14 sept 2026

2026 DE VILLENA LO MEJOR...

¿Quién se acuerda de Villena cuando no es septiembre?

Durante unos días todos nos acordamos de Villena.

La fotografiamos, la enseñamos, hablamos de ella, presumimos de ella y queremos que todo el mundo sepa de dónde somos.

En septiembre, Villena se convierte en escaparate, en encuentro, en celebración. Sus calles se llenan de gente, de colores, de trajes, de pólvora, de música y de una manera de vivir que durante unos días parece detener el tiempo.

Nos sentimos orgullosos.

Y con razón.

Pero llega el último desfile. Se guardan los trajes, se desmontan las tribunas, desaparecen poco a poco las banderas de los balcones y las calles recuperan su ritmo habitual.

Y entonces me hago una pregunta:

¿Quién se acuerda de Villena cuando no es septiembre?

No lo digo como una crítica. Lo digo como una invitación a pensar.

Porque Villena no empieza con las fiestas ni termina cuando se apaga la última pólvora.
Está aquí todos los días.

Está en sus calles y en sus plazas. En el Castillo que nos contempla desde arriba. En Santiago. En el Teatro Chapí. En nuestros barrios. En nuestras tiendas. En quienes abren cada mañana sus negocios. En quienes trabajan para mantener viva nuestra cultura. En nuestros mayores, que conservan historias que quizá algún día nadie podrá contar si no las escuchamos ahora.

Está también en nuestro patrimonio.

Y después de lo ocurrido recientemente con el Tesoro de Villena, quizá deberíamos ser todavía más conscientes de que aquello que heredamos no es simplemente algo antiguo que debemos conservar. Es parte de lo que somos.

Pero el patrimonio también es algo más.

Es una fotografía familiar.

Una receta.

Una palabra que decía nuestra abuela.

Una historia que alguien nos contó tantas veces que terminó formando parte de nuestra propia memoria.

Una calle que ya no es como era.

Una tradición que todavía permanece.

Una persona que se fue y que sigue apareciendo cada septiembre en nuestros recuerdos.

Todo eso también es Villena.

Por eso quizá deberíamos hacernos otra pregunta:

¿Qué hacemos por nuestra ciudad cuando no hay fiesta?

Porque querer Villena no debería ser solamente vestirla de gala durante unos días al año.

También es cuidarla cuando nadie mira.

Comprar en sus comercios.

Conocer su historia.

Visitar sus espacios culturales.

Defender su patrimonio.

Hablar de ella.

Escuchar a quienes llevan toda una vida construyéndola.

Y enseñar a los que vienen detrás que pertenecer a una ciudad no consiste únicamente en haber nacido en ella, sino también en sentir que tenemos algo que cuidar.

Septiembre volverá.

Volverán los trajes, la pólvora, los desfiles y esa emoción que nos hace mirar a Villena con los ojos llenos de orgullo.

Pero mientras tanto, quedarán muchos meses por delante.

Octubre. Noviembre. Diciembre...

Y todos los demás.

Quizá ese sea nuestro verdadero reto: conseguir que el orgullo que sentimos durante las fiestas no se quede guardado en el mismo armario que el traje festero.

Que nos acompañe durante todo el año.
Porque Villena no necesita que la queramos solamente cuando está de fiesta.

Villena necesita que nos acordemos de ella cuando simplemente es Villena.

Y quizá entonces descubramos que no hace falta que llegue septiembre para volver a sentirnos orgullosos de nuestra ciudad.

Fabiola Martínez Espinosa 
14 de septiembre 2026

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