LA JUNTA CENTRAL COMO INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA FIESTA - REVISTA VILLENA 1980

LA JUNTA CENTRAL COMO INSTITUCIONALIZACIÓN DE LA FIESTA. Por María de las Virtudes Gil Micó y Pedro Muñoz Forte y Francisco Hernández Marín.
El presente escrito pretende recoger el papel de la Junta Central como organismo rector de la fiesta de "Moros y Cristianos". Es preciso aclarar que en el artículo —parte de un trabajo más amplio— no se adopta una postura tajante ni exclusivista. Simplemente queremos presentar el resultado de una investigación realizada sobre nuestras fiestas. Ahora bien, ante cualquier acontecer de la vida de nuestra ciudad no podemos ser neutrales, porque en el fondo de todas las cosas existe la subjetividad, reflejo de una interpretación que responde a unos intereses muy concretos. Nosotros hemos querido ser fieles a una determinada concepción de la fiesta sin por ello menospreciar la interpretación que tienen de ella otros sectores sociales muy distantes a nosotros, que puede ser tan válida como la expuesta. Pero, eso sí, intentando desentrañar, con deseos de objetividad, los ejes que mueven el complejo ente orgánico que regula nuestras fiestas.
El progreso económico y social se refleja en toda la vida de la comunidad, también en sus manifestaciones lúdicas y festividades. La fiesta, a tono de estas circunstancias, se complica, se hace más artificiosa, requiere una mayor dedicación y organización. Ello hace que la comisión del Ayuntamiento encargada hasta 1970 de tales funciones, se vea desbordada, incapacitada para satisfacer las exigencias que la fiesta plantea como consecuencia de las nuevas formas de interpretación, concepción y forma de vivirla.
La solución a esta situación se configura con la creación de un organismo autónomo respecto del Ayuntamiento, pero que todavía permanece inculcado a él a través del delegado nombrado por aquél para tales funciones; tal organismos es la actual Junta Central de Fiestas de Moros y Cristianos de Villena (1970).
La finalidad que presidió la constitución de la Junta, mantenida aún hoy, siquiera a nivel teórico, en la esfera oficial, era la de poner en manos de los hombres que hacen y viven la fiesta el timón de la misma.
En su trayectoria la Junta Central presenta una complejidad progresiva en su estructuración orgánica: es a partir de 1976, con la confección de sus estatutos y constitución como asociación acogida a la ley de 24 de diciembre de 1974, cuando la Junta adopta la configuración actual.
Hasta el año 1976 la Junta Central estaba compuesta por un delegado de cada comparsa, el delegado del Ayuntamiento, un delegado de la Junta de la Virgen, el director de la banda de Música o en su ausencia uno que encargara el director, un cronista y el presidente (equivalente a la actual Junta de Gobierno exceptuando el director de la banda y el cronista). Hoy, aparte de esta Junta de Gobierno, figura otro organismo llamado `Asamblea General que se constituye como órgano supremo de la administración de la Junta, integrado por la Junta de Gobierno, los presidentes de cada comparsa más un representante de cada una de ellas e incluyendo un nuevo cargo: el de asesor artístico-histórico.
Foto M. FLOR
A niveles de actuación, lo mismo que en las cuestiones formales y organizativas, la Junta Central ha experimentado también una evolución; a este respecto se ha de tener en cuenta que en un principio su desenvolvimiento se vio determinado por las limitaciones propias que plantea todo comienzo. A medida que ha ido transcurriendo el tiempo la actuación de la Junta Central, con respecto a su objeto, se ha ido decantando hacia posturas que reflejan una concepción de la fiesta y que por ello mismo engendran unos objetivos respecto de la misma, que se traducen en la imposición de una serie de normas; normas estas que en la mayoría de las ocasiones entran en conflicto con los planteamientos que al respecto parece tener la masa de gobernados. Es clara la distensión existente entre el organismo rector de la fiesta y la base de esta. Este conflicto no es meramente organizativo o de modos de regirla, sino que subyace un problema más de fondo: la distinta manera de concebir y vivir la fiesta por ambos lados. Así mientras la actuación y esfuerzos se encaminan, por parte de la Junta Central, hacia la consolidación de una fiesta regida y enmarcada por una serie de valores supuestamente tradicionales, cuyo discurrir estaría caracterizado por un ansia de lujo, de espectacularidad y espectacularización (fiesta-espectáculo) que traería aparejado la estrecha determinación de unos cauces, de unas formas a las cuales deberían adaptarse tanto el desarrollo de la fiesta como el comportamiento de los participantes concretos e individuales en la misma. De la concepción que de la fiesta y los aspectos que giran en torno a ella ostenta la mayoría de la base festera es fiel reflejo de la vivencia, la forma de vivirla: con un sentido claramente hedonista, lúdico; despreocupándose en su gran mayoría de situar al frente de tales celebraciones justificaciones transcendentes o histórico-tradicionales. Hay que señalar que sería ingenuo considerar a la totalidad de la masa festera polarizada en torno a esta postura. De hecho hay individuos que conectan con los planteamientos y finalidades de la Junta Central, ahora bien decididamente son una minoría frente a la postura hedonista que adopta dos posibles vertientes: De un lado estaría la amplia base que coherente con su interpretación de la fiesta no necesita de ningún tipo de organización para satisfacer su hedonismo y ludismo; su oposición respecto de las posturas de la Junta Central habría de situarse en una especie de contagio anímico, no se está de acuerdo "porque sí" sin más y no se hace ni se plantea el hacer nada al respecto. Por otra están los festeros que conscientes de la pugna existente en torno a la vivencia y concepción de la fiesta y a la crisis de la Junta Central se plantean una alternativa; este grupo no es homogéneo, sino que hay un gran abanico de posibilidades, desde los que plantean la necesidad de la organización pero partiendo desde otros planteamientos y concepciones a las actuales y contando con la base, hasta los que rechazan todo tipo de organización pero desde una forma consciente y planteando precisamente la no organización como alternativa posible y real.
La Junta Central como organismo rector de la fiesta en su totalidad no puede permanecer y de hecho no permanece, ajena al desciframiento y aportación de alternativas, de soluciones de la crisis, cuya existencia es tácitamente aceptada: la crisis se atribuye a una decadencia de los valores tradicionales motivada por unos cambios socio económicos y políticos adversos a la conservación de la pureza festera. Una medida adoptada con vistas a restañar las grietas que van apareciendo en el edificio del organismo ha sido la de remodelar la estructura de la asamblea general y de la Junta de Gobierno, quedando como sigue: en la Junta de Gobierno se sustituyen los delegados de las comparsas por los presidentes de las mismas, pasando aquellos a la Asamblea general. Esto dejando bien claro que es una interpretación subjetiva, puede derivar en una mayor concentración y centralización del poder con vistas a resolver el problema.
Como todo organismo de análogas características a la Junta Central, ésta necesita de unos estatutos. Creemos que estos, en el caso que nos ocupa, son fiel reflejo de la concepción de la fiesta por parte de la susodicha institución: Veamos unos ejemplos tendentes a ilustrar dicha afirmación:
En el artículo I de los estatutos de la J. Central se denomina a ésta como "asociación depositaria de estas tradiciones locales, por delegación del M.I. Ayuntamiento..."
Artículo VII: "Son fines de la J.C. los siguientes:
a) Organizar anualmente en honor de Nuestra Señora la Virgen de las Virtudes las tradicionales fiestas de Moros y Cristianos rigiéndolas, representándolas y disciplinándolas previa autorización y bajo los auspicios y apoyo, incluso económico del M.I. Ayuntamiento, a quien por derecho corresponde.
Artículo I de las ordenanzas de las fiestas: "Las fiestas de Moros y Cristianos que se celebran en Villena del 4 al 9 de septiembre, tienen como objeto rememorar las históricas gestas de nuestros antepasados durante la reconquista y el de rendir tributo y manifestar la devoción a la Patrona de la ciudad, la Santísima Virgen Mª de las Virtudes".
Estos artículos son el reflejo de la concepción tradicional de la fiesta entendida por un solo sector de la misma. La fiesta concebida como un cúmulo de tradiciones históricas cuya pureza se ha de preservar y que se celebran en honor de la patrona. Mientras que para la mayoría de los festeros no existe ninguna connotación histórico - religiosa claramente consciente, sino que responde a un afán de diversión; para estos el único lema es "el día 5 a las 4 en la Losilla.".
Extraído de la Revista Villena de 1980

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