1951 JEROMO SIGUE CRITICANDO

JEROMO SIGUE CRITICANDO
¡Hombre, Jeromo! No sabe usted cuánto me alegro de encontrarle. Precisamente iba a ir en su busca.
—Ya gorvemos a las andas. Papelitos tenemos a la vista.
—Efectivamente. Se trata de la revista de Fiestas, que ya sabe usted que sale todos los años.
—Y guié usté que yo le diga arguna cosita pa luego esporsárselas con mí, ¿n'os eso?
—Tanto como eso, no. Lo que pasa es que a la gente le interesan sus juicios.
Será por el caso que m` han hecho nunca...
No opino yo así. ¿Es que no ha visto usted los rótulos indicadores de ruta en la Corredera?
Y ¿cree usté que los han puesto porque yo lo dije?
Algo habrá influido su recordatorio.
Entonces, ¿el por qué no han arreglao los relojes de las ilesias, que ca vez tién más... carceta y más abujeros?
El día primero de Septiembre verá usted unas espléndidas esferas nuevas en Santiago y, algo más tarde, en Santa María.
—Vaya, hombre. Menos mal. N'os uno tan cespe como uno se cree. Bueno. Y agora, ¿qué tripa se l'ha roto?
—Pues quisiera que me hablara de las Fiestas. Me han dicho que fué usted un buen festero.
Munchos años salí en los «Marineros», sí señor. Y de las Fiestas m' estaría hablando d' aquí ar mes que viene, porqu' es mi punto flaco.
—Pues venga de ahí.
—Misté. Comparás con las de mi tiempo, éstas ni son Fiestas ni son ná. Los jovencicos l' han perdío er respeto, qu' es lo peor que podía pasal-les.
A ver. Explíquese usted.
La mayoría d' estos jovencicos se visten pa pasar por la Corredera er día cinco hiciendo alimalás con ascusa de que van enfarinaos, qu' es mentira. En mis tiempos los bebía¬mos un barril y hacíamos la Entrá más tiesos qu' un cojul, y ar que iba cargaete no se lo notaba ni su padre. Agora, un ñato d' éstos se bebe dos copicas d' arzapíu y paece que s' ha tragao la Laúna.
—Cierto es eso.
Pos ¿y los cabos de gastadores? ¿No paecen argunos bailarinas baratas en ves de tíos con barba? Pa echal-le sarsa a la cosa n' os mester hacer tanta monigaita. Y la curpa de tó la tié er baile. Misté: mi nieta se levanta en Fiestas por la mañanita. En las faenas de la casa no da ni gorpe. S' está tres horas delante 'I espejo que no sé qu' ará, pero qu' es un desespero y un día la lisio. S' abaja par pueblo.., y ar baile. Güerve a las dos u las tres. Se come media pelotica... si es que se la come, porqu' está desganó; s' echa un ratico pa descansal de no hacer ná, y a las cinco u las seis ya está otra ves delante 'l espejo. S' emperejila... y ar baile, a movel er mondongo disca las dies u las once. Se sube otra ves p` arriba... pa que no digamos. S' asienta un ratico en la puerta la calle a comelse una longanicica... que no sea de ajo, porque si no, aluego se le nota la olor. Se retoca otra ves la carátula... y ar baile. Hasta las dos u las tres, qu' es la moda d' arretirarse. Y claro, ar día siguiente no se levantaría si no tuviá que plancharse er vestío, que con tanto samugón está hecho un estropajo. Me júo dos reales que no sabe mi nieta lo qu' es una Embajá. Y si ha visto las comparsas es porque s' ha tropezao con ellas cuando se iba ar baile.

—Son los tiempos, Jeromo. Es difícil luchar contra la corriente.
Y si las mocicas piensan así, pos ¿cómo van a pensar los mocicos? Tampoco les importan las Fiestas ni un rábano. Mire si tengo razón: la Vilgen entra er día cinco en San¬tiago a las once la noche poco más u menos. Tós los festeros tenían qu' estar en la placeta a esa hora pa recibil-la como se merece, ¿no verdá? Pos dése usté un borneo por el Raso u la Corredera a esa hora y verá má e cien moros u cristianos tirando tiricos a las peras de la lus.
Eso es verdad. A pesar de que saben que está prohibido disparar fuera de los actos oficiales.
—Como que si l' Ayuntamiento lo tomara en serio, con lo que sacara de las murtas tendría pa pagal a los franceses er gasto de la letrecidá. Con eso y con lo que tuvián que pagal los padres de los chiquillos que le tiran petardicos a las muchachas pa quemal-les las medias.
En todo se fija usted, Jeromo.
No hace farta ser mu lince pa eso. Pos ¿y de las Retretas? ¿qué me dice usté? ¿Ha visto un farafuste semejante? Ni sabes a la hora qu' empiezan ni cuando van a'cabar. El año pasao, sin ir más lejos, m' asenté con un amigo en la puerta su casa a las dies de la noche. Estuvimos de charreta un güen rato. Los jumamos un bote entre los dos... y entonces pasaron los «Moros Viejos». Dimos un paseíco hasta er Mataero p'astirar las piernas. Gorvimos. Los jumamos otro bote... y entonces pasaron los «Moros Nuevos». Y como ya eran las dos de la madruga pos me dije; el año que viene verás lo que farta, Jeromo. Y me fí a dormir.
Ya vuelve usted a sus exageraciones...
—¡Qué vi a ser desagerao! Y tó eso pa ver pasar a un moro tocando er bombo y a otro sortando pitorrás en un trompón. Y ¿eso con «Retretas»? ¡Eso son... una cosa que se le paece muncho!
Entonces, y por lo que yo veo, no encuentra usted en las Fiestas nada bueno.
—Sí señol. Hay una cosa que me gusta muncho, y es la proseción der día 8. Esos festeros tan seriecicos y tan bien formaos. Esas músicas tocando marchas tan bonitas. Esas filas tan largas de gente alumbrando a la Morenica... me gusta muncho, sí señol. Y tamién las «Dianas», qu' es cuando se pué vel a las comparsas.
¿Y la «Entrada»? ¿No le gusta?
—Si las comparsas pasaran más juntitas y no hicián tantas tonterías argunas escuadras me gustaría muncho más. ¡Ah! Y si no salieran mujeres llevando er paso, que pa eso las probecicas son mu dej-jraciás.
—Estamos de acuerdo, Jeromo. A mí también me parece eso poco femenino.
Y a vel si usté que tié mano con los concejales pué conseguir que cambien er castillico y pongan uno formal. ¿N' os una velgüenza esa miajica torre más pequeñita que la Mahoma? uso está bien pa que júen los nenes, pero no pa que suban Pedrín o er «Badila». Lo que no m' esplico es cómo no s' esclafa. Argún día los dará un dij-justo, ya lo verá usté.
- No es la primera vez que se pide tal cosa. Y hasta se han hecho proyectos para su reforma. A ver si usted lo consigue y pone una pica en Flandes.
No, si después de tó m' esplico que no lo hagan. Si lo cambian ya no hará juego con er tablao de la música, que tamién se las trae. Argún día se caerá p' atrás er que toca los platillos y matará un chiquillo. Y ara m' acuerdo que cuando lo esto de Chapí vino a pasalse unos días con nusotros un pariente de mi mujel. Paseando por er pueblo me preguntó que ande tocaba la música los domingos, y ar decil le que en unas tablas que ponían cuando hacía fa da me dijo: «¿Y ahí tocan la música de Chapí? ¡Sí que tién barra en tu pueblo!» Y tenía razón el hombre.
—Pues nada, Jeromo. Trasladaremos sus peticiones a quien pueda resolverlas. Y no le canso más. Gracias por todo y hasta el año que viene.
—A mandar, amigo. Disco el año que viene, si es que tanimientras no se les ocurre sa¬car otro papelito.. que sí que se les ocurrirá.
S.
Extraído de la Revista Villena de 1951

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