Una pedanía para el olvido: La Zafra. Sofía García Sanjuán
El objetivo marcado para este trabajo es poder reunir por escrito la historia de una de las cuatro pedanías de Villena, La Zafra, puesto que no existe ningún tipo de documento acerca de este tema, ya que perdiendo el pasado o la actualidad de este caserío, tan ligado a Villena, perderíamos un poco de nuestro patrimonio.
Comenzaré con la «definición» de La Zafra, es decir, un conjunto de caseríos, pero que reciben el nombre del más grande.
Continuaré por describir lo más antiguo que se recuerda de La Zafra, una Zafra que no es la que se conoce actualmente; en un principio (sobre 1800-1850) este caserío se encontraba unos cientos de metros más arriba de su localización presente. Allí existían los servicios mínimos, es decir, vivían de lo que cultivaban y criaban, y los excedentes eran transportados mediante un carro y un animal a las poblaciones cercanas (Villena, sobre todo) para venderlas. Es recordada una fábrica de vasijas y tinajas en esta localización, hasta hace unos años se podían ver los trozos de estas composiciones de alfarería en los bancales colindantes, la arcilla se recogía del llamado Terrenal, situado en el centro de la montaña, al noroeste de la antigua Zafra. En este lugar, algo separado, hubo una especie de balsa de unos 7 x 9 metros dividida en dos partes, una de las cuales se conservaba perfectamente y en la otra existía todo tipo de maleza. Según los viejos del lugar, aquello, tan bien construido, fue obra de los moros que recorrieron aquellos parajes alguna vez. Pero de la historia de este conjunto de casas hay poco que contar, sobre 1850 parece que ocurrió una catástrofe natural, es decir, debió de ocasionarse una gran tormenta que pudo con casi todos los cimientos del caserío derribándolo casi por completo (de aquello no queda nada puesto que los dueños labraron y adecentaron los terrenos para cultivar). Por ello se cambió la situación geográfica de La Zafra a su localización actual.
A partir de entonces La Zafra comenzó a expandirse hasta conseguir una población aproximada de 200 habitantes en 1915. En aquella pequeña población había un estanco, al lado de la actual Asociación de la Zafra, de la que más tarde hablaremos, éste tenía algo de ultramarinos aunque sobre todo se vendía tabaco, una carpintería al lado de la iglesia, una carnicería en el corral de Portillo, y en el momento en el que se derribaron dos casas unos metros más abajo del caserío, un hombre de Fontanares instaló una herrería a la cual iba dos o tres veces por semana a trabajar en aquel menester y una almazara en la calle mayor situada al lado del colegio. La escuela constaba de dos plantas, en la primera de ellas se impartían clases y la segunda era utilizada corno vivienda de los profesores que en ella trabajaban.
Tenemos noticia de alguno de los profesores que ocuparon dichas instalaciones, el primero de ellos, aproximadamente en 1940, se llamaba Torrecillas, y la última Dña. M.ª Nieves Botella Peral, de Alicante. Lo que no tenían era servicio sanita-rio, cuando alguno de sus moradores caía enfermo se avisaba al médico de Fuente la Higuera, situada a 12 kilómetros, o al de Fontanares, 8 kilómetros más cerca.
Cuando se comenzó la construcción de La Zafra definitiva, también se iniciaron obras para edificar la iglesia, allá por el año 1910. Ésta estaría dedicada a San Isidro Labrador, patrón del caserío. Las puertas y las ventanas, tanto de la iglesia como de la sacristía, tienen forma gótica, y las bóvedas son convencionales. La iglesia posee la imagen de su patrón, la Inmaculada, San Pascual, La Virgen del Carmen, el Niño Jesús, una pila bautismal de forma cuadrada, un confesionario de madera, un púlpito, los pasos de Semana Santa y en un cuadro la Virgen de Gracia, patrona de Caudete. De este tema es mejor ocuparnos más detalladamente: en la sierra de La Zafra a un pastor caudetano se le apareció la imagen de la Virgen de Gracia, que más tarde sería la patrona de Caudete pero en el lugar donde sucedió esto se colocó una ermita, aproximadamente en 1920, con un gran cuadro en el que aparecía la Virgen, el pastor, las ovejas... La gente que vivía por aquellos entonces recuerda que mientras se construía se colocaron grandes tinajas en donde las mujeres llevaban agua de un caserío situado a un kilómetro de allí del que luego hablaremos. Pero como es de suponer esta obra sufrió, como casi todas, el paso de la guerra civil y se intentó derruirla, aunque en honor a la verdad es bueno decir que no se consiguió y lo máximo que lograron fue picarla. Más tarde se reconstruiría colocando otro cuadro, no tan grande ni esplendoroso, pero que también relata lo sucedido en aquel lugar. Sobre la construcción de la citada iglesia podemos añadir una anécdota: en los cimientos de la iglesia, muy bien asentados en el terreno, se echaban monedas como ofrenda a San Isidro. Haciendo honor a la definición que he dado al principio debo decir que también se construyeron ermitas en la «Casa las Cañas» y la «Casa Conejo», más pequeñas que la iglesia de La Zafra puesto que también los caseríos en cuestión lo eran.
Es de señalar que alrededor de la carretera de acceso a La Zafra existían innumerables bancales de olivos, por lo que no se podía divisar desde la carretera principal, hacía falta estar encima para verla; actualmente esto se ha perdido y la mayoría de los cultivos son de vid.
Por aquellos entonces La Zafra ya contaba con un alcalde, llamado amistosamente Tío Pepe Molina, que fue el que mandó construir la fuente que albergaría el agua que llegaría desde el nacimiento de la montaña, éste vivía en una casa situada a 2 kilómetros del caserío, entre la Virgen y el Tejar. Me explico, lo último nombrado es un caserío de Fontanares en el que se hacía tejas, muy ligado a La Zafra. En este caserío se asentaron 6 o 7 familias sobre 1900, pero fueron abandonándolo paulatinamente hasta 1950 que bajaron a La Zafra y más tarde a las poblaciones cercanas. Actualmente el Tejar suele ser utilizado para acampadas, es perfecto.
Uno de los aspectos a tratar es el de las fiestas que se realizan en honor a San Isidro Labrador el tercer fin de semana de mayo. Estas fiestas vienen celebrándose muchos años atrás, desde los orígenes del caserío. En un principio éstas constaban de una procesión en la que se sacaban todas las imágenes de la iglesia rodeando todo el caserío, para esto acudía la música, que también era utilizada para el baile. Por la tarde también llegaba un hombre de Onteniente que se colocaba en una de las primeras casas de La Zafra, allí solía vender turrones y todo tipo de dulces, más tarde se colocaba en la plaza donde tocaba su guitarra y bailaba al son de las palmas de los vecinos y visitantes. También ese mismo sábado por la noche se solía realizar la Cordá, se colocaba una cuerda de un lado a otro de la calle en la que se colgaban cohetes de fuegos artificiales y cuando éstos caían salían disparados en línea recta por lo que era tomado como una nueva forma de diversión, es decir, salir corriendo delante de los citados cohetes.
Centrémonos ahora en las fiestas actuales, ahora se realiza el sábado por la mañana un concurso de gachamigas y ajo. Por la tarde la tradicional «vaquilla», aunque solo llevará realizándose unos 10 años aproximadamente, el lugar donde se colocaba la plaza ha ido cambiando a lo largo de su corta historia, en un principio se colocaba en la calle mayor rodeando a la vaquilla entre tractores y remolques, más tarde pasó a la calle de la Pólvora y también entre tractores. Seguidamente al corral del Portillo, para esta ocasión se construyó una mediante tablones, más tarde se hizo bajo de la fuente, de la que ya he hablado y hace dos años se estableció en el lugar en el que se encuentra ahora al lado de la calle la «Pólvora». Por la noche del sábado se realiza un espectáculo con conjuntos musicales, humoristas... en la plaza mayor, enfrente del local social.
El domingo por la mañana se suele realizar una «despertá con pólvora». A las 12 de la mañana la Santa Misa, con algo que ya se está convirtiendo en tradición, los sacerdotes y coro del colegio Salesiano de Villena. Por la tarde juegos y cucañas, a las 20'30 la procesión, algo que no ha cambiado desde sus principios, y final de fiesta.
Comentemos que actualmente las fiestas son administradas por los denominados festeros que son miembros de la Asociación de Vecinos de La Zafra. Esta Asociación tiene establecida su casa social en la actual plaza mayor, construida ahora hará cinco años, señalemos que antes de la plaza existía una gran casa con un pozo que se hubo de tapar para realizar dicha obra. En la Asociación se tratan temas como el del teléfono que se instaló en la pedanía, hace unos siete años, o el del asfaltado de las calles que quedaron en muy mal estado después de una tormenta.
Señalemos que la población de La Zafra ha descendido drásticamente a la ridícula cifra de tres habitantes, Antonio Revert, Concha Ribera y Trinidad Navalón. Fijándonos en estos datos nos damos cuenta de que hago honor al título que he puesto a mi trabajo, nos damos cuenta de que La Zafra, y espero que no todo lo que significa, queda en el olvido.
AGRADECIMIENTOS:
A Trinidad Navalón Gandía, de 93 años, por su colaboración.
Extraído de la Revista Villena de 1998


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