1973 EL CONGRESO DE MOROS Y CRISTIANOS

El Congreso de Moros y Cristianos. por Barceló de Sax
La Fiesta de Moros y Cristianos va camino de cumplir los ocho siglos de existencia, según las noticias que tenemos actualmente. En tan dilatada vida, causa verdadera sorpresa ver que muy pocos acontecimientos han marcado hitos en su historia, historia que hoy pertenece a tres continentes.
Posiblemente la Fiesta apareció como un juego de la nobleza, muy protegido por la autoridad real hasta bien entrado el siglo XV, y culminando en 1463, con la Fiesta celebrada en Jaén, manifestación que ya contiene en su seno todos los elementos que andando el tiempo darán origen a muchas variantes. En el XVI, Moros y Cristianos rebasan los límites de la Corte, entrando en el juego los gremios de artesanos y pescadores, verdadera simiente de buena parte de las Comparsas actuales; pero, además, la fuerza de la estampida ocasiona una tremenda expansión de la Fiesta que alcanza al Nuevo Mundo y a Filipinas, llevada de la mano por descubridores, conquistadores, colonizadores y evangelizadores que sembrarán nuestra tradición por Estados Unidos, México, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Uruguay, Paraguay, Cuba, Argentina y Chile, países en los que todavía perdura y cuyo itinerario podría seguirse manejando un simple mapa de la colonización de aquellas tierras.
Es en el siglo XVII cuando, con buena fortuna, Moros y Cristianos se acogen al amparo del Patrón o devoción local, cesa que producirá grandes efectos, fijando una periodicidad, un sentido religioso más profundo, obteniendo una cierta garantía de supervivencia que sirvió de mucho en el siglo siguiente. No todo podía esperarse con alegría, pues en el XVIII, con el advenimiento de los Borbones al trono, la Fiesta pasaría por el siglo con su cruz a cuestas, injuriada, vilipendiada, prohibida y aun perseguida, saliendo de la crisis agarrada a las andas del Santo y notoriamente purificada.

La llegada del siglo XIX nos trae la Revolución Francesa y la invasión napoleónica, que provoca un levantamiento popular, armando al pueblo llano en su figura más representativa, el agricultor. Consecuencia de este movimiento, la Fiesta recibió la savia nueva del campesino que arrima su hombro y da origen a multitud de Comparsas de labradores que, con distinto nombre, todavía perduran. Por otra parte, las Guerras Carlistas, los liberales, absolutistas, serán el fermento para que proliferen agrupaciones festeras como Vizcaínos, Navarros, Catalanes, Zuavos, Garibaldinos y otras muchas de signo político en su origen. Todo este movimiento en torno a la Fiesta, es animado con la protección eclesiástica y la autoridad civil local, que empieza a sentir profunda preocupación y trata de tomar las riendas con firmeza.
Y así, llegamos a nuestro siglo en el que las cosas marchan bien gracias al cuidado del poder civil y del poder religioso, situación que no podía durar mucho tiempo, pues la explosión popular, el crecimiento de la Fiesta y su masificación, hacen imposible un control remoto de Moros y Cristianos, poniendo de manifiesto la incapacidad de ambos poderes. La solución fue laboriosa, pero acertada e inconclusa. Obligados por las circunstancias, abren un cauce de colaboración entre autoridad y festeros creando los Cabildos, Hermandades, Juntas Directivas, Asociaciones y otros organismos que con la participación de unos y otros, único modo de generar voluntad y disciplina a la propia Fiesta. Sin embargo, la evolución no ha terminado y apuntan los tiempos hacia un desarrollo festero inmediato e incontenible, que soltará lastre cuando deba soltarlo y... ¡Ay de aquél, festero o no, que sea incapaz de encontrar su camino! ¡Para él será el desconcierto y la desesperación!
Con estas premisas y el panorama que tenemos ante los ojos hoy. ¿Quién puede dudar de la importancia del Primer Congreso de Moros y Cristianos convocado por Villena? Ignorarlo, desentenderse o negar la colaboración, sería irresponsabilidad y ligereza que habríamos de lamentar pronto. Hoy la Fiesta apunta con firmeza hacia una «institucionalización» de abajo para arriba, sin disimulos ni ramplonerías, y somos nosotros, los festeros, quienes lo debemos hacer, de lo contrario alguien nos pondrá un molesto corsé. Aquí no van las cosas a medias, hay que conocer la Fiesta en profundidad, lo que fue, lo que es y lo que esperamos y deseamos que sea en un futuro mediato. Este es el principal objetivo del Congreso y tengo plena fe en el resultado. Todo lo demás, son pamplinas.
Sax, junio 1973.
Extraído de la Revista Villena de 1973

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