La Virgen guarda silencio.
Por D. Arsenio Irigoyen Urtasun. Párroco de la Arciprestal de Santiago
Al ruido y al silencio se les puede aplicar lo que al precioso Don de hablar: «que es lo mejor y lo peor en la vida de los hombres».
El ruido despierta y hace llorar al niño; pero, luego, él mismo lo provoca para divertirse. El joven se recrea acelerando el récord de su moto estridente y dominadora, como él, aunque esto sea evasión de su yo o de su vida superficial. Hay ruidos que hacen daño al enfermo y quebrantan los nervios del sano, pero otros como las tracas y la pólvora de arcabuz, aunque conmuevan la trompa de Eustaquio, engendran un gusanillo de emoción festiva que remozan a la gente. Sin embargo estos ruidos artificiales son pólvora quemada o película pasada. Hay en la vida y en las Fiestas otros ruidos o sonidos que hacen vibrar al hombre al son de su propia alma, es el repique de campanas y la música de Banda que hacen la fiesta más bella, sublime y humana. Las Comparsas lo saben muy bien, que en la música está el alma. Bienvenidas, pues, las Bandas y bien halladas las fieles campanas. Yo, como Pastor de vuestras almas quiero algo más para ti, niño inquieto, joven y anciano, pobre y rico, pecador, enfermo y sano. Quiero que salgas del bullicio un rato (huyendo del mundanal ruido...) y descanses con la Virgen que guarda silencio.
El silencio es bueno como relax, para pensar hondo, para reparar fuerzas y para escuchar en paz.
Claro que hay silencios y silencios: Unos, dulces como el sueño de un niño o el abrirse un capullo de rosa, pero los hay de venganza, de desprecio, egoísmo, astucia o rabia. Hay silencios de emoción, de obediencia y represión, de fiebre y de frio; silencio heroico de un pariente por no hacer sufrir a los demás; hay lágrimas silenciosas de aceptación de una prueba sin amargura ni odio. Hay silencios de amor.
Te invito a entrar en lo profundo de tu alma donde se ignora el bullicio y las pasiones. Libre de todo y de ti, haz tu homenaje a la MORENICA y déjate invadir del amor de tu Madre. Ella guarda silencio, pero vive y vibra de amor por nosotros, nos atiende y nos escucha. Es Madre de todos, aunque no todos le aceptan. ¿Será una Madre anticuada? ¿Será porque es Virgen? ¿O, nos creemos con derecho a ofenderla, porque está callada? El silencio en María es la primera gracia de Dios que prepara su despertar. Su vida silenciosa es admiración y fe en su Señor, disponibilidad al querer divino y ambiente forjado de esperanza y amor sobrenatural para vivir sobre el mundo sin dejar de pisar en él.
El silencio es contemplación de Dios en el apacible mar de las almas puras. El silencio de María en el Calvario es la espada de dolor que rompe su corazón sufriendo la desidia de los padres, la rebelión de los jóvenes, la infidelidad de los curas y monjas, la profanación de la vida familiar, la soberbia del que trabaja y del que no quiere trabajar, las brutales jaurías que alguien ha de reparar. El silencio de la Virgen es pureza de amor a Dios y a nosotros. Es respeto a la libertad de los que rechazan a Jesucristo y su Iglesia. Es silencio de Madre que acepta su soledad acogiendo a todos los que se sienten solos. Su silencio es dolor por la división entre hijos y padres, esposos, obreros y patronos, entre los malos que se juzgan buenos y los que se tapan con la manta ajena. Este silencio de Nuestra Patrona es atención y compañía para ti, enfermo, que vives la amargura del dolor en silencio y quizá en el olvido de nosotros tus compañeros de camino.
Su silencio es grito-protesta de la Madre a las madres para que no maten a sus hijos inocentes antes de nacer. Es, espera paciente a sus hijos descarriados. El Silencio es para todos OASIS para gustar, en las Fiestas, la intimidad de la más sencilla y grandiosa Morena MADRE. ¡FELICES FIESTAS!
Extraído de la Revista Villena de 1978
%20copia.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario