1991 CABOS DE VILLENA por PEDRO PALAO

Todos conocemos que la Junta Central de Fiestas villenense concede anualmente varios premios por diversas actuaciones festeras. Y a pesar de que ha habido voces que se han alzado en contra de estos premios, alegando que con sólo participar ya se alcanza premio suficiente y es innecesaria otra recompensa, basta asomarse a la plaza de Santiago la noche del día nueve, cuando se hace pública el acta de la Junta Central concediendo tales galardones, para comprobar la expectación del numerosísimo público que acude con el fin de conocer el juicio que han merecido las actuaciones de los días precedentes.
Hoy, y a propósito de estos premios, voy a referirme concretamente, tanto por la índole de esta revista como por el cometido festero que he desempeñado durante no pocos años en nuestra ciudad, a aquellos que se conceden a los cabos. Y no para manifestarme en contra de ellos, sino, por el contrario, con el fin de dar mi opinión en un concreto sentido: en el que pueden constituirse en un acicate más dentro de la actuación de estos festeros que tan importante papel desarrollan en nuestras fiestas de septiembre.
Yo puedo dar fe, por propia experiencia y por conocer la forma de pensar a este respecto de los que han sido mis compañeros en estas lides, que la concesión de uno de estos premios constituye una gran satisfacción para cualquier cabo que sea un buen villenero y un festero auténtico. Pero sé también cuántas veces el fallo no ha sido totalmente justo, y se han premiado actuaciones que estaban muy por debajo de otras que a todas luces merecían la recompensa que no llegaron a obtener.
Me consta la buena fe de la Junta Central que en cada momento concedió estos premios, pues este organismo deja tal responsabilidad en manos de los componentes de un jurado secreto que puntúa a los cabos, la suma de cuyas puntuaciones dará lugar a los galardones que la Junta concede. Y todavía digo más en este concreto aspecto: tampoco dudo, en ningún momento, de la honestidad y el buen deseo de los miembros de este jurado cuya identidad nadie conoce. Pero he de manifestar que tengo serias dudas sobre el profundo conocimiento de la Fiesta en los componentes de tales jurados cuando se disponen a emitir un fallo justo y ecuánime. Más aún cuando a ese conocimiento de la Fiesta al que aludo hay que unir otros factores: el del dominio de cuáles son las auténticas características autóctonas de los cabos locales; el de saber cómo deben actuar en las diversas contingencias del desfile, el de apreciar los matices que separan a un cabo cristiano de otro del bando moro y el de considerar los muy diversos aspectos que posee la actuación, mucho más compleja de lo que a primera vista parece.
Yo he conocido enjuiciamientos verdaderamente sorprendentes: he visto puntuar al máximo, o poco menos, a un determinado cabo, mientras que otro jurado consideraba que esa misma actuación no merecía más que un rotundo cero. Y llego a pensar que muy bien puede haber sucedido que en esa puntuación hayan influido, siquiera sea de forma inconsciente, en un caso para bien, en otro para mal, factores extra-festeros, circunstancias que nada tienen que ver con la Fiesta y sentimientos totalmente ajenos a la estricta actuación, que debería juzgarse haciendo abstracción total de toda otra consideración que no sea la que a la Fiesta se refiere.
Todo aquel que deba juzgar a un festero o a un conjunto de ellos, debe poseer una experiencia festera notable. Y no desmerece a nadie el hecho de que, en caso de tener dudas al respecto, se consulte a alguien que pueda reafirmar sus ideas o incluso rectificarlas. Tampoco debe olvidarse nunca la responsabilidad que se contrae al aceptar formar parte de un jurado en el que confían los cabos que han de ser juzgados. Esta responsabilidad obra de tal modo que no debería ser aceptada si se tiene la más mínima duda acerca del correcto cumplimiento de la tarea encomendada. Sé que normalmente se experimenta una satisfacción cuando se nos confía una función de este tipo. Pero ello no debe ser obstáculo para renunciar si honestamente consideramos que no poseemos la suficiente capacidad o los conocimientos necesarios para emitir un juicio sobre el concreto aspecto para el que se nos convoca.
Con estos alegatos sólo pretendo llamar la atención acerca de los conocimientos que forzosamente deben reunir los que han de juzgar la actuación de los cabos de Moros y Cristianos en nuestra ciudad. Nadie debe efectuar una labor de este tipo si no reúne la capacidad suficiente para hacerlo y no se aplica a ello prescindiendo de cualquier otra consideración que pueda influir en el dictamen que ha de emitir. Yo llamo la atención de la Junta Central, y con ello termino, para que extreme su cuidado a la hora de determinar quiénes han de ser los que han de actuar como jueces. Y no menor cuidado han de poner en práctica los que han de emitir sus juicios acerca del papel que los cabos efectúan en nuestra Fiesta. Estos cabos ponen en su labor tanto esfuerzo, tanta ilusión, tal afán de realizar su cometido con la suficiente perfección, que nunca será bastante el cuidado que se ponga al juzgar la tarea que llevan a efecto. Ojalá los sucesivos jurados se percaten de la importancia que lleva consigo su función y ésta transcurra en el futuro de la forma más satisfactoria para nuestra conmemoración anual.
PEDRO PALAO
Extraído de la Revista 10 aniversario de los Cabos de Villena de 1991

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