1907 AMIGAS Y VECINAS DEL RABAL

Virtudes Cerdán Esteban "la Puncha (primera derecha)
y amigas del Rabal entre la que está María "la Carbonera"
Foto cedida por... Trini Pastor Domene

1914 KIOSKO DE PRENSA Y TABACO DE LA ENCINA

Kiosko de prensa y tabaco en la estación de La Encina. En el interior José Vicente Solera, en el exterior su hermano Mateo.
Extraído del libro Historia de la Encina y su estación, de Francisco Esteve y José Luis Esparcia, editado en 1991.

1946 EL FANTASMA DE VILLENA por AZORÍN

Memorias inmemoriales LXIII
EL FANTASMA DE VILLENA
Tengo predilección por Villena; no me toquéis a Villena. Villena es una ciudad alicantina, en la parte central y alta de la provincia, comarcana con Albacete y Murcia. Los elementos primordiales de Villena son la luz y el agua; luz tiene la clara de Levante, reflejada en sus paredes albas; agua tiene en abundancia, cristalina y delgada. He ido muchas veces a Villena; quisiera ir cuantas me encontrara enervado por el trabajo. Véome ya descender del tren y llamar a la puerta de los señores de Amorós. ¡Ay, lo malo es que los señores de Amorós no viven! Quiero decir, no vive don Vicente; vive todavía -y viva muchos años-su consorte Clara Puig. Villena cuenta con una extensa planicie, donde se cosechan los mejores ajos de España. Se encuentra la ciudad a trescientos noventa y siete kilómetros de Madrid por ferrocarril y trescientos cincuenta y cinco por carretera. Pero cuando yo fui a Villena, en la ocasión que voy a relatar, todavía el automóvil no se había divulgado en España. Hice el viaje, por tanto, en un tren que llegó a la ciudad en las primeras horas de la mañana. Pero no quiero adelantar los sucesos: esto mismo es lo que dicen los novelistas antiguos de folletín, y claro está que qué dicen bien. Hay una norma novelística que yo no quiero romper. He de decir, antes de pasar adelante, que en Villena existen las ruinas de un castillo medieval con su torreón casi intacto. Se dispone asimismo de un bello paseo por donde divagar cuando nos encontramos cansados de la casa. Los señores de Amorós habitaban una casa lindera con la huerta; disponía de agua copiosa, naturalmente, para poder regar los cuadros de flores de un jardín y los tablares de hortalizas de un huerto. Muchas mañanas he pasado yo en ese ameno huerto, sobre todo en otoño, cuando cuelgan melosos racimos de los parrales, ya con los pámpanos amarillentos.
Pero voy a mi asunto. Y mi asunto es nada menos que un fantasma: el fantasma de Villena. Cuando yo, hace mucho tiempo, descendí una mañana del tren, en Villena, me sentía fatigadísimo: había yo escrito de un tirón una novela. (He de decir a ustedes que yo soy Juan Antonio Robles, autor de más de cincuenta novelas y de unos treinta libros de ensayos; ya estoy un poco más cansado que cuando, en la ocasión referida, llamé a la puerta de los señores de Amorós. No importa esto y continúo con mi narración.) No abría nadie la puerta; volví a dar con el aldabón. Entonces se asomó en un balcón de la casa de al lado una mujer que me preguntó por qué llamaba. Contesté que iba a visitar a mis amigos los señores dichos, y entablamos una corta conversación. Había muerto don Vicente, y quedaba, como dueña de la vivienda, Clara Puig; pero esta señora no vivía en la antigua casa, aporreada por mí, sino en la contigua. Cuando momentos después departí con Clara, supe algo de que voy a enterar a ustedes. No se lo refiero a todo el mundo: tengo cierto pudor de confesar estas perplejidades mías; pero como mi oficio de novelista me arrastra a ello, no dudo ya ni un momento. En resolución, en la antigua morada de los Amorós aparecía un fantasma; la familia tuvo que trasladarse a la vivienda paredaña; nadie quería habitar una casa embrujada. Y la casa, con sus muebles y con su fantasma, continuaba cerrada.
-Y ¡qué bonita que era la habitación que ustedes, amiga Clara, me daban cada vez que yo venía a Villena! Y ¡qué pena el no poder estar en ella ahora!
Clara Puig, la viuda de Amorós, me refirió diversos lances del fantasma; no era terrorífico, pero su misma benignidad, si es posible expresarse así con motivo de un fantasma, le hacía más temeroso. No se trataba, naturalmente, de un fantasma como los demás: una sombra alta y blanca. Digo naturalmente, porque tratándose de Villena, ciudad tan bonita, no podía aparecer en su ámbito un fantasma adocenado. El fantasma era un puntito fulgurante, a veces; otras, un zigzag fosforescente en la pared. No faltó noche en que toda la fantasmagoría se redujo a un haz de vívidos y blancos rayos de luz. Pero aun siendo apocado el fantasma, vamos al decir, no se encontraba inquilino para la casa. Aparte -y esto es lo más cierto- de que Clara Puig no quería alquilarla a gente mofadora. En el fondo, sentía cierto afecto por el fantasma. Lo sentía, pero no quería verlo inesperadamente, cuando en la noche abriera los ojos y dirigiera la mirada a un espejo. Esto del espejo merece párrafo aparte.
El aposento ocupado por mí daba a una galería: la galería miraba al jardín. En la galería, al alcance de la vista, cuando alguien estuviera acostado, había un claro espejo. Clara Puig había ocupado ese aposento, y en el espejo vio cierta noche reflejado el fantasma. Porfiamos Clara y yo a propósito del cuarto de la galería; quería yo dormir en él; se resistía Clara a satisfacer mi capricho. Por fin, pude convencerla: me tendí, cerca de la medianoche, en tina mullida cama; no podía yo apetecer más. El sueño, sin consideración al fantasma, me sumió en un dulce letargo. ¿Y nada más? ¿Y no pasó otra cosa? ¿Y no hubo fantasma? Aquí entran las perplejidades de que antes hablaba. De madrugada, como saliera del sueño a pierna tendida para entrar en un duermevela, vi, sin darme cuenta, una blancura sutilísima en el espejo. Había yo olvidado el famoso fantasma; necesité ir recobrándome, saliendo del entresueño, como antes había salido del sopor, para convencerme de que lo que estaba viendo era el vestigio. No; no lo veía; lo que veía era un rayo de luna. No; no podía ser el fantasma; no existen entes fantasmáticos. El sueño me invadió otra vez y abrí los ojos cuando ya era día claro.
Y ahora, serenamente, digo: ¿Vi el fantasma o no lo vi? El problema -que implica otros más graves problemas- merece ser examinado con imparcialidad. Estoy cierto de que vi una luz en el espejo. He comprobado que en la noche de marras no había luna. Al día siguiente, creía con toda firmeza que no había atisbado el fantasma. Al cabo de algunos años, pensando en esta visión extraña -un suave reflejo en límpido cristal azogado- entré en dudas; de lo que yo había visto, con toda claridad, no podía nadie dudar; no dudaba yo tampoco, si consultaba con serenidad mi conciencia. Tenía la certeza absoluta de lo que había visto. Pasaron algunos años más; la leve duda de antaño se convirtió en afirmación. Otras muchas personas corroboraban mi aserto. Sí, el fantasma de Villena existía. ¿Y qué razón podía haber para que no existiese? ¿Y no nos ocurre tal cosa con muchas otras especies que declaramos asertivas? ¿Y no vamos, por sus pasos contados, de la negación a la duda y de la duda a la fe? Y ahora lo más terrible: si no existía el fantasma, ¿por qué no inventarlo?
Páginas 173, 174, 175, 176
Admirados amigos de Villena Cuéntame, os envío en fotos, el cuento azoriniano "El fantasma de Villena", que es el capítulo LXIII del libro "Memorias Inmemoriales" del escritor de Monóvar.
Firmado, Javier Valiente Beviá, villenero afincado en Oviedo desde 1962.

1986 UNA OFRENDA ESPECIAL

UNA OFRENDA ESPECIAL
LOS NAZARIES A SU PATRONA

Me acuerdo que corrían los últimos días de Agosto de 1977. Estaba yo en el local de la Comparsa, en la calle Cruz de Mayo, ensayando para el desfile de la esperanza. Éramos un grupo de chiquillos revoltosos a los que no nos salía muy bien eso de doblar la escuadra. Después de repetirlo una y mil veces, agotados, subimos como locos para ver en la Secretaría un medallón que ese año íbamos a regalar a la Virgen. A mis trece años aquella piedra preciosa me sorprendió, ¡era tan grande, era tan bonita...!
Son las cinco y media de la tarde de un 21 de Febrero de 1986. Tengo ante mí a un hombre de 55 años, algo nervioso por tener que hablar frente un micrófono. Es un hombre que lo sabe todo acerca de aquel medallón que años atrás me había deslumbrado.
Francisco Díaz Cerdán es un gran festero, un Nazaríe. Me estaba contando todos sus años como secretario y tesorero en las directivas de Francisco Seguí y José Grau. De lo bueno y de lo malo que vivió en su comparsa, por la que todavía hoy, siente tanto amor que aún le queda para repartir. Estábamos hablando de esto cuando le hice una pregunta, —¿cuénteme lo del medallón? — y a partir de aquí empezó a fluir toda una historia que deseaba ser contada.

La idea fue suya. Él sabía que en la corona de la Virgen había —y todavía hay— trece huecos. ¿Por qué no utilizarlos para que allí figurasen los emblemas de las comparsas? Se lo comentó a Ginés Saborit y pensando ambos que era una muy buena idea decidieron exponerlo a la Directiva de los Nazaríes. La propuesta fue acogida favorablemente. Pero ¿cómo llevarla a cabo? ¿De dónde sacar el dinero para realizar una joya que tuviera la dignidad suficiente?
Se pensó que lo mejor era hacer una cuestación entre las mujeres de los socios. Se formaron de entre los directivos varios grupos, encargándose de visitar las casas de los 340 socios con que contaba la comparsa de Nazaríes. Fueron casa por casa pidiendo a las señoras la voluntad. Cada una depositaba en un sobre lo que podía. Me dice Paco —«lo que no hacíamos para nuestra casa lo hacíamos para esto. Algunos comentaban que parecíamos monjas, pero yo lo volvería a hacer cien veces más»—. Se le nota muy emocionado cuando recuerda a una mujer que, siendo viuda y con un hijo paralítico, le dijo que sí, que ella también quería participar en la Ofrenda a la Morenica y como otras, en situaciones económicas muy penosas, no se negaron a aportar su granito de arena.
Ellos prestaron mucha atención a que solo las mujeres de los Nazaríes fueran las protagonistas de esta ofrenda a la Virgen. Querían que en el medallón estuviera representada toda la familia Nazaríe.
El medallón lo realizó un orfebre de Valencia por mediación de Luis Murillo. Está compuesto de Oro, brillantes, topacio, rubíes, esmeraldas y platino. Su valor económico fue muy elevado —después de la cuestación aún faltaron 44.000 pesetas que fueron puestas por la Comparsa— pero lo importante no fue el dinero. El verdadero valor de esta joya está en el esfuerzo, en el cariño, de un grupo de personas que aportaron algo de sí mismas a unas piedras preciosas que no eran más que su reflejo.
Puestos en contacto con la Junta de la Virgen se decidió colocar el medallón en el frontal de la corona al ser la primera comparsa —y única hasta hoy— que lo ofrecía.
Para su colocación se debía contar con la autorización del M.I. Ayuntamiento. Me cuenta Paco, que al ir a presentar la joya al Alcalde, D. José García Galbis se asustó diciendo que «¿cómo habéis hecho un medallón que es más grande que el escudo de la ciudad?» Los miembros de la Directiva que allí estaban le dijeron que ellos se lo habían encargado a un orfebre, que él había tomado las medidas y que ellos no tenían ni idea de que pudiera surgir ese problema. El Alcalde comprendió la situación, pero guiado por motivos que Paco todavía hoy no comprende, les obligó a que no sacasen ninguna pancarta o publicidad de otro tipo para que el pueblo se enterara, permitiéndoles tan solo que hiciesen una foto ampliada del mismo.
Así pues, el 7 de Septiembre de 1977 casi nadie de Villena pudo enterarse de lo que los Nazaríes ofrecíamos a nuestra Patrona. La forma de entregarlo fue sencilla, tres almohadillas portaban el medallón, la factura pagada y un ramo de flores. Tampoco pudo ponerse el medallón en el mismo acto de la ofrenda, y esa tarde a la cuatro, se colocó en la corona de la Virgen la insignia de los Moros Nazaríes.
Me comenta Paco, que aquel año ni nos nombraron en la entrega de premies pero que sin embargo tiene la enorme satisfacción de que la Junta de la Virgen, por primera vez en su historia, entregó a una comparsa un cuadro de agradecimiento al esfuerzo realizado en esta Ofrenda.
RAFAEL ROMÁN GARCÍA Cronista Nazaríe
Extraído de la Revista Villena de 1986

1957 VILLENA COMO LOCALIDAD BOTÁNICA

VILLENA COMO LOCALIDAD BOTÁNICA
Por Abelardo Rigual Magallón - Catedrático de Ciencias Naturales y Director del Instituto de Enseñanza Media de Alicante
Aun siendo Alicante una de las provincias españolas más visitadas por los botánicos, tanto extranjeros como españoles, no son frecuentes las citas de la «comarca villenense», siendo el lugar más próximo, meta de sus excursiones, la sierra de Mariola. Así, por ejemplo, en 1878, Hegelmaier descubre en la citada sierra una salvia, la cual dedica a Porta y Rigo. El gran botánico francés Rouy recorre Sierra Mariola durante los años 1879 y 1880, encontrando en ella varias especies nuevas. Entre los botánicos españoles que mejor estudiaron la región alicantina destacan: Cavanilles (1797); Lagasca (1810), y más recientemente, Carlos Pau (1896). Las localidades más próximas visitadas por ellos fueron Novelda y Elda, sin que dejaran de pasar por Sierra Mariola.
A mi modo de ver, Villena, por su situación geográfica, tiene un destacado interés botánico, pues, según he podido observar en mis repetidas excursiones por su dilatado término municipal, constituye el paso a la Meseta, siendo por esta causa la zona limítrofe del área de dispersión de numerosas especies eumediterráneas. Citemos, por ejemplo, las siguientes; Palmito (Chamaerops humilis). Base de los Picachos de Cabrera. Lentisco (Pistacia lentiscus). Picachos de Cabrera y base de la Sierra de Salinas. — Aliso marítimo (Lobularla marítima). Sierra de la Villa. Hierba caballar (Senecio linifolius). Base de la Peña Rubia. — Lapiedra (Lapiedra Martinezii). Sierra de la Villa.
No voy sino a tratar de enmarcar a grandes rasgos la comarca villenense en los denominados «Grados de Vegetación», determina-dos por la presencia de especies de plantas destacadas por su constancia y fidelidad; a dichas plantas se las considera como especies características indicadoras de los «Grados de Vegetación» mencionados. Dos tipos de «Grados» podemos estudiar en la demarcación villenense: 1.° — Mediterráneos. 2.° — Montano - Submediterráneos.
Los «Grados» del primer grupo los encontramos en las zonas bajas, incluidas la sierra de la Villa, la parte baja de los Picachos de Cabrera, el Morrón, etc. Los «Grados» del segundo grupo están re-presentados únicamente en la variante edáfica calcícola y subvariante del fresno (Fraxinus Ornus), en las zonas altas de la Pena Rubia y en la sierra de Salinas a partir de los 800 m. s. n. m. Los «Grados» del primer grupo están determinados por el peculiar clima mediterráneo, con inviernos suaves, húmedos, con cierto matiz oceánico; veranos térmicos y secos; primaveras muchas veces fugaces, y otoños benignos. Los «Grados» del segundo grupo corresponden a climas fríos, casi siempre extremados y con intensas nevadas. Su pluviosidad anual es mayor que en el primer grado. Corresponde al primer grupo el denominado «Grado de Quercus Ilex» (encina). Voy a pasar revista, de una manera sucinta, a las especies indicadoras más características que he encontrado en las zonas villenenses anteriormente citadas:
Encina (Quercus Ilex). —Sabina (Juníperus. Phoenicea). — Alaterno (Rhamus Alaternus). - Coronila (Coronilla juncea). —Jara negra (Cistus salviaefolius). — Coscoja (Quercus coccifera). —Rubia (Rubia peregrina). -
Madroño (Arbutus Unedo). — Bayón (Oxyris lanceolata). Lentisco
Pistacia Lentiscus). — Ladierna (Phillyrea angustifolia). — Torbisco (Daphne Gnidium). —Enebro (Juniperus oxycedrus). — Viburno (Viburnum Tinus).—Madreselva (Lonicera ímplexa). — Cornicabra (Pistacia Terebinthus). —Espárrago silvestre (Asparagus acutifolius). Brusco (Ruscus aculeatus). — Acebuche (Olaea Europaea, var. Oleaster). — Pino carrasco (Pinus Halepensis).
Curiosa orquídea de la Sierra de Salinas (Limodurum abortivum)
Los matorrales varían de un modo considerable según sea la naturaleza del substrato, así estudiaremos en primer lugar especies indiferentes edáficas y, seguidamente, las calcícolas o amigas de la cal;
INDIFERENTES EDÁFICAS. -Romero (Rosmarinus officinalis).-Zarnarrilla (Teucrium capitatum).-Romero macho (Cistus Monspeliensis), (Thymus vulgaris) -Hierba de los ojos (Salvia verbenaca).-Cerrillo (Ardropogon hirtum). Hierba cabrera, (Astragalus Monspesulanum). - Siempreviva (H Sum Stoechas) Asperones (Lithospermum fruticosum). Migediega (Dorycnium suffruticosum). -Ruda (Ruta angustifolia). Gamón gigante (Asphodelus cerassiferus). Centáurea (Centaurea ornata).
ESPECIES CALCICOLAS. - Manzanilla amarga (Sanrolina Chamaecyparisus).- Rabo de gato (Sideritis angustifolia).-Espliego (Lavandula latifolia).-Yesca fría (7 hyme aea tinctoria). Estelina (Staehelina dubia). - Flor del sol (Helianthemum racemosum). -Hisopo real (Satureja obovata). - Brezo (Frica multiflora) -Fumana (Fumana ericoides). - Coronilla (Coronilla mínima australis).-Globularia (Globularia Alypum).-Heliantemo (Helianthemum cinereum)
Es curioso observar cómo en las calizas compactas nos encontramos siempre con un grupito de plantas características formando el denominado «brezal de roca». Entre estas plantas citare-las siguientes:
Te silvestre (Jasonia glutinosa) -Violeta silvestre ( Vida arborescens). - Doradilla t Ceterach officinarum). -Pinillo de oro (Hyperium ericoides). -Teucrio (Teucrium buxyfolium). - Polipodio (Polypodium vulgare).
De las especies ruderales-nitrófilas, son de destacar como más frecuentes:
Beleño blanco (Hyosciamus albus). -Gamón (Asphodelus fistulosus). Cardo estrellado (Centau¬rea calcitrapa) Pepinillo del diablo (Ecbalium Elaterium). - Ortigas (Urtica urens y pilulifera. -- Marrubio (Ballota Hispanica).
También ofrece gran interés la vegetación de las pseudoestepas o falsas estepas, encontrándonos como planta característica de la pseudoestepa sobre caliza, así como en las margas compactas, el «esparto» (Stipa tenacissima). Sobre margas deleznables aparece el «albardín» (Lyg um Spartum), que ocupa zonas bastantes extensas por tolerar bien los suelos salinos, abundantes en la zona villenense. No quiero dejar de citar la pseudoestepa sobre margas yesíferas, que ocupa bastante extensión en los terrenos triásicos próximos a la Ciudad: Cabezo Redondo, Cabezo del Aguila, base de los Picachos de Cabrera, etc. En ellos encontramos las siguientes especies características:
Heliantemo yesero (Helianthemun squamatum). - Herniaria ( Herniaria fruticosa).- Lepidio (Lepidium subulatum). Garbancillo zorro (Ononis tridentata). -Albaida (Gypsophilla Hispanica).
Las zonas de marismas de Villena no ofrecen gran interés geobotánico, si bien encierran las especies propias de los saladares del interior.
Para terminar, voy a destacar los caracteres más salientes del «Grado Montano Submediterráneo» en la variante calcícola que como he dicho al principio, corresponde a las zonas más altas de la orogenia villenense, tales como la Peña Rubia y la Sierra de Salinas.
Tanto una zona como otra son de gran interés botánico, por el crecido número de especies que albergan y por ser las regiones menos devastadas por la acción antropozoógena.
Vamos a enumerar someramente las plantas más notables correspondientes a este último «Grado» de vegetación:
1.° Especies arbóreas. - 2.° Especies fruticosas o matas leñosas. - 3.° Especies herbáceas.
ESPECIES ARBOREAS. - Fresno (Fraxinus Ornus).- Se encuentra con relativa frecuencia como fisurícola en las umbrías altas. - Encina (Qurcus Ilex). - Formando bosques. - Pino carrasco (Pinus Halepensis). - Constituye tupidos pinares entremezclado con las anteriores.-Serval silvestre (Sorbus Aria).-Algunos ejemplares, que alcanzan hasta cuatro metros de altura en el barranco de la Cueva del Lagrimal.-Viburno (Viburnum Tinus).-- Escasos ejemplares. - Espantalobos (Colutea arborescens).-Curiosa leguminosa frecuente en el barranco de los Hierros, en la Sierra de Salinas.
ESPECIES FRUTICOSAS O MATAS LEÑOSAS.-Boj (Buxus sempervirens).-En el barranco de los Hierros (Sierra de Salinas).-Jara de hoja de laurel (Cistus laurifolius). - En la misma localidad que la anterior. Coscoja (Quercus coccifera).- Ocupa grandes extensiones substituyendo a los pinares y encinares desaparecidos por la tala. - Zarzaparrilla silvestre (Smilax aspera). - Almohadilla de pastor (Erinacea pungens). -Aliaga (Genista Hispanica).
ESPECIES HERBACEAS. - Espliego (Lavandula latifolia).-En la Peña Rubia y Sierra de Salinas. - Sanguisorba (Poterium rupicolum) - En la Sierra de Salinas. Oreja de ratón (Hieracium Mariolense). -En la Sierra de Salinas. - Poligala (Polygala rupestris). - En la Sierra de Salinas.- Saxifraga (Saxifraga Cossoniana).-En la Sierra de Salinas y en la Peña Rubia.
Como especies curiosas entre las Orquídeas citaremos tres, características de la Sierra de Salinas: Limodorum abortivum. Epipactis atrorubens. Cephalanthera ensifolia.
Entre los helechos más interesantes están: Cabellos de Venus (Adianthum Capillus Veneris).- Asplenio (Asplenium Trichomanes)
De todo lo que acabamos de exponer se deduce que la Flora Villenense tiene un interés extraordinario, ya por la variedad de especies que encierra, ya por sus comunidades vegetales tan diferentes, consecuencia de la multiciplidad de sus terrenos geológicos.
Extraído de la Revista Villena de 1957

1929 LA COMPARSA DE MOROS VIEJOS

Comparsa de Moros Viejos de Villena.
finales de los años 20 fecha sin confirmar.
Comentarios... 
El Moro viejo del centro es Pepe ("el gasolina" Tio Frasquito) y la niña su hija Anita.

2018 EL DIRECTOR Y DOS EMBAJADORES

Recuerdo del día 6 de septiembre de 2018 a las 17:15 en la Plaza de Santiago antes de comenzar la subida a la Embajada Mora. 
Ricardo Conca: Embajador Moro, José Fernando Domene...  Director de Embajadas y  Juan Ferri... Embajador Moro en diversas ocasiones entre los años 1985-2017.
Foto cedida por... Ana Tomás Hernández

1972 RETRETA... ESCUADRA DE "VERDES"

La escuadra de "Verdes" de la comparsa de Maseros
día 7 en la retreta vestidos de sevillanas... qué tiempos...

Empezando por atrás... Pepe "El Centeno", Mateo, x, Fermin, Pascual, Carrillo, Parodi, Ubeda, Almanseño, Ligero, Conca, Trinidad, Agulló, Santa "Chirivio", Vicente, x, Fernando.
Vicente García de sevillana...
Chirivio "Santa",Domingo, Fermín, Pascual, Parodi, Almanseño.
Fotos cedidas por... Vicente García y Patro Hernández y Chirivio

1932 PRIMERA COMUNIÓN VIRTUDES LÓPEZ

Recuerdo de la Primera Comunión de la niña Virtudes López Hernández, recibida el la Capilla del Colegio Hermanas Carmelitas el 5 de mayo de 1932. Villena
 VIRTUDES LÓPEZ HERNÁNDEZ
Cedido por... Isabel Barrachina

PREMIOS FUNDACIÓN JOSÉ Mª SOLER 2021

Daniel Azorín y Pedro Joaquín García reciben el Premio de Investigación de la Fundación Soler.
El catedrático de Filosofía del IES Hermanos Amorós, Francisco Arenas, ha pedido la apertura urgente del Museo de Villena y la catalogación de los fondos de la Fundación Soler en el acto de entrega de los Premios de Investigación de dicha entidad. (Portada.info)

La directora de la Fundación Municipal José María Soler, Loli Fenor, ha iniciado el acto de entrega de Premios de Investigación de la Fundación Soler y los Premios de Iniciación a la Investigación. Un evento especial, primero porque es la primera entrega de premios tras un año de parón debido a la pandemia por la Covid-19. Segundo porque se recuerda el 25 aniversario del fallecimiento del humanista, arqueólogo e historiador de Villena, José María Soler.
Más tarde, el catedrático de Filosofía del IES Hermanos Amorós, Francisco Arenas, ha hablado de la vida de Soler destacando su gran pasión, Villena. Soler contó además con el apoyo y el reconocimiento de sus paisanos. Para su ingente estudio poseía una extensa biblioteca y acceso a la de la CAM y la del Casino Villenense y el mismo reconoció que el término de Villena reunía todas las condiciones para la vida de los antepasados ya que había abundante agua, zonas de caza y buenas comunicaciones por lo que favoreció que desde el Paleolítico haya sido habitada.
En 1982 Soler recibió el premio Monter de reconocido prestigio internacional, seis años antes recibió la Medalla de Oro de la ciudad por suscripción popular. También recibió el nombramiento de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Alicante.
El amor por propio nunca ha sido un menosprecio a lo demás para Soler, según ha incidido Arenas.
Asimismo, antes de terminar el recorrido por la vida de José María Soler Francisco Arenas ha hecho una serie de reivindicaciones para que tome nota el Ayuntamiento.
Así ha pedido finalizar la catalogación de los fondos de Soler y facilitar el acceso a los mismos a estudiosos y ciudadanos. También establecer un protocolo de donación y una exposición permanente museística para que no se olvide su figura. “Debemos seguir apoyando el amor a su Viilena dando a conocer lo valioso que tiene. Por lo que es urgente abrir el Museo de Villena”, ha afirmado el catedrático.
Arenas ha cerrado su reconocimiento a Soler con sus propias palabras: “Haber trabajado con intensidad ha sido un placer que ha sido más que suficiente galardón”.
Además, se ha entregado el premio de Iniciación a la Investigación en la modalidad A (1º y 2º ESO) a Diego Ortín del colegio Salesiano por La panificadora villenense dotado con 400 euros y diploma. Dedicado a su abuelo y bisabuelo “Quebra” que hicieron uso de la panificadora.
En esta modalidad se han otorgado cuatro accésits. Uno de ellos es Sueños con marco de Isabel Sofía Trespaderne de IES Hermanos Amorós. Otro, Estudio de la distribución de Thymus Piperella en el paraje Peña Rubia de Villena de Marcos Lillo, alumno del IES Las Fuentes. Dio las gracias a su padre. Un tercero, El sueño de Antonio Navarro Santafé de Catalina Micó del colegio La Encarnación y En primera persona de las alumnas del centro Santa María del Carmen de Elda Isabel Estevan, Laia Gilar, Lola Montesinos y Nerea del Pilar Castaño.

En la Modalidad B (3º y 4º de ESO y Ciclos Formativos Grado Medio), el premiado ha sido Javier García del colegio Nuestra Señora de los Dolores (Paulas) por el trabajo La Constancia, un barrio lleno de emoción en reconocimiento del barrio de su abuela Vicenta. Su abuelo Gabriel llevó a Soler a la Universidad de Alicante como Doctor Honoris Causa.
También se han otorgado dos accésit al trabajo de Daniel Navarro del IES Hermanos Amorós La ciudad de Villena a través del catastro de Ensenada y a Mercedes Martínez de Nuestra Señora de los Dolores con su proyecto: Siempre que reciba una carta me acordaré de ti, hace un recorrido por correos en Villena. Ha sido un honor para ella recibir este premio.
El premio en la Modalidad C (para alumnos de Bachiller y Ciclos Formativos Grado Superior) ha quedado desierto.
Por otro lado, Daniel Azorín Juan ha recibido el Premio de Investigación en la modalidad de Arqueología por su trabajo La ocupación prehistórica en el yacimiento de El Monastil“, una revisión de fondos documentales del yacimiento eldense.
Por otra parte, Pedro Joaquín García Moratalla vecino de Albacete ha recibido el Premio de Investigación en la modalidad Científica y Humanística por su trabajo La crisis de Almansa en el tránsito al siglo XVII. 1598-1602. El premio a estas dos modalidades es la edición de los trabajos y la entrega al investigador de 50 ejemplares.
El autor ha destacado de Soler su libertad y minuciosidad en su trabajo y ha felicitado a la Fundación por su buen hacer en la historia y al Ayuntamiento por el apoyo a la entidad.
Texto cedido por... Portada.info (Inma Alcaraz)
Fotos: Villena Cuéntame

1956 FULGENCIO MILÁN PÉREZ TOMANDO EL SOL

Típica estampa de años atrás cuando se salía a la calle a tomar el sol. 
Fulgencio Milán Pérez (1892-1957)  calle San Fernando.
Foto cedida por... Jerónimo Lázaro (fecha sin confirmar)

1895 AMIGOS EN EL PARQUE

José María de Prado con amigos en algún parque de Villena.
Fecha sin confirmar.
Foto cedida por... María Dolores de Prado Estañ

1985 Ier GRAN CONCURSO DE POP-ROCK VILLENA

Día 1 de septiembre de 1985.— Se celebró el PRIMER CONCURSO para Grupos de POP-ROCK, organizado por el Cine-Club y el Club de Ajedrez. Problemas de alboroto con la Policía Municipal impidieron que este tuviese su continuación el día 2, no obstante dos semanas después, el 13 en concreto, se celebró con éxito extraordinario la FASE FINAL del mismo. El grupo «LINEA DIRECTA» de Elda, fue el GANADOR. Autor cartel... MAY

Extraído de la Revista Villena de 1986

1926 JOSÉ Mª SOLER ESTUDIANTE Y TORERO

DOS FACETAS LÚDICAS ... DE JOSÉ MARÍA SOLER GARCÍA
Comparsa de Estudiantes por la Corredera.
(José María Soler, primero a la izquierda del cabo)
En una vida dedicada a la investigación como la de José María Soler García no faltaron momentos en los que predominó el carácter lúdico y que vistos hoy incluso resultan chocantes, conoce­dores de la personalidad de nuestro insigne paisano. De entre ellos vamos a glosar dos. En primer lugar, su faceta festera como miembro de la Comparsa de Estudiantes, y, en segundo lugar, como banderillero en un festejo benéfico celebrado en nuestra plaza de toros el año 1930.
José María Soler se incorporó a la Comparsa de Estudiantes el año 1926 y desfiló vistiendo su unifor­me hasta las fiestas de 1935. Después del paréntesis provocado por la guerra civil, no volvió a par­ticipar en el seno de la comparsa. El traje era idéntico al de la actuali­dad, aunque se usaba indistinta­mente el lápiz y la cuchara. Fue este grupo de amigos el que deci­dió incoporar la gola.
El propio Soler recuerda perfec­tamente como presenciando la entrada de 1925 en el exterior del Casino Villenense, con un grupo de amigos, surgió la idea de incorpo­rarse a una de las comparsas exis­tentes, bastante alicaídas por aquel entonces. Cuenta Soler que aquel año desfilaron solamente cuatro estudiantes, sin banda de música propia, detrás de la del Bando Marroquí. Y que al verlos, excla­mó: ¿ por qué no desfilamos con éstos ?. Y así se tomó la decisión.
El primer año desfilaron trece de estos amigos, acompañando a los antiguos estudiantes, a quienes hicieron un traje nuevo para que lo lucieran igual que ellos. Cada uno de los cuales tuvo su nombre de guerra, siendo la relación la que sigue: Paco Hernández López (Carrasca): Juan Martínez Bravo (Atleta): Enrique Martín Palao (Moriles); Juan López Pérez (Rojico); José García Valiente (Pestaña); Fernando Bonastre Pérez (El Quinto); José López Navarro (Perete); Joaquín Pérez Maestre (El Chimo); José María Soler (El Peatón); José Tornero golf (Tornere); Antonio Valor Estevan (Cuqui); Salvador Amorós Cerdán (Mariano toca) y Francisco Valor Estevan (Pepona).
El mote de Soler venía dado por la condición de trabajador de correos. Quienes repartían la correspondencia por los pueblos, como él, eran denominados -peato­nes-. Recuerda José María Soler que Chimo Pérez, -que tenía madera de líder-, fue el indiscuti­ble coordinador de todo lo que en el grupo se coció. -Por encima del capitán o el alférez de turno, Chimo Pérez era, en definitiva, el que llevaba la comparsa adelante-.
En aquellos tiempos en los que LaTroya no había sido inventada, la casa del capitán era el lugar de reunión, almuerzo y de cena de todos los componentes de la comparsa, ­que al no ser muchos, podí­an congregarse en un solo domicilio. ­Una cláusula en el contrato de la banda de música especificaba que ésta debía tocar también duran­te toda la noche en la calle, junto a la casa del capitán, en donde se lle­vaba a cabo el popular baile por parte de todo el vecindario. Mientras unos músicos permanecí­an en el mismo, otros acudían a la diana de las siete de la mañana. Los festeros, sin embargo, eran ubicuos, y, sin solución de conti­nuidad, asistían a la verbena calle­jera y a la diana.
Uno de los puntos fuertes de las fiestas, por aquel entonces, era la arcabucería. Prácticamente la tota­lidad de los componentes de la comparsa participaban en todos los actos en los que había descargas - los mismos que en la actualidad más la entrada de capitanes de la tarde del 9 de septiembre - con su arcabuz.
Soler recuerda esta época con gran cariño, e incide en su carácter popular y en la camaradería exis­tente entre todos los participantes como lo mejor de esta etapa, un período no comparable en ningún orden con el actual.
En lo concerniente al traje de la comparsa de Estudiantes, hay que destacar que fue precisamente en este momento cuando se tomó el acuerdo, por parte de este grupo de amigos, de uniformarlo, suprimien­do las puntillas del cuello de la guerrera, e introduciendo la gor­guera. Las cucharas cohabitaron desde entonces hasta mucho des­pués con los lápices.
Par de banderillas a cargo de José María Soler en una novillada de 1930.Por lo que respecta a ese par de banderillas clavadas en lo alto, momento que certeramente captó con su cámara Pepe Rodes, José María Soler no deja de congratular­se por el hallazgo de este docu­mento gráfico que ratifica lo que para él, hasta ahora, sólo era un grato recuerdo.
El festejo tuvo lugar el 18 de mayo de 1930 en la plaza de toros de Villena, y se denominó - la novi­llada del perro gordo -, porque eso era lo que costaba la entrada. En la prensa de la época se puede encon­trar el cartel completo del festival.
Antonio Sempere
Extraído de... Día 4 que fuera 1993.

1964 EL TENOR ALFREDO KRAUS TRUJILLO Y EL TESORO DE VILLENA

Alfredo Kraus y su señora Rosa María, el 5 de agosto de 1964 pasaban por nuestra ciudad de camino a Alicante, el coche grande y descapotable se les averió en Villena, el vehículo lo llevaron al taller de los Martínez en la calle Ferríz, y mientras se lo reparaban visitaron la casa del Director del Museo D. José María Soler descubridor del Tesoro de Villena.
Foto. Miguel Cano (ex-futbolista y canario); Blas Hernández (Imprenta), José María Soler; Alfredo Kraus; Pepe Menor y Pedro PalaoSegún nos cuentan... el tenor estuvo muy interesado en ver el Tesoro de Villena del que había oído hablar, a la visita se sumaron algunos aficionados al canto.
Alfredo Kraus y su señora Rosa María contemplando el Tesoro.
Al llegar al taller Andrés Pardo (padre de Ernesto Pardo colaborador de Villena Cuéntame) le reconoció y le pidieron si podría cantar algo, y sin pensarlo Alfredo Kraus a capela interpretó algunos minutos para los empleados del taller.

Alfredo Kraus con Pedro Palao Llebrés. Alfredo Kraus y Pedro Palao,
viendo el reportaje fotográfico del momento del descubrimiento.

Fotos propiedad de... Museo Arqueológico "José María Soler"
Visita la web del museo... www.museovillena.com
COMENTARIO... (José Amorós Alpañez) Recuerdo que era un crio y trabajaba en el Taller de los Martínez, al llegar al taller se armó un gran revuelo, ha venido el coche de Alfredo Kraus, está averiado y lo han traído a los "Martínez". El coche era grande, no recuerdo la marca, pero era de esos coches que salían en las peliculas americanas, estuvo casi todo el día, nos firmó autógrafos.- Recuerdo una anécdota... Radio Villena que estaba en la casa de la Cadena, quiso hacerle una entrevista en la emisora, a lo que él contestó que fueran al taller a hacerla allí, que el no entendía, lógicamente en aquellos tiempos los medios técnicos con los que contaba la emisora de radio eran precarios, al final no recuerdo si le hicieron la entrevista.
También recuerdo que que era una persona seria, educada, claro estaba en todo lo suyo.

1986 RADIOGRAFÍA FESTERA

RADIOGRAFÍA FESTERA
Villena, tierra de mar adentro, perla cultivada por el mar Mediterráneo y bañada por la belleza de sus fiestas, vuela a través del 4 al 9 de septiembre como una gaviota marina pasando por el espacio del tiempo hasta llegar a la orilla de la esperanza donde nos espera una Virgen con rostro tostado por la brisa marina. Ella nos sirve de timón y guía para que todos los villeneros unidos en mutuo esfuerzo podamos amarrar después de todo un año en el puerto de nuestros cinco días de fiesta.
Son las fiestas de moros y cristianos una tradición perenne para Levante, y lo son porque de alguna manera han de tener el olor de la alábega y la pólvora al son del estruendo de los arcabuces y el ritmo de la música festera. Todo esto forma un conjunto de símbolos de convivencia y un eco de deseo de coexistir en paz, sin diferencias de raza ni religión. Querrán unos ser moros, otros cristianos, pero la intención en el fondo es sólo una. Hacer la fiesta, olvidar por unos días la fatiga de vivir, hacer afirmación de la alegría, que una vez más aflora, al tiempo que estalla la pólvora y suena el clarín en la hora de la verdad.
Nuestras comparsas de moros y cristianos, ya desde mucho tiempo, tienen logrado rango digno de su fastuosidad y esplendidez. Son lo más florido y sobresaliente de nuestras fiestas, a las que dan carácter y nombre. Villena se mira en ellas y se siente orgullosa de contar entre las primeras de este tipismo levantino. Sobre el rumbo alegre y el colorido de sus trajes se destaca, sin duda, la estampa de los cabos de gastadores, alma y gala de sus propias comparsas. Son entusiastas festeros, artífices del gesto, artistas del ademán, sombríos unas veces y exuberantes otras, majestuosos, jocosos, fanfarrones alegres que llevan al marchar gracia picaresca en su mirada, sabiendo guiar sus escuadras con una maga jactancia que electriza y arranca aplausos por doquier.
Tienen las comparsas en nuestras fiestas muchos actos dignos de destacar. El de la Entrada es el de más fama, por su alegría desbordante. Luego está la no menos brillante Cabalgata, que año tras año, gana más adeptos y simpatizantes.

Las Dianas, con su despabilar mañanero, se llevan día a día con el cansancio en el rostro y la alegría en el alma. Antecesores nuestros hicieron el mismo recorrido, bebieron el cantueso, aspiraron el perfume de la alábega y pisaron con paso firme y decidido las mismas calles que hoy nos sirven de guía. También supieron hacer un esfuerzo supremo para acudir a las citas de las cuatro dianas que tiene nuestra fiesta. Son como cuatro flores bañadas por el rocío mañanero, que mueven sus pétalos de colores, al son de las notas musicales que se esparraman en el aire. Hasta el punto que el día y la noche sean una misma ilusión y el eslabón que sirve de unión a todos los festeros.
De las Embajadas se podría decir que son la raíz y la esencia de herencia medieval, que nos sirven de tarjeta de presentación con la que nos sentimos identificados a la hora de adaptar las formas y tradiciones, rememorando de esta manera aquellos tiempos en que la Reconquista fue plasmada con pinceles históricos sobre el lienzo de nuestra cultura, para que hoy podamos recordar las nobles gestas en la lucha contra el musulmán, teniendo como símbolo en nuestros días el castillo con sus coronados muros, que se yerguen como índice fuerte de nuestra fiesta, que ni el tiempo ni el olvido han conseguido derribarlo. Cuando la última frase se deja oír y la descarga de los arcabuces atruenan en el cielo, el olor a pólvora amaina junto con la representación de nuestras fiestas.
La Retreta es un acto en el que los festeros, junto con el pueblo, participan en una alegría desenfadada, de jolgorio y crítica, a través de montajes y disfraces que rompen normas establecidas, con lo cual demuestran su ingenio y pericia cómica, para ridiculizar o ensalzar los motivos que les atenazan a lo largo de todo un año, dándole rienda suelta en un acto informal, que viene siendo durante décadas el más popular de nuestra fiesta, puesto que hace más partícipe al pueblo a través de sus charangas con humor y desenfado.
La Ofrenda es para el festero un acto de gran honor, en el cual se refleja el carácter villenero, que tiene su colofón humanamente sincero al ofrendar en acción de gracias a su Virgen Morena y a los asilados en la plaza de Las Malvas, los cuales reciben con gran alegría esta prueba de amor.
Todos los actos tienen su peculiar característica, pero ninguno de ellos es tan emotivo como ese rindan armas ante la Virgen, de estos guerreros con sus petos y dagas, desfilando en gala esplendorosa de radiante cortejo que, a lento paso de los tambores, se desliza en solemne procesión, que viene siendo desde muchos años sorpresa para nosotros mismos y admiración de extraños por su marcial seriedad.
El último día se cubre con el manto de la nostalgia, en el que nos abriga una nueva esperanza, al ver alejarse a nuestra Virgen Morena, brotando en nuestros corazones, como un manantial, la petición de que nos deje volverla a ver un año más.
El desfile del día 9 sirve de colofón para cerrar un capítulo de nuestras vidas y nuestra fiesta. Los festeros desfilan hacia el final de su destino con la última explosión de alegría, dejando tras de sí una estela de ilusión y esperanza.
MASIANO
Extraído de la Revista Villena de 1986

1969 FAMILIA HERNÁNDEZ REIG Y GISBERT TOMÁS

Detrás... Pepe, Pepita, Rafael, Vicente (en brazos Juana María). Delante... Paco, Santi (Villena Cuéntame), Anita y Angelita. En la calle Ritas. Todos juntos nos ibamos a la playa en lo que llamábamos "el Mercedes".
Archivo VC

1963/2013 TESORO DE VILLENA 50 ANIVERSARIO

Video con imágenes del descubrimiento del Tesoro de Villena
1 de diciembre de 1963

1951 POZO EN EL ZARICEJO

1951 Pozo a cielo abierto en la casa Zaricejo.
Juan Martínez, Miguel Gil, Juan Serrano y Ángel Martínez.
Foto... Bernardo Conca, enviada por Pedro Conca

1963 EL "GUACHO" Y EL TESORO DE VILLENA

José Catalán Ugeda "el Guacho" 1963/64
y el camión que desenterró la primera pieza del Tesoro de Villena,

después apareció el brazalete que transportó Juan Calatayud.
Foto cedida por... Juan Catalán Calatayud

1963 DESCUBRIMIENTO DEL TESORO

FOTOS CEDIDAS POR FERNANDO H.M.

1961 BODA EN LA CALLE EL POZO

Boda de Pepe y Paca "Perejil" en la calle el Pozo - Septiembre 1961
Foto cedida por... Paula García Sánchez

1961 PRIMERA FERIA SINDICAL AGRÍCOLA COMARCAL EN VILLENA - PASEO CHAPÍ

En el video aparece fecha 1962 y en el mes de julio, cuando lo correcto es... del 1 al 10 de noviembre de 1961

1913 FÁBRICA DE HIELO ARTIFICIAL “JOSÉ S. LÓPEZ”

José S. López. Fábrica de Hielo Artificial, Bebidas gaseosas y Vinos espumosos. Sancho Medina, 45 – Villena.
El dueño de esta industria, tiene el honor de poner en conocimiento del público en general que, el que desee comprar HIELO de tan superior calidad cómo el que elabora esta fábrica, puede adquirirlo, al precio de 15 céntimos kilo en los DOS DEPÓSITOS que tiene establecidos en esta población, o sean: en la CALLE DEL CHICHO, núm. 10 y el el PASEO DE CHAPÍ, núm. 4, casa de Eduardo.
¡Villenenses: Ya sabréis que las aguas que se emplean en esta fábrica, son procedentes de un abundante pozo abisinio, cuya calidad es inmejorable, y el procedimiento está reconocido por la ciencia médica como el más higiénico y saludable!
También os pueden servir y vender HIELO en los establecimientos siguientes: Círculo Agrícola Mercantil, Circulo Villenense, La Unión, Cervecería La Feria, Cervecería Levantina (Chendre) y casa de Perico el cafetero.
¡No confundirlo con el hielo forastero!
DEPOSITOS: Chicho, 10, y paseo de Chapí, 4. En la fábrica, Sancho Medina, 45.
PRECIOS CONVENCIONALES, según pedido.
Extraído del periódico El Bordoño del 18 de mayo de 1913
Cedido por… José Sánchez Ferrándiz

1966 SOBRE EL TESORO REAL DE VILLENA

SOBRE EL TESORO REAL DE VILLENA
POR M. TARRADELL Catedrático de la Universidad de Valencia y Delegado de Zona del Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas.
Foto MAS
A primeros de diciembre de 1963, cuando acababa de regresar de un viaje a Berlín y a otras ciudades alemanas, D. José Mª Soler García, Delegado Local de Excavaciones de Villena, llamaba telefónicamente para comunicarme que, durante los últimos días de mi ausencia, había realizado un hallazgo fuera de serie, y que recababa mi urgente presencia como Delegado de Zona del S. N. E. Acudí rápidamente a Villena y no se me ha borrado el recuerdo del momento en que, abierta la puerta del despacho particular de Soler García, pude contemplar —después de unos segundos de deslumbramiento inicial--colocados sobre la mesa de trabajo y ocupándola por completo, los objetos que forman el que se conoce con el nombre de "Tesoro de Villena". Desde entonces, el significado histórico-arqueológico del extraordinario conjunto me ha preocupado de manera especial, por la vinculación de mis investigaciones a la región del hallazgo. Sin embargo no hubiera considerado correcto anticiparme a la publicación, que debía ser exclusivamente obra de su descubridor y que Soler García merecía, no sólo por representar un premio extraordinario a sus desvelos en pro de la arqueología comarcal de Villena (que se lo debe todo), sino también por la forma impecable en que procedió, con motivo del sensacional hallazgo, actuando sin precipitación en una ocasión única, capaz de poner a prueba los nervios del arqueólogo más experimentado. Publicada la Memoria —mayo de 1965— ha llegado el momento de permitirme unos comentarios.
La importancia del hallazgo de Villena es tal, desde diversos puntos de vista, que su estudio y las sugerencias que provoca no se agotarán en mucho tiempo. La publicación de Soler García abre una serie que sin duda será extensa, y en la que conviene participen numerosos especialistas. Dado que los problemas de orígenes, influencias y cronología son los que acostumbran a preocupar más a fondo a los arqueólogos, (y este es el sentido en que se han dirigido los comentarios orales de que hasta hoy he podido ser testigo), cabe suponer que hacia ahí se dirigían las principales discusiones. Se corre el peligro de que, bajo tal problemática, queden enmascarados, o muy en segundo lugar otros problemas no menos interesantes. Sobre estos aspectos versará la siguiente nota.
El hallazgo de Villena, Tesoro "Real"
La mayoría de tesorillos y tesoros que han llegado a conocimiento de los arqueólogos proceden de ocultaciones de materiales de talleres de orfebre o, en el caso de los tesorillos, consisten en lotes exclusivamente de joyas. Es decir, se trata de un conjunto de objetos heterogéneos a menudo incluso en estado de semidestrucción, provocada por elementos preparados para próxima fusión y obtención de metal para nuevos trabajos; piezas amortizadas que acostumbran a presentarse acompañadas de lingotes o de fragmentos de lingotes. Son útiles en tanto que nos permiten vislumbrar un conjunto cerrado pertenecientes a una época determinada, a menudo con términos cronológicos bastante amplios (ya que las piezas no son estrictamente contemporáneas), pero nada más. Los tesoros formados exclusivamente por joyas, ya sean procedentes de tumbas, ya de escondrijos, nos señalan unos conjuntos históricamente mucho más homogéneos, pero limitados a la joyería.
Piezas 52 y 58
Uno de los valores especiales del tesoro de Villena es que puede interpretarse como ajuar real, y posiblemente como un ajuar real completo, entendiendo el término "real" con el significado de que debió pertenecer al jefe de una unidad social que, para simplificar, no es excesivo denominar "rey".
En efecto, examinemos la composición del conjunto. Consta de:
a) Una vajilla compuesta por 11 platos o cuencos, todos de oro, y 5 botellas o frascos, de los cuales, dos son de oro y tres de plata (números 2 al 9 del Inventario).
b) Un lote de 28 brazaletes, todos de oro (números 30 al 45) del Inventario).
c) Un grupo de objetos, todos también de oro, que forman parte del ornamento de un cetro (números 46/47 a 66 del Inventario),
Fuera de estas tres series, queda una sola pieza: un aro de hierro.
Esta composición obliga a descartar la hipótesis de que el escondrijo procediera de un ajuar funerario. Y queda automáticamente eliminada dadas las circunstancias del hallazgo, típica ocultación en descampado, sin posibilidad de asociarlo con ningún indicio de necrópolis.
En contra de la identificación como lote de orfebre cuenta, en primer lugar, la inexistencia de lingotes o de piezas fragmentadas preparadas para la fundición o para ser aprovechadas de nuevo; en segundo lugar, el perfecto estado de conservación de todos y cada uno de los objetos, y finalmente, el que formen tres lotes tan homogéneos y tan bien determinados. Tampoco existe el menor indicio que pueda relacionar el conjunto con un tesoro y todo nos lleva a considerarlo como perteneciente a una familia, cuyo ajuar en metales nobles se centra en las joyas y en la vajilla.
La serie de pequeños elementos aquí agrupados bajo el epígrafe c) presenta particular interés para la identificación del propietario del conjunto. Son las dos únicas piezas que no forman unidades independientes. Tienen sin duda, el carácter de apliques y se pueden dividir en varios grupos, a saber:
1) La pieza número 46/47 del Inventario, que Soler García describe como "broche o remate consistente en una semiesfera hueca, de metal fundido y oxidado, color oscuro, probablemente hierro, recubierto con una lámina calada de oro..", con decoración, y una pieza de sujeción (número 47) consistente en un "pasador formado por una lámina de oro partida longitudinalmente y rematada en apéndice cónico".
2) Serie de 8 piezas (números 52 al 61 del Inventario), todas de oro, que tienen de común el que todas ellas parecen haber tenido como función servir de collarines para engarzar en un elemento de perfil circular y de diámemetro semejante, ya que todas ellas presentan un diámetro, si no igual, por lo menos no muy distinto. A este grupo puede añadirse el número 48/50 del Inventario, constituido por un disco de oro, con perforación central, unido a otro disco de ámbar (del que sólo quedaban fragmentos) por un pasador, también de oro, a través del citado orificio central.
3) Tres piezas casi idénticas formadas por laminillas de oro alargadas, con extremos curvados y aguzados, con uno de los bordes pulido y aplanado en toda su extensión, mientras que del borde opuesto emergen cinco pequeños apéndices remachados. Y otra pieza similar a las anteriores, pero de menores dimensiones. (Inventario, números 62 a 64).
4) La pieza número 51 del Inventario, descrita por Soler García como un diminuto cuenco, de oro, con adorno de incisiones en el exterior.
Piezas 56/57 y 59 al 61
García Soler, prudentemente, ha procurado, en la parte de su Memoria relativa a la de los objetos, limitarse a relacionarlos detalladamente sin entrar en comentarios sobre su uso. Sin embargo, al describir algunas de las piezas que se acaban de agrupar en el apartado 2), les llama "collarines o virolas para engarzar a un bastón de mando, cetro, maza de ceremonias o algún otro objeto similar" (pág. 26). Y al preguntarse si se trata de materiales de orfebre o del tesoro de un gran jerarca (pág 27), al señalar que no hay ningún objeto en proceso de fabricación añade que: "collarines o virolas pudieran ser tomadas como piezas amortizadas, aunque es más probable que se trate de piezas apresuradamente extraídas del conjunto de que formaban parte, construido quizá con materiales más pobres que interesaba menos conservar. Así parecen indicarlo sus roturas uniformes y seguramente intencionadas".
Ahora bien, no parece excesivo imaginar que todas ellas pueden haber formado parte de una misma unidad: un cetro con alma de madera probablemente, que tendría como remates por cada uno de sus extremos las piezas 1 y 4 (o sea 46/47 y 51 del Inventario, quizá aquélla en la parte superior y ésta en la inferior). Las del grupo 2) serían apliques circulares en forma de anillos, a distintas alturas, colocados paralelamente entre sí, en algunos casos dos o tres juntos; en otros, separada por la supuesta madera del cetro. Por lo que respecta al grupo 3), es posible creer que se trata de apliques incrustados en la madera, longitudinalmente, explicándose así la función de los pequeños apéndices de uno de los lados, que podían servir para la sujeción más firme, así como el pulimento del lado contrario a ellos.
Las ligeras variaciones en la dimensión de los diámetros de las piezas circulares del grupo 2), así como de las dos conteras 1 y 4 se explica si imaginamos que el alma de madera del cetro no era un cilindro liso, sino que presentaba un torneado de perfil sinuoso eomo por otra parte indica la sección de varias de las piezas señaladas, cuyo diámetro es por un lado ligeramente distinto al del otro, o como manifiesta claramente la pieza número 52/54 del catálogo de Soler,
El detalle de la disposición de las piezas conservadas en relación con el conjunto del cetro es prácticamente imposible de resolver, sobre todo si, a las circunstancias de presentarse en el hallazgo cada pieza aisladamente, añadimos el hecho de que se desconocen paralelos de cómo pudo ser un cetro de la época y del país, ya que los paralelos orientales no nos sirven más que como idea general. Presentamos unas reconstrucciones hipotéticas, que han sido dibujadas por Enrique Llobregat, colaborador del Laboratorio de Arqueología de Valencia, y que hay que tomar como simple ensayo que permite tener una idea de lo que pudo ser la pieza en su conjunto.
El ambiente arqueológico de Villena en relación con los tesoros
El hallazgo del tesoro real había sido precedido de otro, digno de atención, pero que ha quedado eclipsado por la espectacularidad de aquél. Es un afortunado azar, sin embargo, que hayan podido ser publicados juntos, porque permite ambientar históricamente al más rico y famoso (que, como es sabido, apareció sin contexto arqueológico alguno) y del que, aparte de los objetos de plata, oro o hierro, sólo tenemos para ayudar a situarlo la vasija dentro de la cual se encontraban las piezas. El tesoro menor, llamado "Tesorillo del Cabezo Redondo", apareció poco antes. Si bien existen menos garantías sobre la forma en que se encontraba, procede, en cambio, de un yacimiento sobre el que tenemos datos para su clasificación.
Se produjo el hallazgo mientras unos obreros limpiaban de tierras una roca de una parte del indicado cerro para preparar su voladura. Puesto que, a pesar de la reconocida importancia del poblado del Cabezo Redondo, no se ha podido evitar todavía que vaya siendo paulatinamente destruido por canteras de yeso. Se trata, pues, de un hallazgo casual, sin intervención de arqueólogos mas que "a posteriori". Sin embargo, el conocimiento que hoy tenemos del yacimiento (imperfecto, dada la poca zona excavada y las grandes dimensiones del poblado), nos permite relacionar el tesoro con un ambiente arqueológico concreto.
Pieza 46/47
El Cabezo Redondo es un cerro próximo a la ciudad de Villena, en el que Soler García localizó, hace ya años, un importante poblado, del que pudo recuperar materiales más o menos sueltos procedentes de las remoniciones y destrucciones efectuadas por la obra de las canteras. Cuando al llegar a la Universidad de Valencia me hice cargo de la recién creada Delegación de Zona del Distrito Universitario, el caso de Cabezo Redondo creí que merecía una excavación de urgencia, salvando previamente lo que las canteras iban a destruir. Como resultado de los trabajos, sumado al conocimiento de los materiales ingresados anteriormente al Museo de Villena, se puede clasificar al Cabezo Redondo como un poblado de la Edad del Bronce, dentro de la "facies" argárica Al parecer, no existe nivel anterior, y fue ocupado por primera vez en la Edad de Bronce, lo que encaja bien con lo que hoy se sabe de la región, o sea, que la ocupación de los cabezos o sierras se produce después del período eneolítico, en el que los poblados son de llanura y se asocian con los enterramientos colectivos en cuevas naturales. Es uno de los núcleos urbanos más extensos conocidos en la zona argárica, y debió albergar una población relativamente numerosa. Es por tanto un yacimiento importante. El tipo de habitaciones — de las que se conocen todavía pocas—, los enterramientos en urna y en cista en el interior de ellas, la cerámica, las hoces de sílex, etc., es decir, el ambiente y el material no permiten dudar de que nos hallamos ante un poblado que hay que clasificar dentro de la cultura de El Argar. Las diferencias con otros núcleos similares, situados en las comarcas de más al Norte, hasta de la provincia de Castellón, indican que no es prudente (por lo menos de momento), clasificarlo entre los poblados del Bronce Valenciano.
Una particularidad especial del Cabezo Redondo es que, junto con los ajuares argáricos. aparecen cerámicas excisas. Lo excavado es poco todavía para poder situar exactamente dichos tipos excisos en relación con los niveles típicos del mundo argárico. Por otra parte, conviene esperar la aparición de la correspondiente memoria, que se halla muy adelantada. Ahora bien, en líneas generales, no parece imprudente suponer que, en un momento determinado, que debió representar una fase avanzada de la civilización argárica, comenzaron a fabricarse o llegaron al poblado y fueron utilizados por sus moradores, vasijas con la decoración que para simplificar llamamos excisa.
La valoración de este hecho nos llevaría lejos. Ante todo, será preciso revisar el concepto de cerámica ex cisa, así como la cronología de los diversos tipos, sus orígenes y caminos de dispersión. Lo que ahora interesa hacer constar es que el Cabezo Redondo se presenta como un yacimiento argárico típico, y que la aparición de cerámicas excisas no parece cambiar e! ambiente general arqueológico, como si se tratara de una fase de un bronce final, un mundo argárico matizado por ciertas "novedades" que, de momento, sería aventurado tratar de explicar cómo y por qué se producen. En todo caso, la presencia de cerámica excisa no parece que cambie nada a fondo, y el mundo que descubrimos en el Cabezo Redondo hay que encajarlo dentro de la Edad del Bronce, aunque sus fases últimas puedan ser tardías.
Estamos dentro del panorama general valenciano, donde, entre los numerosos poblados conocidos de la Edad del Bronce y la iberización, no podemos situar ningún grupo cultural gráfico y bien definido, probablemente porque tal grupo no existió. Cualquiera que sea la fecha que se quiere asignar al tesorillo del Cabezo Redondo, no es posible olvidar este hecho.
Pieza 51
¿En qué consiste el "tesorillo'?, En un lote de 35 objetos de oro, la mayor parte de los cuales presentan paralelos en otros yacimientos orgáricos, como una diadema de cinta lisa, varios espirales y anillos, un conjunto de pequeños conos que debieron formar parte de un collar similar al hallado por Fergús en una sepultura del conocido yacimiento argárico de San Antonio de Orihuela, aunque la forma de las piezas de este collar no sea absolutamente idéntica y su tamaño sea menor. Frente a este lote, cuya filiación no es difícil de establecer y que encaja muy bien con lo que hoy se sabe de Cabezo Redondo, existen otros dos tipos de elementos. Por una parte, lingotes de oro, con cortaduras que indican han servido como materia prima para un orfebre. Por otra parte, una serie de anillos y un fragmento de brazalete, roto y aplastado, preparado para fundir. Todo ello indicio de que, en este caso, estamos ante un depósito de un joyero, de un taller local.
A los datos reseñados —filiación argárica e indicio de fabricación local— hay que añadir un tercero, de gran interés también, en este caso para relacionarlo con el tesoro real: el brazalete roto tiene una decoración formada por una hilada de puntas similar a la que presentan varias piezas del otro tesoro.
Así resulta que, desde el punto de vista técnico y estilístico, los dos tesoros se relacionan, por lo menos en parte. El único brazalete fragmentado del tesorillo del Cabezo Redondo nos ofrece un punto de enlace que puede ser valorado con criterios distintos, pero que no puede olvidarse a la hora de discutir la filiación y cronología del tesoro real.
Claro está que no es un dato definitivo, por varias razones. Porque aun conociendo el ambiente arqueológico general del Cabezo Redondo, no es fácil asignar a un momento determinado su época final. Y porque el estilo del brazalete con hiladas de puntas puede haber perdurado durante varios siglos, lo que equivale a decir que no es necesario que ambos tesoros sean absolutamente contemporáneos. Pero sería aún m4s aventurado prescindir de este dato a la hora de tratar de los problemas de influencias y fechas que plantea el tesoro real.
Piezas 48/50, 53, 55 y 62 a 65
Además conviene señalar que el yacimiento del Cabezo Redondo es el más importante de un numeroso grupo cultural homogéneo hallado en la comarca, como puede comprobarse en el mapa del trabajo de Soler García. Se trata de poblados situados, como es normal, en los cabezos que rodean el valle de Villena, así como el Cabezo Redondo se yergue en una pequeña eminencia central de dicho valle. Todos ellos se conocen sólo a través de prospecciones, y es prematuro por tanto asignarles una clasificación definitiva. Pero los elementos de que hoy se dispone permiten suponer que todos ellos se engloban en la misma fase cultural y cronológica del Cabezo Redondo, es decir, son poblados de la Edad del Bronce, correspondientes, al parecer al círculo argárico. Estamos pues ante una densidad de población relativamente alta, y aunque no es posible saber si todos los poblados son estrictamente contemporáneos, indican que la comarca tuvo una evidente vitalidad en la época. Es muy probable que estos poblados (o por la menos un grupo de ellos) perduraran hasta bien entrada la Edad del Hierro sin cambios aparentes, como acontece en otras zonas valencianas.
Y aquí conviene abrir un inciso. Es posible que ante el citado mapa publicado por Soler García algún investigador que no conozca suficientemente el panorama que se presenta en tierras valencianas se sorprenda ante la cantidad de yacimientos señalados, y de ello pueda deducir que la zona de Villena tuvo durante la Edad del Bronce un poblamiento extraordinario, que podría explicar más o menos indirectamente el porqué de la existencia del tesoro. Pues bien, no es así. No se trata de subvalorar la señalada densidad de poblamiento de la zona villenense. Lo que interesa es hacer constar que no se trata de una excepción. En toda la zona valenciana, el número de poblados de la Edad del Bronce es elevadísimo, y cuando existen blancos en los mapas o se señalan pocos, la experiencia demuestra que se debe a falta de suficiente exploración. En cuanto una zona, un término municipal o una pequeña comarca cuenta con prospecciones arqueológicas importantes y abundantes, el número de poblados de esta época es siempre muy elevado. Este es uno de los fenómenos más sorprendentes de la arqueología valenciana
El caso villenense no es, por tanto, una excepción. La diferencia más notable consiste en la importancia que parece presentar el Cabezo Redondo, de mayor extensión que la mayoría de los yacimientos similares, así como la particularidad de tener mayor vinculación con El Argar de más al Sur que con el Bronce Valenciano de más al Norte, como sucede con todo el grupo de la parte meridional de la provincia de Alicante. En este sentido, la riqueza en metal, tanto en oro y plata como en bronce, del Cabezo Redondo y de la zona de Villena, es otra de las características que nos señalan el mundo de El Argar frente al Bronce Valenciano, mucho más pobre en metalurgia.
Dos versiones hipotéticas del cetro de un reyezuelo de Villena en la Edad del Bronce. (Dibujo E. Llobregat)
El fondo histórico que nos revelan los tesoros de Villena
Una vez más, el tesoro de Villena representa una llamada de atención sobre la visión incompleta que tenemos del pasado a través de los hallazgos arqueológicos corrientes. Sólo un afortunado azar nos permite vislumbrar lo que era el ajuar de un Jefe de Villena en torno a los principios del primer milenio. Y lo más probable es que no se trate de un ajuar excepcional, dentro de lo que podían poseer sus colegas "reales" contemporáneos.
Conviene releer un texto cronológicamente no muy distante de la época del tesoro de Villena: la Odisea. Alcinoo, rey de los feacios, que no nos es presentado como un monarca espectacular de un país especialmente rico, sino como el rey de una pequeña isla de marinos y comerciantes, cuya hija va a lavar con sus esclavas la ropa al río y la transporta al palacio guiando su carro de mulas, recibe un huésped, Ulises. Antes de la comida, una sirvienta le acerca, para que se lave las manos, una jarra de oro con agua y un cuenco de plata. ¿No estamos en el ambiente del tesoro de Villena? Dejemos aparte problemas de forma y decoración. Se trata de comprender la vida en casa de un jefe de la isla, pobre como todas las islas griegas. Rey que, por otra parte, poseía un cetro que no se describe, pero que se cita a poca distancia del verso que referimos y comentamos.
Entrando en otro tema, la riqueza de oro y plata de la parte meridional de nuestra península es bien conocida a través de variadas referencias de los autores clásicos, y no es preciso insistir sobre ello. Pero hasta ahora, teníamos tesoros u objetos áureos de gran calibre sólo de época colonial, después de los primeros contactos con los fenicios y los griegos (caso de Aliseda, el Carambolo, Cortijo de Evora), o bien de la zona atlántica (caso de los repetidos hallazgos de Galicia y Portugal). Uno de los aspectos importantes a destacar de los hallazgos de Villena es que por vez primera nos ofrecen el panorama de las posibilidades en oro de una zona hasta ahora virgen en hallazgos de este tipo, y además con piezas que están al margen de las corrientes coloniales. Cualquiera que sea la cronología que finalmente pueda aceptarse con un margen relativo de seguridad, lo que es evidente es que se trata de piezas fabricadas antes de que penetraran las modas aportadas por los orientales. Estamos en un ambiente de orfebrería muy perfecta por su técnica, elegante por su sobriedad de líneas, pero "bárbara" en el sentido etimológico de la palabra. Nos presentan, pues, una perspectiva sobre lo que era la riqueza de los reyezuelos locales antes de las aventuras coloniales, y así podemos valorar en toda su plenitud uno de los motivos que impulsaron a los navegantes del Mediterráneo oriental a emprender sus viajes de intercambio primero y a establecerse en las costas meridionales después. Los dos tesoros de Villena, y singularmente el tesoro real, nos abren los ojos, si era necesario, sobre el fondo de la historia peninsular del primer milenio antes de nuestra Era.
(Fotos Instituto Arqueológico Alemán)
Extraído de la Revista Villena de 1966
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