Los niños a la izquierda Catalina Hernández Marco y Paco Bravo.
Foto cedida por… Elisa García Coloma
Para estos corazones doloridos, a los que me asocio en su condolencia y pena, personificados en los padres que lloran la pérdida de un hijo ejemplar, quiero revivir la memoria de un gran villenense, un gran caballero, un excelente y perfecto amigo, y un valeroso militar, héroe de todos los días, que halló la muerte con honor en uno de sus innumerables servicios. Me refiero al joven capitán de aviación don Salvador Postigo Ranea, que el 7 de Febrero, pilotando un avión Texan-T-6, fué víctima de desgraciado accidente en las proximidades de la Base Aérea de Matacán (Salamanca), en donde prestaba sus servicios como profesor de vuelo. Su historial como piloto está lleno de constante actividad. Pertenecía a la primera promoción de la Academia General del Aire, en donde ingresó en 1945, después de conseguir brillantes notas en las reñidas oposiciones a ingreso. Al salir de la referida Academia en 1949, fué solicitando continuos traslados y destinos allí donde mayor actividad aérea había. El haber sufrido dos accidentes de los que salió con vida cuando todavía era teniente, cayendo al mar en una ocasión e incendiándosele el avión la otra, no menguó su valor y pasión por estar continuamente en vuelo. Era piloto de avión de guerra en sus distintas modalidades de caza, bombardeo, polimotores y de vuelo nocturno. Contaba, siete días antes de ocurrirle el fatal accidente, con 1.116 horas de vuelo. Su afán de perfeccionamiento con los modernos tipos de aviones, le llevó a hacer un curso de capacitación en una base americana de Alemania, desde donde pasó, destinado como profesor de vuelo a la Escuela Básica de Pilotos de Salamanca, lugar éste que había de ser el último de sus destinos.
Su vida profesional y privada era modelo de naturalidad, sencillez y modestia, por lo que se ganaba la confianza y estima de sus jefes y el respeto y admiración de sus subordinados. Para sus amigos, lo era de corazón y como amigo incondicional le queríamos con entrañable afecto; para sus paisanos, era uno más enamorado de su Villena, “la segunda capital de España”, como él la solía llamar en tono humorista y simpático.
Uno de los últimos retratos del malogrado aviador villenense D. Salvador Postigo Ranea y una impresionante vista de su entierro.