1990 UN VILLENENSE EXCEPCIONAL: FRANCISCO TORREBLANCA

UN VILLENENSE EXCEPCIONAL: FRANCISCO TORREBLANCA
La figura y la trayectoria profesional del villenense Francisco Torreblanca García no son muy conocidas en su ciudad natal; al menos, en un sentido lato y general. No obstante, nuestro paisano ha sido noticia este mismo verano en Televisión Española a la vez que en otros medios nacionales de difusión. En cuanto respecta a los específicos de nuestra ciudad, Radio Villena se ha ocupado de él, pues nuestra emisora le llevó a sus antenas en una corta intervención a primeros de julio. Más extenso fue Primitivo Gil hace tres años al realizar una amplia entrevista a Torreblanca en uno de aquellos populares programas que, bajo el título genérico de «Villeneros», fueron asimismo emitidos en Radio Villena. En él se dio cuenta, a grande, rasgos, de la andadura vital de este villenense de su labor profesional.
Desde entonces se han acrecentado notablemente los méritos de Torreblanca. O tal vez sea más apropiado decir que se ha producido un reconocimiento de ellos a mayor o más importante nivel. Este año se ha concedido a Francisco Torreblanca el título de mejor artesano de Europa en la concreta actividad que desarrolla; y si este galardón ha supuesto para él una gran satisfacción, no es menor la que debemos sentir los villenenses por el hecho de que haya sido otorgado a un paisano nuestro.
Un paisano que no pierde ocasión de manifestar que se siente orgulloso de haber nacido en nuestra ciudad, y más concretamente, en «El Rabal», en la calle Baja. Allí vino al mundo el 5 de febrero de 1951 y desde allí salió un día. cuando contaba solamente doce años, para iniciar su trabajo como humilde aprendiz en la pastelería local «La Golosina», propiedad de un familiar.
Poco más tarde trabajó en otra pastelería de la vecina localidad de Elda. Y de allí pasó a un establecimiento similar en Alicante, donde permaneció unos años y que llegó a regentar, con varios obreros a sus órdenes. Pero su afán de superación y el amor que sentía por su tierra natal le llevaron nuevamente a Villena, donde se estableció, con un socio, ya como copropietario de una pastelería. No obstante, no prosperó la sociedad, abandonó finalmente Torreblanca y, dispuesto a ser el único dueño de su negocio y a desarrollarlo de acuerdo con sus proyectos y sus inquietudes, abrió una pastelería en Elda, en 1979, que es hoy un moderno y acreditado establecimiento. La razón del desplazamiento a la vecina ciudad estuvo motivada únicamente por el deseo de no perjudicar a su anterior socio estableciendo una competencia directa en la misma población.
La tarea profesional de Francisco Torreblanca ha estado marcada desde su inicio por un incesante afán de aprender, por una inquebrantable voluntad. Hoy es un acreditado maestro pastelero y un afamado especialista en el soplado del caramelo. Empezó a recibir premios de importancia en 1976, con una medalla de plata en Barcelona y otra de oro en Valencia, en 1979; galardones que fueron multiplicándose en años sucesivos hasta trascender nuestras fronteras, pues en 1986 se le concedía el premio en Italia al mejor participante extranjero y se clasificaba en séptimo lugar en el Concurso Mundial de Confitería.
Sin embargo, los premios que ha merecido este villenense no han quedado en los ya reseñados junto a otros que no hemos especificado. En 1988 recibía el título de mejor maestro artesano pastelero de España; en 1989, en la ciudad francesa de Lyon, donde se dirimía la Copa del Mundo de Pastelería, se clasificaba en cuarto lugar. Y finalmente, el pasado mes de junio se le declaraba, en el último concurso en el que ha tomado parte, como el Mejor Artesano Pastelero de Europa.
Francisco Torreblanca ha dictado cursillos, ha dado conferencias, ha impartido enseñanzas en España y en el extranjero —desde diversos países europeos a Japón, Canadá y tantos otros—dentro de esta actividad de la pastelería y la confitería que en muchos países alcanza categoría artística. También recibe en su casa a gentes que, procedentes de lugares de todo el mundo vienen a perfeccionar sus conocimientos de manos de Torreblanca, que los recibe y adiestra en grupos reducidos, puesto que ha de alternar esta tarea con su actividad comercial. Y practica contactos periódicos con importantes profesionales europeos, junto a los cuales constituye una vanguardia que desarrolla ideas e iniciativas tendentes a una continua transformación y superación de la labor que efectúan.
Remontándonos en el tiempo a una época muy anterior, otro Torreblanca, vecino de Sax, era declarado hidalgo en 1789 mediante una Real Cédula de Carlos IV. Este Torreblanca al que ahora nos referimos, descendiente de aquél, recibe hoy, dos siglos después, otras no menos importantes y merecidas distinciones fruto de una labor esforzada, de un trabajo sin tregua, de unas dotes poco comunes que le han llevado a destacar, cuando todavía no ha cumplido cuarenta años, entre todos aquellos que realizan una misma labor.
La revista «Villena» desea recoger y realzar como merece la figura de este villenense y la relación de sus éxitos con la seguridad de que todo ello ha de constituir una grata noticia para todos sus paisanos. Y con el fin, asimismo, de que queden recogidos estos datos para la pequeña historia de nuestra ciudad, añadiendo con ello un nombre más a los de sus hijos preeminentes.
Alfredo Rojas
Extraído de la Revista Villena de 1990 

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