2018 JCF MICRORRELATO DE LA SEMANA COMPARSA DE MOROS NUEVOS "José Buendía"

Cada semana el grupo Cronistas de Villena publica un microrrelato relacionado con nuestra Fiestas de Moros y Cristianos, poniendo en valor “pequeñas perlas” inspiradas en nuestra Fiesta con infinidad de matices: originales, entrañables, históricos, populares, etc.
No te las pierdas en www.dia4quefuera.com
José Buendía
Autor : Juan Carlos Pérez Martínez – Cronista Comparsa Moros Nuevos
Mi nombre es José Buendía, nacido en Córdoba allá por el año 1935. Imaginaros la infancia que tuvimos por aquellos años. Ya rondando los catorce años de edad, conocí a la que sería a la postre mi novia, compañera, amiga y finalmente, esposa. Una cordobesa de Palma del Río con la que pronto me casaría. Por motivos de trabajo, tuvimos que hacer las maletas. Tuve la gran suerte, después del servicio militar, de encontrar trabajo como ferroviario. Por aquellos momentos, quién nos iba a decir a nosotros, que nuestra vida daría un giro tan grande, que fuera capaz de unirnos más si cabe, y amarnos aún más de lo que nos amábamos. El motivo, una llamada de la empresa. Me trasladaban a una pedanía de Villena, en la provincia de Alicante, conocida como La Encina.
Luisa Aroca, esa gran mujer, no dudó ni un instante para dejarlo todo por mi. Atrás quedaron familia, amigos y planes de futuro. Allá, en nuestra Palma del Río del alma. Los primeros días fueron difíciles. Y los siguientes meses. Pero pronto nos aclimatamos a aquella tranquila pedanía. En La Encina, vivíamos muy bien. Con sus casitas, sus parques, desconectados del mundanal ruido. Tan solo alguna cena con compañeros de trabajo, algún sábado que otro, mientras pasábamos el rato en casa bailando sevillanas y con planes ilusionantes de ser padres algún día. Pero los caprichos del destino nos descartó para dicho cometido. Fueron días difíciles, pero juntos fuimos lo más felices. Hasta que el reloj de la vida me arrebatara todo lo que me unía a este mundo. Luisa falleció, y con ella, yo en vida.
Al poco tiempo la tristeza y la soledad, corrieron a todo ritmo sobre mi cuerpo. Esto me provocó parálisis y depresión que agudizó mi dependencia de otros. No podía valerme por mi mismo. Apenas comía y no me levantaba de la cama. Seguía contando las horas que me separaba para volver a estar con mi querida Luisa. Fue cuando me trasladaron al asilo de Villena. Allí no sabían qué hacer conmigo. Participaba con los demás ancianos, pero yo solo quería que llegara el día de encontrarme de nuevo con mi querida Luisa. Así pasaba horas y horas. Triste en los jardines de aquel asilo villenero. No tenía apetito y la inanición se alargaba en el tiempo. Hasta que una tarde, una música alegre me sobresaltó, al volver la vista atrás. Un colorido espectacular; amarillos, rojos, verdes y azules se sucedían delante de mí. Gentes vestidas con estos colores y de tal guisa, que abordaron el patio. Los ancianos veteranos gritaban con alegría. Sor Francisca, con un fez en la cabeza y una gumía en la mano, danzaba al son de la música. Una alegoría de ilusión desbordaba los rostros de visitantes, y por supuesto, de ancianos que al final de sus vidas, rebosaban ganas de bailar y desfilar con aquellos sones. Fue entonces, cuando una mora nueva, una chica joven, de rostro simpático, se acercó a mí. Me preguntó mi nombre y me espetó
– ¿Por qué está usted tan solo y serio? –
Hablamos gran rato y me contó todo lo de las comparsas de Villena. De sus gentes y que esos moros de amarillo, cada año, sin faltar a su cita todos los seis de Septiembre, alegraban e invitaban a cenar a todos nuestros mayores. Y que ella siendo tan joven, nunca faltaba, pues era una experiencia increíble. Aprendía muchos valores de los ancianos. Al poco tiempo nos hicimos amigos y sin darme cuenta me encontraba bailando un pasodoble con aquella mora nueva …Desde aquel día, mis mañanas ya no son tristes y son más llevaderas. Entendí y comprendí la moraleja del relato de aquella chiquilla. Más pronto que tarde, me reuniré con mi querida Luisa. No tengo más que palabras de agradecimiento hacia los Moros Nuevos. Me marcharé viviendo hasta el último suspiro…con ilusión, calma y cierta esperanza. La vida es bella. También poliédrica y diversa. Tan sólo hay que saber consumirla poco a poco, sin prisas. Y sabiendo aguardar con paciencia, las sorpresas, que sin esperarlas, aparecen para que podamos disfrutarlas.
*El secreto de la vida eterna no le va a servir de gran utilidad a nadie, a menos que vaya mano a mano con la respuesta a la eterna juventud. Nadie se va a precipitar a vivir eternamente en un cuerpo ¡que no deja de arrugarse! Vamos camino de tener que decidir cuál sería la mejor edad para vernos a lo largo de los milenios ,lo más importante es que vivas tu vida de la manera que más te satisfaga,tienes mucho que ganar al compartir hoy tus sueños con los demás.
DIA 4 QUE FUERA…

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