1973 MENSAJE MARIANO

MENSAJE MARIANO Bodas de Oro de la Coronación
Por G.R.M. – Arcipreste
La conmemoración de las bodas de oro de la coronación de la Santísima Virgen de las Virtudes quizá pudiera hoy, a primera vista, evocar en muchos de nosotros algo así como un triunfalismo inadmisible. Ni se trata de bodas con banquetes de derroche ni de oro sobrante materialmente entendido.
Se trata de vitalizar el recuerdo de unas fechas en las que Villena supo aparecer sensiblemente como es en su más honda interioridad: fiel en su compromiso histórico de defender el Dogma de la Inmaculada Concepción y esclava de María en perpetuo reconocimiento de tantos beneficios recibidos de generación en generación.
Lo importante, hoy como entonces, es saber descubrir toda la dimensión del mensaje liberador que la Virgen en todo momento tiene a disposición de aquel que con sinceridad la mira, la cree, la escucha y la ama.
La humanidad necesita de un arquetipo de mujer, dijo Carlos Gustavo Yung, el padre de la Psicología profunda. Y Dios ha dado a la humanidad ese arquetipo de mujer por el que la humanidad suspira. Y ese arquetipo es María, la concebida sin mancha, sin pecado.

El mundo vive en pecado, nos dice S. Juan (1 Jn, 5,19). Por el estrato más profundo del hombre discurre una corriente interior que lo empuja al mal. Por otro lado el hombre tiene en lo más profundo de su ser un deseo innato de obrar el bien; suspira por la belleza y la bondad; le fascina lo grande, lo heroico, lo divino; no en vano ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios. Pero al sentirse radicalmente impotente para realizar este ideal de verdad y de belleza exclama con S. Pablo: «Pobre de mí» quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte». (Rom. 7,24).
Ahora bien, lo que el hombre quisiera ser aparece ya realizado en MARIA, la sin mancha ni pecado. Desde la aparición en el mundo de esta Criatura singular, Dios vuelve a recrearse en la descendencia de Adán; vuelve a ver su imagen pura y bella en el rostro de todos los humanos.
María realiza, además, la aspiración a la unidad del hombre dividido actualmente. Bíblicamente hablando el hombre nació en la paz del paraíso. Vivía en armonía con Dios, con quien dialogaba diariamente; en armonía con los hombres: sin odios, sin envidias, sin venganzas; en armonía consigo mismo. Pero de pronto irrumpió el pecado en la existencia del hombre y hubo ruptura vio lenta del hombre con Dios, del hombre consigo mismo y con los demás. En esta situación de tensiones, el hombre no puede sentirse feliz, nos dice el Concilio Vaticano II (G. S, 4); gime y se lamenta y siente entonces la nostalgia y el deseo del retorno al paraíso.
¿Es esto posible o es una utopía? Ya ha habido una mujer que ha encarnado también los deseos más profundos de la humanidad de vivir en paz con Dios, consigo mismo y con los demás. Esa mujer es MARIA. MARIA que por intervención milagrosa toma entre nosotros un apellido que desde hace siglos fascina y conmueve a los villenenses cada vez que la nombramos: «LA VIRGEN DE LAS VIRTUDES».
He aquí en síntesis el mensaje silencioso y profundo de gracia frente a un ambiente de pecado que nos rodea, el mensaje de comunión con Dios y con los hombres frente a la desunión que impera en la sociedad, mensaje de amor y de paz que debemos respirar en la conmemoración de la coronación de nuestra Madre que ya está en cuerpo y alma en el Cielo.
Sea éste, pues el mensaje mariano que como brújula maternal nos guíe durante estas fiestas conmemo¬rativas de 1973.
Extraído de la Revista Villena de 1973

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