1963 VÍSPERAS

VISPERAS Por Alberto Pardo
En los días que anteceden a nuestras Fiestas de Moros y Cristianos, se pueden escuchar diálogos que condensan y compendian lo que van a ser aquéllas. No, precisamente, en el orden a los festeos, sino en lo que precisa para que aquéllos puedan celebrarse por todo lo alto, tanto en la belleza de los mismos como en los momentos de descanso dedicados a otros menesteres. Así, no es de extrañar que., en plena calle, se encuentren dos mujeres, una de ellas con varias latas bajo el brazo y que, al cruzarse, se espeten:
—¿Qué, María?
—Pos mira. Del horno que vengo de llevar los mantecaos. Esto es un agobio. La de gente que hay...
—Pos yo no he comenzao ni aún. Y estoy viendo que se me va a echar el tiempo encima. Con tanto trajín es imposible. Que si la cal, que si el uno que sale de moro, el otro de masero... uf. No abondo.
—Tenemos la de siempre.. Mira, yo ya lo he pensao. Como sigan las cosas así, me parece que a otras Fiestas no hago las pastas. No mujer, porque esto no es vida. Luego, que si la nena, que te pue echar una mano, con eso del aparao, es que no te ayuda, lo que se dice, na. Y a ver cómo le dices algo después de estar to el día con la máquina, dale que te dale...
***
En algunas casas las pastas ya están cocidas. Nada más entrar en ellas se percibe un olor inconfundible, en esa mezcla de harinas, mantecas, aceite, almendra, vino blanco... Y la alegría de la madre.
—Ay Me han salín unas madalenas que da gloria. Mira, Josefa, qué hermosura.
—N0000. ¿Y qué recao le has puesto? A mí me dio la Antonia una receta y, mira, no es que salgan mal, porque to lo que pongo es bueno, pero no me han subió tanto como las tuyas.
Los hijos merodean alrededor de la suculenta cocción.
—Nenes, que sus vais a poner malos. Miá que aún están calientes. Como os coja... Pos vaya unas Fiestas que me vais a dar. Anda y tirar pa la calle a juar con los amiguitos.
—Con ellos no se puede. ¿No ves que les gustan tanto estas cosas? Tú misma, de chiquilla...
—Ay, no me digas. Una vez mi madre sacó las pastas. Te voy a contar lo que me pasó...
Y así continúa la conversación hasta que el olor a «socarrao» advierte que la comida se está pasando de castaño oscuro.
* * *
Pero no todo ha de ser gastronomía en las vísperas. Hay trajes que aguardan casi un año para ser sacados de nuevo. Los de festeros. Y ocurre...
—Pere, la de tos los años. Estamos a día tres y no sé pa cuando esperas bajar la caja del traje.
—Muchacha, no corras Pos vaya unas prisas que te cometen de golpe. Te dije la semana pasá que hasta esta tarde no podía ayudarte.
—Sí, pero pa la reunión, pa eso no falta tiempo. No tenéis conciencia. Veis a una echar los hígados y corno si na.. Pos si este año quiés salir, me parece que te vas a tener que limpiar tal el traje, porque yo no puedo más.
—Enga, mujer. Si sabes que tos los años lo abajo tal como, hoy. No te pongas así, que pa una vez que vienen las Fiestas al año...
* * *
La pólvora es otro de los ingredientes con que se sazonan nuestras Fiestas. La vemos en sus cartuchos dentro de las cajas, para su uso. Pero antes...
—¿Aónde vas con esos paquetes? ¿Aónde los vas a poner?
—Mujer, si tengo que liar los cartuchos y llenarlos. ¿Cómo quiés que salga? ¿Con la pólvora en la mano?
—Pos si te pones a llenar los cartuchos lo primero que tiés que hacer es quitarte la ropa que llevas. Anda, y te pones este delantal mismo. Que luego lo pones to perdío.
—Espera, espera, que aun no voy a comenzar. ¿Tú te acuerdas dónde puse la caja?
—¿Y cómo quiés que me acuerde? ¿No se la dejaste a Juan? Porque yo no la he visto en to el año por ningún lao.
—Anda, pos es verdad. Ahora me toca ir a Las Peñicas. Bueno, de paso que tengo que ir a por las ramaleras pa el caballo...
* * *
En estas conversaciones no podía faltar la que se refiriese a nuestra querida Patrona. Especialmente, en los planes para el día cinco.
—Nosotros nos vamos a la Virgen. Tenemos promesa de cuando se dio el porrazo el Jesús. Como salió tan bien de to lo que pasó...
—Yo, como voy tos los años, iré este tamién. Si quieres, cuando os vayáis pa el «chicharra» me tocáis en la puerta y nos vamos juntos p'allá.
—Nosotros es la primera vez que vamos a acompañar a la Virgen.
—Una hermosura. Yo, que ya llevo veintidós años, ca vez me gusta más. Tú sabes qué gozo... To el tiempo viendo a la Virgen al lao de ella... rezamos el rosario tos juntos andando, andando y no se nota na. Luego, cuando llegarnos a San Bartolomé, nos paramos pa tomar la merienda. Ca uno saca lo que ha llevao y hala, otra vez p'alante, hasta que la dejamos en el pueblo. Aun me acuerdo, corno si lo estuviá viendo ahora, de cuando nos encontrábamos al Badila...
***
Mira, chica, una lloraera...
Y de las últimas frases que se dicen, minutos antes de dar comienzo La Entrada, cuando el padre, saliendo de casa, lleva de la mano al hijo, ambos con el atuendo de comparsas...
—Miá que está bonico el nene.. Qué bien le para el traje... Anda, Virtudes, ámunos pa la Corredera...
Por la escucha.
Extraído de la Revista Villena de 1963
Cedida por... Avelina y Natalia García

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