La huelga revolucionaria de 1917 en Villena.
Por CÉSAR LÓPEZ HURTADO
El lunes 13 de agosto del 17, marca un hito notable en la historia del movimiento obrero villenense. Ese día, a las dos y media de la madrugada, alrededor de un número no inferior a 500 personas (1) partían del Centro de la Federación Local de Sociedades Obreras de Villena, también sede de la Agrupación Socialista y de la Unión General de Trabajadores, con la consigna de cortar todas las comunicaciones de la población, aislar la ciudad y paralizar los servicios ferroviarios. Daba comienzo, de este modo, la adhesión de los asalariados de la localidad a una de las más importantes huelgas generales llevadas a efecto en España.
Los antecedentes inmediatos a los acontecimientos que se van a suceder a partir de aquel mes de agosto de 1917, hay que buscarlos en la llamada "crisis de las subsistencias" (2) que, el 11 de junio de aquel año, llevaba al Poder Ejecutivo a los conservadores de Eduardo Dato (3), ante la dificultad del anterior Gabinete para resolver la difícil situación creada por las protestas que se dirigían al Gobierno, desde todos los rincones del país, por su pasividad para resolver con urgencia y de forma contundente los abusos que se producían.
Desde 1915, las clases menos favorecidas, comenzaron a quejarse de la evolución que iba tomando la mencionada crisis, a través de la prensa primero y, más tarde, recurriendo a los mítines y a la organización de manifestaciones para protestar por la carestía de la vida. A pesar de estos avisos, el Gobierno de Dato, tampoco hizo gran cosa para acabar con los grandes acaparadores de mercancías alimenticias, que seguían negociando escandalosamente con el hambre nacional.
Don Miguel Esquembre Fita, alcalde de Villena en agosto de 1917. (Archivo familiar de Alfonso Esquembre García).
En Villena, en este ámbito reivindicativo, se llevan a cabo con respuesta masiva, distintas manifestaciones a las acostumbradas del 1.º de Mayo: la primera, en 21 de marzo de 1915, a iniciativa de la Unión General de Trabajadores; y en 15 de octubre y 26 de noviembre de 1916, organizadas por la Federación Local de Sociedades Obreras. El motivo de estas protestas fue para solicitar de los poderes públicos, la realización de varias obras con las que atajar la crisis del trabajo y para pedir el abaratamiento de las subsistencias (4). Incluso, toda la población, llegó a sumarse a una huelga general pacífica de veinticuatro horas, el 18 de diciembre de 1916 (5).
Ante la gravedad de la cuestión, que a pesar de las medidas de presión adoptadas por la clase trabajadora continuaba sin resolverse, en el mes de marzo de 1917 la C.N.T. y la U.G.T. firmaron un manifiesto a los trabajadores españoles que convocaba a una huelga general, todavía sin fecha determinada "como arma más poderosa que posee [el proletariado] para reivindicar sus derechos". El alpargatero ilicitano Juan Barceló, delegado de la U.G.T. para la zona de Levante, con la finalidad de concienciar a los obreros sobre este objetivo, realizó una activa campaña visitando diversas poblaciones valencianas, entre ellas Villena (6).
Con el país convulsionado por el clamor popular contra el deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora, por R. D. de 28 de marzo de 1917, eran suspendidas las garantías constitucionales en todo el territorio nacional, ordenando al tiempo el Gobernador Civil de Alicante, "clausurar las sociedades anarquistas, sindicalistas y socialistas que existen en esta provincia" (7). En virtud de esta providencia gubernativa, el 30 de marzo, se personaba en el Centro de la Federación Local de Sociedades Obreras de Villena el oficial de la Secretaría del Juzgado, Emilio José Manzaneque Benito, y levantaba la correspondiente acta de clausura de todas sus dependencias, a excepción de la vivienda ocupada por el conserje del Centro, José Jorge Llorca. El local destinado a la escuela laica, instalada en el mismo domicilio, también fue cerrado aquel día.
Restablecidas las garantías constitucionales, por R. D. de 25 de junio volvieron a suspenderse, aunque esta vez no fue clausurado el Centro Obrero de la ciudad.
En este vaivén político, el alcalde de Villena, Don Alfonso Arenas Marín (liberal), presentaba la dimisión de su cargo, que el 3 de julio de 1917 le era aceptada. Como consecuencia de esta renuncia, el Gobernador Civil, nombraba alcalde de la ciudad al concejal Don Miguel Esquembre Fita (conservador), que tomaba posesión del nuevo cargo el día 6 de julio.
Con estos precedentes políticos y sociales, en las primeras horas de la madrugada del 13 de agosto de 1917, se lanzaban a la calle alrededor de medio millar de jornaleros y obreros villenenses, desde la Federación Local de Sociedades Obreras sita en la calle Hernán Cortés, número 1, con la intención de secundar la huelga general anunciada para ese día en toda la nación; cifra que a lo largo de la jornada aumentaría con largueza.
El que esta cantidad de personas hubieran podido ir reuniéndose en los locales de "la Sociedad", el domingo día 12 de agosto desde las cuatro de la tarde sin despertar sospechas, se explica en la petición cursada al Alcalde por el presidente del Comité de la Federación Local de Sociedades Obreras, el día anterior, solicitando permiso para celebrar una junta extraordinaria convocada para esa hora en el Centro Obrero, cuyo único orden del día: "Lectura del estado de cuentas correspondiente al segundo trimestre del presente año" (8), es una auténtica tapadera que enmascara las verdaderas intenciones de la citación: Congregar a un numeroso grupo de huelguistas en el domicilio de la Federación, sin crear desconfianza en las autoridades y así poder salir a la calle todos unidos el día fijado para la huelga general y seguir las consignas difundidas por el Comité de Huelga (9).
Como primer paso de la huelga general, aquellos trabajadores, bajando agrupados por las calles de La Verónica y La Cruz, se dirigen hacia la estación del ferrocarril a cumplir los objetivos fijados.
Entre los huelguistas se encuentran representaciones de todas las sociedades de resistencia locales, predominando los jóvenes. Así, componentes de la sociedad "Constancia" de Agricultores, de la "Sociedad de Albañiles", de "La Fraternidad" de Ebanistas, de "El Progreso" de Zapateros y de la sociedad de "Obreros Alpargateros de ambos sexos de Villena", se cuentan entre los apretados grupos que nerviosos se desparraman por las calles. De la misma forma, militantes de la Agrupación Socialista y miembros representativos de la U.G.T. y de las Juventudes Socialistas, enarbolando banderas rojas, están entre los más decididos. Los ácratas, alineados con el anarquismo más radical, que desde 1915 se han organizado en Villena con el nombre explícito de "Paso a la anarquía", lanzan consignas libertarias (10). Mujeres de la sociedad "La Esperanza", pertenecientes a la rama femenina de la sociedad de Oficios Varios "La Prosperidad", en la órbita anarquista, también se hallan en esta acción huelguística, al igual que algunos republicanos.
Al frente de todos ellos, van: el maestro de escuela José Marhuenda Santana, concejal y teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Villena; Sebastián Sáez Ibáñez, presidente de la Federación Local de Sociedades Obreras; y los también concejales y tenientes de Alcalde de la ciudad, Juan Bellod Galvis, Antonio López Hernández y Calixto Díaz Navarro (11).
Concentrados los huelguistas en la estación del ferrocarril, un grupo de éstos, siguiendo la línea férrea en dirección a Caudete, arranca varios raíles del tendido ferroviario, al tiempo que cortan los postes telegráficos y del teléfono, a unos cuatro kilómetros de la ciudad. Otra cuadrilla, que se despliega vías abajo en dirección a Alicante, se dirige hasta el puente del ferrocarril que vadea el cauce del Vinalopó, en la partida del Carrizal, y allí hizo lo propio quedando cortada la vía entre las estaciones de Santa Eulalia y Villena.
Interrumpido en ambos sentidos el ferrocarril de la MZA (Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y a Alicante), los huelguistas, se trasladan a la estación de la VAY (Compañía de los Ferrocarriles Económicos de Villena a Alcoy y Yecla), también conocida como del "Chicharra", donde varios grupos, no dejaron circular el tren a Jumilla que tenía su salida a las 6,45 horas. Asimismo cortan los hilos telefónicos y del telégrafo de las líneas de Villena a Muro y de Villena a Jumilla, quedando completamente aislada la ciudad.
Conseguido este primer objetivo de incomunicación, los piquetes de huelga, se distribuyeron por todas las entradas del pueblo, no permitiendo entrar ni salir de él a ninguna persona ni vehículo (12).
El tren mixto de Madrid, que pasaba por Villena a la 3,30 de la madrugada para llegar a Alicante a las 6 horas, no tuvo ningún percance y pasó sin novedad por la ciudad. No alcanzó a tener la misma suerte el tren correo descendente de Madrid, que llegaba a las 8,30 de la mañana a la capital, pues la vía ya estaba cortada a las 6, hora en que tenía su paso por Villena.
De acuerdo con lo que dijeron los comunicados oficiales: "Se pudo evitar la catástrofe que inevitablemente hubiera ocurrido al paso del tren correo de Madrid que traía 400 pasajeros, gracias a que una guarda-barrera advirtió la cortadura de la línea y avanzando por la vía salió a esperar al tren haciendo señas de que parara. Por otra casualidad se tuvo conocimiento de que la línea estaba cortada a la salida. Un joven que regresaba a su casa tropezó con los hilos telegráficos cortados y dio aviso a la estación. Debido a esto no descarrilaron los trenes correo descendentes de Madrid y ascendente de Alicante" (13). Estos trenes quedaron detenidos parte del día en los puntos donde se habían inutilizado los raíles, hasta que de la estación salieron obreros para recomponer las vías. Reparadas éstas, cosa que se llevó a cabo con relativa rapidez, el correo de Madrid quedó inmovilizado por la muchedumbre que ocupaba la estación, al no permitir su paso hacia Alicante.
Los trenes del "Chicharra", a Muro y Jumilla, no llegaron a tomar la salida aquel lunes visto el cariz de los acontecimientos. A las 10,30 de la mañana, sin embargo, llegó un tren procedente de Muro con escasos pasajeros, que fue silbado y apedreado por el gentío que se hallaba congregado en la estación.
La ciudad fue tomada por los huelguistas y diversos grupos, en su mayoría chiquillos y mujeres, portadores de banderas, alarmaron al pueblo profiriendo gritos subversivos. Las fuerzas de la Guardia Civil de Villena, que se reducían a cinco guardias al mando del teniente Gabino Várez Nieto, fueron insuficientes para contener el tropel de gente que vociferaba y recorría las calles de la ciudad, animando a unirse a la huelga.
Mediada la mañana, como refuerzo para controlar la situación, llegaron a Villena seis parejas de la Guardia Civil de Monóvar, al mando del teniente Chápuli, que fueron recibidos con insultos y denuestos en la estación. Estas fuerzas, "con buen sentido de su jefe optaron por la pasividad, pues apelar a la violencia contra los revoltosos, hubiera constituido una temeridad. Se hallaban en tal situación los guardias, tan completamente rodeados por las turbas, que en un momento dado hubieran podido ser copados y desarmados" (14). Para entonces los puestos de la plaza, tabernas y bares, el comercio, las industrias, así como los Círculos Villenense y Agrícola y los salones del café del Artístico y de la Sociedad de Cazadores, estaban cerrados.
El estado de la huelga se había complicado tanto, que a las cuatro y media de la tarde llegó un tren especial con cuatro coches que conducían más fuerzas de la benemérita, al mando del teniente coronel de la zona. El sol y el calor a esa hora, eran implacables. También estos refuerzos fueron recibidos con manifiesta hostilidad. No obstante, "la estación quedó despejada a los pocos momentos huyendo los revoltosos doloridos de los culatazos de la Guardia Civil", tras las cargas efectuadas para facilitar la salida de los trenes detenidos allí.
En el choque fueron capturados dos jóvenes de los que más se distinguían, que fueron encerrados en una sala de la estación que fue habilitada para depósito de los detenidos.
Con la situación más controlada, la Guardia Civil quedó apostada custodiando las estaciones de la MZA y del "Chicharra". Asimismo, los números de la benemérita, permanecieron desplegados por las esquinas aledañas a la estación y por todo el contorno y cercanías del Paseo de Chapí, que quedaron fortísima-mente protegidos, sin que por ello los huelguistas se acobardaran ni cesaran de proferir gritos e insultos contra ellos, pidiendo la libertad de los dos compañeros detenidos, que poco más tarde eran tres: José Saúco Zapater, Fernando Gil García y José Pérez García (15).
El grueso de los huelguistas pidió la libertad de sus compañeros detenidos y con tal pretensión fueron en actitud tumultuosa a la plaza de Santiago para hablar con el alcalde, Don Miguel Esquembre Fita, que con oficio y un claro talante abierto al diálogo para terminar con el conflicto, atendió la demanda para evitar males mayores. Por dos veces dirigió Don Miguel Esquembre una petición de libertad para los jóvenes capturados, una verbal y otra por escrito, al teniente coronel de la Guardia Civil. Las dos obtuvieron la misma respuesta negativa y la actitud de los jornaleros en huelga se tornó más levantisca. Su postura no dejaba dudas y así se lo habían comunicado al Alcalde: se hallaban dispuestos a realizar toda clase de violencias para que sus compañeros presos fueran libertados.
Los ánimos en efecto, según caía la tarde, fueron exasperándose. Aunque los trenes obstaculizados desde la mañana pudieron continuar su marcha cada uno a su destino, lo peor estaba por llegar. Aparecieron pasquines con inscripciones subversivas, que encresparon más si cabe a los huelguistas. A la hora de costumbre y a pesar de que "la fábrica de la luz" de Villena, propiedad de los franceses Andrieux, Ratié y Compañía, había estado todo el día inactiva, casi anochecido, encendió el alumbrado público. Una hora más tarde, un grupo de los más resueltos, cortaba los cables que distribuían el fluido eléctrico y Villena quedó completamente a oscuras.
Comenzaba una noche, infortunada y larga, al principio sólo rota por los gritos perturbadores de algunas gentes que recorrían las calles alborotando.
Hacia las tres de la mañana, coincidiendo con la llegada de un tren de pasajeros procedente de Alicante, la relativa quietud derivó en un choque sangriento con las fuerzas de la Guardia Civil. No obstante los numerosos guardias apostados aquella noche en los sitios más estratégicos, los huelguistas esperaron la aparición del primer tren que, con terrible violencia, fue recibido a tiros y con una gigantesca acometida de piedras, tomadas de los montones en que descansan los raíles del ferrocarril.
De izquierda a derecha los honrados ciudadanos Francisco González, Antonio Sánchez, Antonio López, Andrés Navarro, Manuel Muñoz, Juan José Gil, Sebastián Sáenz, José Marhuenda, Calixto Díaz, José Cañizares, Victoriano Navarro y Juan José Llorca, libertados el día 12 del corriente, después de haber permanecido en el Castillo de Santa Bárbara nueve meses. (Fotografía Sánchez)
Las fuerzas que custodiaban las dos estaciones, ante aquella arremetida, contestaron disparando sus tercerolas contra los agresores. Éstos, aunque en la penumbra de la noche era difícil distinguirlos, debieron ser muchos, pues la defensa del tren y de las dos estaciones llegó a ser difícil durante alguna fase del enfrentamiento. La situación por momentos se hizo en extremo tensa y especialmente dramática: tan sólo se veían los fogonazos de las descargas de las armas de fuego, "hasta que cada guardia disparó los proyectiles de tres peines".
En el tiempo que duró la refriega hubo numerosos heridos del lado de los huelguistas y un muerto que no tenía nada que ver con la revuelta. Se llamaba Martín Hernández, más conocido por "el de la casa de Lara", hijo de una acomodada familia de labradores de la ciudad, que regresaba de Alicante de asistir a la Corrida de la Beneficencia que se había celebrado el domingo anterior en Alicante (16).
Cayó abatido por un guardia que disparaba desde la esquina del edificio del "Hotel Alcoyano" —hoy de "Radio Villena"—, cuando al bajar del tren, confuso y espantado, intentó saltar la valla de la estación para huir de aquel violento choque armado. Los huelguistas, enardecidos por el desarrollo de los incidentes, quisieron aprovechar este instante para asaltar la estación y libertar a los detenidos, pero no lo consiguieron. Ante el incesante tiroteo de la Guardia Civil y mermados por las bajas, los huelguistas no tuvieron otra opción que la de dispersarse y acompañar a los contusos y heridos a sus casas.
La normalidad quedó restablecida por completo cuando, poco después del amanecer, llegaban a Villena una compañía del Regimiento de Infantería de la Princesa n.º 4, de guarnición en Alicante, al mando del capitán Don Francisco Guarner Marín; y dos compañías del Regimiento de Infantería de Guadalajara n.º 20, de guarnición en Valencia, al mando de los capitanes Don Eduardo Rojas y Don Eduardo de Loreo. Al frente de las fuerzas figuraba el comandante del Regimiento de Infantería de Guadalajara nº 20, Don Julián Moreno del Monte, que distribuyó los efectivos militares por la ciudad, con lo que la tranquilidad en la población quedó restablecida. La vigilancia de la vía férrea por los soldados se hizo rigurosa, ocupando además las carreteras.
La represión fue dura y los registros domiciliarios, buscando armas y heridos, cuantiosos (17). El mismo día 14 se procedió a la detención de los supuestos instigadores de los sucesos. Causó conmoción en la ciudad, que entre los detenidos, figuraran los tenientes de Alcalde del Ayuntamiento, Juan Bellod Galvis, Antonio López Hernández, Calixto Díaz Navarro y se buscara como cabeza de motín a José Marhuenda Santana (18).
Fuerzas del Regimiento de la Princesa 4 de Alicante formadas junto al Santuario de las Virtudes. (Archivo Miguel Flor)
El día 16 por la mañana, en un tren militar procedente de Alicante, fueron enviados a la capital doce hombres y dos mujeres, que quedaron encarcelados en el Castillo de Santa Bárbara, a excepción de Enrique Guardiola Tomás, que ingresó en el hospital al estar herido; y Ana González Tomás que fue recluida en la cárcel. Todos ellos, previamente, comparecieron en el Regimiento de Infantería de la Princesa n.º 4, ante el Juez Instructor Militar del sumario, el comandante Don Francisco Medrano Martí. En la estación, custodiada por los soldados, hubo lágrimas de los parientes y amigos de los apresados al despedir el tren.
Durante los días siguientes fueron arrestadas muchas personas de Villena, al igual que en La Cañada y Benejama donde los sucesos también tuvieron especial trascendencia, y hubo varias expediciones más de presos a Alicante. Las familias de los procesados presenciaban abatidas la marcha de sus allegados en, los convoys militares. Ciertamente el espectáculo de las cuerdas de presos, caminando desde el Ayuntamiento a la estación del ferrocarril, era desgarrador. Niños y mujeres lloraban y gritaban al paso de sus deudos.
José Marhuenda Santana, a quien se acusaba de principal inductor de los desórdenes ocurridos, fue el último en ser detenido. Todas las pesquisas y gestiones realizadas durante las primeras semanas para descubrir su paradero por la Guardia Civil y la policía, que a raíz de los sucesos acaecidos tenían orden de busca y captura contra él, resultaron infructuosas. Su prendimiento se produjo de manera casual en el término municipal de Castalla, el 6 de septiembre, en el sitio denominado "Los Campellos". Hasta entonces, desde que desapareciera de Villena tras los disturbios de la madrugada del 14 de agosto, había permanecido oculto en los montes de Biar y de la mencionada población de Castalla, alimentándose de pan duro mojado con agua y de hierbas.
Fue descubierto por una pareja de la Guardia Civil, aproximadamente a la siete de la mañana, cuando caminaba por una senda apartada en dirección a Alicante, donde pensaba presentarse al Coronel Jefe de la Guardia Civil, según declaró. Su aspecto deteriorado y con un morral al hombro hizo entrar en sospechas a los guardias, que le preguntaron si era José Marhuenda. Al contestar afirmativamente, quedó detenido y fue conducido a Castalla, donde se le encarceló. Se hallaba completamente agotado y desfallecido. Aquella misma noche, nueve números al mando de un oficial, salieron de la Comandancia de la Guardia Civil de Alicante en dos automóviles con dirección a Castalla, para hacerse cargo del detenido. El día 7 por la mañana fue trasladado a Alicante, quedando incomunicado en el Cuartel de la Princesa a disposición de las autoridades militares e ingresando posteriormente en un calabozo del Castillo de Santa Bárbara.
La lista de los detenidos que estuvieron en el Castillo de Santa Bárbara de Alicante, referida a los pueblos de Villena, La Cañada y Benejama, que hemos podido reconstruir, es la que sigue:
De Villena: José Marhuenda Santana (Concejal), Antonio López Hernández (Concejal), Calixto Díaz Navarro (Concejal), Mateo Díaz Navarro, Sebastián Sáez Ibáñez, Ignacio Chaumel Hernández, Juan Martínez García, Andrés Victoriano Navarro Navarro, Manuel Muñoz Navarro, Juan Lillo Santiago, Francisco Sánchez Domene, Fernando Micó Estevan, José García Hernández, Francisco González Tomás, José Sánchez Muñoz, Ginés Milán Gandía, Juan Martínez Tomás, Joaquín García García, Antonio García Soriano, Bautista Silvestre Guijarro, Miguel Abellán Navarro, José Cantos Villaescusa, Pedro Muñoz Estevan, Jerónimo Martínez Pardo, Miguel Martínez Amorós, José Jorge Llorca, Enrique Guardiola Tomás (en el hospital), Ana González Tomás (en la cárcel), Dolores Estevan, José Saúco Zapater, Fernando Gil García, José Pérez García, Juan José Llorca, Agustín Michavila, Manuel Cañizares López, Andrés Navarro y Josefa Pérez Martínez (19).
De La Cañada: Francisco Ferrer Francés, Vicente del Valle Valdés, Gaspar Molina Ferré, Gaspar Ribera Galvañ, José Ferrer Francés, Miguel Bellod Juan, Julio Vidal Mataix, Mariano Ferrer Francés, Francisco Valdés Molina, Cristóbal Pérez Ribera, Juan Castillo Galvañ, Vicente Quiles Molina, José Ferrer del Valle, Francisco Valdés Barceló, José Francés Molina, Cándido Castillo Sanjuán y Cristóbal Molina Ballester.
De Benejama: Ángel Barceló Sanjuán, Jorge Francés Albero, José Conca Luna, Cosme Juan Valdés, José García Guzmán, Bautista Sarrió Barceló, Juan Maestre Candela, José Maestre Molla, y Francisco Vilaplana Luna.
Tras los sucesos que se promovieron en todo el territorio nacional con motivo de la huelga general, que en Villena como hemos visto revistieron especial importancia, en la sesión del día 17 de agosto, preside el Ayuntamiento el comandante de infantería del Regimiento Guadalajara n.º 20 de Valencia, Don Julián Moreno del Monte, Jefe Militar de la ciudad, por haber sido proclamado el estado de guerra en toda la nación y haber resignado el mando el Alcalde. En la siguiente sesión del Ayuntamiento, celebrada el 24 de agosto, ya volvió a ocupar de nuevo la Presidencia del Ayuntamiento Don Miguel Esquembre Fita.
Las tropas acantonadas en Villena, dieron una fisonomía inusual a la población, así como una vida social impensable en aquellas circunstancias, mientras las gentes trataban de recuperar el ritmo perdido. En este sentido, el Ayuntamiento organizó una comida el 23 de agosto, "cumpliendo un elemental deber de cortesía y de gratitud", a la que invitó al Teniente Coronel Jefe de las fuerzas emplazadas en Villena y a los oficiales a sus órdenes. El comandante Don Julián Moreno del Monte, no asistió por estar ausente.
La recepción se celebró en el "Círculo Artístico Mercantil" (sic) y fue servida por el "Hotel Alcoyano". La Corporación Municipal, en la que faltaba Don Miguel Esquembre, invitó al banquete a destacados miembros de todos los estamentos de la ciudad. El concejal Don José Hernández Villegas, cumpliendo encargo del Alcalde, ofreció el agasajo a los jefes y oficiales militares presentes, a los que felicitó. También dedicó un saludo al Cuerpo de la Guardia Civil, por su actuación en los incidentes pasados. Terminó levantando su copa "por España y por su Rey" y "por el Ejército y por Villena". El capitán Don Eduardo Rojas, le contestó agradeciendo el homenaje en nombre del Ejército. A continuación hicieron uso de la palabra, el párroco de Santa María, Don Manuel Nadal Hernández, el Juez de Instrucción Don Guillermo Navarro y el propietario villenense y diputado provincial Don Luis García Catalán. Por la tarde la Banda de Música "Juventud Musical Villenense", dio un concierto en el Paseo de Chapí. Ese mismo día, hasta bien entrada la madrugada, tuvo lugar un baile en honor de la oficialidad en los salones del Artístico.
La celebración de las Fiestas de Moros y Cristianos, durante los tradicionales días 5 al 9 de septiembre, llegó a estar comprometida por la magnitud de lo sucedido. Al final pudo más el sentido común y la tradición, que una decisión coartiva. En la autorización del Gobernador Civil al Alcalde, para la celebración de los festejos en honor a la Virgen de las Virtudes, se puntualizaba: "que por parte de este Gobierno no hay inconveniente en que se celebren las fiestas en las que cuidará no se altere el orden" (20). Las comparsas salieron a la calle con el programa de costumbre, pero se suprimieron las salvas de arcabucería en los actos de la "Llegada de la Virgen", "Guerrilla", "Procesión de Despedida" y en la "Entrada de los nuevos Capitanes y Abanderados". También se eliminaron las tracas y disparos de morteretes, en la "Alborada", así como los castillos artificiales.
Volviendo a la línea política, el 14 de septiembre eran suspendidos de sus cargos los cuatro tenientes de Alcalde por orden del Gobernador Civil, Don Manuel García Bazanallana, "al ser enjuiciados militarmente por estar relacionados con el motín revolucionario que estalló en Villena la noche del 13 de agosto" (21). Fue el detonante para que el día 21, Don Miguel Esquembre Fita, presentara su dimisión como Alcalde, que le fue admitida por el Gobernador Civil, al tiempo que aprobaba el nombramiento de Don José Hernández Villegas para sustituirle (22).
El nuevo Ayuntamiento, constituido en sesión del 28 de septiembre de 1917 y a iniciativa del Alcalde, elevaba "a las Autoridades Superiores Militares un mensaje de gratitud como justo homenaje al comportamiento de las fuerzas acantonadas en esta Ciudad, con motivo de los sucesos ocurridos"(23). Semanas después, restablecidas las garantías constitucionales el 18 de octubre, dejaban Villena los últimos soldados.
A partir de finales de noviembre y hasta Navidad comenzaron a conceder la libertad condicional a algunos de los huelguistas villenenses encarcelados en el castillo de Santa Bárbara. Precisamente, el 30 de noviembre de 1917, "el agricultor, de estado casado y vecino de ésta [Villena]", José Hernández Menor, solicitaba permiso para celebrar una manifestación pública pacífica, partiendo del Centro Obrero y con el recorrido de costumbre, con objeto de solicitar al Gobierno una amplia amnistía para todos los presos políticos y sociales (24). Los diez últimos procesados de Villena estuvieron en prisión, día por día, nueve meses. En el tiempo que estuvieron encarcelados los encausados villenenses, recibieron multitud de adhesiones y visitas. El mismo Pablo Iglesias, se interesó directamente por la situación de los presos, y mantuvo correspondencia con José Marhuenda. Numerosas suscripciones y veladas teatrales, fueron organizadas en su beneficio por toda la provincia.
La ansiada amnistía y la libertad para los últimos encarcelados, llegó el 12 de mayo de 1918. Poco antes de las diez de la mañana, desde el Gobierno Militar y acompañado de su Ayudante, se dirigió hacia el Castillo de Santa Bárbara el Juez Instructor para dar cumplimiento al auto de libertad emitido por la Capitanía General de la Región. Mujeres, niños, soldados y paisanos, apelotonados, cubrían la amplia entrada de la fortaleza. Trece eran los presos que se encontraban todavía allí, aunque sólo salieron 12 en libertad (25). De Villena, eran: José Marhuenda Santana, Calixto Díaz Navarro, Antonio López Hernández, Sebastián Sáez Ibáñez, Victoriano Navarro Navarro, Manuel Muñoz Navarro, Juan Lillo Santiago, Manuel Cañizares López, Francisco González Tomás y José Jorge Llorca. De Sax: Antonio Sánchez Esteve y Juan José Gil.
Numerosos grupos de ciudadanos fueron sumándose de forma espontánea a la comitiva que descendía del Castillo. Al poco el tránsito resultaba casi imposible. Las ovaciones y vivas a la Libertad y al Progreso, eran constantes. En el barrio de San Antón, donde vivía el industrial Fernando Ronda, cuñado de José Marhuenda, se vivieron escenas emotivas. Cantando la "Internacional" se dirigieron a la Casa del Pueblo de Alicante. Allí fueron agasajados y se les pidió que aplazaran su regreso a Villena, para rendirles justo homenaje. El diputado izquierdista por Alicante, Alvarez R. Villamil, también se encontraba allí. A la una se dirigieron a la Cárcel de Benalúa, donde se hallaba una comisión de obreros de la Junta de Subsistencias sirviendo una comida a los reclusos de aquel centro. Marhuenda, "el mártir de la causa, el célebre maestro de Villena", dirigió unas palabras de ánimo a los encarcelados y de las contadas mone-das que les restaban, producto de suscripciones verificadas a favor de ellos, repartieron once pesetas, entre los allí reunidos. En la cárcel fueron obsequiados con una paella.
Por la tarde fueron homenajeados en la Casa del Pueblo de Alicante por gran número de socialistas y de republicanos. El salón aparecía repleto y después de un improvisado festín, llegaron los discursos: de Fermín Botella, de Rafael Millá y de José Marhuenda. Éste, tras agradecer todos los actos realizados en honor suyo y de sus compañeros de prisión, entre otras palabras, dijo: "Los que luchamos por un santo ideal, sabemos despreciar el peligro y si en momentos precisos dimos prueba de ello, sabed que al repetirse lo haríamos con el mismo entusiasmo, con la misma abnegación (...) La Conjunción Republicano Socialista es una fuerza que no debe desligarse nunca, porque con ella conseguiremos la salvación de este desdichado país. Esta será a especie de bisturí que obre sobre la gangrena nacional" (26).
Al día siguiente, el diario republicano El Luchador, publicaba un editorial titulado "¡Libertad!", del que tomamos estos párrafos: "¡Salud, esforzados paladines que podéis llamaros delincuentes honrados desde que en el templo de las Leyes os dicen que no habéis cometido delito alguno!. Cuando seáis viejos, y aún cuan do hayáis muerto, vuestros hijos podrán decir con orgullo a sus compañeros, «mi padre fue uno de los que soportaron penas y sufrimientos para que todos nosotros gocemos del progreso y de la justicia. Honremos su memoria». Entonces, tal vez no existan murallones en el Benacantil porque su cumbre sea un delicioso parque. Las raíces de los árboles que allí vivan buscarán cariñosamente las benditas lágrimas que habéis dejado en aquellos peñascales".
El día 13 de mayo eran recibidos en Villena por 5.000 personas. El Luchador, recogía las efemérides en primera plana, en un vibrante articulo a dos columnas firmado por Ismael de Túrbula (27), con el título de "Viaje Triunfal. Alicante, San Vicente, Novelda, Monóvar, Elda y Sax, saludan con entusiasmo a los presos de agosto. Recibimiento triunfal en Villena ¡5.000 manifestantes!", que es una auténtica diatriba contra los poderes locales y una apología delirante a "los nobles luchadores, los abnegados paladines populares, que los elementos retrógrados quisieron sepultar con cientos de falsos alegatos, con miles de acusaciones anémicas y criminales".
La realidad demostraría bien pronto, que la huelga de 1917, a pesar de la mitificación de que fue objeto, apenas resolvió nada. Los problemas generados por la guerra europea y la carestía de las subsistencias, lejos de subsanarse con la firma de la paz, se agravarían. Quizá, eso sí, significó un pequeño auge del socialismo, que esperanzado cerró filas en torno a sus dirigentes. Pero muy pronto, la cuestión social, volvería a producir grandes tensiones...
Fuerzas del Regimiento de la Princesa n.º 4 de Alicante en una misa de campaña en el Santuario. (Archivo Miguel Flor)
(1) Según fuentes de «La Correspondencia Alicantina». Alicante, 20-VIII-1917.
(2) Los géneros más indispensables para la vida sufrían aumentos progresivos y las especulaciones con los alimentos básicos eran continuas, debido al desvío de éstos a los Ejércitos contendientes en la Primera Guerra Mundial que pagaban los víveres a unos precios desorbitados y fuera del alcance de los jornales de los trabajadores españoles. Precisamente, entre las reivindicaciones generales contenidas en el pliego que el presidente de la Federación Local de Sociedades Obreras dirigió al Alcalde de Villena, con motivo del 1.» de Mayo de 1917, en el punto 3.», se decía: "Protestar contra la conducta del Gobierno por no haber tomado medidas eficaces en evitación de la carestía de las subsistencias y de la carencia de trabajo" (Archivo Municipal de Villena (A.M.V.I, «Reformas Sociales», 1917). En toda la nación el problema era el mismo. El diario republicano de Alicante, «El Luchador», aludiendo al tema, recogía el 27 de noviembre de 1916 estas palabras del reformista Melquíades Álvarez: "Las subsistencias alimenticias son la pesadilla del pueblo trabajador".
(3) Por otra parte insensibles a los problemas de la clase obrera, como cabe presumir tras la lectura de un suelto publicado en el periódico, «Diario de Barcelona», en el que los conservadores escribieron: "No ignoramos la triste situación de una gran parte de la clase proletaria, pero esto no es de ahora, sino de todos los tiempos, y tampoco es una calamidad exclusiva de España", en «El Tiempo», Alicante, 4-VI-1917.
(4) «Alicante Obrero», Alicante, 23-III-1915 y «El Batallador», Alicante, 28-XI-1916.
(5) Para unirse, "a la protesta que toda España hacía extensiva, por la pasividad del Gobierno en resolver con la urgencia que requiere el problema de las subsistencias". «El Batallador», Alicante, 19-XII-1916.
(6) Francisco Moreno Sáez, «Las Luchas Sociales en la Provincia de Alicante (1890-1931)», Alicante, 1988, págs. 308-309.
(7) A.M.V., «Correspondencia», Juzgado, 1917.
(8) A.M.V., «Correspondencia», Reformas Sociales, 1917.
(9) La huelga general fue convocada por el comité conjunto de la CNT y la UGT, reunido en Madrid, compuesto por Julián Besteiro, Daniel Anguiano, Francisco Largo Caballero y Andrés Saborit.
(10) Su miembro más relevante fue Enrique Guardiola Tomás (1873-?). Exaltado y fustigador, firmó sus demoledores escritos en la prensa provincial y en las hojas reivindicativas, con el significativo seudónimo de: "Un gusano roedor". En otra ocasión nos ocuparemos de este líder anarco-sindicalista villenense, herrero de oficio, sin duda ninguna, figura importantísima en el devenir del movimiento obrero local. Disidente de la Agrupación Socialista local, en la que ocupó el cargo de presidente (1911), entró en contacto con los dirigentes ácratas de Elda, José Gil, Vicente Gil, Antonio Laredo y Marcelino Gil (¿de Sax?), que el 27 de diciembre de 1915, en el Teatro Artístico de Villena, intervenían en el primer acto de propaganda anarquista realizado en la ciudad (A.M.V. Reformas Sociales, 1915 y Alicante Obrero, Alicante, 31-XII-1915). A raíz de este mitin, surgiría el grupo villenense "Paso a la anarquía" que, en 20 de febrero de 1916, ya estaba constituido. «El Luchador», Alicante, 21-II-1916.
(11) Todos ellos de militancia socialista a excepción de Juan Bellod Galvis, que a pesar de ello y de que su familia, influyente y de tradición conservadora, tratara de no involucrarlo en los hechos que sucedieron, tuvo una resuelta participación, para sorpresa de los villenenses que no imaginaron hasta entonces que pudiera tomar partido por los huelguistas.
(12) Parece, de acuerdo con otras informaciones, que algunas personas de Villena pusieron sus automóviles a disposición de los servicios públicos, y gracias a ellos y a otros que de Alicante salieron, pudo realizarse el servicio de correspondencia, no sin que los funcionarios que los llevaban pusieran en peligro sus vidas en los momentos en que los huelguistas tenían puesto el cerco a la ciudad y cortada toda comunicación. «Diario de Alicante», Alicante, 20-VIII-1917.
(13) La Correspondencia Alicantina, Alicante, 20-VIII-1917. Otras fuentes dicen, que "un capataz vió que de la caseta habían desaparecido las herramientas. Recorrió las vías y encontró un raíl levantado y un poste tumbado sobre la línea. Dio aviso al tren correo que llegaba, salvándolo de una catástrofe". Diario de Alicante, 20-VII-1917.
(14) La Correspondencia Alicantina, Alicante, 20-VIII-1917.
(15) A.M.V., Correspondencia, Juzgado, 1917.
(16) El 12 de agosto se lidiaron toros del Duque de Veragua, para los matadores: Gaona, Limeño y Salieri II (El Tiempo, Alicante,12- VIII-1917)
(17) El número de heridos entre los agresores no se pudo fijar, aunque algunas fuentes hablan "que debieron de ser muchos, porque aparte de los curados conocidos, otros lo han sido en sus casas". En efecto el día 14, el Alcalde envió al médico villenense Don Luis Delgado de Molina Cerdá, un escrito en estos términos: "Teniendo conocimiento de que en los desgraciados sucesos ocurridos esta madrugada, ha habido algunos heridos, que por eludir sus responsabilidades se han ocultado en sus casas, se encarece a V. que con toda urgencia de parte a esta Alcaldía de la asistencia que prestare a cualquiera de estos heridos por exigirlo así, bajo la responsabilidad que marca el Código de Justicia militar; pues así lo interesa el Sr. Juez Instructor militar que está instruyendo el oportuno sumario". A.M.V., Correspondencia, Orden Público, 1917.
(18) A pesar de los desórdenes y de que la prensa estaba censurada, ésta puso de relieve, "que en honor a la verdad los revoltosos no cometieron ningún atentado contra la propiedad. Durante el día 13, el tren correo de Madrid, que estuvo todo el día sin custodia y llevaba en la ambulancia de Correos una respetable cantidad de pliegos y valores fue respetado por las turbas". La Correspondencia Alicantina, Alicante, 20-VIII-1917.
(19) El Luchador, Alicante, 2-XI-1917; 5-XI-1917; 10-V-1918; 22-V-1918 y A.M.V., Correspondencia, Juzgado, 1917. El número de personas detenidas en la provincia fue de unas 140 y el total de encarcelados de Villena, 40 (La Unión Democrática, Alicante, 20-XIII 917), por lo que en nuestra relación de presos villenenses faltarían tres. Aunque en el pie de una fotografía de los 12 últimos libertados, publicada en la primera página de El Luchador de 22 de mayo de 1918, aparece el nombre de José Cañizares, éste, debe leerse como Manuel Cañizares (Vid El Luchador, 10-V-1918 relación de "Los amnistiados"). José Cañizares Domene (Villena 1887-México D.F. 1969), Alcalde de la ciudad (1931-1934 y 1936) no llegó a estar preso, aunque participó en todos los preparativos de la huelga de forma muy directa. Incluso, según testimonio verbal del secretario general del PSOE de Villena (1977-1979), Berger Abellán Navarro, estuvo en Madrid en contacto con el Comité de Huelga, existiendo evidencia de ello por una fotografía de la época que estuvo colgada en la pared de la secretaría del PSOE de Villena, en la que aparece en la sala de reuniones del Comité junto a otros delegados. Precisamente nos hubiera gustado hablar aquí, de la actividad desarrollada por José Cañizares Domene en las elecciones municipales de noviembre de 1917 y en las legislativas de febrero de 1918, con los más representativos cargos socialistas y sindicales de Villena encarcelados en Alicante. Pero esa es la apasionante historia de unos años, en los que ahora no podemos entrar, en los que Cañizares —desde sus puestos de presidente de la sociedad "Constancia" de Agricultores (1916), y como secretario (1915) y presidente (1918) de la Federación Local de Sociedades Obreras—, reafirmará su liderazgo en la Agrupación Socialista de Villena, en una época en que irrumpen las tesis "terceristas", y se mostrará como un gran político que alcanzará su cenit, durante la 11 República Española. Juan Bellod Galvis, que desde el primer momento estuvo implicado en los sucesos, fue procesado y suspendido de su cargo como Concejal y Primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Villena, pero gozó de libertad provisional, no excluyente de presentarse en los plazos marcados al Juzgado Militar de Alicante que instruyó el sumario. A.M.V., Correspondencia, Juzgado, 1917.
(20) A.M.V. Fiestas, 1917
(21) A.M.V., Actas Ayunt., 14-1X-1917.
(22) A.M.V., Actas Ayunt., 21- 1X-1917. El 25 de septiembre, por otro oficio del Gobernador Civil, se daba posesión de sus cargos de ediles, con carácter interino, a los exconcejales: Francisco Hernández Catalán, Bartolomé Amorós Bellod, Trinidad Caturla Álvarez, Rafael Selva Lorenzo, Miguel Esquembre Sevilla, José Hernández Hurtado y Bartolomé Amorós Hernández, quienes sustituían a los cuatro tenientes de Alcalde implicados en los sucesos y a Bartolomé Hernández Amorós, que había dimitido en 1916; a Luis García Catalán por haber sido nombrado diputado provincial y a Tomás García Hernández por haber fallecido.
(23) A.M.V., Actas Ayunt., 28-IX-1917.
(24) A.M.V., Correspondencia, Reformas Sociales, 1917. El Centro Obrero de Villena en esa fecha continuaba clausurado por orden judicial, según carta de Pablo Iglesias, del 8-XII¬1917, al villenense "Martínez" (Posiblemente Juan Martínez García secretario de la sociedad "El Progreso" de zapateros y secretario de la Federación Local de Sociedades Obreras en 1904, que también estuvo encarcelado en Alicante).
(25) El cornetín de la Banda Municipal de Alicante, Francisco Martín Arrimada quedó preso. El Luchador, Alicante, 13-V-1918.
(26) El Luchador, Alicante, 15-V-1918.
(27) Seudónimo utilizado por el escritor y periodista villenense, Victoriano Lillo Catalán.
Extraído de la Revista Villena de 1996
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