1957 UN MOMENTO (en el calidoscopio de Fiestas)

UN MOMENTO (en el calidoscopio de Fiestas)
POR PEDRO HERNÁNDEZ HURTADO
Teniente Alcalde-Delegado de Cultura del M. I. Ayuntamiento
Otra vez, caro lector, de nuevo ante el embrujo fascinante de nuestras Fiestas. ¿Cuándo, lector amigo; en qué instante y con qué ánimo tu bondad o tu curiosidad te moverán a pasar los ojos por estas líneas, con seguridad las más mal pergeñadas de esta hermosa Revista? Por respeto a ti y su motivo quisiera evocarte en ellas algo que justificara tu atención y el estuche donde van.
Las Fiestas de Villena, sólo al nombrarlas, llenan la visión con el contorno cromático de sus galas. Han alcanzado tan preciosa calidad por su suntuosidad y su belleza y ese singular ambiente de constante alegría que son ya joya que comprendemos no es sólo para nosotros, pues el buril del amor villenense, su fervor y entusiasmo, llegaron a labrarla de tal manera que es prenda para admirar, a la moda del tiempo, por las gentes que, desde tantos lugares, transitan de uno a otro punto de nuestra Patria en busca de sus originalidades y bellezas.
Con lucimiento serán cantadas en estas páginas, desde la radiante luminosidad del día 5, en su jubilosa iniciación del mediodía, hasta la plácida serenidad del día 9, con su tarde silenciera tras el estrépito del arcabucear y los himnos de despedida. Intensidad de actos, desfiles y alardes, cada uno de ellos sobrado para la inspiración de un canto; para hacer eternamente imborrable su contemplación; para motivar la admiración por su conocimiento. Pincelada de evocaciones de la que surge, por lo reciente, esa fastuosa y maravillosa noche del día 6, cuyo acierto institucional es una de las más felices innovaciones de estos últimos arios creadores, y hacia cuyo canto y loa la pluma se iría sola si no la obligáramos a ceñirse a otro motivo.
Ya hemos llegado a él. Y te adentro con el consejo de que no te pierdas, si te hayas en Villena la mañana del día 8, el acto de la Ofrenda. Las Fiestas de Villena son la Virgen y las Comparsas. Las Comparsas son el alarde del gozo con que, en las albricias festeras del regocijo, engalana Villena la ofrenda de su fervor. Todo va hacia Ella, mas, a través del tiempo, hasta la propia galanura estalló en dádiva directa, como esencia concentrada que se derrama a más; y surgió el Acto de la Ofrenda. La ofrenda de las Comparsas a la Virgen. ¿Qué ofrecen? Flores y frutos. Frutos y flores que simbolizan todo lo de esta tierra villenense, varia y rica, y la piedad de sus hijos.
A la hora de las doce, sobre el runrún incesante de los fieles en el suntuoso Templo de Santiago, esplendoroso dosel del lumínico trono patronal de la Virgen de Villena; majestad sobre altar en el que tres Misas a un tiempo desde temprano se dicen. Las soberbias columnas salomónicas parecen cimbrearse sobre el gentío piadoso. Por el centro de la nave reina, un desfile severo, humilde, devoto de los festeros, en trance de procesión, con sus Capitanes y sus banderas y, ante cada una de ellas, para hacer todavía más dulce la ofrenda a la Madre, el presente en las manos puras y tiernas de muchachas villenenses, para sumar aún más belleza en la belleza de la ofrenda.
Luego, ante el Altar, las palabras de quien porta autoridad para ello. Sigue la respuesta de la jerarquía de la Iglesia. Amoroso y serio el acto, de belleza y ternura indescriptibles, de señorío, de rendimiento a quien es cumbre en el corazón de Villena, esa venerada advocación de la Madre de Dios que para los villenenses es Virgen de las Virtudes, que encierra en sí la íntima ternura, la esperanza en cualquier avatar de los hijos de esta tierra venturosa en su Patronazgo.
Inmediatamente después, la maravilla del contraste instantáneo. Porque, a la salida, esas Comparsas que acabamos de ver serias y serenas en la ceremonia del Templo, abrirán el estrépito de su gozo por las anchuras de las calles, y la viveza de sus pasos de desfile, en ese instante más alegres como cuando se anda tras el deber cumplido, será otra vez pasmo y admiración de las gentes, en un derroche de vitalidad todavía más vivo que el destello multicolor de sus brillantes atavíos o la música gozosa de sus pasodobles de luz.
Cuando estés, amigo lector, con los ojos muy abiertos pretendiendo captar todo lo posible de la inmensidad de bellezas que pueden contemplarse en las Fiestas de Villena, no prives a tu visión ni a la sensibilidad de tu alma de este Acto de la Ofrenda, estallido de amor a la Excelsa Patrona del apasionado corazón de sus festeros. Y, por habértelo recomendado, me disculparás de haberte expuesto a leerme.
Extraído de la Revista Villena de 1957

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