porque vinieron a esta ciudad a decir sus dichos en el pleito entre esta ciudad y la villa de Yecla, sobre el pleito de la mojonera...».
(25) AMV: José M.ª Soler García: «Sharq Al-Andalus». Estudios Árabes. Universidad de Alicante, 1984, pág. 73.
(26) AMV: «Registro de las Escrituras Antiguas». Legajo 16, n.» 5 y Legajo 1.», n.» 4.
(27) Alberto Navarro Pastor: «Historia de Elda», tomo 1, págs. 138 y 157.
(28) AMV: Acta Cabildo, del 27 de diciembre de 1577.
Biblioteca FAG: «Libro de Cabildos», tomo 2.», pág. 197.
(29) AMV: Acta Cabildo, de 28 de julio de 1588. Biblioteca FAG. «Libro de Cabildos». Tomo 4.», pág. 547.
(30) AMV: Actas de Cabildos, 31 de diciembre de 1577 y 14 de noviembre de 1586. Biblioteca FAG: «Libros de Cabildos», tomo 2.», pág. 198. Tomo 4.º, pág. 263.
(31) AMV: Acta Cabildo, del 10 de octubre de 1584.
Biblioteca FAG: «Libro de Cabildos». Tomo 3.», 619 y 635.
(32) José M.» Soler García: Vid., nota 25, pág. 72.
(33) F.A. Gotor: «El Marquesado». Rey. Círculo Agrícola Mercantil. Villena, diciembre 1980. N.» 3, pág. 5.
F.A. Gotor: «Villena», rev. anual de Fiestas. Ayuntamiento, septiembre de 1991.
Extraído de la Revista Villena de 1994 

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LA GRAN FIESTA DEL “UVE” 22 DE JUNIO 2024

LA GRAN FIESTA DEL “UVE” 22 DE JUNIO 2024
FECHA TOPE PREINSCRIPCIÓN 15 DE MAYO.
Cómo sabéis el club organiza un día de convivencia por su 50 aniversario el sábado 22 de junio en la guarida de los Piratas, por motivos de seguridad, logística y permisos os pedimos por favor que os preinscribáis con nombre y apellidos de los asistentes y un teléfono de contacto, esta preinscripción no significa la asistencia, pronto se informará de los detalles y se sacarán tickets a la venta.
Es muy importante que tod@s los que queráis asistir os apuntéis en el correo 50v74villena@gmail.com para facilitar la organización de esta gran fiesta del baloncesto antes del 15 de mayo, con los datos solicitados.
Recuerda que el evento es abierto para tod@s los amig@s y simpatizantes del Club.
ESTA PREINCRIPCIÓN TAMBIÉN ES PARA L@S JUGADOR@ES ACTUALES DEL CLUB.
ENVÍA UN CORREO ANTES DEL 15 DE MAYO.
Gracias por colaborar en la organización de este gran reencuentro.
… Somos “uve”

17 abr 2024

1982 "CALZADOS NAVARRO" CAMPEÓN EN ELDA

Equipo de Fútbol Sala "Calzados Navarro" campeón en Elda.
Arriba… Isi, Fulgen, Torró, Monchi, Cachi, Gabaldón.
Bajo… Manolo, Pepe Poveda, Serrano, Ito, Emilio, Parra, Vicen, Satorres, Diego y Carlos.
Foto cedida por... José Fulgencio Reig Hernández

1971 LA PISCINA MUNICIPAL "EL CARACOL"

Piscina "El Caracol" Piscina Municipal, actualmente La Troya, la fotografía realizada por Benigno López Hurtado muestra el abandono en esos años, poco más tarde fue adquirida por la comparsa de Estudiantes para convertirla en una sala de fiestas con gran éxito durante muchos años.

Foto... Benigno López Hurtado

1980 LA BARRACA Y EL CASTILLO

Extraordinaria vista de Villena tomada desde donde actualmente se entra de la autovía de Alicante. La barraca se trata de una imitación a las de Valencia, que existió hasta principio de los 80, muy bien cuidada por sus propietarios que la ocupaban sobre todo en verano. El paso de la autovía con dobles carriles hizo que este paraje tan acogedor desapareciera. En la fotografía se puede ver el primer túnel de la autovía en obras o ya en funcionamiento. Como eterno recuerdo nos queda esta panorámica que nos hace evocar tiempos pasados. (Fecha sin confirmar)

 

Fotos... Benigno López Hurtado

1970 CARROZAS COMPARSA "REALISTAS"

Si reconoces a alguien... cuéntame
FOTO 1
Pepe Milán, Perico, Fernando "el Cuco", Pepe "el Cuco", Morico Rubiales, Manolet, y el del puro Pepe el Cerraña... (Carroza antigua de negros antes de los Watussi)
FOTO 2
La foto nº 1 y 2 son los mismos componentes, empezando por delante a la derecha: Pepe Milán, Perico, Fernando "el Cuco" Morico Rubiales, Manolet y el del puro Pepe el Cerraña...
FOTO 3
Joaquín Cortés Martínez, el Sultán (fundador de la comparsa). La niña Igna Mari Cortés nieta de Joaquín. De pie... Francisco Soriano con sus hijos y sobrinos.
FOTO 4
Fotos... archivo Junta Central de Fiestas

1996 LA PÓLVORA Y LAS "SOLDADESCAS"

HOMENAJE A D. JOSE Mª SOLER ESPECIAL DIA 4 QUE FUERA
La pólvora y las "soldadescas" El empleo de la pólvora en "morteretes", disparos de artillería y salvas con fusiles o arcabuces es un hecho muy repetido en los festejos populares, y muy especialmente en los del área levantina, y esos disparos los realizaban mili­cias concejiles o soldadescas. A esta última palabra le dan los lingüistas la significa­ción de "conjunto de soldados", pero también la acepción peyorativa de "tropa indisciplinada" o que "comete desma­nes", acepción ésta que, salvo raras excepciones, no cree­mos aplicable a aquellas formaciones que, en tiempos anti­guos, acompañaban a los santos en las procesiones. Por lo que a Villena se refiere, no podemos decir que aquellas milicias intervinieran solamente en actos religiosos ni en homenaje a una advocación determinada. Y en 1586, se dispuso que la ciudad saliera con una compañía de arca­buceros para recibir festivamente a Felipe II en los términos del reino. En 1628, se acordó que los capitanes aportaran los soldados de sus compañías para que salieran con sus armas a solemnizar la beatificación de veintitrés religiosos franciscanos martirizados en el Japón. En 1647, para festejar el nombramiento del villenense Juan Piñero Osorio como obispo de Pamplona, se organizaron corridas de toros y luminarias, y se autorizó a que se gastara "mucha pólvora". En 1652, se festejó la caída de Barcelona tras la sublevación de los catalanes contra Felipe IV, también con toros, lumi­narias y pólvora, y se autorizó a que se "jugaran armas"; es de señalar que, ya en 1575, se había acordado festejar el parto de la reina con procesiones, festejos y "justas entre caballeros". Sabido es que en muchos de estos "juegos caballerescos", uno de los bandos contendientes se vestía con indumentaria musulmana. En 1657, el Corregidor pro­puso celebrar el nacimiento de un príncipe heredero asimis­mo con luminarias, pólvora y corridas de toros en la Plaza de las Malvas, que entonces se llamaba de Juan Ros. En 1668, se realizó la "función" de alzar pendones por Carlos II en la misma plaza, con asistencia de una compañía de arcabuceros al mando de don Ignacio de Selva como capi­tán y de don Francisco Fernández como alférez. En el siglo XVIII, perduran estas costumbres y se va perfilando su celebración. En 1710, para celebrar el triunfo de las armas borbónicas en la batalla de Brihuega, se acor­dó saliesen dos compañías de a cincuenta hombres, al mando de sus capitanes y oficiales, "todos con sus fusiles y arcabuces disparando continuamente". En la proclamación de Fernando VI, celebrada en 1746, se habla de castillos de fuegos artificiales, salvas de artillería, morteretes y "el conti­nuo fuego de una compañía de fusileros". En los actos de proclamación de Carlos IV, celebrados en 1789, se gastaron seis arrobas de pólvora en fuegos artificiales, luminarias y salvas en el castillo y, además, se tuvo una "soldadesca" en que se gastarían cuatro o cinco arrobas. No es la primera vez que vemos utilizada esta palabra; ya se empleó en 1 750 como más adelante veremos. También las cofradías utilizaban los disparos de las milicias en los homenajes a sus patronos, y a veces se exce­dían en sus atribuciones, y así vemos que la de San Sebas­tián había introducido la costumbre de nombrar capitán y alférez de una compañía de soldados que intervenía en la festividad del santo. En la sesión celebrada por el Ayunta­miento el 20 de enero de 1653, recordó a la cofradía que aquellos nombramientos eran ilegales, y que estaba reserva­do a la Ciudad el poder nombrar oficiales como hasta entonces lo había hecho, pero la cofradía seguía insistien­do, alegando que había muchas personas que tenían volun­tad de salir con sus arcabuces para la brillantez del festejo y, en 1655, accedió el Cabildo, quizá porque el nombra­miento de capitán recayó en don Diego de Miño García, que era regidor perpetuo, y el de alférez, en don Antonio de Medina, hijo de otro regidor del mismo nombre. No faltó en aquella ocasión el voto negativo del Alférez Mayor de la Ciudad, para quien el nombramiento de alférez vulneraba sus prerrogativas. Consta también que, en 1670, a la cofra­día de la Asunción se le autorizó una corrida de toros para el día de su fiesta y se le dieron cien reales "para ayudar a pagar la pólvora", y tan frecuentes eran tales demostracio­nes que, en 1619, se prohibió a los mayordomos de las cofradías disparar tiros "en la torre alta mayor del castillo" porque habían dejado el piso tan maltratado que el agua de las lluvias calaba hasta los aposentos inferiores. Las salvas de cualquier tipo han sido, pues, elemento esencial en toda clase de conmemoraciones, tanto civiles como religiosas, y no podían faltar en los actos celebrados en honor de la Virgen de las Virtudes.
ESPECIAL DIA 4 QUE FUERA
Cedido por... Joaquín Sánchez.

1994 LOS MANUELES

Los Manueles. Por JOSÉ M.ª SOLER GARCÍA
No creo pueda ponerse en duda que el advenimiento de los Manueles es uno de los acontecimientos más importantes ocurridos en nuestra comarca a lo largo de los siglos. Es la historia de más de siglo y medio de disputas y alianzas entre las casas reales de Castilla y Aragón.
EL reino de Murcia fue siempre una región semiindependiente, ya como «Cora de Tudmir», con los visigodos, ya como uno de los más importantes y duraderos reinos de taifas. De esta situación quiso aprovecharse el Rey D. Jaime para resolver una cuestión familiar interesante y novelesca.
Del matrimonio de D. Jaime con D.ª Violante de Hungría nacieron, entre otros hijos, D.ª Violante, casada por palabra de futuro con el Rey Alfonso X «El Sabio», y D.ª Constanza. D.ª Violante, que era la mayor, tenía gran envidia de la pequeña porque, si hemos de creer a D. Juan Manuel, «no había más hermosa mujer en ninguna tierra». La reina, que amaba mucho a D.ª Constanza, llegó a temer por su vida, y suplicó a su marido le jurase que no la casaría sino con un Rey, para evitar el peligro a que se vería expuesta si la casaba en Castilla, en donde ya reinaba su hermana.
Sucedió por entonces la rebelión del infante D. Enrique contra su hermano el Rey Alfonso y su alianza con D. Jaime, del que solicitó la mano de D.ª Constanza. D. Jaime le hizo saber el juramento que le hizo a su mujer, pero que podría obviarse la dificultad si D. Enrique conquistaba un reino. Sin pérdida de tiempo, D. Enrique se dirigió a Niebla, que era reino de moros, la cercó, y cuando ya la tuvo por tomada, envió a decir a D. Jaime que le entregase a su hija como había prometido.
Los Reyes de Castilla se dieron cuenta del peligro que suponía para su corona el casamiento del infante rebelde con la hija del Rey de Aragón, y la reina sugirió otra solución: el reino de Murcia se había sublevado; podrían muy bien reconquistarlo D. Jaime y D. Alfonso y entregárselo al infante D. Manuel, quien, casándose con D.ª Constanza, la convertía en reina como su madre quería. D. Jaime se avino a la solución, y poco después hubo en Soria una entrevista de ambos Reyes y se concertó el matrimonio, que se celebró en Calatayud.
El rebelde D. Enrique se había marchado al extranjero, y el Rey D. Alfonso, valiéndose de medios arteros consiguió que D. Manuel renunciase al reino de Murcia que se le había prometido, pero consiguió el extenso señorío que encabezó la ciudad de Villena.
Fue D. Manuel el último de los siete varones que D.ª Beatriz de Suabia la había dado a Fernando III el Santo, quien, cuando murió en Sevilla, dejó a todos sus hijos bien heredados, salvo a D. Manuel, a quien sólo le dio su espada lobera, los blasones de manos aladas y leones para su escudo, y su bendición. El señorío se estableció entre 1252 y 1256, pues falta la prueba documental que precise mejor la fecha.
D. Juan Manuel
El señorío, además de Villena y Sax, comprendía Elche y su comarca, el valle de Elda, Yecla y la Albufera de Murcia. Su suegro le entregó, además, Ayora, Teresa, Zarra, Jarafuel y Jalance. Fuera de nuestros territorios, D. Manuel era señor de las villas de Cuéllar, Santa Olalla, Roa, Agreda, Escalona y Peñafiel. Esta última se la dio su sobrino Sancho IV al tiempo de sacar de pila a D. Juan Manuel. En cuanto a Escalona, le fue entregada en permuta por el valle de Ayora, con la condición de devolverla cuando recobrase aquellos lugares que le fueron arrebatados a Alfonso X por Pedro III de Aragón. Sancho IV, en recompensa a su valiosa adhesión, le entregó además Chinchilla, Jorquera, Almansa, Aspe y Ves.
A la vista de estas liberalidades, no puede por menos de pensarse en la razón de los que achacan y critican a este infante el grave defecto de la ingratitud, justificado quizá por la desastrosa política de Alfonso X en sus últimos años, y quizá también por el resquemor que le dejó la cuestión de Murcia.
La creación del Señorío de Villena supone la institución del «apanage» por estas latitudes. Se trataba de una institución francesa que consistía en la dotación inmobiliaria constituida en provecho de un hijo menor del monarca, con la condición de que si el favorecido muriera sin sucesión directa, aquellos bienes tornarían automáticamente a la Corona. Era una manera de evitar la fragmentación de los dominios reales en favor de la nobleza. En nuestra demarcación se practicó en varias ocasiones, como veremos.
La crítica histórica no deja muy bien parada la figura de este Infante, al que se califica de ambicioso, ingrato y poco afortunado en sus intervenciones políticas. Que los musulmanes de Villena le tenían muy poco aprecio pruébanlo los esfuerzos que su suegro Jaime I tuvo que hacer para que le recibieran de nuevo como Señor, después de la rebelión de los moriscos murcianos. Hay que reconocer, sin embargo, que tanto D. Manuel, como su hijo D. Juan Manuel, mantuvieron una clara postura de apoyo a sus vasallos, y dieron grandes facilidades para el establecimiento de nuevos pobladores en sus villas.
El día de Navidad de 1283 murió D. Manuel en Peñafiel, una de sus posesiones favoritas. No podemos detenernos aquí en las disposiciones de su testamento. De sus extensísimos territorios sólo segregó Elda y Novelda, con sus castillos, que dejó para su hija mayor, D.» Violante, que estaba casada con D. Alfonso de Portugal, hermano de D. Dionís, y con la condición de que no podrían venderse ni enajenarse a religiosos o seglares que estuvieran fuera de Castilla y tierras de Murcia; ni a quien fuera más poderosos que D. Juan Manuel, en cuyo poder permanecería la justicia de aquellos lugares. A él tornarían también si faltase el linaje de D.ª Violante. Sólo si se extinguiese también el de D. Juan Manuel, podrían pasar aquellas poblaciones al linaje de ésta última.
Por la minoría de D. Juan Manuel, que sólo contaba año y medio de edad, su padre le dejó bajo la tutela de su madre y el consejo y ayuda del Rey D. Sancho, y pidió ser enterrado en Ucles con la Infanta D.ª Constanza, su primera mujer, y con su hijo D. Alfonso.
Los fueros y privilegios que D. Manuel otorgó a Villena tuvieron que ejercer una gran influencia en su crecimiento demográfico y en la sustitución del antiguo estrato musulmán por repobladores cristianos, especialmente castellanos, según nos dicen los nombres y apellidos de los principales personajes villenenses en tiempos de D. Juan Manuel, sucesor en el señorío.
D. Juan Manuel
Fue segundo Señor, Príncipe y primer Duque de Villena, aunque nunca hizo uso de estos títulos otorgados por los monarcas aragoneses. El más preciado para él era el de «hijo del Infante D. Manuel».
Al morir prematuramente D. Alfonso, hijo del primer matrimonio de su padre con D.» Constanza, heredó D. Juan Manuel, hijo de la segunda esposa, D.» Beatriz de Suabia, los extensos estados de su padre. Había nacido en Escalona en 1282, y sólo contaba dieciocho meses al fallecimiento de su padre, por lo que quedó bajo la tutela de su madre y la protección de su primo Sancho IV. Su entrada en la Corte a los doce años fue altamente dramática, pues tuvo ocasión de recoger el último suspiro de su primo el Rey, que moría sin haber recibido la bendición de su padre.
A la muerte de Pedro III de Aragón, su sucesor, Alfonso III, reconoció como Rey de Castilla al mayor de los infantes de la Cerda, D. Alfonso, quien cedió al Rey aragonés, a cambio de este reconocimiento, el reino de Murcia; y al morir Alfonso III, le sucedió su hermano Jaime II, quien se propuso hacer efectiva la cesión del reino murciano, en donde D. Juan Manuel tenía sus más provechosas propiedades. Privado de auxilios, tuvo que refugiarse en Alarcón y vio caer en poder del Rey de Aragón el fuerte castillo de Alicante y cómo quedaba sitiada su villa de Elche. Tras muchas vicisitudes, se firmó una tregua en la que se estipulaba que si D. Juan Manuel acataba la soberanía de Jaime II y le obedecía como a su Rey y señor, recobraría la propiedad del señorío con todos sus derechos, y como al final de la tregua no se había producido aquel reconocimiento, no le fue devuelto el señorío a D. Juan Manuel, quien buscó otra solución. En 1303, se firmó en Játiva un pacto en el que se concertaba el matrimonio de D. Juan Manuel con la Infanta D.ª Constanza, hija de Jaime II, y al año siguiente, se produjo el tan traído y llevado reconocimiento de D. Jaime por D. Juan Manuel con la famosa sentencia arbitral de Torrellas.
Lo de Murcia se sometió al arbitraje de D. Dionís, Rey de Portugal, del Infante D. Juan y de D. Jimeno de Luna, Obispo de Zaragoza, aunque los verdaderos artífices fueron D. Juan y el propio Jaime II, que inclinaron la balanza en favor de las aspiraciones aragonesas. En uno de sus párrafos se dice lo siguiente: «... que Cartagena, Alacant, Elche con su puerto de mar e con todos los lugares que recuden a él, Ella e Novella, Oriolla con todos sus términos y pertenencias, quantas han e deben haber, e assí como taja l'agua de Segura ença el regno de Valencia, entre el más susano cabo del término de Villena, sacada la ciudat de Murcia e de Molina con sus términos, finquen e romangan al Rey d'Aragón e a su propiedat e de los suyos para siempre, así como cosa suya propia; salvo que Villena, quanto a la propiedat, romangue e finque a don Johan Manuel...».
Esta sentencia presentaba grandes dificultades de interpretación, especialmente en el trazado de la frontera desde Villena hasta el río Segura, y para solventar las dudas sobre el terreno, se nombró a D. Diego García de Toledo, canciller mayor de Fernando IV, y a Gonzalo García, privado del Rey de Aragón, quienes discutieron enconadamente hasta solucionar la cuestión del siguiente modo: «(...) que del subirano logar del término de Villena, donde se departe término con Almansa; et otrosí que del subirano término de Alcaudet, que parte término con Almansa e con Pechín; et otrosí del subirano logar del término de Jumilla, que parte término con Letur e con Tovarra e con Feellín e con Ciesa, todos los logares que son dentro de estos mojones, fasta las partes de la tierra del Rey de Atagón, sean de su jurisdicción, salvo ende Yecla con todos sus términos, que finque libre e quito a don Johan Manuel en jurisdicción del Rey de Castiella».
Aquí jugó fuerte D. Juan Manuel, pues no consintió que Yecla fuese sacado de su jurisdicción castellana, estableciendo así una cuña entre Villena y Jumilla, que iban a quedar en territorio aragonés.
Todavía se discuten las razones en que se basan los aragoneses para justificar sus derechos al controvertido Reino de Murcia. No podemos entrar aquí en esa discusión. En cuanto a Villena y Sax, de hecho, y a pesar de todos los juicios y sentencias arbitrales, siempre estuvieron en poder de castellanos, salvo en el caso del primer Marqués, D. Alfonso de Aragón.
En 1299 se solemnizó el matrimonio de D. Juan Manuel con D.ª Isabel, Infanta de Mallorca, a la que prometió en dote cinco mil marcos de plata, para los que obligó las rentas de Elche, Yecla, Isso, Alarcón y Sax, pero un año después de consumado el matrimonio murió D.ª Isabel sin haberle dejado descendencia. Con la idea de recobrar Elche, amenazó a Fernando IV de Castilla con pasarse al bando de D. Alfonso de la Cerda, al tiempo que solicitaba del Rey de Aragón la mano de su hija Constanza. Las capitulaciones se firmaron en Játiva en 1303. Fueron extensas y complicadas. El Rey entregaba como rehenes Alicante, Montesa y Biar, y D. Juan Manuel, Villena, Jorquera y Sax. Se estableció en las capitulaciones que D. Jaime, en el plazo de ocho años, entregaría a su hija a D. Juan como mujer legítima, y con ella, cinco mil marcos de plata, además de devolverle íntegramente, Elche, Santa Pola, Aspe, Monóvar y los otros lugares del reino de Murcia que habían sido de D. Juan, pero a condición de que el Papa dispensara el parentesco entre los contrayentes, y que el novio reconociera a su presunto suegro como Rey de Murcia. Todo quedaría anulado si el Papa no consentía la celebración del matrimonio, que fue por fin aprobado.
D.ª Juana Manuel, señora de Villena y reina de Castilla
Las capitulaciones matrimoniales se firmaron el 28 de marzo de 1306. Se dice en ellas que por no haber cumplido D.ª Constanza la edad de doce años y no ser núbil, por tanto, se retrasaría la solemnización y consumación del matrimonio hasta que la cumpliese. Los Reyes la entregaban sin embargo a D. Juan, que había de depositarla en el alcázar de Villena y prometer no sacarla de él ni hacerle fuerza, y esto con voto prestado ante el Obispo de Valencia. Los padres prometían también no obligar a su hija a salir de Villena. Si D. Juan moría antes de consumarse el matrimonio, el caballero que tuviese el castillo de Villena debería entregar a su padre la Infanta, y si D. Juan firmase otros esponsales, el castillo y la Infanta juntamente.
Prendas del cumplimiento por parte de D. Juan eran, además de la de Villena, dos de las fortalezas que poseía en la Corona de Aragón: Sax y Salvatierra, que habrían de tener por el Rey alcaides aragoneses, y Yecla y Almansa, en la Corona de Castilla, que deberían tener alcaides castellanos de confianza del Rey de Aragón. Son, como puede verse, los castillos de esta zona los únicos que intervienen en la negociación. Por los castillos de Almansa y Yecla prestó el homenaje Sancho Jiménez de Lanclares; Guillén Dufreix, por el de Salvatierra; Rodrigo Martínez de San Adrián, por el de Sax, y Ramón de Urg, que era un gran cazador, por el de Villena. D. Juan Manuel absolvió al Vizconde de Castellnou, a Bernardo de Sarriá y a Gonzalo García, de prestarle homenaje por los castillos de Alicante, Biar y Montesa.
Rotas las hostilidades contra los moros de Granada y Almería, D. Juan Manuel temió por la seguridad de la Infanta si los moros llegaban hasta Villena en una de sus algaradas y escribió a D. Saurina de Beziers, aya de la Infanta, para que el alcaide de la fortaleza, Ramón de Urg, estuviese vigilante y apercibido. Y en el mismo sentido actuó Jaime II para velar por la tranquilidad de su hija, a la que hizo visitar por el baile de Valencia D. Berenguer de Esplugues, el cual aprobó las disposiciones de D. Juan y volvió a Valencia «dejando alegre, sana y muy crecida a la Infanta de Aragón», según nos dice la crónica. Esto sucedía en 1309.
Es éste un episodio curioso que nos ilustra sobre el modo de pensar de algunas gentes a principios del siglo XIV. Como la guerra se anunciaba cruenta, no estaba tranquilo D. Juan Manuel teniendo a su futura esposa en Villena, y antes de entrar en campaña se presentó en Barcelona a proponer el traslado de D.ª Constanza a otra fortaleza situada más adentro de Castilla y más libre de riesgos, y ninguna como la de Alarcón par-a esto. Y a fin de quitar al Rey todo recelo, prometió casarse pero no consumar el matrimonio hasta dos años después, ni entrar durante estos dos años en donde su mujer residiera porque, según se dice en la crónica, D. Juan no pretendía casarse con la Infanta sino para tener hijos, lo cual nos parece hoy una tremenda indelicadeza para la débil hija de Jaime II. No creo que estén muy de acuerdo con esto las mujeres actuales. El Rey, sin embargo, se opuso a todo cambio y la Infanta permaneció en nuestro castillo.
Pero la guerra con los moros no estaba terminada e incluso se había abandonado el sitio de Algecieras y el de Almería por las tropas del Infante D. Juan y de D. Juan Manuel, y fue entonces cuando el Rey D. Jaime se inquietó por la suerte de su hija y comunicó sus recelos a D. Juan Manuel en estos términos, traducidos al lenguaje actual: «Ya sabéis cómo la noble Infanta D.ª Constanza, hija nuestra, está en Villena, y como sabéis es muy querida por nos y por vos. Conviene, pues, que tomemos precauciones para que no le sobrevenga mal ni daño alguno, lo que Dios no quiera. Y porque las relaciones del Rey de Castilla y nuestras con el Rey de Granada están dudosas, rogamos hagáis que en el castillo haya más abundancia de reservas y viandas de las que hay. Y no lo demoréis, que muchos peligros podría haber en la tardanza».
La correspondencia cruzada entre el Rey y D. Juan Manuel pone de manifiesto los recíprocos recelos. Jaime II pensaba que D. Juan Manuel pudiera utilizar a su hija como rehén, y D. Juan temía que el Rey quisiera alejarla de su futuro marido, quizá con el propósito de anular el matrimonio.
El 3 de febrero de 1312, Jaime II le recuerda a D. Juan Manuel que el próximo primero de abril, la Infanta cumplirá los doce años, que era el plazo señalado para consumar el matrimonio, y que por esta razón se dirige hacia Valencia, y le requiere para que a principios de abril esté en Villena para cumplir con lo estipulado, y le consulta si accede a que la boda se haga en Valencia, en casa del Rey, «porque es lugar honrado y se podrá hacer muy solemnemente y el Rey pueda preparar lo que fuere menester»; o si prefiere que la boda se haga en Villena, en su propia casa, y que lo prepare «en manera que se haga el hecho bien y honradamente».
D. Juan Manuel le respondió que dejaba la cuestión a voluntad del Rey, y que la boda se hiciese donde él quisiese, a lo que D. Jaime contestó que las bodas se hiciesen, no en Villena, como quería D. Juan Manuel, ni en Valencia, como pensaba el Rey, sino en Játiva, para evitar gastos y desplazamientos largos. La boda se realizó, efectivamente, allí, en Játiva, el 3 de abril de 1312, con asistencia de la familia real aragonesa, y sin la reina Blanca de Anjou, madre de la novia, que ya había fallecido. Siete días después, desde Chinchilla, D.ª Saurina de Beziers, aya de la Infanta, escribe al Rey para comunicarle que D.ª Constanza se encontraba sana y se llevaba muy bien con D. Juan Manuel, quien había hecho traer de Burgos telas muy bellas, de plata y oro, para hermosas vestiduras. D.ª Saurina comenta satisfecha que el matrimonio había tenido un buen comienzo.
D.ª Constanza había pasado seis años entre los muros del castillo de Villena. D. Juan Manuel, en su «Libro de la caza», nos ha dejado una espléndida versión de lo que era el término de Villena en aquella centuria. Dice así:
«En Villena hay mejor lugar de todas las cazas que en todo el reino de Murcia. Y aun dice don Juan que pocos lugares vio él nunca tan bueno de todas las cazas, pues de lo alto del alcázar se verá cazar garzas, ánades y grullas con halcones y con azores; y perdices y codornices y otras aves que llaman flamencos, que son hermosas aves y muy ligeras para cazar, sino porque son muy difíciles de sacar del agua, pues nunca están sino en muy gran laguna de agua salada; y liebres y conejos. También desde el mismo alcázar verán correr por los montes jabalíes, ciervos y cabras montesas. Y dice don Juan que todas estas cazas las hizo él yendo a vista del alcázar, y dice que tan de cerca mataba los jabalíes que desde el alcázar se podía muy bien conocer la cara del que antes llegaba a él. Y dice que si no porque hay muchas águilas y en ciertos lugares de la huerta hay muy malos pasos, que él diría que era el mejor lugar de caza que él nunca viera».
Nos imaginamos a la tierna Infanta D.ª Constanza contemplando las hazañas venatorias de su prometido desde las murallas y ventanales de la torre. El orgullo que por su feudo de Villena sentía D. Juan Manuel lo capta el profesor francés Denis Menjot en el hecho de condescender a citar las varias especies de caza que existían en su término cuando, hasta entonces, se había limitado a inventariar solamente las especies acuáticas.
Todavía insiste D. Juan Manuel en el tema de la caza en nuestra comarca al añadir que «en Yecla y en Sax no hay otra corriente sino la que viene de Villena, y no es muy buena ni de buenos pasos, pero desde Villena hasta Sax en algunos lugares hay garzas y ánades, y en la laguna de las Salinas hay garzas y flamencos, pero es la laguna muy grande. De Sax hasta Elda va el arroyo que viene de Villena y va por lugares muy estrechos de sierras y de montes y no es buen lugar de caza para halcones». Y así continúa su descripción hasta Orihuela, Cartagena, Murcia y Lorca.
En agosto de 1327 murió D.ª Constanza aquejada de tuberculosis. Es muy probable que de su muerte fuese causa su prematuro casamiento. Las costumbres permitían que una niña arrancada a los cuidados maternos y a los juegos de la niñez a los seis años, fuese entregada a un hombre de treinta y dos para casarse a los doce. Hoy nos parecería un hecho casi delictivo. Toda su vida la pasó enferma, y aún hubo de sufrir que le quitaran a su hija para encerrarla en Toro. Parece ser que se trastornó su cabeza, y aunque logró curar de aquellos extravíos mentales no logró reponerse de los males del cuerpo.
Del matrimonio de D. Juan Manuel con D.ª Constanza, nacieron dos hijas: Constanza, la de los tristes destinos, y Beatriz, además de un hijo varón que murió muy pronto, y de otro que tampoco pasó de la niñez. Quedó, pues, viudo D. Juan Manuel y sin heredero legítimo por línea de varón. Tratando de remediar esta deficiencia, unos meses después de enviudar contrajo terceras nupcias con D.ª Blanca de la Cerda y de Lara, heredera de este último señorío y del de Vizcaya. De este matrimonio nacería D. Fernando Manuel, que sería el tercer señor de Villena.
La preocupación por la seguridad de la Infanta es la que hizo ampliar las defensas de Villena con la construcción de su recinto amurallado, en el que no perdura ni un solo emblema heráldico con las manos aladas y leones de los Manueles, que fueron sin embargo incorporados al escudo de la ciudad.
No podemos extendernos en la enconada guerra que se produjo entre D. Juan y el Rey de Castilla Alfonso XI, quien después de su promesa matrimonial con D.ª Constanza, hija de D. Juan Manuel, no solamente la repudió, sino que la tuvo encerrada en la villa de Toro. Pesaroso quizá y con el deseo de enmendar su conducta, propuso al Rey de Aragón que casara a su hijo con D.ª Constanza, para que ésta llegara a ser Reina de Aragón, pero la propuesta fue rechazada. El monarca portugués, que ya lo había intentado antes, reanudó las negociaciones para casar a su hijo D. Pedro con la desgraciada D.ª Constanza, matrimonio que se ajustó con sigilo para evitar posibles entorpecimientos, como los hubo para evitar la ida de D.ª Constanza a Portugal a celebrar la boda.
Los recelos de D. Juan Manuel con Alfonso XI eran cada vez más fuertes, y aunque se le había devuelto el adelantamiento del reino de Murcia, el Rey no permitió que lo ejerciera él, sino su hijo D. Fernando Manuel, a quien llamaba a sus consejos temeroso de que su padre no guardara el secreto de lo que en ellos se trataba.
Entre 1348 y 1350 murió D. Juan Manuel, a quien Jaime II le había denegado la petición de acuñar moneda propia en Villena, y cuando años después necesitó dinero para la nueva rebelión que estaba preparando, no dudó en falsificar «coronados» de baja ley en su aldea de «El Cañavate». Dice la crónica real que esto lo hacía a fin de conseguir la plata necesaria para llevar fuera del reino ganados, trigo y otras mercaderías. La magnífica situación fronteriza de sus tierras y las facilidades del paso de aduanas que D. Juan Manuel había conseguido, tanto de Castilla como de Aragón, se prestaban a ese contrabando ejercido por quien debería haberlo reprimido. Y eso fue lo que le movió a solicitar del Rey de Castilla que hiciera a su tierra ducado y exenta de todo tributo real. La petición, que llevaba implícito el derecho a labrar moneda, fue rechazada por Alfonso XI, y al fracasar en su deseo de obtener el título de Duque en Castilla, obtuvo de Alfonso IV de Aragón el nombramiento de Príncipe de Villena. En 1388, es decir, cincuenta y cinco años después de que se fundara el de Villena, el Rey Juan II otorgó el de Asturias a su hijo, que luego Reinaría como Enrique III. Ya es sabido que hoy ostenta ese título quien ocupa, después del Rey, la primera dignidad de la Monarquía. Hemos de señalar que el título se le dio con el compromiso de no acuñar moneda en todas las tierras que poseía dentro de la jurisdicción del Rey de Aragón. No se contentó con ello D. Juan Manuel, y visto que el nuevo título no le daba derecho a acuñar, a la muerte de Alfonso IV solicitó y obtuvo del nuevo monarca, Pedro IV, el título de Duque de Villena que unos años antes le había sido denegado por el Rey de Castilla.
Los fueros de Murcia, Elche y Lorca llevaban anejo el disfrute de todas las mercedes y franquicias ya otorgadas o que se otorgaren a aquellas poblaciones, y tal profusión de privilegios y exenciones atrajo a un importante número de inmigrantes que huían de la violencia existente en el sector castellano del señorío y de la presión fiscal en aquella zona. Aquí podían encontrar tierras, pastos y gran facilidad para el contrabando. Y podían también aprovechar las ventajas fiscales que les otorgaba la calidad de hidalgos de que varios alardeaban, en muchos casos, sin razón. En 1345, Villena se quejó a D. Juan Manuel de que los hidalgos no querían contribuir a los repartos que él mismo imponía. Desde el castillo de Garci Muñoz en donde se hallaba, declaró que los hidalgos exentos de pechos y pedidos eran:
Sancho Pérez de Cadahalso.
García Jufre de Alcaudete.
García Alvarez.
Simón Pérez de Alcocer.
Martín Remírez.
Remiro Alvarez.
Juan Remírez.
Velasco Martínez.
María Iñíguez, mujer de Juan Gutiérrez.
Alvar Alfonso.
Vicén Martínez Adalid.
D.ª Margarita, mujer de D. Ramiro.
Martín Sánchez Oblitas.
Pedro Martínez y Juan Martínez de Espejo, hijos de Martín Pérez de Espejo.
Todos ellos eran, según D. Juan Manuel, tan hidalgos como lo eran los de Castilla, y estaban libres de pechos y pedidos. Pero, y es muy importante la observación, añade D. Juan Manuel que si hubieran comprado alguna heredad desde hacía seis años, pagarían por ella como los demás. Es interesante la aclaración que hace de que «son tan hidalgos como lo son los de Castilla», y castellanos son, efectivamente, los apellidos de todos ellos. Dieciocho hidalgos a mediados del siglo XIV, reconocidos como tales por el propio D. Juan Manuel, es una importante minoría, pero es que, además, hay otros treinta individuos que se dicen hidalgos, pero que tienen que demostrarlo en el lugar de origen. Es de notar también que tanto los notorios como los presuntos ostentan apellidos castellanos, y lo mismo sucede con la inmensa mayoría de los que figuran en los censos que se han podido consultar. Esto nos habla del sentido que tomó la repoblación de estas zonas que llevó a cabo la familia de Fernando III el Santo representada por los Manueles.
D. Fernando Manuel. Tercer señor de Villena
Dijimos ya que el tercer señor de Villena fue D. Fernando Manuel, hijo de D. Juan Manuel y de su tercera esposa D.ª Blanca de la Cerda y de Lara. El 1 de marzo de 1331, acompañado de su padre, estuvo en Villena para que los procuradores de todos los lugares que D. Juan Manuel poseía en el reino de Murcia prestaran el homenaje de reconocerlo como sucesor en el señorío.
A finales de 1345, D. Juan Manuel había tratado con el Rey Pedro IV el matrimonio de su hijo con D.ª Juana de Espina y de Romania, hija mayor del infante D. Ramón Berenguer, que a su vez era hijo menor de Jaime II. No se conocen las condiciones que se estipularon para el casamiento, pero sí que Pedro IV puso algunos reparos a las exigencias de D. Juan sobre los lugares de Onteniente, Bocairente y Biar. Se trataba de evitar que esos pueblos pasaran a dominio castellano.
Ya dijimos que el Rey Fernando IV no permitía que D. Juan Manuel asistiera a las reuniones de su consejo temeroso de que desvelara los secretos de la Corte, y llamaba a su hijo D. Fernando, quien asumió y heredó todos los cargos que tuvo su padre. No disfrutó mucho tiempo de aquellos cargos porque falleció a finales de 1350. Algunos acusaron a D. Alfonso de Alburquerque de haberlo envenenado, y es el caso de que a su muerte se le dio el adelantamiento de Murcia a Martín Gil, que era precisamente hijo de Alburquerque y que se había convertido en favorito del nuevo Rey Pedro I.
Sólo dos años disfrutó pues D. Fernando la posesión de los extensos territorios que le dejó su padre. Con él se extingue el linaje varonil de los Manueles por línea directa. Algunos creen que D. Fernando murió en Villena, interpretando así la frase «en su tierra» que dice la crónica. Dejó una hija, D.ª Blanca, a quien le dejó todas sus villas, lugares y fortalezas. El concejo de Villena había autorizado a sus procuradores, Blasco Martínez de Ferrera y Miguel Serrano, para recibir por señora a D.ª Blanca. No puede dudarse de que también en este caso se cumplen las condiciones del «apanage», fundado en tiempos de Fernando III el Santo en la persona de D. Manuel, heredado sucesivamente por D. Fernando y por D.ª Blanca.
D. Blanca Manuel. Cuarta señora de Villena
A la muerte de D. Fernando heredó el señorío su hija D.ª Blanca, que era de muy corta edad y estaba bajo la tutela de D. Iñigo López de Orozco. En 1351, los mismos procuradores villenenses que habían prestado homenaje a D. Fernando Manuel, Blasco Martínez de Ferrera y Miguel Serrano, se desplazaron a Garci Muñoz para recibir por señora a D.ª Blanca.
A la muerte de Alfonso XI de Castilla accedió al trono su hijo Pedro I, al tiempo que fallecía el señor de Villena D. Fernando. Una de las preocupaciones del nuevo monarca era la de recuperar las tierras arrebatadas a Castilla por Jaime II. Y ésta es una de las principales razones de que mantuviera casi secuestrada en Sevilla a la tierna señora de Villena, que prácticamente no llegó a ejercer su derecho como tal.
El Rey tenía también apresadas a D.ª Leonor de Guzmán, la concubina de Alfonso XI, y a D.ª Juana Manuel, que contra la voluntad de su hermano, D. Fernando, se había casado en secreto con D. Enrique, Conde de Trastámara, hermano bastardo de Pedro I. Era más que probable que el conde reivindicara las tierras que fueron de D. Juan Manuel y que pudiera heredar legítimamente su esposa D.ª Juana. El caso es que D. Blanca falleció en Sevilla, y no están claras las circunstancias de su muerte, como tampoco lo estuvieron las que rodearon el fallecimiento de su padre D. Fernando. De creer a D. Enrique de Trastámara, su hermanastro, el Rey Pedro I mató a la Reina D.ª Blanca de Borbón, que era su mujer legítima; mató a la Reina D.ª Leonor de Aragón, que era su tía; mató a D.ª Juana y a D.ª Isabel de Lara, que eran sus primas, y mató a D.ª Blanca de Villena por heredar sus tierras. Podemos pensar que todo esto no eran calumnias, porque heredó, efectivamente, el señorío de Villena.
Efímero señorío de D. Sancho de Castilla
A la muerte de D.ª Blanca debía heredar el señorío D.ª Juana Manuel, hermana menor de D. Fernando y última representante legítima del linaje manuelino, pero el monarca castellano, temeroso de que su hermanastro D. Enrique reivindicase las tierras de su mujer, a la muerte de D.ª Blanca anexionó aquellas tierras a la corona, comenzando así a recuperar los territorios arrebatados a Castilla por Jaime II, con lo que confirmaba lo que los maldicientes aseguraban sobre la muerte de D.ª Blanca.
Aproximadamente un siglo había permanecido el estado de Villena en régimen señorial, para volver ahora al de realengo que había tenido con Fernando el Santo y Alfonso el Sabio. No sería por mucho tiempo, porque existe un documento de 1364 en el que se habla de un privilegio otorgado por D. Pedro, «a petición de su hijo D. Sancho, señor de Villena».
Tras el asesinato de Montiel, ascendió al trono D. Enrique de Trastámara, que encerró a D. Sancho en Toro, prisión de tantos personajes de nuestra historia, y allí murió sin dejar sucesión. La inscripción de una sepultura existente en Santo Domingo el Real, de Toledo, dice así: «Aquí yacen los muy nobles señores D. Sancho y D. Diego, hijos del magnífico Rey D. Pedro, los cuales fueron sepultados en este Monasterio el 24 de diciembre del año 1448».
Ultima señora de Villena; D.ª Juana Manuel
Ya hemos dicho que a la muerte de D.ª Blanca debía heredar el señorío de Villena D.ª Juana Manuel, hermana de D. Fernando. Títulos para ello no le faltaban. Pero sabedor su hermano de que D.ª Leonor de Guzmán, la amante de Alfonso XI, trataba de casarla con su hijo, D. Enrique de Trastámara, quiso evitar el deshonor que supondría para el linaje de los Manueles el matrimonio de D.ª Juana con un bastardo, e intentó casarla con Pedro de Aragón o, en todo caso, con el Infante D. Fernando de aquel reino. Pero D.ª Leonor consiguió su propósito, y D.ª Juana Manuel se casó en secreto con D. Enrique. Enterados el Rey y los miembros de la Corte la llevaron presa a Carmona. Hubo disturbios y desórdenes en la Corte; muchos nobles se sublevaron, y entre ellos, el bastardo D. Enrique, esposo de D.ª Juana. Allí acudió el Rey D. Pedro y consiguió que D. Enrique se sometiera.
D.ª Juana permaneció un año en prisión, y puesta en libertad, se dirigió a Aragón en donde le esperaba su marido. En 1358, dio a luz un hijo que luego Reinaría como Juan I. Tuvo también dos hijas, una llamada Leonor y la otra Juana.
Los partidarios de D. Enrique iban creciendo e infligieron una gran derrota a los de D. Pedro en los campos de Araviana, pero de esta derrota tomó cumplida venganza el Rey en uno de los combates más espectaculares de la historia militar de Castilla en la Baja Edad Media: la batalla de Nájera, ocurrida en 1367. D." Juana tuvo que salir de Castilla para refugiarse en Aragón y marchar después a Francia, en donde ya se encontraba su marido.
Pero las noticias que se recibían de Castilla eran cada vez más alentadoras para D. Enrique, y ya con la ayuda de Francia volvió a entrar en Castilla llevando consigo a D.ª Juana y al infante su hijo, que en Burgos permanecieron hasta que el 23 de marzo de 1369 D. Enrique mató a su hermano en el campo de Montiel.
Aquí comenzó el Reinado de Enrique II, que en la primavera de 1366 ya había sido coronado en las Huelgas de Burgos, y aquí comenzó D.ª Juana Manuel a llamarse Reina de Castilla. El nuevo Rey dio el señorío de Lara y de Vizcaya a su hijo, el Infante D. Juan, «porque estos dos señoríos pertenecían por herencia a la Reina, madre de dicho infante», como se lee en la crónica. Tenía también D.ª Juana, como hija legítima de D. Juan Manuel, el estado de Villena, pero el Rey su marido, al coronarse en Burgos, lo había entregado a D. Alfonso de Aragón con título de Marquesado. El derecho permanecía, sin embargo, en D.» Juana, y por eso acudió a ella el Mayordomo Mayor del Rey cuando compró del Marqués D. Alfonso los lugares de Alcocer, Salmerón y Valdeolivas. D.ª Juana confirmó la compra diciendo que, «como Reina y señora y así como heredera de los bienes de D. Juan mi padre (que Dios perdone) cuyos fueros los dichos lugares que vos compraste, de mi cierta sabiduría y de mi propia voluntad consiento en la dicha compra».
El Rey Enrique II, dice en su testamento, refiriéndose a su mujer, «que no hubo Reina en Castilla que tanta tierra tuviese», y recomienda a su hijo Juan que no diese tanto a la mujer que tomase. Esto, unido a la autorización de venta antes mencionada, da a entender que D.ª Juana disponía libremente de sus bienes, y así lo confirma también la autorización para entregar el señorío de Villena a D. Alfonso de Aragón en las Cortes de Burgos.
De todos modos, D. Enrique se mostró excesivamente liberal con lo que no era suyo, uno de los más importantes estados feudales de la península fundado por el Infante D. Manuel a mediados del siglo XIII.
D. Enrique murió en la ciudad de Santo Domingo el 29 de mayo de 1379, y D.ª Juana pudo ver cómo el cetro de Castilla pasaba a manos de su hijo Juan I. Dos años después, el 27 de marzo de 1381, fallecía en Salamanca D.ª Juana Manuel. Está enterrada en la capilla de los Reyes Nuevos de la iglesia de Santa María, en la imperial ciudad de Toledo.
Y así fue cómo la última poseedora del señorío lo cedió a D. Alfonso de Aragón, que inició así el primer Marquesado que existió en Castilla. Y es digna de resaltarse la primacía que ha tenido Villena en el disfrute de títulos nobiliarios, pues también obtuvo el primer Principado en 1333, como ya se dijo, y el primer Ducado en 1336.
Extraído de la Revista Villena de 1994
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