CUANDO LA FIESTA SE SIENTA A LA MESA
Por Fabiola Martínez Espinosa
Las Fiestas de Moros y Cristianos terminan en la calle, pero no terminan en las comparsas.
Cuando los trajes vuelven al armario, las banderas descansan y Villena recupera poco a poco su ritmo cotidiano, llega otra manera de vivir la Fiesta: sentarse juntos a la mesa.
Las comidas de hermandad vuelven a llenar de vida las sedes de las comparsas, La Cábila, La Troya, el Patio del Festero, el Santuario de las Virtudes y tantos otros rincones donde la Fiesta continúa latiendo.
Aquí no hay desfile ni escuadras.
Hay fuego, cazuelas, gachamiga, gazpachos, conversaciones y muchas historias.
Porque alrededor de una mesa también se hace memoria.
El festero veterano recuerda cómo eran aquellas fiestas de antes. Alguien nombra a un amigo que ya no está. Un padre comparte con su hijo una receta que aprendió de su propio padre. Y entre risas, recuerdos y platos compartidos, la tradición vuelve a pasar de una generación a otra.
Los Labradores, con su historia centenaria, saben bien que una comida puede convertirse en patrimonio. Su tradicional encuentro en el Santuario de la Virgen forma parte de esa memoria festera que Villena conserva y transmite.
Pero quizá lo más importante no esté en lo que se come.
Está en con quién se comparte.
En esa silla que alguien acerca.
En el «siéntate aquí».
En el que llega tarde y encuentra su plato preparado.
En el que falta y, sin embargo, está presente en cada recuerdo.
Porque una comparsa no son solamente sus trajes, sus escuadras, sus cargos o sus desfiles.
Son las personas.
Las que estuvieron, las que están y las que vendrán.
Por eso estas comidas tienen algo especial. Son el momento en que la Fiesta deja de ser espectáculo y vuelve a ser lo que siempre ha sido: encuentro, amistad y pertenencia.
Villena sabe guardar sus tradiciones.
Pero, sobre todo, sabe mantenerlas vivas.
Y mientras haya una mesa alrededor de la que sentarse, una sartén al fuego y alguien dispuesto a compartir, la Fiesta todavía tendrá mucho que contar.
Porque en Villena, cuando termina el desfile, empieza la memoria.


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