RUPERTO CHAPÍ (1851-1909): SUS CARICATURAS. A lo largo de la vida de Ruperto Chapí el músico villenense fue portada en no pocas ocasiones en algunas de las mejores revistas y periódicos españoles, lo que nos sirve para tomar conciencia de la enorme fama y prestigio del que gozó. Sus partituras que abarcan desde la música más ligera con las que se tuvo que ganar el pan para mantener a su numerosa prole, hasta sus piezas más complejas y ambicionas que pudo seguir componiendo gracias al dinero que conseguía con las primeras, llevan el sello y la innegable calidad de su autor, considerado como uno de los más grandes y originales compositores españoles del último tercio del siglo XIX. Y al igual que de él se conservan multitud de fotografías en las que bien aparece solo, en compañía de familiares, colaboradores o durante algunos de los múltiples homenajes que se le tributaron, también abundan sus caricaturas, que desde el respeto y la admiración hacia el genio villenense y mostrando su evolución física (que discurre entre la delgadez de sus años más jóvenes hasta el sobrepeso que lo acompañó en el último trato de su existencia), tratan de ahondar en la psicología del personaje. Sin ánimo de ser exhaustivos, porque con seguridad deben existir muchas otras imágenes de este tipo, traemos aquí algunas de las que se conservan del autor de inmortales piezas de la música española, como La Bruja, la Tempestad, el Tambor de Granadero, La Revoltosa o Margarita la Tornera. JOSÉ SÁNCHEZ FERRÁNDIZ.
Tal día como hoy, en 1909, y a dos días del que hubiera sido su 58 cumpleaños, fallecía en Madrid Ruperto Chapí Lorente, uno de los más destacados, reconocidos e influyentes músicos españoles del último tercio del siglo XIX y cofundador de la Sociedad General de Autores.
El Señor D. RUPERTO CHAPÍ Y LORENTE
ha fallecido el 25 de Marzo de 1909
R.I.P.
La Sociedad de Autores Españoles; su desconsolada viuda Vicenta de Selva; sus hijos doña Cecilia, D. Miguel, D. Emilio, D. José, doña María, doña Purificación, doña Margarita y doña María Teresa, hijos políticos doña Rosario de Francisco, D. Enrique Casal, D. Serafín Ocón y D. Pablo Fernández; nietos, sobrinos y demás parientes, RUEGAN á sus amigos se sirvan encomendarle á Dios y asistir á la conducción del cadáver, que tendrá lugar hoy viernes 26, á las tres de la tarde, desde la casa mortuoria; Arenal, núm. 20, á la Sacramental de San Justo, por lo que recibirán especial favor.
El duelo se despide en el cementerio.
No se reparten esquelas.
Se suplica el coche.
Ruperto Chapí y Lorente
Adjuntamos una breve biografía del genio villenense publicada en la
revista La Música Ilustrada, que se editaba en la ciudad de Barcelona y
cuyo primer número, donde se recoge dicha biografía, vio la luz el 25 de
diciembre de 1898.
Monumento a Chapí en los Jardines del Buen Retiro, Madrid (España)Cabe destacar, que fue el fundador de la Sociedad General de Autores y Escritores (S.G.A.E.), en 1893, una organización destinada a regular los derechos de los compositores, como por ejemplo, el registro de las obras para evitar plagios o el control de las representaciones o interpretaciones de una obra. También fue maestro de Manuel de Falla. Ruperto Chapí Lorente nació en Villena (Alicante), 27 de marzo de 1851 - Murió en Madrid, 25 de marzo de 1909, fue un destacado compositor español de zarzuelas.
Era el quinto hijo de un modesto barbero cuya afición a la música ya venía de generaciones anteriores. Siguiendo la tradición familiar Chapí y sus hermanos comenzaron a estudiar solfeo desde muy pequeños. Desde su infancia aprendió a tocar el flautín y el cornetín; a los nueve años entró a formar parte de la banda Música Nueva (actual Banda Municipal de Villena) de su localidad natal. Su padre, fue su primer maestro..
Interior de la Parroquia de Sta. María donde fue bautizado Chapí,
antes de su destrucción (Villena)
A los doce años compone su primera zarzuela: Estrella del Bosque. Sus padres, conscientes de sus grandes aptitudes musicales, envían a Chapí con dieciséis años a Madrid para que amplíe sus horizontes y complete su formación. En esta ciudad ingresa en el Conservatorio, con el maestro Arrieta, donde en 1872 logra el Primer Premio de fin de carrera, junto con su condiscípulo Tomás Bretón. Allí estudiaría armonía y composición y, para sufragar sus gastos, en 1870 ingresa como profesor de cornetín en la orquesta del Circo Price (donde también tocaba Tomás Bretón). En este lugar estrena su primera zarzuela, Abel y Caín, sin demasiado éxito; y en el Teatro Real La hija de Jefté en 1874; con esta pieza consigue una beca para viajar a París y a Roma para ampliar estudios, en ésta última fue donde comenzó a componer sus primeras óperas.
Al volver a España, en 1878, comienza su carrera como compositor de zarzuela grande, alcanzando gran éxito con obras como: La tempestad (1882), La bruja (1887) y El rey que rabió (1891). Llegando a la cumbre con El tambor de granaderos ( 16 de noviembre de 1896 ) y La revoltosa (1897).
Otras obras del género chico son: Las bravías (1886), La flor de Lys, El guerrillero, El país del abanico, Ya pican, Los quintos de mi pueblo, Término medio, El domingo gordo, El puñao de rosas (30 de octubre de 1902)...
Otras obras del género grande son: Las hijas de Zebedeo (1889), El milagro de la Virgen (1889) El duque de Gandía (1894) y Curro Vargas (1898).
No solamente compuso música para zarzuelas, también escribió musica de cámara (cuatro cuartetos) y sinfónica, como Fantasía Morisca y el poema sinfónico Los gnomos de la Alhambra. Otras zarzuelas son: La leyenda del monje, Género chico, La cara de Dios, A casarse tocan, Pepe Hillo, ¿Quo Vadis?, Las tentaciones de San Antonio, Roger de la Flor (1878), La serenata (1881)...
Entrado el siglo XX cuatro son sus obras esenciales: La patria chica, La venta de Don Quijote, Circe (1902) y Margarita la Tornera (1909). Ruperto Chapí murió en Madrid el 25 de marzo de 1909.
Uno de los grandes méritos de Ruperto Chapí fue el de dar a la zarzuela una proyección universal, apostando por un sentimiento nacional contra el italianismo de moda. Antes de que Ruperto Chapí creara la Sociedad General de Autores, a la hora de producir un concierto, los editores compraban la obra al artista por poco dinero y se convertían en sus propietarios, por lo que el compositor no tenía ningún control sobre su producción.
Vicenta Selva, esposa de Ruperto Chapí.
Retrato de Chapí, por Bernardino de Pantorba.
Museo de la Sociedad de Autores.Chapí, dibujado por Bonilla. Se le empezó a conocer como el “Xiquet de Villena" Busto de Ruperto Chapí Lorente Un año para el recuerdo. 2009
La Reina Sofía, Presidenta de Honor del Comité Organizador de los actos por el centenario de la muerte de Ruperto Chapí.
Durante los próximos doce meses, un amplio programa de actividades servirá para conmemorar los cien años de la muerte del autor de zarzuelas y óperas emblemáticas como Curro Vargas, Roger de Flor, El tambor de Granaderos, La patria chica, La Revoltosa, El rey que rabió, La bruja, El puñao de rosas o Margarita la tornera. Producciones escénicas, conciertos, edición y reedición de partituras, discos, libros y dvd, congresos, exposiciones o proyecciones cinematográficas conforman un amplio programa de actividades, con más de una cincuentena de actos que se celebrarán en ciudades como Salamanca, Pamplona, Madrid, Villena, Valencia, Torrent, Castellón, Málaga, Sevilla o Santander, entre otras.
La Reina Sofía, presidenta del Centenario Encabezadas por la SGAE y la Generalitat Valenciana, diferentes instituciones y entidades culturales se han involucrado en el proyecto del Año Chapí. De este modo, hace unos meses se creó un comité organizador de los actos, cuya presidencia de honor ostenta Su Majestad la Reina de España, e integrado de forma honorífica por el ministro de Cultura, César Antonio Molina, el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, el presidente de la SGAE, José Luis Borau, el presidente de la Diputación de Alicante, José Joaquín Ripoll, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, y la alcaldesa de Villena, Celia Lledó.
EL CORNETÍN (Publicado en el Semanario Madrid Cómico, el 9 de marzo de 1884)
Cierto amigo mío don… (callo el nombre porque quiero) conserva con gran esmero un cornetín de pistón. Está tan deteriorado el dichoso cornetín y tan tomado de orín y tan roto y abollado, que, si el dueño lo dejara, cierto estoy de que no hubiera trapero que lo quisiera ni avaro que lo guardara. No hay de quién él saque una nota, que agudas, medias o graves se perdieron con las llaves, pues la que queda está rota. Tiempo ha, para que pudiera su antiguo dueño tocar, era menester tapar los agujeros con cera. Pregunté una vez a don… —dime, ¿por qué has conservado el cadáver mutilado del cornetín de pistón? —Ese caduco instrumento —me dijo— es grata memoria de cierta gloriosa historia que contaré en un momento. Este mueble malsonante llegó, en su ya provecta edad, al pueblo, (villa o ciudad) de Villena, en Alicante. Fue a dar a manos y boca de un chiquillo inteligente; lo tocó, y dijo la gente: “¡caracoles cómo toca!” Y desde Elche a Cartagena corrióse como la llama por los sembrados, la fama del cornetín de Villena, Y en todo el país aquel, al poco tiempo no había procesión ni romería, ni serenata, sin él. Un día, siguiendo el norte que le mandaba el destino, dejó aquella gloria y vino buscando más a la corte. ¡Cuántas noches al relente tuvo en el Prado acomodo o a los pies de algún rey godo de la Plazuela de Oriente! Que el pobre en tal vil lid, huyendo de la inclemencia de la luna de Valencia se quedó en la de Madrid. Y el que se vino con tufos de subir al Helicón, se halló con la decepción de bajar hasta los bufos. Y acompañó, no con tantas fermatas como gemidos cabriolas y graznidos de impúdicas suripantas. Y el que a Madrid vino ad hoc a estudiar a Gluck y a Bach, fue intérprete de Oferbach, de Planquet y de Lecoq. Y con grave sonsonete con obligados y trinos, dio jaqueca a los vecinos del baile del Ramillete. Y allí notas lastimeras unía al coloquio grato de la Tuerta con el Chato y la Roja y el Voceras. Más desarrugando el ceño, la suerte ya se ha cambiado y a tiempo se han reparado, el cornetín y su dueño. Y contraste singular cuando en mi poder se halla el pobre instrumento y calla, da el dueño mucho que hablar ………………………………………… Quédese el relato aquí y, para el final del cuento, te diré que ese instrumento fue de Ruperto Chapí. JOSÉ ESTREMERA.
El gran Chapí lo puso en solfa y resultó como no tenía más remedio a pesar de que Sánchez Pastor había cortado en el libro tela para mangas.
Aquello—el libro—no se acaba nunca; y granaderos por acá y frailes por allá, y franceses por aquí y españoles por allí, y... vamos que aquello era el movimiento continuo.
Les morenos, que anoche tenían buen vino, reían y aplaudían a cada instante, y Chapí, que dirigía la orquesta y a quién iban los aplausos, se pasó hora y media saludando.
Verdaderamente la música del Tambor de Granaderos es deliciosa. Sobre todo el pasodoble que se repitió tres veces y que hizo furor en el público.
El libro no vale gran cosa; pero la música le salva.
Habrá obra para rato. Ya era tiempo parece ¡cuidado que ha costado trabajo dar con ella! La interpretación fue bastante buena.
La Brú hizo cuanto pudo en su papel de protagonista; y Pinado y Banquells también cumplieron como buenos.
Seguramente tendremos Tambor de Granadero para toda la temporada
Más vale así.
¡Ah! las decoraciones de Amalio y Bussato muy bonitas.
LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA 17-11-1894
EL TAMBOR DE GRANADEROS
Ha sido un grande éxito.
Tengo para mí que no habrá otro más grande en toda la temporada.
Pedro un éxito para Ruperto Chapí, del que ha participado también el Sr. Sánchez Pastor, por aquello de que el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
El libro tiene poco de original. Recuerda a Don Álvaro, ¡Cádiz! Y alguna otra obra muy conocida. Es un episodio del año 1808, que entretiene poco e interesa menos, a pesar de que cuenta con su correspondiente nota patriótica.
Un autor que se distinguía por la frescura y naturalidad del diálogo, desde algún tiempo a esta parte resulta premioso, y si no puede ser calificado de anarquista literario, ni mucho menos, dejan de determinarse en él, de manera precisa, las galas de un ingenio tan aplaudido en otras ocasiones.
Los chistes no tienen espontaneidad, vienen preparados, algunos resultan violentos y sin condición más principal que deberían tener para serlo: la gracia.
Vale, pues, muy poco el libro del señor Sánchez Pastor, y habría fracasado seguramente, de no ampararse en una partitura que con su inspiración, novedad y frescura impidió que cayera sobre el escenario de Eslava lo que un escritor francés llama la lluvia gris de la mediocridad y del aburrimiento.
Lo confieso sinceramente: de la música no sé qué fue más aplaudido.
Es hermosa la introducción, gráfico y original el coro de los pobres que sirve de introducción a la obra, en el que pasó inadvertido algo admirable tratado: el acompañamiento de madera y la cuerda durante el recitado de lego.
Como obra musical y de orquestación, nada es comparable al número de la jura de bandera. Es la obra de un músico bien y legítimamente reputado, la entrada del toque de fajina en la armonía general de un paso doble con acompañamiento de tambores, que no es posible concebirse más militar.
Es gracioso el rataplán, picaresco el tercero del tío, el lego y la dueña, y en todas y cada una de las partes líricas de la obrilla citada, adviértase esa distinción, ese gracejo fino, esa coquetería juguetona, que es la nota saliente de cuanto produce el entro fecundo de Ruperto Chapí.
No deja sentir el compositor su competencia, su sabiduría, con rasgos enfadosos. No echa sobre el público raudales de notas al caer en el oído quedan pesando como losa de plomo. Tampoco se vulgariza y empequeñece hasta rayar en lo trivial y nimio.
La Música de Chapí es comparable a la mozuela alegre, de fisonomía expresiva, de carácter comunicativo, que tiene fuego en los ojos y miel en los labios, pero que jamás pierde la distinción correctísima a que la obliga su buena educación.
Así como las polcas, vals, habaneras y tangos de Chueca no es otra cosa que esa chila de las Vistillas y Lavapies, rebosando desenfado, moviéndose airosa, medio oculto el rosto entre los pliegues de su pañuelo de seda y ciñendo las plasticidades de su gallardo cuerpo con el airoso mantón de ocho puntas.
Estos dos son hoy los únicos compositores de música cómica.
Anoche fue aplaudido Chapí. Quiera Dios que pronto sea aplaudido en Chueca.
La interpretación resulto buena en general.
La Srta. Brú tiene figura, pero no tiene todas las condiciones necesarias para sacar partido al papel del tambor de granaderos. Es fría y además le falta intención picaresca en el decir. Expresa todo con una inocencia muy dulce. Expresa todo con una inocencia muy dulce, muy simpática, pero impropia de quien se dedica a lo puramente cómico.
Pinedo en su ingrato y desgraciado papel, haciendo lo que podía y un poco más.
Los demás artistas… Al buen callar llaman Sancho, y no digo más.
Las decoraciones, pintadas por los señores Bussato y Amalio Fernández, son preciosas y fueron muy aplaudidas.
La obra ha sido puesta en escena con mucho lujo.
EL ABATE PIRRACAS
29 de abril de 1883
MADRID CÓMICO
Tratándose de maestros,
hay que convenir, señores,
enque es el mejor de nuestros
maestros compositores.
PRELUDIO TAMBOR DE GRANADEROS
Video de la interpretación en el Foro Itálico (en Roma) en el año 1991 del Tambor de Granaderos de Ruperto Chapí.
Esta zarzuela en 1 acto y 3 cuadros fue estrenada en el Teatro Eslava de Madrid, el 16 de noviembre de 1894. Y en lo musical resultó todo un éxito, a pesar de las dificultades del maestro villenense, sometido por aquel tiempo a un boicot por parte de los principales empresarios del sector, que controlaban (y querían seguir haciéndolo en el futuro) totalmente los pingues beneficios que generaban las representaciones de las partituras que se estrenaban en los más importantes teatros. Chapí, desde luego y dado su carácter, no se amilanó ante tamaño reto y consiguió sacar adelante aquel proyecto, que resultó todo un acontecimiento y un triunfo en lo profesional.
Recortes de prensa de periódicos de la época haciéndose eco del éxito del estreno.
Ruperto Chapí y Lorente (Villena, 1851 - Madrid, 1909) EL TAMBOR DE GRANADEROS Ouverture (trascrizione di Jeorge Egea) Banda della Guardia di Finanza Fulvio Creux - Direttore (Roma, Auditorium RAI del Foro Italico, 13 maggio 1991)
Son las siete de la mañana de un día funesto para la música española y de triste e inolvidable recuerdo para los villenenses. Son las siete de la mañana del 25 de Marzo de 1909 y Chapí, Ruperto Chapí Lorente, acaba de expirar. En esta ocasión, en que le faltan dos días para cumplir 58 años, como en tantas otras, la muerte se ha presentado inopinadamente, por sorpresa, cuando casi nadie la esperaba, como con apresuramiento, con prisas por segar la vida de un hombre excepcional. Nuestro paisano, en sus últimos momentos pudo cantar, junto con la zarabanda de su Margarita, lo que uno de los personajes de su zarzuela póstuma LA MAGIA DE LA VIDA, estrenada en Apolo el 14 de Enero de 1910:
Y a nuestra vida, en vano es pedirla que se eternice y que jamás concluya, que el Tiempo nos la da para vivirla y el Tiempo se la lleva porque es suya.
Chapí ha muerto. Y la capital de España, escenario de sus triunfos, y donde ha vivido durante cuarenta años, le rinde el homenaje que merece el insigne artista. El redactor del PAIS dice en su crónica:
"El pueblo de Madrid ha cumplido con su deber y ha hecho del entierro del primer músico español una manifestación tan solemne y tan eminentemente popular, como no se recuerda otra. La manifestación de ayer superó, puede decirse así, a la que Madrid hizo cuando el entierro de Gayarre"
Y Villena ¿Que es lo que hizo al conocer tan trágica noticia?.
Villena, en vísperas del fallecimiento, estaba celebrando el triunfo obtenido por su hijo predilecto con Margarita la Tornera. Se recogían en adecuadas cartulinas, con indudable entusiasmo, las firmas de los villenenses para el album que la Ciudad pensaba regalarle al Maestro, como expresión de su homenaje y testimonio de adhesión y gratitud hacia su persona.
Don José Serra y Dalmau, Director del Colegio de Nuestra Señora de las Virtudes y Don Francisca Bravo Graciá, Director de la Banda "Juventud Musical Víllenense", habían organizado una velada-homenaje con idéntico motivo. El recordado Don José, compuso para dicho acto un Himno a Chapí que interpretaron los niños de su Colegio.
El Domingo 21 de Marzo, el Teatro del Círculo Artístico, totalmente abarrotado de público y primorosamente engalanado, fue escenario de tan celebrado acontecimiento. Un concierto, recitado de poesías, cánticos, lectura de discursos y adhesiones, constituyeron la base principal del preparado programa.
No se habían apagado los ecos de este homenaje, y Villena entera se sentía feliz por el último éxito de su ilustre hijo, cuando el jueves día 25, a primeras horas de la tarde, el Alcalde recibía los telegramas de doña Vicenta Selva, Viuda del Maestro, y de la Sociedad General de Autores, comunicándole la infausta y cruel noticia. Chapí había muerto.
El Ayuntamiento se reune con urgencia y adopta las medidas pertinentes para honrar al inolvidable músico como se merece.
Una de ellas fue que en el tren de la noche, y con el fin de asistir al entierro, partiera una comitiva oficial hacia Madrid compuesta por la Primera Autoridad Don Salvador Amorós Martínez, los concejales Don Pedro Requena García y Don Luis García Catalán, Don Emilio López Chapí, sobrino del Maestro, y el Director de la Banda. Don Francisco Bravo Graciá. Se unieron a ella algunos particulares, entre los que se encontraba un representante del Círculo Villenense, con el encargo de depositar una corona de flores ante el cadáver del Maestro. Allí se encontraba ya velando al eminente músico, Ezequiel García y García "Kleofás", redactor del periódico local "El Bordoño", que tenía instrucciones de asistir a todos los actos fúnebres.
El pueblo que lo vio nacer, dolorosamente impresionado, desea celebrar también el día 26, fecha de su entierro, honras fúnebres en su memoria.
A primeras horas de la mañana, los edificios públicos aparecen con la bandera nacional ondeando a media asta, y los particulares lucen en sus balcones colgaduras con crespones negros.
En la fachada del local donde tiene su sede la Banda Juventud Musical Villenense, hay colocado un retrato del inmortal Chapí rodeado de laurel y telas de luto.
Establecimientos y lugares de diversión cerraron sus puertas, y la consternación y el sentimiento se hicieron generales.
A las dos de la tarde se organizó una manifestación de duelo que recorrió las calles principales de la población, a los acordes de las marchas fúnebres interpretadas por la banda. Al frente de ella marchaban los alumnos del Colegio, que eran portadores de una corona y de la bandera nacional plegada. El pueblo en masa se unió a la comitiva.
El acto transcurrió lentamente hasta desembocar en la Plaza del Mercado, donde se encuentra la casa natalicia del inmortal compositor. Otras coronas de flores y laureles se unieron al homenaje.
Don José Serra y Dalmau subió al balcón de la casa, colocó las coronas y pronunció la oración fúnebre. Con ello se dio por terminado el acto. El silencio se apoderó del pueblo; Villena estaba de luto.
A los pocos días, concretamente el 6 de Abril, se recibió un telegrama en el Ayuntamiento que decía así:
"Confortó nuestro espíritu entristecido. Consuelo trajo a esta casa vuestro cariño. Pague Dios la grandeza de ese pueblo que vio nacer al ser querido que con nosotros lloráis. Reciba por vuestro conducto Villena entera, la expresión de nuestra gratitud inmensa, Viuda de Chapí".
El día 26 de Abril, y como cierre de los actos fúnebres organizados en su memoria, se celebró en la Iglesia Parroquial de Santiago una solemne Misa en sufragio de su alma.
En el presbiterio, junto a las Autoridades locales y Diputados provinciales, presidían el duelo los familiares del finado Don Pedro y Don Emilio López Chapí, Don Diego Muñoz Lorente, Don Diego Lorente Navarro, Don Diego Bravo Lorente, Don Diego Lorente Martínez, Don Agustín Lorente Yusti y Don Rafael Selva Mergelina. Este último, pariente de la viuda y condiscípulo de Chapí.
Uno de los párrafos de la carta que Don Salvador Amorós Martínez, Alcalde de la Ciudad, dirige a Doña Vicenta Selva, viuda del Maestro, dándole cuenta de este acontecimiento dice:
¡Dios haya acogido en su seno el alma del gran Chapí! ¡En paz descanse! Villena entera llorará siempre la pérdida de su amantísimo hijo y recordará con gozo sus glorias pasadas.
RUPERTO CHAPÍ, JOSÉ ZORRILLA Y LOS GNOMOS DE LA ALHAMBRA. Por... José Sánchez Ferrándiz La cosa se fraguó durante el año 1888. El Liceo artístico de Granada lanzó la iniciativa de organizar diversos actos para homenajear y coronar a José Zorrilla, el veterano y prestigioso poeta y dramaturgo vallisoletano, autor de D. Juan Tenorio, quien había mantenido a lo largo de los años una dilatada y estrecha vinculación con aquella ciudad. El agasajado, que se había resistido en un primer momento al homenaje, en parte debido a los achaques de salud asociados a su avanzada edad, acabó por aceptar, aunque a regañadientes, el multitudinario reconocimiento que se verificaría (coincidiendo con las Fiestas del Corpus) a lo largo de varias semanas durante los meses de junio y julio del año siguiente. El momento cumbre de los festejos tuvo lugar en el transcurso de la gala de más de tres horas de duración celebrada la tarde del 22 de junio en el Palacio de Carlos V, dentro del conjunto monumental de la Alhambra. La prensa de la época cuantificó en unas 16.000 las personas concurrentes a este último acto y en 923 las coronas entregadas entonces al poeta para su simbólica coronación, la mayoría de laurel, aunque también las hubo de un importante valor material, al estar realizadas de plata, oro, y algunas incluso engastadas con brillantes.
Con ocasión del homenaje al longevo y respetado poeta, el liceo granadino convocó simultáneamente un certamen extraordinario, con dos modalidades principales, poesía y música, datadas cada una de ellas con un importante premio para el ganador de 5.000 pesetas.
PERIÓDICO LA JUSTICIA: 8 DE ABRIL DE 1889.
El músico villenense Ruperto Chapí Lorente afincado en Madrid era por aquel entonces y a sus 38 años, un reconocido y admirado compositor con una brillante trayectoria profesional a sus espaldas, que gozaba de una gran popularidad entre el público a la par de contar con el respeto y admiración de la mayoría de colegas y crítica musical. Poco después de conocerse la convocatoria del liceo granadino, algunos amigos de Ruperto le convencieron para que mandase obra al certamen. La tentación por la recompensa económica era grande, aunque no así el tiempo libre de que disponía el genial músico villenense embarcado en diversos proyectos y compromisos que lo apremiaban, entre ellos su inminente viaje a Barcelona para estar presente en el estreno en aquella ciudad de su exitosa zarzuela La Bruja, lo que sin embargo no fue óbice para que finalmente, y tal y como era habitual en él, ser capaz de gestar y orquestar en poco tiempo (apenas 6 días) la obra presentada a concurso. De lo que pasó después se hicieron amplio eco los periódicos de la época, generándose un gran debate habida cuenta de que el premio musical quedó finalmente desierto, ya que a juicio del jurado, ninguna de las partituras tenía la suficiente calidad. Escoció especialmente en los círculos más cercanos al músico villenense que uno de los integrantes de aquel jurado era su “íntimo amigo” Tomás Bretón, que con Ruperto había obtenido tiempo atrás y al unísono, el premio extraordinario de composición el curso académico en que ambos finalizaban sus respectivos estudios en el Real Conservatorio de Música de Madrid. El 9 de noviembre de 2015 el periodista José Luis Delgado en un artículo publicado en el periódico Granada hoy escribía: “En 1889 el Liceo de Granada ofreció 5.000 pesetas a la mejor obra musical que se presentara al certamen, basada en el poema de Zorrilla Los Gnomos de la Alhambra (primera parte de su obra Gnomos y Mujeres). Al premio concurrieron ocho obras y todas ellas se rechazaron porque al jurado no le parecieron suficientemente buenas y el premio quedó desierto. El Liceo se ahorró los mil duros. Estamos en Granada. Entre las obras presentadas al certamen estaba el poema sinfónico Los gnomos de la Alhambra del maestro Chapí, el consagrado autor de El rey que rabió y La Revoltosa que tantos aplausos habían cosechado. El jurado de 'expertos' lo formaba, entre otros, el cronista Francisco de P. Valladar; el maestro de piano de García Lorca, Antonio Mesa Segura; el guitarrista Francisco Rodríguez 'El Murciano'; el maestro de capilla de la Catedral Celestino Villa y el condiscípulo de Chapí, Tomás Bretón que desde Madrid emitió también su veredicto adverso a la obra de su 'amigo' Ruperto. La partitura fue interpretada solo al piano; sin darle oportunidad al rumor de bombos, timbales, violoncelos ni contrabajos; sin oír violines, ni trompas ni clarinetes; sin saborear la dulzura del arpa ni la melancolía del oboe… Tras el anuncio de que el certamen había quedado desierto y filtrado el hecho de que Ruperto Chapí era uno de los que habían optado a él, el prestigioso crítico musical y taurino Antonio Peña y Goñi publicó un encendido manifiesto en defensa de la obra de su amigo Ruperto, que no hizo sino arreciar la polémica que alcanzaría su cénit cuando varios meses más tarde y con gran éxito de crítica y público, el Teatro Real de Madrid acogió el estreno de esta partitura que sería la última que el músico villenense dedicaría al género sinfónico.
Retomando el citado artículo de José Luis Delgado en Granada hoy, este autor finaliza diciendo: Pasados los fastos de la coronación de Zorrilla, la obra Los Gnomos de la Alhambra del maestro Chapí fue estrenada en Madrid con un clamoroso éxito; interminables aplausos hicieron salir varias veces al autor a saludar al público entre el que se encontraba la reina María Cristina. La prensa nacional de forma unánime valoró muy positivamente el poema sinfónico, a pesar de que fue escrito en muy pocos días y no se ajustaba demasiado, según el jurado, al proceso cronológico y argumental del poema original del poeta Zorrilla. Mientras todos los periódicos, El Globo, La Época, El Imparcial, La Iberia, etcétera, piropeaban la obra y aclamaban a su autor, el Liberal de Granada se limitó a calificarla de "estimable intento". Cuanto menos resulta curioso el hecho de que todas de obras interpretadas aquel día en el liceo madrileño correspondían a autores extranjeros, excepto la de Ruperto Chapí. Además, el director de orquesta que dirigía al grupo de profesores que integraban la Sociedad de Conciertos y a la vez director artístico del Teatro Real, era el prestigioso músico italiano residente en España, Luigi Mancinelli, quien poco antes había sustituido como máximo responsable de aquella agrupación musical a un Tomás Bretón que desde algunos sectores venía siendo cuestionado desde tiempo atrás por la dirección musical y elección del repertorio de la Sociedad de Conciertos, y no es en modo alguno descartable que al elegir Mancinelli entre el programa de partituras de aquel día la citada obra de Chapí, tratara de realizar un simbólico acto de desagravio hacia el músico villenense, por la posible injusticia de la que meses atrás habría sido objeto en Granada.
EL LIBERAL: 12 DE ENERO DE 1891.
Decir finalmente que las coronas más valiosas regaladas al poeta José Zorrilla fueron empeñadas por este para tratar de sortear su delicada situación económica, ya que pese a su grandiosa coronación en Granada y su aclamación como Poeta Nacional, malvivía de sus escasas colaboraciones periodísticas y no percibía pensión o ayuda pública alguna con las que pudiera afrontar con tranquilidad sus últimos años de vida. Tras su muerte, tres años después, la Reina regente María Cristina de Habsburgo, madre de Alfonso XIII, desempeñó aquellas joyas que hoy forman parte del legado custodiado en la Real Academia de la Lengua.
VITRINA CON VARIAS DE LAS CORONAS Y OTROS OBJETOS QUE FUERON REGALADOS A JOSÉ ZORRILLA CON MOTIVO DE SU CORONACIÓN EN GRANADA Y QUE SE CONSERVAN EN LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA.
Ruperto Chapí - «Conjuro: Séquito de Aquitania y Oberón» de "Los gnomos de la Alhambra" (1889)
Ruperto Chapí - «La fiesta de los espíritus: La Aurora» de "Los gnomos de la Alhambra" (1889)
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