20 abr 2026

1978 LA CASA DEL SARDO

LA CASA DEL SARDO. Por: Vicente Prats Esquembre
El último tercio del siglo pasado fue en nuestra Ciudad pródigo en sucesos. Aunque la entidad de alguno de ellos no la podamos calificar de sobresaliente, todos forman parte y configuran la historia de Villena. Destacan el doble desbordamiento del Río Vinalopó, con la inundación consiguiente de los campos y las huertas de este término municipal, que causaron daños aproximados en unos 2.100.000 de pesetas; la epidemia de cólera; el derribo de la Torre del Orejón; el importante motín ocurrido con motivo de la subasta de consumos, que concentró un gran número de fuerzas de la Guardia Civil al mando del Comandante provincial de la Benemérita Institución y otros muchos de menor importancia cuya relación estimo innecesaria.
Hoy vamos a tratar con amplitud de otro de ellos que llenó de luto y dolor a Villena. La explosión de la Casa del Sardo, ocurrida en la noche del 28 de septiembre de 1883.
Este inmueble estaba situado en la calle de San Cristóbal, lo que hoy es el n.º 16 de Salvador Pérez Marsá. Se trataba de una casa de tejavana, como la mayoría de las de Villena en aquella época, y estaba destinada a comercio, taberna y lugar de cita y reunión para el pasatiempo. Tenían de todo, como en botica, incluso pólvora y explosivos, que guardaban en una especie de cambra a la que se tenía acceso por una breve escalera.
Aquella tarde los habituales clientes de la casa, de acuerdo y en colaboración con el dueño, habían contratado para que actuara ante ellos a una guapa gitana que bailaba y cantaba de maravilla. Es fácil imaginar que la afluencia de hombres para presenciar el espectáculo fue de excepción. Al anochecer, una hermana de la dueña de la Casa del Sardo que vivía muy cerca, penetró en el establecimiento en busca de un peso que necesitaba. Subió a la cambra alumbrándose con un candil, que se supone depositó encima o cerca de un enorme barril de pólvora que allí estaba situado. La tremenda explosión no se hizo esperar y bastaron unos segundos para que se consumara la tragedia. Una clienta que acababa de abandonar el comercio donde realizó sus compras. fue la que relató lo que antecede y la que en los primeros momentos de confusión dio detalle de muchas de las personas que se encontraban en el interior.
Los daños causados con motivo de la yola. dura del barril incendiado por la imprudencia fueron enormes. Varios muertos, entre ellos la gitana; infinidad de heridos de mayor o menor consideración y gran número de casas contiguas y cercanas totalmente derruidas o con destrozos importantes. Cuentan que parte de los restos de la bailaora, fueron encontrados cerca de donde años más tarde se edificaría el Colegio Salesiano, lo que da idea de la enorme fuerza expansiva que se desarrolló.
Para remediar a los damnificados por el triste suceso era necesario un trabajo en equipo, una colaboración de propios y extraños y una gran rapidez en la concesión de subvenciones y socorros. No olvidemos que nuestra Ciudad, con poco más de 2.500 vecinos, tenía escasos recursos económicos y no podía hacer frente con eficacia a un hecho de esta naturaleza.
Afortunadamente no se hicieron esperar las ayudas. El 1.º de Octubre el Gobernador traslada una R. O. de S. M. Alfonso XII, en la que se concedían del fondo de calamidades públicas la cantidad de 4.000 pesetas para remediar en parte la catástrofe ocurrida y la Corporación Municipal, en sesión del mismo día, aporta del Capítulo de Imprevistos hasta 1.000 pesetas para atender a los gastos más urgentes y necesarios y nombra asimismo una Comisión que ha de hacer la distribución de todos los fondos que se recauden y que estaba compuesta por: D. Luis García Poveda, Alcalde; D. José María Villa, Cura Párroco de Santiago; D. Manuel Alted, Juez de 1.° Instancia; D. Rafael Yáñez, Diputado Provincial; D. Francisco Hernández Hernández, Regidor Síndico; D. Juan Hernández Tomás, Regidor y los propietarios D. Francisco Hernández Hurtado, D. Miguel Ferriz y Ferriz, D. Francisco Hurtado Hurtado y D. Pascasio López y López. Al propio tiempo, por estimarse su conveniencia, nombra otras cinco integradas por Sacerdotes, Regidores y Propietarios, con el único y exclusivo objeto de visitar toda Villena en demanda de ayuda para los perjudicados.
En la sesión del 4 de noviembre, el Alcalde informa que con fecha 16 de octubre pasado había quedado constituida la Junta para la distribución de los fondos y se había nombrado Depositario al Cura Párroco D. José María Villa. Seguidamente y con gran emoción da cuenta de que los individuos que componen la Música del Asilo de Misericordia y huérfanos de la Ciudad de Murcia, que dirige D. Acisclo Díaz y Rochet, auxiliado por la Srta. D. Encarnación Pinar y los Sres. Codorníu, García, Albadalejo, González del Toro, Blaya y Ramírez, habían dado una función en el Teatro Romea de dicha Capital y habían recaudado 3.409 reales que le habían sido entregados por su Director. Los motivos que les indujeron a esta colaboración fueron, entre otros, la gran simpatía que tienen por Villena, ya que todos los años intervienen en las Fiestas de nuestra Patrona la Virgen de las Virtudes.
A petición de la primera Autoridad y como justa correspondencia, se acuerda dar las gracias al Ayuntamiento de Murcia, a la Diputación y a todos los que han contribuido a este noble fin y asimismo, interpretando el unánime sentir de nuestro pueblo, se declaran hijos adoptivos de Villena a D. Acisclo Díaz y Rochet y a las 65 personas que con él colaboraron en tan generosa como humanitaria empresa.
Las cantidades donadas por el Estado, Diputación Provincial, particulares de nuestra Capital, suscripciones en diversos pueblos y empresas periodísticas, etc., aconsejaron nombrar personas de confianza y debidamente documentadas, para que se hicieran cargo de ellas y las entregaran al Depositario de la Junta, agilizando así la recaudación para hacerla llegar rápidamente a los necesitados.
En la sesión del Ayuntamiento del 2 de marzo de 1884 y por la Junta de Socorros, se presentaron las cuentas detalladas con expresión de conceptos y cantidades. Haremos constar que los ingresos fueron 14.861'31 pesetas y a igual suma ascendió lo repartido. Se formalizó minucioso balance y se enviaron copias del mismo al Sr. Gobernador y a la Diputación Provincial, ordenándose además se hicieran 300 ejemplares para repartirlos entre todas las personas que prestaron su ayuda económica y darle la mayor publicidad.
No se pudo pedir a las Autoridades más rapidez ni mayor eficacia. Y es que cuando éstas planifican su trabajo y lo realizan ilusionadamente y con sentido de responsabilidad, los resultados no pueden ser otros.
Diremos para terminar que, en aquellas tristes circunstancias, Villena tuvo la fortuna de encontrar muchos amigos que llevaron el consuelo a sus tribulaciones. A todos les pagó como debía de hacerlo: con la moneda del agradecimiento. Resaltemos para las generaciones de hoy dos conceptos que conviene no olvidar: SOLIDARIDAD Y GRATITUD.
Extraído de la Revista Villena de 1978 

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