1957 POR LOS CAMINOS DE ESPAÑA

POR LOS CAMINOS DE ESPAÑA
IMPORTANCIA DE LAS MARCHAS CULTURALES DE LA GUARDIA DE FRANCO
Todos los que militáis
debajo desta bandera,
ya no durmáis, ya no durmáis,
pues que no hay paz en la tierra.
(SANTA TERESA DE JESÚS)
Y así piensa y siente esa juventud que José Antonio supo despertar con su verbo y con su ejemplo, y Franco ha sabido recoger, dirigir, impulsar. Aquellos consejos de la Santa insigne y andariega, vuelven a tener actualidad al cabo de siglos, aplicados a la vida política en este mundo atormentado, epiléptico, esquizofrénico en que vivimos, y contemplamos, no más asomarnos al Pirineo desde este remanso, este islote de paz que representa la Península Ibérica.
Ese mundo que ha sabido lograr en corto espacio de tiempo los mayores adelantos, descubrir los más íntimos e intrincados secretos de la Ciencia, que está en trance de descorrer el velo que rodea las regiones insondables siderales y que por trágica paradoja y seguramente en castigo a su soberbia, no sabe conquistar, no puede conseguir, lo más fácil, lo más sencillo, la Paz, que como vemos por los versos que encabezan este articulejo, ya Santa Teresa se dolía de que faltara en la tierra.
A la famosa y manoseada generación del 98, que produjo hombres insignes indudablemente, pero anquilosados en el peluche de los divanes del café, sin más campo de acción que la tertulia de discusiones bizantinas y estériles, o los pasillos y salones de aquel famoso Congreso de los Diputados que no representaban a nadie más que a su propia y ambiciosa clientela; en los que toda habilidad, toda zancadilla, toda picardía de espaldas al País tenían su asiento, sin más que hacer unos y otros que no dejar gobernar a nadie. A aquella generación, repito, de hombres miopes políticamente, que supieron liquidar tranquila y resignadamente, sin la menor inquietud, sin la menor noción de responsabilidad nuestro vasto Imperio Colonial, que con tanta abnegación, tanta constancia, tanto talento, tanta fe, tanta inteligencia, tanta divina inspiración supieron crear Isabel y Fernando, ha substituido la del 36, llena de entusiasmo, llena de inquietudes, de nobles ambiciones para su patria, ansiosa de recuperar para ella su antiguo esplendor y respeto del mundo. Esta juventud que sigue los poéticos consejos de la Santa y vela constante-mente, no duerme, no dormirá confiada hasta que esa Paz exista en la tierra, que es el mayor bien a que deben aspirar los mortales y es la máxima aspiración y promesa divina « Gloria a Dios en las alturas y Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad».
No les desea ni ofrece riquezas materiales, pródigas cosechas, vida regalada, sino sencillamente Paz, que con ella lograda, viene todo lo demás.
Y entre las diversas actividades de esta juventud espiritualmente inquieta, con afanes de superación, se encuentran las marchas culturales de la Guardia de Franco, que se repiten anualmente por nuestra Local.
Es el desbordamiento de hombres de condición modesta, que al calor de la solidaridad y camaradería entre los mismos, y de las ventajas y facilidades económicas que representa la organización, se vierten y desparraman animosos por todas las rutas y caminos de España, ávidos de aprender, de adquirir la cultura y perfección social que los viajes proporcionan, y al propio tiempo conocer y admirar el cuerpo o realidad física de la Patria a la que están vinculados con lazos indisolubles, con amor de entrega que se acrecienta al conocerla y tratarla, y a la que tienen ofrecido hasta el holocausto de sus vidas, como acto de servicio, como obligación indeclinable, como supieron hacerlo y lo harán nuevamente con mayor entusiasmo y coraje si por desgracia el momento llegara.
Van deseosos de conocer sus ciudades, sus campos, sus industrias, sus obras colosales que representan un esfuerzo de Titán, no obstante verse rodeado de todas las dificultades, todas las adversidades que la incomprensión quiso crearnos y supo vencer y superar con su propio esfuerzo y la vigilia y energía constante de Franco, experto timonel de esta nave que ya marcha y navega con todas las velas desplegadas y el espolón de su proa sonriente, hacia la grandeza y prosperidad que merece. Van con la ilusión de conocer sus monumentos históricos, sus bibliotecas, sus archivos, sus museos, sus Catedrales todas las sagradas reliquias que son las manifestaciones patentes de su cultura milenaria, en fin, como testigos irrefutables de la grandeza de nuestra Patria, de esta España unificada, siempre altiva en sus desgracias, insobornable e invencible, que inició el grito majestuosamente rebelde de D. Pelayo en los montes de Asturias, y remató felizmente en la vega granadina, en Santa Fe, Isabel de Castilla, para recoger junto con las llaves de Granada, último baluarte invasor, las lágrimas tristes de Boabdil.
Todo esto representan estas marchas culturales a que me vengo refiriendo, de la Guardia de Franco, nuevos peregrinos animosos de los caminos de España, y con ello puede sucintamente apreciarse su importancia y eficacia.
Aprender, conocer y amar a la Patria en que nacimos; estímulo para nuestro esfuerzo y perfeccionamiento, robusteciendo al propio tiempo el espíritu de compañerismo, solidaridad y comprensión, para ver si es posible llegas a la meta soñada de que todos los españoles nos miremos como hermanos, como miembros de una colmena laboriosa. Varias son ya las marchas que la Guardia local ha realizado, y en proyecto se encuentra una magnífica que se llevará a efecto en el próximo otoño. Partiendo de Villena, se visitará Albacete, Córdoba, Sevilla, Jerez, Cádiz, La Línea, San Roque, Málaga, Almería, y por fin Murcia, para recalar en Villena.
Magnífico recorrido en el que hay mucho que admirar y mucho que aprender; que antes no podían realizar más que los magnates y hoy se pone al alcance de los obreros, empleados y demás modestos villenenses. Algo soñado e irrealizable parecería a los hombres de hace un cuarto de siglo, pero es que entre las consignas de la juventud de hoy, está lo de... «querer es poder».
¡Arriba España! es nuestro lema de la generación presente. ¡Arriba España! se escucha por todas partes. Si así en verdad y en el fondo de nuestra alma lo «queremos», lograrlo «podremos», pero no hay que olvidar que España no subirá con sólo gritarlo con más o menos entusiasmo, sino que para llegar a la altura que deseamos, tienen que auparla todos los españoles con su esfuerzo.
CRISTOBAL PEREZ BELLOD
Abogado. — Consejero Local del Movimiento
Extraído de la Revista Villena de 1957

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