La Coronación Canónica de la Virgen en 1923 a través de La Corona. Fernando Costa Vidal
El día seis de septiembre del presente año se ha cumplido el setenta y cinco aniversario de la Coronación Canónica de Nuestra Señora de las Virtudes, Patrona de la ciudad de Villena.
Setenta y cinco años es mucho tiempo, es toda una generación y no son muchos los villenenses de hoy que pudieron gozar de aquellos fastos que con tal motivo se vivieron en nuestra ciudad. Ardua fue la empresa y largos los preparativos del proyecto de tan singular e irrepetible acto deseado y esperado con ansia por todos los villenenses de ver coronada a su Patrona.
Según noticias de aquella época, dos eran las coronas de nuestra Patrona. La primera, bautizada con el nombre de Imperial, procedía de una donación realizada por el lltmo. señor don Juan Piñero, Obispo de Calahorra y la Calzada, que bautizado en la parroquial de Santiago de nuestra ciudad en el año 1594 y nombrado Obispo en 1642, la regaló antes de su muerte acaecida en el año 1647, siendo un hermano suyo, Fray Adeodato, Prior de Las Virtudes por aquellas fechas.
La corona que la Virgen de las Virtudes ostentaba en 1921 fue regalada, antes del año 1696, por el presbítero don Pedro Lucas Piñero, Doctor en Teología, Beneficiado de Santa María, secretario de don Carlos de Borja y Patriarca de Indias.
Corría el año 1917 cuando Gaspar Archent, vertió al viento su pensamiento de que la Morenica fuese enaltecida con la dignidad que se merecía; pensamiento que condensaba el fervoroso deseo de la idiosincrasia del pueblo villenense. Aquella idea, acogida entusiásticamente por todos y aunque caló profundamente, pareció caer con el tiempo en el olvido.
Pero tratándose de tan digna empresa, su semilla no podía haberse perdido. Era el día 1 de septiembre de 1921, con dos años de antelación, cuando apareció el primer número del boletín mensual que como órgano de la Coronación Canónica de Ntra. Sra. de las Virtudes, y bajo el sugerente y acertado título de LA CORONA, iba a plasmar en sus páginas el esfuerzo diario de un grupo de villenenses que durante ese tiempo tratarían de que, de nuevo, brotara en los corazones del pueblo de Villena aquella recóndita ilusión que como dormida esperaba la hora de iniciar su camino y ver con orgullo coronada a su Virgen.
LA CORONA fijó su redacción en la calle de Zapateros, nº 1, se remitía gratuitamente a todos los villenenses que vivían habitualmente fuera de la ciudad y se distribuía en la localidad al precio de 10 céntimos. El primer número del citado boletín se presentaba con un llamamiento al espíritu desprendido de los villenenses en pro de la culminación de unos anhelos manifiestos unos años atrás, expresándose del siguiente modo:
AL PUEBLO DE VILLENA
Hace ya cuatro años que en ocasión pública y solemne se lanzó la idea de la Coronación Canónica de la venerada imagen de nuestra Patrona la Santísima Virgen de las Virtudes.
Que aquella idea fue la expresión de los anhelos y deseos de esta ciudad lo demuestra el hecho de cómo fue recibida, pues apenas se dio a conocer, se desbordó el entusiasmo y comenzaron los donativos en metálico, algunos de ellos en cantidades de alguna consideración, y haciendo otras personas generosos ofrecimientos para costear la corona de oro y pedrería que Villena ha de ofrecer a su Reina y Señora.
Circunstancias especiales hicieron que por entonces no pudiese cristalizar aquella hermosa idea, pero la semilla había caído en tierra convenientemente preparada, como lo es siempre el corazón de los villenenses para todo lo que sea en honor de su Virgen, y aunque haya transcurrido algún tiempo, la semilla no se ha perdido, sino antes al contrario, ha echado más fuertes raíces que muy pronto harán asomar tallos y ramas frondosísimos, presagio venturoso de una floración copiosa y espléndida.
Creemos sinceramente que ha llegado el momento de soplar sobre las cenizas, para que la brasa ardiente que durante cuatro años estuvo oculta, se convierta en hoguera flameante que inflame con el fuego del entusiasmo todos los corazones y el pueblo de Villena pueda ofrecer a su Patrona un digno homenaje que indudablemente atraerá sobre esta población los beneficios singulares de la Reina de los cielos.
Uno de los medios más eficaces para llegar al fin apetecido será indudablemente, la publicación de este Boletín que os visitará todos los meses y que esperamos será recibido con cariño en todas las casas.
En él se os dará cuenta de todo lo que se haga y de todo lo que se proyecte, se darán a conocer las diferentes comisiones que se vayan nombrando, se publicarán las listas de los donantes con las cantidades recibidas, los nombres de las personas que ofrezcan alhajas de plata, oro y piedras para la corona, y se insertarán artículos y poesías de amena y variada literatura para solaz de vuestro espíritu.
Queremos, en fin, que esta modestísima publicación sea el intérprete de vuestros sentimientos, el hilo misterioso que una y ponga en comunicación todos los corazones para que simultáneamente reciban la corriente impetuosa del entusiasmo.
Y sabido es que esta corriente, en Villena y tratándose de la Virgen de las Virtudes, es de un voltaje subidísimo.
Que nuestra queridísima Patrona, bajo cuyo manto y protección nos colocamos desde este primer número, bendiga nuestros trabajos para que pronto sea un hecho lo que todos tan ardientemente deseamos
El primer número de LA CORONA contó con sentidas aportaciones escritas del entonces Alcalde de la ciudad Pascasio López y del Obispo de Orihuela, así como de los párrocos de Santiago y Santa María, alentando a la implicación masiva de los villenenses en un proyecto que, aunque lleno de dificultades, todos sabían que al tratarse de su Morenica sería conducido dignamente a su culminación.
Ya en 1917 fueron nombradas unas Juntas de Señoras y Caballeros que serían los valedores de esta empresa y que tenían la siguiente composición:
JUNTA DE SEÑORAS
Presidenta: Adela Villegas.
Vicepresidenta: Gertrudis Valero.
Tesorera: Filomena Candel.
Vicetesorera: Isabel Cerdán de Amorós.
Secretaria: Teresa Amorós.
Vicesecretaria: Rosario Selva.
Vocales: Crescencia Bellod, Isabel García, Emilia Bellod y Adela Ritas.
Primera Comisión: Señoras presidenta, vicepresidenta y tesorera.
Segunda: Señoras secretaria, vicesecretaria y Crescencia Bellod.
Tercera: Emilia Bellod, María Pérez que, fallecida, fue sustituida el 12 de septiembre de 1921 por Francisca Maestre de Pérez, y Josefina Tortosa.
Cuarta: Isabel García, Leopoldina Alcaraz y Dolores Marín
Quinta: Adela Ritas, Avelina Español y Rafaela Guillén, además de Rafaela López de Arenas, nombrada posteriormente
JUNTA DE CABALLEROS
Presidentes honorarios: Excmo. Sr, Obispo de la Diócesis y el M.I. Sr. don Gaspar Archent Avellán.
Presidente efectivo: El Sr. Alcalde de Villena.
Vicepresidente: Rafael Selva Mergelina.
Depositario: Andrés Menor Henández.
Secretario: Alfonso Arenas.
Vicesecretario: Joaquín Sandoval Amorós.
Vocales natos: Los Sres. Curas Párrocos de Santiago y Santa María.
Vocales: José Ramiro, presbítero, Bartolomé Hernández (q.e.p.d.), Luis García Hurtado, Antonio Cerdán Gómez, Antonio Fernández Palencia, Arturo Vitoria Tarruella, Francisco Hernández y Tomás Giner Galbis.
Estas Juntas, a partir de dicha fecha, comenzaron el loable esfuerzo de ocuparse de la responsabilidad de llevar a buen puerto el proyecto. En un principio, ya se contó con la cantidad de 2.433,50 pesetas, producto de las donaciones espontáneas, desde el año 1917, del pueblo de Villena para la confección de la corona de la Virgen, haciendo constar que el primer donativo recibido fue de 5 pesetas a cargo de Antonio Hernández Ferriz.
Y ya el editorial del segundo número del boletín decía:
Las listas de donativos en dinero y alhajas que publicamos en otro lugar de este número son una confirmación de nuestros aciertos. Todavía no han salido a pedir las comisiones nombradas de señoras y caballeros y ha habido cuantiosos donativos espontáneos y la cantidad de esta segunda lista, excede a la de la primera.
Postal emitida como recuerdo del histórico acontecimiento.
iVillenenses: ya tenéis reunidos los primeros mil duros para la corona de la Virgen de las Virtudes!
¿Cuándo se reunirán los últimos?
No lo sabemos, pero abrigamos la confianza, mejor dicho, la seguridad, la certeza de que ha de ser muy pronto.
El 12 de septiembre de 1921, iniciaba sus reuniones la Junta de Señoras procediendo a dividir la ciudad en cinco distritos correspondiéndose con las cinco comisiones de que constaba la Junta: “comprometiéndose a recorrer todas las casas de la población sin excluir ninguna y recoger los donativos de dinero como de alhajas...”
También, y convocados por el Alcalde, se reunió la Junta de Caballeros tomándose el acuerdo de sustituir al vocal difunto Bartolomé Hernández por José María Prados y ampliar la Junta con nuevos vocales como Cristóbal Amorós Martínez y Antonio Amorós.
Para visitar a los mayores contribuyentes de la ciudad se nombraron dos comisiones formadas, la primera, por Rafael Selva, Joaquín Sandoval y José Ramiro; y la segunda, por Alfonso Arenas, Antonio Amorós y Tomás Giner.
No fue necesario mucho tiempo para que cundiera el ánimo y surgieran nuevas comisiones entre las obreras de la ciudad que se encargarían de solicitar y recoger los donativos de sus compañeras de profesión. Así se formaron las siguientes:
ZAPATERAS
1ª.- Virtudes Crespo y Manuela Sánchez.
2ª.- Agustina Brotóns y María Frutos Cerdán.
3ª.- Catalina Martínez y Edelvira Albero.
4ª.- Dolores Espinosa y Josefa Espinosa.
CADENERAS
1ª.- Ángeles García, Belén Domenech y Margarita
Tortosa.
2ª.- Virtudes Navarro, Isabel Hernández y Antonia
Martínez.
MODISTAS
Concepción Laosa y Concepción Gil.
SASTRESAS
Francisca Molina y María Hernández.
ENCORDADORAS
1ª.- Virtudes Valdés, María García y Teresa Valdés.
2ª.- Rita Sempere y Ana Esteban.
CRIADAS DE SERVICIO
1ª.- Nieves Martínez y Salvadora González.
2ª.- Encarnación Hernández y Trinidad Hernández.
3ª.- Josefa Alpañés e Isabel García.
4ª.- Josefa Coloma y Adelina Muñoz.
ALPARGATE RAS
Josefa Berruezo, Jesusa Gómez y Rita Muñoz.
FERIANTES
Antonia Pérez, Aurelia López, María Yáñez, Amparo Esclápez, Pilar Navarro, Agustina Solano, Lola López y Agustina Candel.
Igualmente, la colaboración desinteresada de muchos villenenses hizo posible que LA CORONA entrase en todos los hogares de la ciudad, siendo de destacar el entusiasmo que en ello pusieron dos adolescentes que -en los días de la venta del periódico, en lugar de expansionarse honestamente con sus amigos. se dedican a vocear LA CORONA con todo el ardor de sus juveniles corazones, llevándola hasta los últimos rincones del pueblo. Son ellos: Vicente Valdés Archent, sobrino de nuestro querido Director, que expendió quinientos ejemplares del primer número, sin gratificación alguna. Y que en el segundo número se portó también como un valiente. El otro, Pepe Carrera Amorós, muchacho bueno que hace por LA CORONA todo cuanto se le pida: vende ejempla-res por la calle, escribe fajas para los envíos de fuera, busca anuncios para el periódico... y todo como el sastre de Campillo...-
Su labor no resultó baldía pues la generosidad del pueblo de Villena se puso de manifiesto de forma inmediata, llegándose a recaudar, en un mes, más de quinientas pesetas en oro, ocho pares de pendientes de oro, ocho sortijas y alfileres y cadenas del mismo metal, además de numerosos objetos de plata. Espléndida fue la donación de Adelina Gironés consistente en dos grandes pendientes antiguos de oro afiligranado con dos topacios y unas veinte perlas pequeñas cada uno; más un collar de cinco hilos de perlas con un colgante también de oro afiligranado y cuatro topacios. Pero se echaban de menos los donativos de algún diamante y así lo manifestaban los editoriales de LA CORONA de los meses de febrero y marzo de 1922, fundamentando su petición en que es la piedra que más luce y sería la que más esplendor y riqueza daría a la corona. Curioso resulta leer la razón, además del amor a la Virgen, que se da para animar a los villenenses a ofrecer algún diamante para la corona, cuando se dice:
¿Quién iba a pensar que el actual Ministro de Hacienda iba a trabajar tan eficazmente por la causa de la corona de nuestra queridísima Virgen?
Y sin embargo es un hecho, pues ya todos nuestros lectores sabrán que el Sr. Cambó, en su afán de recoger dinero para sanear la maltrecha hacienda española ha sentado el principio de que el que quiera lucirse que lo pague y ha ideado una serie de impuestos suntuarios entre los que figuran el de que las joyas y alhajas que se posean pagarán anualmente el diez por ciento de su valor.
¿Qué os parece la idea del Ministro?
¿Se le hubiera ocurrido a nadie un proyecto tan favorable para la magna empresa de la corona de nuestra Patrona?
Porque preguntamos ahora ¿qué pensáis hacer con vuestras joyas y aderezos? Si pretendéis usarlos como antes, haciendo un alarde ostentoso de vuestra riqueza, entonces ya sabéis lo que os toca: pagar religiosamente todos los años el diez por ciento de su valor, lo cual no es precisamente haber encontrado una mina, sino todo lo contrario; y cuanto más ricas sean las joyas más pagarán.
Pero no; sería esto demasiado cándido, demasiado pueril.
Seguramente que a estas horas ya habéis discurrido el medio de sustraeros a la acción fiscalizadora del Estado y de no pagar ese impuesto. Los españoles para esto nos pintamos solos. Ya habéis pensado que el medio más eficaz será no usar las joyas, porque usarlas y no pagar va a ser difícil, y aunque el impuesto es sobre las joyas que se posean, aunque no se usen, no va a venir el Estado a registrar todos los días el fondo del arca.
De manera que arrancaréis de vuestros dedos las sortijas con brillantes y de vuestras orejas los deslumbrantes solitarios, recogeréis cuidadosamente las pulseras y pendentifs y, a esconderlo todo sin que nadie pueda sospecharsu existencia, ni mucho menos el sitio en que se oculta el tesoro.
¿No es verdad que lo habéis pensado así?
Y en este caso, volvemos de nuevo a preguntar ¿para qué queréis vuestras alhajas si no habéis de usarlas? Estamos seguros de que si meditáis un momento en el forzoso dilema, o encierro absoluto de las joyas o pago contante y sonante del diez por ciento todos los años, os resolveréis a dar vuestras alhajas para la Corona de la Virgen y como siendo para Ella, el tirón no será tan doloroso, creemos que sí que vendrán los brillantes. Estamos seguros...
Por parte de la Junta organizadora de la Coronación Canónica de la Virgen se tomó el acuerdo de remitir oficios a sociedades, entidades y colectividades de la ciudad, tanto religiosas, sociales como industriales para que contribuyeran con sus donativos a la consecución del fin perseguido.
Y claro que se consiguieron los brillantes; un juego de ochenta y siete brillantes además del oro en que estaban engarzados, perlas, turquesas y amatistas fue la exquisita donación de una señora villenense que de este modo entregaba todas sus alhajas para tan loable proyecto.
Para que los habitantes de la ciudad pudieran contemplar la rica colección de oro, plata y alhajas que hasta dicha fecha había sido entregada por el pueblo de Villena, fue expuesta durante una semana en el escaparate de José Carrera durante los primeros días del mes de mayo de 1922, corriendo a cargo del artista Antonio Laosa la decoración de la citada exposición, consiguiendo un bello espectáculo rebosante de refinado gusto artístico.
En septiembre de 1922, cumplido ya el año de la publicación del primer número de LA CORONA y coincidiendo con la celebración de las fiestas patronales de Villena, se hacía un llamamiento a todos los villenenses ausentes para que consideraran, con un año de antelación, la importancia de su presencia en la fecha de la coronación de la Virgen un año más tarde. Y así se expresaba":
Vosotros, pues, los que pasasteis vuestros primeros años a la sombra bendita de las torres de Santiago y Santa María; los que jugabais a la pelota en el trinquete y a la estornija en las eras; los que, acaso más de una vez os zambullisteis en los renombrados balnearios de la Mimbrera y el Alcabón; los que en los viernes de cuaresma subíais a las Cruces para tomar parte en las famosas pedreas entre rabelancos y coquetas; los que pescabais en el Caracol, en los sangradores y en la Acequia del Rey; los que en noches crudas de invierno os calentasteis en las hoguericas del Niño y San Antón; los que rifasteis toñas en S. Blas y besasteis su reliquia; los que impávidos cruzabais entre las carretillas de la cuerda de San Sebastián; los que comisteis las sabrosas monas en las Fuentes o en el Molinico; los que todos los años acudíais a las romerías del Voto y de la Esclavitud; los que vestidos de moro o de cristiano salisteis en las Comparsas; en una palabra, todos vosotros, los que cuando escuchabais la campanica de la Virgen sentíais correr por vuestras entrañas el frío de lo sublime...
Venid todos, donde quiera que os encontréis, a la grandiosa fiesta de la Coronación.
Se os avisa con un año de tiempo.
Tendrá lugar en Villena una parada en honor de nuestra reina. Que no falte ni un solo soldado. Será una parada de amor a nuestra Madre. Que no falte ni un solo hijo.
¡Venid todos!.
Y ya se entra en el año propiamente dicho de la coronación. Se avista ya el fin del camino, Se redoblan los esfuerzos y se debe comenzar a plasmar en hechos tangibles aquellas ilusiones e ideas que durante un año se han ido forjando en la mente de los organizadores. El boletín alienta, cada vez con más ahínco, a conmover el corazón de los villenenses en pos de alcanzar dos kilos de oro que son necesarios para la confección de la corona, sin contar el rastrillo y la coronita que se ha previsto para el Niño Jesús. Las ideas no deben dilatarse en el tiempo y se recurre a todo tipo de formas para conseguir un ejemplar único de orfebrería que enaltezca lo sumo las sienes de la Morenica. Por ello, y considerando la multitud de féminas que en la ciudad llevan por nombre Virtudes o María, se ofrece la posibilidad de realizar entre ellas una colecta voluntaria que podría ser de una cuota mínima de dos males para que con la cantidad recaudada y no ingresada en los fondos generales de la corona, se adquiriera un brillante regular o una rosa de brillantes, si a ello se llegaba, para colocarlo en lugar preferente de la corona de la Virgen, como testimonio del amor y veneración de aquellas personas que dicho nombre poseían.
Ya en el mes de noviembre de 1922 se tenía la confirmación de que el Iltmo. Sr. Obispo de Jaca, don Francisco Frutos Valiente, sería el predicador en las solemnes fiestas de la Coronación Canónica y un mes más tarde, se poseía el himno, compuesto especialmente para el acto, cuyo autor de la música era Francisco Escín Belenguer, Beneficiado Organista de la Arciprestal de Castellón de la Plana y la letra de Gaspar Archent.
Dentro de la Junta de Señoras se produce el fallecimiento de su vicepresidenta, Gertrudis Velero, siendo nombrada para ocupar el cargo vacante, Anita Feriz de Candel.
Y la Junta de Caballeros, reunida el día 27de noviembre de 1923, acordó:
1º.- Solicitar bocetos y precios de la mano de obra de la construcción de la corona a seis talleres de orfebrería.
2º.- Admitir como nuevo vocal de la Junta a Luis García Catalán y nombrar una comisión compuesta por José Ramiro, José María Menor y Tomás Giner para que designaran a las personas que, en representación de las fuerzas vivas de la ciudad, pasaran a pertenecer a esa Junta.
3º.- Solicitar del Ayuntamiento villenense que procediera a pedir al Prelado Diocesano que elevara a Roma las preces pidiendo el indulto de la Coronación Canónica, la declaración oficial de Patrona y que, en unión de la Junta de la Virgen, acordaran en firme los días de fiesta que debían haber en septiembre próximo con el fin de fijar con antelación el día de la coronación.
4ª.- Que con respecto a la purificación del oro de las alhajas para fundirlo después con el de las monedas, se hicieran dichas operaciones en Villena y en presencia de la Junta para evitar suspicacias.
5ª.- Como Vicente Rodes se había ofrecido a hacer en sus talleres la fundición de la plata recogida, que dicha operación tuviera efecto ante una comisión compuesta por el Sr. Alcalde, Tomás Giner y Salvador Avellán.
El encargo de la construcción de la corona y rastrillo de la Virgen y la coronita del Niño Jesús fue encargada a la casa de Manuel Orrico de Valencia cuyo modelo fue aprobado por unanimidad de la Junta, importando la mano de obra unas quince mil pesetas aproximadamente y necesitándose dos kilogramos de oro que fácilmente fueron consiguiéndose, siendo así descrita':
La corona es de forma imperial y estilo renacimiento. En el basamento y en la parte que caerá sobre la frente misma de la Virgen lleva en esmalte fino el escudo de la población, como representando a Villena coronando a su Patrona. De entre preciosos calados y laureles afiligrana-dos arrancan, entre azucenas simbólicas, las seis imperiales que llevan otros tantos esmaltes: dos de ellos con los escudos del Romano Pontífice y del Obispo diocesano y los otros cuatro con escenas de la aparición de la Virgen tomadas de las estampas antiguas. Cierran las imperiales con graciosas volutas que sostienen un mundo con su correspondiente ecuador y sobre el mundo se destaca victoriosa la cruz redentora.
Circundando la corona va una espléndida diadema o enrayada, rematada con doce estrellas y, alternando con éstas, en un plano inferior hay siete medallones de oro cincelado con figuras en busto representativas de las tres virtudes teologales y de las cuatro cardinales, ocupando el lugar preferente la figura simbólica de la Caridad. Sobre ésta aparece un artístico anagrama de la Virgen.
En la parte inferior de la diadema y entre arcos de perlas o piedras pequeñas van doce pequeños esmaltes con atributos de la Virgen y en los dos huecos que quedan entre las imperiales y la enrayada figuran dos ángeles adoradores de oro cincelado. En el centro de la corona y pendiente de una cadenita de oro aparecerá colgante la paloma representativa del Espíritu Santo, a semejanza de la corona actual.
La coronita del Niño es esbelta, ligera, aérea. Lleva también seis imperiales y entre éstas graciosamente entrelazados aparecen seis ángeles con las alas extendidas rematando también un mundo y la cruz.
Finalmente el rostrillo de la Virgen que tiene exactamente las mismas dimensiones que el actual, es un calado artístico semejante al de un encaje precioso, fino y delicado que como aureola brillante circundará el rostro moreno, pero bello y gracioso de nuestra Virgen queridísima.
Al tiempo, en la reunión de la Junta del día 19 de diciembre, se aprobó emplear parte de la plata recogida en adornar la peana de la Virgen revistiéndola con planchas y molduras de plata colocando en ella los nombres de los donantes tanto de alhajas como de dinero y la fecha de coronación. En la misma reunión se admitió como vocal de la Junta al presbítero Salvador Avellán y se nombró la comisión que había de entender en todo lo referente al adorno de las calles y compuesta por José Ramiro, José de Prado y José María Menor.
El afán de esta comisión consiguió que pronto calles como la del Chicho, Nueva, Quevedo, Dátiles, Hellín, Santiago, Puerta de Almansa, Arena, Cervantes, San Cristóbal Blasco y otras muchas comenzaran los preparativos para engalanarse y contribuir al mayor lucimiento de las fiestas de coronación.
Para la petición al Excmo. Sr. Obispo Diocesano que elevara al Romano Pontífice las preces oportunas requiriendo el indulto de la Coronación Canónica de la Patrona de Villena, fueron remitidas dos solicitudes: una del Ayuntamiento y autoridades y otra del Rdo. Sr. Arcipreste en nombre del clero, comunidades, cofradías y asociaciones religiosas de la ciudad. En esta última se justificaban los tres extremos exigidos por la Santa Sede para conceder la gracia de la coronación a una imagen de la Virgen, a saber, antigüedad, fama de prodigios y devoción arraigada en el pueblo; puntos éstos que debida y sobradamente se documentaban en la solicitud.
El 16 de mayo de 1923 se reunían en la Casa Consistorial la Junta de la Virgen y la organizadora de su Coronación Canónica. En dicha reunión se tomaron diversos y concretos acuerdos para fijar determinados actos de la fecha de coronación, como fue la decisión de realizar la coronación en la Puerta de Almansa, elaborar una lista de personalidades que debían ser invitadas y nombrar una comisión que se encargaría del recibimiento y hospitalidad de las mismas; invitar personalmente al Sr. Obispo de la diócesis; solicitar del Ayuntamiento que tomara las medidas oportunas para conseguir que pudiesen estar presentes en la ciudad todos los soldados villenenses; y nombrar una Junta Central de Fiestas que entendiera de los proyectos e iniciativas que permitieran contribuir al mayor esplendor y suntuosidad de las fiestas.
Y el 12 de junio se expedía en Roma el Decreto por el que se autorizaba la Coronación Canónica de la Virgen cuyo texto íntegro así lo manifestaba:
DECRETO del Rvmo. Cabildo de la Basílica de San Pedro, en Roma, autorizando la Coronación canónica de la imagen de Nuestra Señora de las Virtudes de Villena.
RAFAEL MERRY DEL VAL, Cardenal Presbítero de la Santa Romana Iglesia del título de Santa Práxedes, Arcipreste de la Santa Patriarcal Basílica del Príncipe de los Apóstoles, de Roma, Prefecto de la Sagrada Congregación de la Reverenda Fábrica y el Cabildo y Canónigos de la misma.
Al Excmo. y Rvmo. Sr. Vicente Alonso Salgado, Obispo de Cartagena:
Salud en el Señor.
El Rvdo. Sr. Arcipreste y Párroco de Santiago de Villena, juntamente con el Rvdmo. Clero secular y regular, las Autoridades públicas, las Asociaciones piadosas y todo el pueblo expusieron a nuestro Cabildo, al que pertenece el derecho y el honor de coronar las imágenes de la Madre de Dios, célebres ya por la antigüedad de su culto, ya por la fama de sus milagros, que se venera en dicha Ciudad, vulgarmente Villena, de tu diócesis, una insigne y preclara Imagen de la Beatísima Virgen María bajo el título DE LAS VIRTUDES y la cual, tanto por la antigüedad del culto, prestado ya desde hace cerca de quinientos años, como por la abundancia de milagros y de gracias que la piadosa Madre derrama continuamente en el seno de sus fieles devotos, por los ciudadanos que como a su Patrona la veneran y por los pueblos comarcanos, es suntuosamente reverenciada con religiosidad y devoción ardiente.
Por lo cual pidieron con empeño que la Augusta Imagen sea honrada con la corona de oro con que suelen ser condecoradas por nuestro Cabildo las Imágenes más prodigiosas de la Madre de Dios. A estas preces se unieron principalmente tus letras comendaticias. Y Nosotros que con diligente estudio, cuando se trata de que sea honrada la Virgen Santísima, siempre estamos solícitos para que a Ella se le tributen en todos los lugares gratos obsequios de devoción, con gusto quisimos acceder a estas súplicas. Por ello, congregados el día 10 de junio en el aula capitular, conociendo por los documentos presentados que en esta Santísima Imagen concurren todas las condiciones que se requieren para la coronación solemne decretamos y mandamos por unánime consentimiento, que la misma Santísima Imagen de la Virgen María Nuestra Señora bajo el título DE LAS VIRTUDES sea decorada con corona de oro y con rito y culto solemne.
El encargo de llevar a cabo la Coronación, en el día que quisieses, te lo encomendamos a ti, Excmo. y Rvdmo. Sr. por las presentes letras, dada también facultad para subdelegar, si te place, a otro Obispo.
Dado en Roma el día 12 de junio de 1923, segundo del Pontificado de Nuestro Santísimo Señor el Papa Pío Xl.
L.S. Juan Bautista Parolín, Canónigo Actuario.
José Cascioli, Canciller
En el mes de agosto de 1923 veía la luz el número 23 y último de LA CORONA; desaparecía una entrañable publicación que había nacido por y para realizar una labor que había visto cumplida; -....siempre son tristes las despedidas y triste ha de ser también la que LA CORONA dirija a sus lectores, se leía en dicho número, para continuar así: Vino a ser el órgano oficial de la Coronación Canónica de nuestra Patrona y en sus páginas ha visto la luz pública todo lo que pudo tener alguna relación con este magno acontecimiento. -Hoy hemos llegado ya a la meta: se han dado todos los pasos preparatorios y sólo falta aguardar la fecha, ya muy próxima, de la gloriosa realidad. Va a morir LA CORONA pero muere como lo hacen los héroes, ceñida su frente con el laurel de la victoria, tranquila y serena, con la satisfacción del deber cumplido, saboreando las dulzuras del conquistado triunfo... Esto es lo único que nos falta: dar cima a la obra proyectada [...] tan entusiasta, tan impresionante...-
Y a fe que lo consiguieron el día 6 de septiembre de 1923: LA CORONA Y VILLENA.
Extraído de la Revista Villena de 1998



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